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6 de marzo de 2014

Desasosiego y poesía


Días presididos por un desasosiego con múltiples orígenes y que ayer se condensó, desplazándose de aquellas raíces más vinculadas al paso del tiempo, la afectividad, el auge de totalitarismos y el retroceso general de la Ilustración, los conflictos identitarios o la muerte de los seres queridos, en uno que los podía resumir todos como cualquiera de ellos podría haberse trocado en tropo de los demás: la probabilidad del próximo colapso de la economía mundial a causa de haber alcanzado y superado el peak oil (el cénit en la producción de petróleo).

El otro día, en su cuaderno, Jorge Riechmann citaba una contribución de Antonio Turiel quien advertía al respecto que "es difícil exagerar la gravedad de lo que está pasando. Si no se produce un golpe de mano por parte de los Gobiernos, esta desinversión que acaba de comenzar provocará que en un plazo de menos de dos años la producción de petróleo pueda caer abruptamente de entre un 10 y un 20% respecto a los valores actuales, y para 2020 no quiero ni pensar dónde podemos acabar (me temo que la AIE se centra en un escenario optimista dado el movimiento actual). Eso va a hacer que la actual crisis económica entre en una fase completamente nueva, comparada con la cual lo de ahora nos parezca simplemente caricias".

Como en su día las predicciones de Niño Becerrra, algunas de las más lacerantes de las cuales se cumplieron, estas anticipaciones parecen suficientemente fundamentadas y no dejan de provocarme dolores de cabeza metafóricos y reales. Cierto es que a uno le sigue desagradando la retórica apocalíptica y más mientras se está leyendo en estos momentos a Bloch: "Incluso
la derrota de lo bueno deseado sigue encerrando en sí su posible triunfo futuro, en tanto que en la historia y en el mundo no están agotadas todas las posibilidades del cambio y del hacerse mejor; en tanto que lo realmente posible, con su proceso dialéctico-utópico, no se ha fijado en su final" (El principio esperanza, trad. de Felipe González Vicen, vol. I, p229). Con todo, el seguimiento desde hace bastantes meses de los trabajos de Antonio Turiel y de los debates entre "optimistas" y "pesimistas" al respecto, ha hecho que dilucidar siquiera provisionalmente la situación no pueda ser eludido.

Uno está lejos de llegar a ninguna conclusión provisional pero sí preocupado porque el mensaje catastrofista parece más fundamentado que el optimista. Hasta ahora uno acudía a recordar la letanía de la próxima consumición de las reservas petrolíferas que, periódicamente, surcaban los medios de comunicación allá por los setenta y los ochenta que se mostró como menos fundada de lo que parecía. También al hecho, que hay que reconcoer que todavía no he podido contrastar suficientemente, de que el primer teórico del peak oil, Hubbert, situaba el citado pico en los Estados Unidos entre 1965 y 1970 y parece su previsión no se cumplió del todo. Asimismo, la esperanza en las energías renovables y la mínima picardía, propia del sentido común, de que las grandes corporaciones petroleras no van a dejarse arrastrar a una espiral de pérdidas y autodestrucción, contribuían a mitigar la fuerza de los apocalípticos.

Sin embargo, sin necesidad de compartir el milenarismo de estos, leer el informe Hirsch, encargado por el mismo Departamento de Energía de los Estados Unidos no invita precisamente al optimismo aunque no avale, forzosamente, un colapso absoluto y catastrófico del capitalismo.

No es que la cuestión esté abierta, que lo está. Es que se está escorando hacia las previsiones menos tranquilizadoras...

Y mientras, la poesía en los anaqueles y la mesa del escritorio, esperando un poco de calma que sigue sin llegar...

27 de abril de 2010

27 de abril de 2010: cielo y acero (II)


Y se está tentado, tras cuatro días de dominio consecutivo de la luz, de pensar que aun se puede esperar algo de uno mismo.

El cielo se ha alejado, por fin, de la tierra y ha recuperado su profundidad, su lejanía y su color. El acero de la grúa ha perdido, por contra, fuerza y su perfil parece haberse adelgazado y hasta podría decirse que en cualquier momento se mecerá como el bambú.

¿Hay metafísica posible todavía hasta que el cielo vuelva a descender, lechoso, con el calor del verano?

