Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas

23 de septiembre de 2017

La inadvertida pendiente totalitaria

Estos días, incluso mis amigos y conocidos secesionistas han entrado, unos conscientemente y la mayoría - creo - inconscientemente, en la espiral señalatoria: interpelar, identificar y señalar. Es difícil saber si es una caída o un ascenso, si se sube trabajosamente o si se desciende fácilmente. Pero uno está persuadido de que cuando en la vida social se distingue y se marca, verbalmente o simbólicamente, la pulsión totalitaria ha avanzado un paso. Nada más que un paso. Y sin embargo, nada menos.

No debe hacerse de ello una interpretación hiperbólica al modo de cualquier tertuliano de tres al cuarto pero tampoco puede minimizarse en modo alguno amparándose en "la represión" si se pretende mantener la superioridad moral de una opción política.

P.S: Por otro lado, en el sobrevuelo bajo de un helicóptero "Delfín" de la Guardia Civil y de otro de la Policía Nacional esta mañana durante más de media hora, es difícil no ver una exhibición innecesaria que, a ojos de mis exasperados amigos secesionistas, no puede ser sino "provocativa". Incluso a uno le cuesta...

13 de septiembre de 2017

Flexibilidad e intransigencia

En el sentido en el que se hablaba el otro día, uno diría que, dado el actual predominio de las actitudes flexibles y las fronteras lábiles, en el ámbito de la moralidad individual sería preferible mantener la intransigencia en la valoración como ideal regulativo. Si en el ámbito de lo político y de la moralidad social, ésta podría limitarse a ciertas "líneas rojas" mayoritariamente consensuables y fomentar la tolerancia como eje de la convivencia, en el de la conciencia subjetiva tal vez ahora debería aspirar a evitar dobles raseros y excepciones a la norma a fin de preservar, en la medida de lo posible, el "trabajo de lo negativo", el ímpetu necesario de la negación, salvaguarda de la posibilidad de la libertad.

Y también por ello, en una situación de dominio del totalitarismo en lo político y en la ética social quizás debería cultivarse, por contra, la flexibilidad axiológica.

Un asunto, en realidad, de puro y simple sentido común...

11 de septiembre de 2017

Sorprendente

No deja de serlo el hecho de que, tres semanas después de los sucesos de Barcelona y Cambrils, apenas se haya sometido a crítica, o cuanto menos discusión, la actuación de los Mossos d'Esquadra al abatir a los yihadistas. Uno está completamente persuadido de que si la acción la hubiera llevado a cabo la Guardia Civil o si los tiroteados hubieran sido ciudadanos comunitarios nos las veríamos ante otro escenario bien distinto en el cual proliferarían interrogaciones y acusaciones. Y más sorprendente todavía que el silencio predomine entre aquellos que, por ejemplo, hace unos años denunciaron las "ejecuciones" de Jon Erezuma y Joan Carles Monteagudo tras el atentado de Vic. El doble rasero y la flexibilidad moral hace tiempo que dejaron de ser patrimonio exclusivo de conservadores y reaccionarios...

22 de noviembre de 2016

A vueltas, una vez más, con Trump

Tan sólo para dejar constancia de la creciente convicción de uno de que, junto a las fundamentales explicaciones económicas y sociológicas, una serie de variables relacionadas, en un sentido amplio, con lo que Offe denominaba "crisis de opinión pública", también han podido intervenir en este posible cambio de régimen en el centro del imperio. Una de ellas podría ser el vínculo entre el movimiento de corrección política y el infantilismo que buena parte de la izquierda norteamericana ha abrazado.

16 de noviembre de 2016

¿Socialismo o barbarie?

A propósito de la victoria de Trump, el poeta Monedero - que también recurría a la comparación entre el multimillonario y Hitler -, reivindicaba el viejo "socialismo o barbarie." Posiblemente no le falte algo de razón siempre y cuando, a la luz de la experiencia histórica de las realizaciones socialistas, se añadan signos de interrogación a la expresión para atenuar su carácter apodíctico. Y después, se tenga en cuenta que la opción por el primer miembro del par debe tomarse como un mal menor ante el segundo, no demasiado más so pena de olvidar los gulags...

6 de junio de 2016

Calentamiento global y comportamiento hiperbólico

Puede que entre el reduccionismo y la hipérbole se mueva el espacio de difusión público del saber. Y tal vez no sea sólo algo que suceda en la actualidad sino que se remonte a la historia misma del conocimiento humano. Lo propuesto por los chamanes, sacerdotes, sabios, filósofos, científicos, investigadores etc. sería, luego, devaluado o exagerado en el proceso de su difusión por los distintos estratos de intermediarios y, lo peor, una vez simplificado mediante cualquiera de estos dos mecanismos, convertido en dogma. Es lo que estaría ocurriendo con el carácter antropogénico del "calentamiento global" que una izquierda política que levanta la bandera del relativismo en prácticamente todos los campos de la acción humana, cada vez más lo sustrae del debate despreciando las actitudes prudentes. De hecho, la tentación de pedir perdón y ceder a la excusatio non petita accusatio manifesta ronda estas mismas palabras...

