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14 de mayo de 2014

Crónica de la Nueva Edad (14/05/2014)


V., un amigo furibundamente españolista, que no unionista, me envía un enlace con la entrevista que la periodista del régimen Mònica Terribas realizó en febrero a Josep Borrell, el antiguo dirigente del PSOE, a cuenta de los dos artículos que publicó en El País en los que al parecer (habla uno de oídas) ponía en solfa el famoso déficit fiscal argüido por los secesionistas casi como un mantra. V. cree que no existe tal déficit y que Borrell así lo demuestra. Después de ver la entrevista no estoy seguro que se pueda ser tan categórico y mucho menos que Borrell siquiera lo pretenda. Eso sí, lo más interesante para uno es constatar, una vez más, como ya se ha certificado hasta la saciedad a propósito de la prensa ultramontana madrileña, la falta de objetividad y neutralidad de los periodistas "nacionales" que, en el caso de la señora Terribas, una de las piezas clave en la adquisición de la hegemonía mediática del secesionismo, llega a resultar difícilmente tolerable porque a su partidismo se agrega un desconocimiento y una ignorancia difícilmente perdonables en quien se erige en promotor de opinión y portavoz. Todavía no es Hermann Tertsch pero está más cerca de Sáenz de Buruaga o de Jiménez Losantos que lo que muchos piensan por estos lares. No es extraño el menosprecio que por periodistas y medios de comunicación sienten tantos en este país (hablo de Catalunya y de España). A duras penas se salvan algunos columnistas independientes.

El fragmento de la entrevista (del cual, por cierto, pueden obviarse las escoradas valoraciones no sólo de mi amigo sino también de quien ha confeccionado el vídeo):



Uno de esos pocos que se salva es Manuel Vicent quien el otro día, a propósito de la furibunda "cacería" que se ha desatado en las "redes sociales" contra Raimon, tan dura que hasta destacados representantes del mundo secesionista como Muriel Casals, de Òmnium Cultural, han debido salir a defender, tibiamente eso sí, su derecho a discrepar, señalaba acertadamente en El País:

"En unas recientes declaraciones Raimon ha tratado de matizar su postura frente a este proceso; se ha declarado no independentista; ha analizado los argumentos a favor y en contra, no por nada, más bien porque le gustaría probar primero cómo está de sal esa cazuela de pasiones que hierve ahora. Ha sido suficiente esta duda metódica, propia de un intelectual comprometido consigo mismo, de un artista más allá de la política rudimentaria, para que los talibanes de la independencia, en plena berrea de celo, se hayan abatido sobre él bajo el amparo del anonimato de las redes sociales para ensuciar una trayectoria intachable. Debe quedar claro que antes de llegar a la política, primero se requiere una integridad moral, después una libertad intelectual, luego una rebeldía social. Finalmente, se podrá alcanzar o no la independencia, pero esta no se librará de la miseria si está asentada en el fanatismo."

Pero escasean estas figuras en los creadores de opinión. Por ejemplo. En España parece haberse hecho el silencio más absoluto acerca de la sorprendente coincidencia en el relevo de los directores de los tres rotativos más vendidos en el Estado: con unas cuantas semanas de diferencia dimitieron, fueron cesados o cesaron, los directores de El Mundo, La Vanguardia y El País. Poco ha leído uno  respecto a semejante coincidencia...

Y por aquí, pues ¡qué decir!. Apenas se han hecho eco de la condena de 2 años de inhabilitación al ex-magistrado del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, Joaquin Ortiz por un delito de negociaciones y actividades prohibidas a funcionarios" y continua la omertà más absoluta en torno al "caso Cafèambllet" en la mayoría de los medios, especialmente en los dominantes en el ámbito secesionista: parece que tan sólo El País y El Periódico se hacían eco de la anulación de la condena que se les impuso por denunciar el expolio de la sanidad pública por parte de la Administración gobernante y la corrupción imperante en el sistema de gestión implantado.

¿Cómo va a haber un debate sereno sobre ventajas e inconvenientes de la secesión para los ciudadanos catalanes cuando las élites periodísticas han pasado de la objetiva alianza con quienes ejercen el poder en nuestras sociedades a la subjetiva y se han trocado en simples voceros irracionales de los lemas de los grupos dominantes?

29 de enero de 2014

Crónica de la Nueva Edad (29/01/2014)


Recibe uno con una mezcla de alegría y envidia la noticia del parón a la privatización de los hospitales públicos madrileños. Aunque la decisión judicial ha sido clave, es probable que sin la presión popular y de algunos medios los jueces no se hubieran inclinado por echar el freno a la propuesta de la derecha madrileña y eso es motivo de alegría.

Sin embargo, puede más la envidia (acompañada de indignación) porque, mientras tanto, la corrupción generalizada de la sanidad catalana y su imparable proceso de privatización continúan tapadas por un espeso velo: el de la "lucha nacional". Nuevamente, como uno ha denunciado en muchas ocasiones, el nacionalismo, o peor el patriotismo-secesionismo, no sólo no añade nada a la lucha por los intereses máximamente generales de la humanidad (si es posible todavía postularlos y uno cree que sí, al menos como ideales regulativos) sino que es, como siempre, más un obstáculo.

La gente de "Cafèambllet", objeto de una incesante persecución política y mediática, son de los pocos que se han atrevido a denunciar la corrupción inherente al sistema público-privado catalán (que cada vez se inclina más hacia el eje privado). Poca gente se manifestó contra los planes privatizadores ni contra este modelo que carcome la sanidad pública y equitativa: la llamada izquierda sigue demasiado ocupada con el ondear de las banderas y la llamada derecha ondeándolas para distraernos a todos; la mayoría de los periodistas "nacionales" a lo suyo...

Del prólogo de Àngels Martínez Castells a la edición castellana del libro de Marta Sibina y Albano Dante (editores de "Cafèambllet"):

"Y todo esto pasa cuando el sistema mixto público-privado de la sanidad en Cataluña está en un equilibrio inestable que puede decantar de manera decisiva el proyecto de Boi Ruiz de descuartizamiento del Instituto Catalán de la Salud, llevando al límite que la sanidad privada parasite a la pública y se quede con los servicios más rentables. La excusa: que el sector privado administra mejor. La realidad: encarecimiento de los servicios y expulsión de las personas enfermas con rentas más bajas, y peor atención para la mayoría de personas. Pero lo que es fundamental para que este proceso pueda seguir haciendo su tarea de topo es que pase inadvertido: que tanta y tanta gente afectada por la pérdida de lo que es de todas y todos no se entere hasta que ya sea demasiado tarde. Y que finalmente se trague —nos traguemos— las excusas que crean la desigualdad, aliñadas por la retórica de una eficiencia que siempre excluye las clases subalternas. Se trata de que no se discuta el mensaje publicitario de «nuestra» televisión, que lo que realmente funciona es un servicio privado de asistencia sanitaria (gente con poco recursos, abstenerse)..."

Y ante este panorama, la llamada izquierda y los llamados intelectuales, pues eso, "distraídos"...