Lo que sí hay es la confirmación de que la era de los profetas puede estar definitivamente condenada. Se acerca mayo y las predicciones catastrofistas de Santiago Niño Becerra están en el aire más cerca del fracaso que de la realización:

"Sin embargo, entre Octubre del 2009 y Mayo del 2010, dramáticamente se irán poniendo de manifiesto las contradicciones existentes entre la filosofía del actual sistema, el nuestro, con la idea de supervivencia derivada de la escasez real de recursos. En gran medida debido a estas contradicciones, se irá extendiendo la percepción de que ‘las cosas no funcionan’ tal y como, en base a la actual filosofía, deberían funcionar.

La Gran Depresión es uno de los mejores ejemplos que existen de la combinación de dos de los peores aspectos que pueden darse en una economía: la sobreproducción y el subconsumo. En Enero 2010 se producen las primeras manifestaciones evidentes de que una crisis está muy próxima, una crisis que no tiene sus bases en un sobreconsumo no satisfecho por una oferta limitada, sino en la escasez, tanto de recursos productivos como de capacidad de compra. Este es uno de los aspectos que harán semejantes las crisis de 1929 y del 2010 una vez se produzca el estallido de esta.

A partir de Mayo del año 2010 se producirá una degradación acelerada de la situación. Se vive al día y no existe ningún tipo de apoyos externos, por lo que el ‘que cada palo aguante su vela’ se hará ley."

http://www.burbuja.info/inmobiliaria/burbuja-inmobiliaria/51307-articulos-de-santiago-nino-becerra-post-oficial.html

5 de febrero de 2010

5 de febrero de 2010: ¿Cuanto peor, mejor?


Ayer de desplomó el Ibex 35. Las pérdidas llegaron casi al 6% pero yo no me enteré hasta las nueve de la noche cuando el anuncio de la debacle encabezó un Telenotícies en el que hasta los habitualmente mesurados y estirados presentadores de las noticias de la televisión catalana sucumbieron por momentos a su papel como generadores de estrés.

Los periodistas difícilmente se resisten a cumplir su papel de excitar la ansiedad de la opinión pública y ayer no fue una excepción. Si las crisis bursátiles dependen de factores psicológicos ya pueden encomendarse a algún santo los accionistas españoles porque el gremio periodístico está dispuesto a ensañarse para generar el sobresalto necesario.

De todas formas, lo importante para mí no fue constatar por enésima vez este papel de los medios, acertadamente descrito por Sloterdijk, sino cómo me afectó. Lo cierto es que no me importa mucho la suerte de los accionistas: ya saben a lo que juegan o deberían saberlo. Son mayorcitos y a nadie le ponen una pistola en un pecho. Hay otras maneras de sacarle un mínimo provecho a los ahorros si de eso se trata pero claro es que no se trata de eso. Se trata de la antigua cultura del pelotazo y la lotería: a ver si sin pegar un palo al agua, sólo apostando, me enriquezco. Si se arruinan pues mala suerte. Si algunas empresas se ven en dificultades pues... es su problema también, sobre todo si pienso en sus ejecutivos. Si pienso en los asalariados que no intervienen en las decisiones la cosa cambia pero no me estremezco...

Mas si me preocupé ante la posibilidad de que Santiago Niño Becerra tuviera razón, siquiera en una mínima parte, referida a la Península Ibérica, en sus pronósticos desarrollados en El crash del 2010. Una buena síntesis de sus "profecías" y argumentaciones se pueden leer aquí.

Hace cinco o diez años, ver síntomas de que lo dicho en los siguientes párrafos tiene visos de cumplirse me hubiera entusiasmado:

"El mes que va a comenzar dentro de pocas semanas va a ser el inicio del acto final de la obra en que el planeta lleva participando desde 1820, es decir, el próximo Septiembre va a suponer el principio del fin del sistema económico en que nos hallamos inmersos desde hace casi dos siglos, y que se manifestará en una gran crisis que se iniciará en el año 2010. A partir de aquí, el sistema irá evolucionando hasta su total transformación en otro muy diferente siguiendo un proceso estructuralmente semejante por el que el Sistema Mercantilista pasó en la segunda mitad del siglo XVIII.

La crisis del 2010, por tanto, será consecuencia del proceso de muerte de la estructura actual; muerte que por dramático que pueda parecernos, no hace más que encuadrase en la dinámica histórica que lleva aconteciendo en los últimos dos mil años; una dinámica que supone que todo cambia, evoluciona, se agota y muere (...)