11 de mayo de 2016

Ética y política: a propósito de "La tiranía de los modos de vida" (y III)


El problema surge cuando, una vez realizado el diagnóstico, Hunyadi esboza su remedio. La alternativa que escoge para tratar de solventar esta dilemática entre la hipermoralización compartimentada de la práctica social y la des-moralización de los modos de vida es el recurso a "la" política mediante la constitución de parlamentos virtuales que aprovechen las infraestructuras creadas por y para las redes sociales y en los que debería procederse al debate colectivo acerca de los modos de vida que se están imponiendo y, especialmente, en torno al trabajo: la conversión, en fin, de la ética en política.

El problema va más allá de la viabilidad empírica de su propuesta. Utilizar las redes sociales como "parlamentos virtuales" puede ser una idea original pero cabe dudar de su efectividad: no se acaba de ver que la posibilidad inscrita en principio en el uso de las redes acabe generando algo más que ruido como siempre que la democracia directa es pensada como "esencia" mientras que la representativa es el "accidente" del que hay que prescindir. Las redes sociales reproducen un esquema parecido al de la interacción social: hay personas muy participativas mientras que otros son participantes esporádicos y otros más abstencionistas, por incapacidad (enfermedad, limitación psicofísica...) o decisión (parece que la diversión y el entretenimiento pueden ser preferidos por algunos a un congreso virtual para debatir la robotización, como actividad de tarde o de fin de semana...) Mas, con todo, uno diría que donde más chirría su interesante apuesta es en la supeditación de lo individual a lo colectivo, de lo ético a lo político, como estrategia para salir del atolladero. Hunyadi renuncia a una Gran Ética que procediera del ámbito moral, debido a las limitaciones constatadas históricamente de los supuestos universalismos formulados, para hallarla en la Política: en una institución común que tome sobre sí las consecuencias de esas acciones individuales de las que se ocupan las Pequeñas Éticas, las sitúe en contexto y reflexione sobre sus consecuencias. A lo que, al modesto entender de quien escribe, no responde Hundayi es si la alternativa a la Gran Ética no acaba siendo, en realidad, únicamente la Política, la Gran Política y si ese es el caso, como lo parece, en dónde radica la mejora.

Pues si la mayor objeción contra la Gran Ética es el universalismo la que puede oponerse contra la Política es el cálculo como método para la evaluación de los actos relacionados con la consecución de un "bien común" que supone, de nuevo, un universalismo aunque sea menos explícito, latente. La determinación del "bien común" requiere la formulación de un ideal utópico ("contrafáctico", prefiere comprenderlo Hundayi con sentido y prudencia) que no puede ser sino universal. Y es entonces cuando de nuevo nos las hemos de ver con la tentación totalitaria de una manera mucho más aguda que con el universalismo ético pues este puede prescindir del cálculo: una vez determinado el "bien común" ¿cómo evitar la necesidad de sacrificar las preferencias subjetivas en beneficio de ese objetivo más general? La Política, en su configuración histórica desde Maquiavelo, parece no poder dejar de atender al cálculo: debe obrar en función de "intereses generales", pensar en la subsidiariedad de los medios respecto a los fines y en la colectividad antes que en el individuo. Bien sea como realismo que cede ante el principio de "lo posible" bien como idealismo que no claudica ante los estados de cosas dados en su búsqueda de la sociedad justa, debe atropellar las exigencias éticas que se fundamenten en el sujeto: debe ir, forzosamente, más allá de ellas.

Dicho toscamente. El siglo XX fue el siglo de la supeditación de la Ética a la Política en nombre del la utopía social. Evitar la paradoja de la hipermoralización vacía moralmente mediante la capitulación de la Ética ante la Política ¿es realmente una salida a tenor de nuestras experiencias con las utopías sociales del pasado?

8 de mayo de 2016

Ética y política: a propósito de "La tiranía de los modos de vida" (II)


Sean concebidos como estructuras homogéneas o conglomerados heterogéneos o navegue a veces entre ambos polos, Hunyadi parece acertar cuando describe la paradoja característica de este principio de milenio: la hipermoralización de la acción y el pensamiento, un exceso que va acompañado, curiosamente, de una alarmante falta de reflexión sobre la eticidad de los "modos de vida" mayoritariamente adoptados. Como señala, los comités de ética, las deontologías y las prescripciones normativas sobreabundan en nuestra sociedad: multitud de "pequeñas éticas" han proliferado en casi todos los ámbitos. Éticas empresariales, periodísticas, del consumo, bancarias, animal, clínicas, ética de la investigación, de la docencia, de los negocios... Parece que no haya espacio de la vida social en el que no se haya establecido una normativización implícita o explícita, desde la corrección política en el uso del lenguaje hasta la creciente incorporación jurídica de reglamentaciones acerca de los derechos de los animales.

