
Escribe Jordi (en traducción automática brevemente revisada por un servidor):
"Cuando acabe este curso sólo hay una cosa que querría que tuvieran clara mis alumnos de primero de bachillerato, cuando alguien ofrece un sistema, una teoría que lo explica todo, que da respuestas y que se puede entender en media hora, una semana o cualquier plazo ridículo de tiempo, el ofrecimiento no vale para nada y es una tomadura de pelo. Puede parecer poca cosa, pero en la práctica es un conocimiento al que una buena parte de la humanidad no parece llegar nunca."
¡Cuánta razón!