A partir de Mayo del año 2010 se producirá una degradación acelerada de la situación. Se vive al día y no existe ningún tipo de apoyos externos, por lo que el ‘que cada palo aguante su vela’ se hará ley.

Debido a la entrada en crisis de los elementos fundamentales de nuestro sistema, se llega al agotamiento de la capacidad de competición, el espíritu que, desde su nacimiento a principios del siglo XIX, ha guiado el Capitalismo. La razón será obvia: si el objetivo último es la supervivencia, ¿contra quien competir?, ello tendrá un efecto demoledor sobre los principios que daban sentido al concepto de ‘emprendedor’.

Paralelamente, se irá manifestando la falta de petróleo así como de la mayoría de las commodities que son esenciales para la actividad económica, lo que acelerará la puesta en marcha de políticas tendentes a la determinación de necesidades esenciales, por lo que, probablemente, se implantará el racionamiento de muchos bienes y servicios que, muy bien, puede ser complementado con alzas de precios a fin de forzar la reducción del consumo de los bienes y servicios racionados por debajo, incluso, de la capacidad de producción y suministro de la oferta; el objetivo será, claramente, el ahorro de recursos.

Llegados a este punto se manifestará un problema que hoy ya ha sido abordado por algunos expertos: el excedente de factor trabajo de baja o muy baja cualificación que en estos últimos años ha desempeñado tareas de bajo valor añadido y que, fundamentalmente, está personalizado en la población inmigrante, a esto se añadirán probables tensiones entre la población inmigrante y la autóctona debido a la escasez de empleos y recursos.

La dinámica regulatoria y de delimitación en vigor, puede decidir la conversión de ciertos barrios en guetos vigilados en los que pueden ser aisladas personas no necesarias y calificadas como potencialmente conflictivas y donde llevarán una existencia marginal. Esta política será ampliamente respaldada debido a las protestas sociales que la situación ya llevará meses generando y que, en algunas zonas, podrá dar lugar a la aparición de guerrillas urbanas.

La falta de expectativas llevará a que a lo largo del año 2009 se vaya generalizando la sensación de que ‘esto, se acabó’. Cuando lleguemos a este punto la crisis ya se habrá instalado en el planeta."

Por mi formación marxista teñida de milenarismo hubiera llevado años esperando este momento. "Cuanto peor, mejor". Los estertores del Capitalismo, del Sistema, el Fin de la Opresión. Ahora mi opinión acerca del Capitalismo no ha cambiado pero, por un lado, dudo que el modo de producción actual pueda ser considerado bajo la clásica categoría de "capitalismo" y, por otro, no tengo claro que la destrucción del "Sistema" sea un valor en sí mismo que se pueda considerar independientemente de la cantidad de vidas que destruirá: ¿cuándo en nuestras representaciones de la Revolución y del Fin del Sistema aparecían los ancianos, los niños o los discapacitados? ¿Donde estaban? ¿Dónde están en las guerras revolucionarias o de liberación nacional? Sólo hay jóvenes enardecidos y entusiastas o adultos responsables con una Misión Histórica sobre sus hombros. Los ancianos se arrastran por las carreteras, los niños buscan comida donde pueden y los discapacitados y enfermos languidecen en hospitales o encerrados en sus casas.

El cielo está encapotado sobre Barcelona. Las calles, mojadas. No hace frío pero el día aunque se anunció soleado parece resistirse a abandonar la atmósfera de pesadez. Tengo trabajo y no puedo seguir por el momento. Lo haré por la noche.

Sólo un último apunte acerca de la constatación anterior: no me entusiasma, es más, me aterra, el Fin del Sistema por Implosión, Catástrofe o Cataclismo Milenarista, debido al sufrimiento que generará, por ejemplo, a mi madre y a mis hijos. ¿El Sistema actual no les hace sufrir? Lamentablemente, me temo que no tanto como podrían sufrir con su Colapso y yo ya no soy tan romántico, ciego y megalómano como para preferir el Apocalipsis del que surgirá el Nuevo Mundo y que se cobrará las piezas de los que están en los márgenes, a la minimización del sufrimiento de esas piezas marginales que son, hoy por hoy, mis hijos y mi madre.