Sin embargo, esta sobreabundancia de éticas parciales, de microéticas, que parecería poner por fin bajo la égida del pensamiento moral muchos aspectos de la acción humana que antes eran dejados al pairo de la costumbre o la desregulación, habría dejado, por contra, fuera de su alcance crítico los ámbitos más generales y, entre ellos, la interrogación acerca de porqué las formas de vida codificadas actualmente dominantes deben ser preferidas a otras alternativas o posibles. No hay comités éticos que discutan la robotización general de la sociedad, ni la evolución de las telecomunicaciones, ni la calidad de las formas deliberativas democráticas dominantes. Y, especialmente, y en eso Hunyadi pone el dedo en la llaga, ninguna reflexión ética parece tomar a su cargo el "trabajo", el elemento nuclear de la absoluta mayoría de nuestros modos de vida, como si tras el hundimiento del socialismo existente y el ocaso de las ideologías comunistas, ya no fuera pertinente interrogarse sobre sus condiciones actuales: como si fuera un inmediato autoevidente y apodíctico sobre el cual no cabe análisis alguno.

4 de mayo de 2016

Ética y política: a propósito de "La tiranía de los modos de vida" (I)


En su libro La tiranía de los modos de vida el ginebrino Mark Hunyadi intenta proponer una solución a la paradoja que en su opinión distingue, en el ámbito ético, nuestras sociedades actuales: al lado de una hipermoralización que parece inundar el sistema puede encontrarse una total falta de reflexión ética acerca de los "modos de vida" que se imponen a los individuos.

La noción de "modos de vida" quizás sea conceptualmente problemática pero intuitivamente parece poderosa a primera vista. A diferencia del "estilo de vida", que implicaría un acto de la conciencia, o de la voluntad, una relativa elección subjetiva, el "modo de vida" sería una estructura objetiva que organizaría una amalgama heterogénea de acciones, pensamientos y objetos y prescribiría, o haría esperar cuanto menos, unos comportamientos y no otros de los sujetos que los practican.

Aunque se estaría tentado de ver en la noción, tal y como la usa Hunyadi, un intento de otorgar una lógica coherente y reduccionista a la diversidad de la que daría cuenta, lo cual podría acabar exigiendo alguna forma de intencionalidad compositiva y configuradora situada en alguna instancia (en el Sistema, en el Capital, en el Poder, en la clase o la élite dominantes...), también podría ser entendida como un mero principio de inteligibilidad al modo nominalista: la posesión de un IPad, la contribución a GreenPeace, el voto a un partido político "sistémico", la compra o no de una vivienda, la forma de estipular nuestras pautas sexuales, etc. no tienen porqué ser congruentes y obedientes a una comunidad de intereses que yacería detrás y los armonizaría en su disparidad en torno a un único fin. Comprar un IPhone 6 puede ser un resultado de las acciones orquestadas de la economía capitalista pero no está tan claro que ciertas opciones sexuales o la existencia de un salario mínimo o el disfrute de un derecho laboral no sean más bien el fruto de las luchas contra las exigencias de esta forma productiva, incorporadas como "conquistas" a los modos de vida hegemónicos, que sutiles "trampas" de las que el capitalismo se serviría para garantizar su reproducción. De esta manera, los modos de vida podrían ser comprendidos más como un campo de tensiones, de fuerzas en los que interaccionan estados de cosas distintos, diversos y hasta opuestos más que como un armazón homogéneo, a despecho de su variedad, construido por Alguien o Algo con la intención de condicionar la existencia de unos sujetos a los que se les asignaría exteriormente: como una totalidad sino armónica sí al menos orgánicamete entrelazada y obediente a un propósito.

