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24 de mayo de 2012

Huelgas, Harich, Montale y Alvaro Valverde


Antesdeayer, en medio de los preparativos para la jornada de huelga contra la política educativa pública de los gobernantes actuales (van camino de emular al odiado Maragall que nos obligó a cinco huelgas) uno se preguntó cómo era posible que  sobre los libros del escritorio, Huesos de sepia de Montale y la antología Un centro fugitivo de Álvaro Valverde, ondeara flamante ¿Comunismo sin crecimiento?. ¿No hay lugar ahora para la poesía?

Hoy, una vez constatado el relativo éxito de la movilización, gran manifestación en Barcelona y seguimiento desigual de la huelga (en el estado actual es evidente que no nos podemos permitir que la Administración nos sustraiga más de cien euros más), sentado ante los volúmenes de Montale y Valverde observo el amarillento texto de Harich: lleno de subrayados, páginas dobladas, la portada arrugada en las esquinas, el lomo desgastado... Los otros dos están nuevos, impolutos.Y, sin embargo, hoy tampoco los abriré. Carezco de la disposición de espíritu necesaria.

La "alienación" hegeliana y, especialmente, su enriquecimiento por parte de Marx no le parecen a uno, a esta hora, conceptos tan inútiles e inadecuados para describir determinados estados de conciencia.

17 de mayo de 2012

Minimización de la responsabilidad individual y capitalismo


El pasado 28 de abril, en El País, en un certero artículo, Vidal Folch, sin embargo, volvía a reiterar un "mantra" de la izquierda cuyo carácter dogmático está en el meollo de la incapacidad de ésta para acometer realmente -y no utópicamente- la transformación del orden social que pretende.

Escribía Vidal Flch:

"Diré una obviedad zizekiana: la culpa de la crisis no es la codicia ni la ambición individual ni el despilfarro o gasto excesivo de los ciudadanos, ni su codicia, que les ha llevado a estirar más la mano que la manga, a endeudarse, a querer disfrutar de bienes que el mercado le ofrece, y que ahora es justamente castigada. Porque el deseo de crecer más, tener más, obtener más, vender más, y comprar más, y poseer más, no son vicios particulares, sino el meollo mismo, el motor de nuestra civilización, o sea —me permito recuperar palabras en desuso— del sistema o sea del capitalismo. No es justo castigar a la gente por haber hecho lo que se le dijo que hiciera, y se le dijo por activa y por pasiva, en el discurso público y subliminalmente. Es injusto castigarla por los pecados del estamento político-financiero y sus predicadores (sn). Y de esta injusticia vienen todas las indignaciones públicas, en Barcelona y en Wall Street. Que fracasarán como anarquía insignificante si no se organizan para vertebrar una alternativa."

Es evidente que no es justo castigar al pueblo mientras mistagogos, embaucadores y capitalistas de todo pelaje continuan viviendo como siempre. Con todo, esto no es ninguna sorpresa: en cualquier crisis de reestructuración siempre han pagado los platos rotos (desempleo, agravamiento de las condiciones laborales, pérdida de derechos...) los mismos: los asalariados. Esto no es una novedad: es intrínseco al modelo económico capitalista.

Ahora bien, sí que es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros no ser lo suficientemente críticos como para no "haber hecho lo que se nos dijo que hiciéramos"; no ser lo suficientemente cautos, y más con lo que la historia nos ha enseñado acerca de la depredación capitalista. como para no habernos creído a pìes juntillas el relato del bienestar inagotable que los medios de comunicación y la izqauierda realmente existente nos vendieron; no ser lo suficentemente lúcidos como para reconocer que, en lo sustancial, el esquema del modo de prodeucción capitalista descrito por Marx en El Capital continúa siendo, a grandes trazos, válido para describir gran parte del estado actual de cosas.