15 de abril de 2016

República y nostalgia


La inmensa mayoría de mis amigos son republicanos. Uno, más o menos también. Sin embargo, dista de estar convencido de la utilidad de perder tiempo y energías en un intenso trabajo político orientado a abolir la monarquía y restaurarla. Desde la perspectiva de la causa general de la emancipación, la República, como el nacionalismo, es una simple y pura distracción: ningún ejemplo histórico avala que sea realmente un progreso que merezca semejante inversión. Estados Unidos es un régimen republicano y pocos países presentan desigualdades más intolerables en términos de justicia social y libertades. En Africa y Latinoamérica predominan abrumadoramente y tampoco puede constatarse ninguna ventaja objetiva frente a monarquías europeas como Holanda, Noruega o Dinamarca. De la misma manera que el negocio de la independencia - en situaciones no coloniales - puede resultar estéril y hasta contraproducente, no menos lo sería empeñarse en situar en el eje de la acción social el advenimiento de una República. Y más por estos pagos. Sinceramente, uno ve mucha nostalgia, demasiada, en sus partidarios. Una añoranza idealizada por lo que pudo ser y no fue que se topa de bruces con una sensación que, no lo dudo, podría ser compartida incluso por algunos de ellos: ¿de verdad se puede encontrar algún personaje público, en esta época de debilidad intelectual, partidismo descarado, corrección política, cinismo y corrupción, capaz de representar los valores formales de la Presidencia de la República como en su momento lo hicieron Alcalá-Zamora o Azaña?

A no ser que estemos optando por un simple modelo de reestructuración institucional a la francesa o a la estadounidense, en cuyo caso lo único que necesitamos es sustituir a Obama u Hollande por Rajoy, Iglesias, Sánchez o Rivera lo cual no parece un programa ético-político que añada nada sustantivo a la existencia cotidiana de los ciudadanos. O que lo que se pretenda con este cambio sea ahorrar en los presupuestos públicos el gasto de una Familia Real pero cabe dudar, recordando por ejemplo los turbios enredos económicos de más de una presidencia gala, que el beneficio vaya a ser significativo.

Pero uno diría que no estamos hablando de eso aquí y ahora: los republicanos desean "la República", la que los fascistas aniquilaron, no otra, la del pasado. Y la quisieran ver reinstaurada como si los cuarenta años de dictadura y los treinta de monarquía constitucional pudieran ser borrados de un plumazo.

La lástima es que la historia, si de verdad se repitiera, seguramente lo haría en forma de farsa...

2 de abril de 2016

Azúa sobre Colau


Se habla mucho de que nuestros políticos son de baja calidad y que eso explica, en buena parte, las deficiencias que se observan en el funcionamiento de la democracia representativa en este país. Sin embargo, pocos se detienen a observar la escasísima talla reflexiva y crítica de nuestros"productores de opinión" (llamarlos "intelectuales" es excesivo) que intervienen decisivamente en el fomento y mantenimiento de los hábitos ciudadanos requeridos por esta forma de gobierno: lo hacen de una manera tan deficitaria y desnutrida que a veces convierten en buena a la clase política. La muestra más reciente de su pésima categoría han sido las observaciones vertidas por Félix de Azúa sobre Ada Colau. Afirma Azúa que "una ciudad civilizada y europea como Barcelona tiene como alcaldesa a Colau, una cosa de risa. Una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado. No tiene ni idea de cómo se lleva una ciudad ni le importa. Lo único que le importa es cambiar los nombres de las calles". A uno le gusta, dentro de un orden, Ada Colau. Ha tomado actitudes ejemplares (reducirse el sueldo ostensiblemente, limitar la ostentación y el gasto de representación del primer edil, abrir foros de debate sobre la política local en los barrios, imponer una moratoria al desarrollo turístico o acabar con algunas onerosas subvenciones a empresas privadas) aunque otras actuaciones hayan sido pueriles (como el papelón que representó en el salón de la Enseñanza o el ridículo del "Padrenuestro sexual"). Pero el disgusto por el comentario de Azúa no tiene que ver con las preferencias sino con el barriobajero nivel de la crítica. Comparado con ella, la respuesta de Colau deja la competencia teórica del columnista de PRISA a la altura del betún: "En las futuras definiciones de machismo y clasismo de la RAE, el señor Azúa podrá citarse a sí mismo ¡Qué honor!". Pertinente, apropiado y con apoyo en hechos (en este caso, declaraciones).

P.D: Por otro lado, la eficiencia conceptual del señor Azúa baja un peldaño más al calificar, en la misma entrevista, de "fascismo simpático" al movimiento secesionista. Demuestra que o es imprudente y grosero y apenas sabe utilizar adecuadamente los términos o desconoce qué es el fascismo. Un individuo que lleva cinco años sin vivir en Catalunya debería ser más humilde y precavido a la hora de despachar una situación social y política con una ocurrencia.

5 de junio de 2014

Sobre esa Causa General que sirve de fundamento a la crítica


Me pregunta F. acerca de esa "Causa General de la Humanidad" de la que uno se sirve "para poner en solfa" nacionalismos, populismos o la legítima lucha por mayores "niveles de democracia". Considera que si no explico bien de qué estoy hablando en realidad cometo un fraude intelectual.

Bien. Confieso que no creo que sea para tanto pero pongámonos, al menos inicialmente, no va uno a redactar un Tratado, sobre el asunto. Para ir al grano y dejarnos de retóricas postestructuralistas:

- La Causa General de la emancipación de la Humanidad es, por supuesto, una modelización, una abstracción, un ideal regulativo: algo a lo que se tiende, a lo que se aspira y que, en vitud de ello, pretende organizar y jerarquizar la acción de un determinado sujeto, en este caso, del que ahora escribe. No tiene, por este carácter ideal, correlato fáctico alguno: es contrafáctico. De hecho, no sólo no se ha realizado sino que cabe dudar de que haya habido aproximaciones históricas siquiera. De todas formas, eso no es importante moralmente hablando. Lo moralmente bueno, el bien supremo, se lo defina como se lo defina, es importante en la eticidad aunque no tenga dimensión empírica;

- aunque podría estar vacía de contenido y enunciarse tan sólo formalmente para mostrarse como máximamente universal, es decir, como proyecto que pudieran estar en situación de subscribir todos los seres humanos, tiene un cierto contenido que podría enunciarse así: "Acabar con la explotación del hombre por el hombre" aunque también podría admitir una formulación más formal al estilo kantiano: "Tratar a todo ser humano como un fin en sí mismo y no como un medio para un fin";

- esta Causa General, que no Total, "General" en el sentido de "genérica", de concerniente y perteneciente al "género" Homo, se puede acompañar de la expresión "de la emancipación" en el sentido que el fin de la explotación, el tratamiento de cada ser humano como un fin en sí mismo y no como un útil del que valerse para conseguir la satisfacción de los objetivos propios, implica el objetivo de la liberación de cualquier forma de coerción que no sea aceptada y consensuada por los participantes en la interacción humana;

- finalmente, aquí y ahora, la tarea ética principal para aproximarse al ideal no puede ser otra que la lucha no utilitaria contra los mecanismos de explotación vigentes, vinculados al modo de producción capitalista y sus variantes: seguramente si se lograra acabar con este modo de producción y distribución emergería otro que incorporaría algún sistema de explotación. ¿Y?... Ya se ha dicho que el ideal no tiene realización ni concreción histórica, empírica... Pues a seguir en la tarea crítica y en la lucha...

Lo siento, F. Uno cree en una acción moral sin éxito posible. Las que prometen o auguran el éxito me preocupan: las fosas comunes están saturadas de sus logros.

P.S: Algún día y en otro lugar intentaré ser más preciso y argumentar rigurosa y detalladamente esta "toma de posición".

3 de junio de 2014

De distracciones, pseudodebates, formas y contenidos


Repetidamente ha dejado uno constancia por aquí de que el nacionalismo, en cualquiera de sus variedades, no es sino otra clase de "opio del pueblo", como la religión, que distrae de la Causa General de la emancipación de la humanidad - una Causa que, por cierto, no es Una, evidentemente - y que ha sido utilizado reiteradamente por los grupos dominantes para perpetuar su ejercicio del poder y la coacción. La lucha nacional apenas conlleva ningún avance reseñable en este camino, en la modesta opinión de uno. Otra cosa es que esta "Gran Causa" máximamente universal deba ser el eje de la actividad ética y política.

Con el debate que se abre estos días en España entre República y Monarquía pasa más o menos lo mismo: no parece que las energías que cabe emplear en conseguir la sustitución de un régimen dinástico por otro democrático representativo suponga, realmente, un paso adelante en la lucha contra la opresión y la explotación de los asalariados por parte de aquellos que detentan el capital. A los hechos históricos cabe remitirse con los múltiples ejemplos de países occidentales en los dos últimos siglos. Puede que en el XVIII fuera un incontestable "progreso". Hoy día tiene uno la impresión de que es un pseudodebate, una distracción más que aleja de las reformas en profundidad del sistema de representación política y la organización de las formas de resdistribución de la riqueza que demanda una elemental justicia social.

La forma puede no ser un mero ornamento y, en ocasiones, es indiscernible del contenido. Las formas son estéticamente relevantes y éticamente también: no hay estética sin una cierta ética y al revés. Cierto. Derrida nos ha enseñado mucho al respecto. Con todo, cabe mantener rigurosamente la pertinencia de la distinción entre contenido y forma, entre nuclear y accesorio, entre substancial y secundario: en tretra brik, envase de plástico o en botella, es muy importante, decisivo, el líquido que haya dentro.

Xavier, como siempre, ha expuesto lo fundamental en esta falsa disyuntiva mejor que lo haría uno.

14 de febrero de 2014

Crónica de la Nueva Edad (14/02/2014)


J., un viejo compañero, me escribe a propósito de este cuaderno. Dice alabar el "intento de equidistancia" que preside el trabajo de uno y lo califica como un "ejercicio de honestidad intelectual pese a que, lamentablemente, está condenado al fracaso porque siempre hay que acabar tomando partido". Sin embargo, al lado de estos halagos, protesta (uno estaría tentado de decir, "airadamente") por la crítica que sufre la izquierda compañera de viaje del proyecto secesionista máxime cuando es tildada por aquí de "tonta útil" y añade: "El rechazo de los empresarios a la independencia demuestra que ahí hay un contenido progresista que no podemos ignorar si somos de izquierdas". Algo así como "si el empresariado está en contra es que ha de ser bueno". Y uno, al leer las palabras del bueno de J., no puede evitar pensar que:

a) cada vez tiene menos claro que sea de izquierdas tal y como lo entiende J. Seguramente uno comparte más postulados de la izquierda "realmente existente" que de la derecha pero no muchos más pues no hay tantas diferencias entre ambos "polos": en el ámbito de "lo político" siempre han estado más cerca de lo que parece y en el "la política" que, insisto, no se corresponde con el primero, hoy día las distancias también se van acortando;

b) por otro lado, una parte de los empresarios, la que representa a los mayores negocios, se ha manifestado, ciertamente, en contra de la independencia de Catalunya, pero otras patronales de la pequeña y mediana empresa coquetean cuando no apoyan abiertamente el proyecto secesionista: ¿son más progresistas o revolucionarios los pequeños empresarios que los magnates? Uffff!!! Ya estamos con esos juegos de manos de la escolástica revolucionaria y sus distinciones ad hoc que tanto daño han hecho a los movimientos de emancipación occidentales;

c) finalmente, plantearse la acción política en términos de "quien está contra quienes yo estoy es, automáticamente, mi camarada y mi aliado", es una vieja costumbre de la izquierda que ha producido nefastos resultados: las alianzas nacionales previas a la I Guerra Mundial, la colaboración objetiva, aunque no subjetivamente experimentada como tal, entre comunistas y nazis para el socavamiento de la República de Weimar, la comprensión del pacto germano soviético de 1939, los "Frentes Populares" o los apoyos a los regímenes totalitarios que desafiaban el imperialismo norteamericano, independientemente de su carácter tiránico, por citar algunos ejemplos, ilustran históricamente las consecuencias de este inveterado hábito que parece consustancial a la izquierda de origen marxista.

Y es justo esta penosa mezcla de estrafalario análisis "dialéctico" y tacticismo uno de los motivos principales que ha conducido al estado de postración actual de una izquierda impotente ante el desarbolamiento del estado del bienestar y el recorte de los derechos civiles. Esa izquierda, que es incapaz de organizar una protesta masiva e inteligente contra, por ejemplo, el proyecto de reforma de ley del aborto del gobierno del PP, es la hija del tacticismo de aquellos "viajes con acompañantes" que, al final, acaban en un tren con los vagones repletos de entusiastas revolucionarios a los que se les había vendido un billete para el paraíso parando en la rampa de un Lager o en las alambradas de un Gulag.

7 de marzo de 2013

En la hora de la muerte de Chávez...


... convendría ser prudentes y recordar que el compromiso con "lo político" no debería ser confundido con el compromiso con "la política" y, menos aún, con "una política". No hay luz sin sombra y si sólo vemos una luz absoluta no distinguimos, en realidad, nada, de la misma forma que en la sombra absoluta nada se aparece. Quizás sea preferible quedarse con el respeto hacia la persona y la compasión hacia su sufrimiento, sentimientos que podrían ser extensibles a la inmensa mayoría de nuestros semejantes. Respecto a lo demás, cuidado con las luces tanto como con las sombras.

13 de mayo de 2012

El empeño en secuestrar el 15M


Del empeño en secuestrar el 15M por parte de la izquierda realmente existente, tan poderoso como el de la derecha en declarar su muerte por inanición, es buena muestra la actitud de Montserrat Tura, diputada al Parlament de Catalunya por el PSC, ex-consellera de interior y conspicua representante del sector pijo-catalanista-sociovergente de su partido.

Cuando en junio pasado los "indignados" le pintaron su blazer de moda durante los incidentes ante el Parlament, que los medios consideraron el fin del pacifismo del 15M,  no se cansó de hablar de "fascismo" y de amparar la comparación de lo sucedido con las prácticas nacionalsocialistas de "marcaje del otro". Bien. Ayer declaraba en el Telenoticies de TV3 que guarda en su casa la prenda como "recuerdo" de una protesta inadecuada en las formas pero verdadera en el fondo.

Ver para creer...

Nota: en la manifestación de ayer en Barcelona una gran parte de los prohombres de la izquerda realmente existente -incluida gente relevante del PSC-, hizo su acto de presencia. En humilde opinión de uno puede que sean, como todos, bienvenidos como ciudadanos pero poco más...

4 de mayo de 2012

Puntualizaciones en torno al concepto de "insurrección"


Helicópteros a medianoche en el cielo de Barcelona consumían las últimas partidas del medio millón de euros que ha costado el dispositivo policial (más de 8000 efectivos, al parecer) organizado para "proteger" a los directivos del Banco Central Europeo. No es necesario decir mucho más al respecto y la demagogia acaba aburriendo. Sí, me temo, vale la pena decir algo más en torno al valor de la "insurrección" de la que hablaba ayer.

¿Es intrínsecamente buena una situación insurreccional? ¿Hay en la nota que uno escribió una valoración positiva del deslizamiento de las expectativas de cada vez más asalariados hacia la confrontación? Francamente, no era la intención.

Insurrecciones ha habido muchas y más "negras" de lo que muchos quieren ver. Las insurrecciones militares abundan en la historia de la península ibérica. El nacionalsocialismo fue un movimiento claramente insurreccional. Que lo hayan sido revueltas anarquistas o comunistas no invalida el hecho de que, per se, la insurrección no es un valor ligado a la transformación del orden social. También puede estar dirigido a su conservación o reforzamiento.

La definición que da Maria Moliner recoge esta dualidad: "Acción de declararse en contra de la autoridad constituida y de luchar contra ella; particularmente, una colonia o territorio, o alguna parte del ejército: 'La insurrección se ha extendido al sur del país'. Alzamiento, levantamiento, rebelión, sedición, sublevación".

Únicamente, y sin ribetes apocalípticos, uno quería anotar que la cuerda se está tensando excesivamente por parte de aquellos que disponen de los medios de producción y que el desenlace puede ser perjudicial para más de los que algunos creen...

3 de mayo de 2012

¿Deslizamiento hacia la insurrección y la confrontación?


Tras una reunión de "negociación" en el Departamento de Enseñanza de la Generalitat uno ha salido con la sensación de que las posibilidades del deslizamiento de las clases asalariadas hacia la esperanza insurreccional se incrementan cada día que pasa.

He asistido, estupefacto, a un ejemplo de desmantelamiento del "Estado del bienestar" que dejará a interinos de más de 55 años a la intemperie. De nada han servido los razonamientos, las apelaciones al sentido común e incluso a la "humanidad" para suavizar la dureza de las medidas para con los afectados: la razón de Estado presupuestaria, vestida nacionalmente, ha sido inflexible. Incluso los sindicatos de clase, tan "colaboracionistas" de normal, han puesto el grito en el cielo. No era para menos. Su apuesta pactista se está convirtiendo, en semanas, en polvo ante sus ojos. Acabada la reunión, conspicuos representantes de estos sindicatos realizaban afirmaciones de tremenda radicalidad que seguramente se atemperaría con las horas pero que nunca antes había escuchado de sus labios.

A la salida, he caminado un rato por el centro de Barcelona para intentar calmarme y he visto a un grupo de jóvenes con sudaderas, capuchas, pasamontañas y mochilas, a pocas calles de donde los universitarios se concentraban para una manifestación. El grupo estaba escoltado por tres agentes de los Mossos d'Esquadra pero, ¡oh sorpresa!, estaban en pacífica y amistosa connivencia como he comprobado posteriormente: se hablaban entre ellos. ¿Qué llevaban en las mochilas? ¿Bibliografía secundaria? Uno de los encapuchados llevaba un pasamontañas con un símbolo anarquista. Y uno, que siempre ha menospreciado las teorías conspirativas y el papel de los "agentes provocadores" (por muchos que haya si eres inteligente y no caes en la provocación no consiguen sus objetivos), ha debido admitir que ahí estaban: preparados por si las cosas se torcían (o se enderezaban) y era preciso legitimar una actuación represiva.

Hace unos meses uno no habría dado demasiado pábulo a la hipótesis de la confabulación mediático-económico-represiva. No le era preciso al modo de producción para asegurar su mantenimiento. Ahora es una posibilidad a considerar. Lo cual significa que se perciben, claramente, los riesgos de que los asalariados se deslicen hacia posiciones insurreccionales siquiera como actitud de desesperación ante la magnitud y violencia del actual proceso de reestructuración del capital.

El riesgo de la confrontación existe. Las crecientes voces que se alzan (en los ministerios de Interior) solicitando la criminalización de la resistencia pasiva, el ejemplo de los estudiantes de Física que llevan desde la huelga general en prisión preventiva (una medida a todas luces desproporcionada), la insistencia en la desregulación de las condiciones laborales de los asalariados, la ferocidad de los "mercados", la voracidad de las grandes corporaciones y el volátil capital financiero, el empobrecimiento...

Cierto que, por estos lares, está listo el velo nacionalista para desenfocar las tendencias insurreccionales y que todo acabe en una confrontación en clave nacionalista (religiosa, por tanto) pero...

24 de abril de 2012

Apostilla a por qué a uno le traen sin cuidado tanto la república como la monarquía


Por si acaso, conviene dejar claro que uno ni ha sido ni será nunca, probablemente, monárquico. Es sólo que a pesar de que el republicanismo puede ser estéticamente, y de alguna manera también éticamente, preferible no vale la pena gastar un ápice de energía en su implantación habiendo otros asuntos más importantes y urgentes relacionados con la justicia social que no pueden quedar postergados por una "reforma" (y uno siempre es partidario de todas aquellas que aligeren el sufrimiento) que en muy poco atañe a los padecimientos cotidianos de los seres humanos.

Ni siquiera el manido disfraz de la mejora en transición hacia el socialismo o la utopía debe ser tenido en cuenta para justificar el gasto de tiempo en esta reforma. Es como el caso del nacionalismo: la lucha por la independencia, o la unión, váyase usted a saber, no hace más que ocultar los problemas más acuciantes. En ambos casos de trata de auténticos "opios del pueblo" que contaminan con pseudoproblemas a la izquierda.

Así, los ejemplos históricos que prueban que la autodeterminación no entraña ningún camino de mejora hacia la una mayor equidad, democracia o justicia social, dogma en el que sigue anclada por ejemplo en Catalunya la izquierda "realmente existente", los podemos encontrar en las antiguas repúblicas soviéticas, Croacia o Eslovenia. Y, por contra, algunos de los países con mayor equidad social, libertades civiles y democracias más participativas, en el Norte de Europa, con lo que cabe concluir que la forma institucional de revestimiento del poder político es una variable insignificante, son monarquías...

23 de abril de 2012

¿Monarquía o república?


El, para uno, insustancial debate "¿monarquía o república?" - por lo menos por lo que hace al punto de vista de la justicia social, el cambio de modo de producción y distribución de los recursos o incluso la profundización de la democracia (no se ve que en Brasil, Indonesia, Cuba o Mexico en ésta tenga incidencia alguna la opción republicana) - que se ha vuelto a atizar mediáticamente en este país en las últimas semanas, parece estar aquejado de falta de sentido del humor, distancia histórica y sentido común.

En El País de hoy John Carlin, con su agudeza habitual, ha puesto un cuerdo granito de arena en este debate mistificado diciendo con más gracia y menos enrevesamiento algo de lo que uno tenía pensado y mucho más:

"El rey ha caído en el desprestigio —si lo hemos entendido bien— debido a la percepción de que, mientras cinco millones de sus súbditos están en el paro, él se está dando la gran vida; tocando el violín, como Nerón, mientras la ciudad arde. Bueno, vale. Pero darse la gran vida es lo que los reyes hacen; es lo que esperamos de ellos, ¿no? Irse de safari a coleccionar trofeos para adornar las paredes de sus palacios es lo que han hecho toda la vida. ¿O acaso queremos que, para demostrar solidaridad con el pueblo, nuestro rey se mude a una urbanización con piscina compartida en las afueras de Madrid y se pase el otoño sus días encerrado en casa viendo programas de cotilleo —o documentales de animales africanos— en la televisión?
Si hubiera pagado el viaje con dinero de nuestros impuestos sería, quizá, otra cosa pero, según se entiende, fue a Botsuana invitado por un amigo árabe. El rey no dispone de los recursos propios para poder darse semejantes lujos. Comparado con otros monarcas vive en la más elemental austeridad. Su sueldo, como se reveló hace poco, no supera los 300.000 euros al año, antes de impuestos. O sea, podríamos pagarle a él y a sus herederos durante un siglo con lo que le costó al Real Madrid el verano pasado el fichaje de Fabio Coentrão, o durante dos con lo que desembolsó el Barcelona hace tres años por Ibrahimovic.
Y olvidémonos del inescrutable mundo de los fichajes. El sueldo de Coentrão debe de superar al del rey de España por un factor de, al menos, seis; los de Messi o Cristiano por un factor de 33. Es verdad que Messi y Cristiano han llegado a donde han llegado por méritos propios y se les paga lo que las leyes del mercado determinan. El placer y la satisfacción y la sensación de gloria compartida que nos ofrecen tienen su recompensa financiera. Lo que ofrece el rey puede que sea más difícil de medir pero si es verdad, como dijo Mariano Rajoy esta semana, que es un gran “embajador” para España, que su prestigio es un factor unificador en el mundo de habla hispana, pues igual el sueldo que le pagamos es una ganga.

Además, los supuestos excesos del rey son poca cosa al lado de los de nuestros grandes futbolistas. Ellos acumulan flotas de lujosos coches, viven en espectaculares mansiones, salen con mujeres que lucen vestidos que valen más de lo que cuesta un viaje al sur de África, pero a nadie se le ocurre que derrochar dinero de esta manera en tiempos de crisis es un escándalo o, incluso, de mal gusto. Con tal de que se trate de un jugador de fútbol y no un rey."