Mostrando entradas con la etiqueta Wolfgang Harich. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wolfgang Harich. Mostrar todas las entradas
19 de noviembre de 2014
Acerca del cielo y su posesión
"El cielo no se toma por consenso. El cielo se toma por asalto". Pablo Iglesias dixit.
Madre mía. Suponiendo que haya cielo y, si es que lo hay, que pueda tomarse, además debe serlo por asalto... En fin. Uno no ha podido, finalmente, resistirse a decir lo justito sobre esta retórica peligrosa. No se ha avanzado mucho respecto a la escatología marxista y, especialmente, a su versión más rancia: el utopismo de raíz blochiana. Mal nos irá si los que pueden representarnos siguen con cuentos de hadas y pretenden cogerle a San Pedro las llaves. Ante Iglesias, Bloch y compañía, uno se quedará, siempre, con Harich.
Siento no haber sido capaz de dejarlo correr...
6 de junio de 2012
Las previsiones de Niño Becerra: Wolfgang Harich en Madrid
En su momento, las "profecías" de Santiago Niño Becerra le ocasionaron a uno más de un dolor de cabeza. En uno de sus últimos artículos, el escenario que prevee para la el Reino de España se acerca mucho al señalado por Harich como inevitable, dando más argumentos a quienes piensan que el dilema austeridad/crecimiento es una superchería:
" * - ‘Impulsar el crecimiento en Europa y crear empleo’, es lo que dijeron que tenía que hacerse Mr. Obama y M. Hollande en su reunión en Washington del día 18. ¿Quién tiene algo que objetar con respecto a esa afirmación?; el problema es que a la sentencia le faltaría una palabra: ‘posible’. Hablemos de España aunque lo que van a leer es básicamente lo mismo que leerían si aplicásemos el análisis a otro país y cambiásemos ‘manzanas’ por ‘albaricoques’.
España tiene un problema: no crece, por lo que sus Administraciones Públicas no ingresan lo suficiente para mantener la estructura de gastos que montaron cuando ‘España iba bien’ y, vía ladrillo y consumo, recaudaban la tira. Eso ha dejado de ser así: en España ya no se construyen 750.000 viviendas anuales, el consumo se ha hundido, y es imposible ocupar a toda la población activa que antes se ocupaba; es decir, España no puede gastar lo que gastaba porque no ingresa lo que ingresaba, y eso va a seguir así durante mucho, mucho, mucho tiempo porque …
… en España no van a volver a hacerse 750.000 viviendas al año ni va a volver a consumirse de todo a los niveles necesarios para crecer como se crecía, por lo que va a ser imposible ocupar a toda la población activa que se ocupaba. En otras palabras, pienso que durante bastantes años a lo que el planeta tiene que acostumbrarse es a la escasez, a crecer poco en términos de país o de continente (aunque mucho a nivel de cluster), y a un desempleo estructural elevado o muy elevado.
De ahí que, pienso, hubiese sido imprescindible añadir a la frase lo de ‘posible’."
La contribución aquí.
" * - ‘Impulsar el crecimiento en Europa y crear empleo’, es lo que dijeron que tenía que hacerse Mr. Obama y M. Hollande en su reunión en Washington del día 18. ¿Quién tiene algo que objetar con respecto a esa afirmación?; el problema es que a la sentencia le faltaría una palabra: ‘posible’. Hablemos de España aunque lo que van a leer es básicamente lo mismo que leerían si aplicásemos el análisis a otro país y cambiásemos ‘manzanas’ por ‘albaricoques’.
España tiene un problema: no crece, por lo que sus Administraciones Públicas no ingresan lo suficiente para mantener la estructura de gastos que montaron cuando ‘España iba bien’ y, vía ladrillo y consumo, recaudaban la tira. Eso ha dejado de ser así: en España ya no se construyen 750.000 viviendas anuales, el consumo se ha hundido, y es imposible ocupar a toda la población activa que antes se ocupaba; es decir, España no puede gastar lo que gastaba porque no ingresa lo que ingresaba, y eso va a seguir así durante mucho, mucho, mucho tiempo porque …
… en España no van a volver a hacerse 750.000 viviendas al año ni va a volver a consumirse de todo a los niveles necesarios para crecer como se crecía, por lo que va a ser imposible ocupar a toda la población activa que se ocupaba. En otras palabras, pienso que durante bastantes años a lo que el planeta tiene que acostumbrarse es a la escasez, a crecer poco en términos de país o de continente (aunque mucho a nivel de cluster), y a un desempleo estructural elevado o muy elevado.
De ahí que, pienso, hubiese sido imprescindible añadir a la frase lo de ‘posible’."
La contribución aquí.
24 de mayo de 2012
Huelgas, Harich, Montale y Alvaro Valverde
Antesdeayer, en medio de los preparativos para la jornada de huelga contra la política educativa pública de los gobernantes actuales (van camino de emular al odiado Maragall que nos obligó a cinco huelgas) uno se preguntó cómo era posible que sobre los libros del escritorio, Huesos de sepia de Montale y la antología Un centro fugitivo de Álvaro Valverde, ondeara flamante ¿Comunismo sin crecimiento?. ¿No hay lugar ahora para la poesía?
Hoy, una vez constatado el relativo éxito de la movilización, gran manifestación en Barcelona y seguimiento desigual de la huelga (en el estado actual es evidente que no nos podemos permitir que la Administración nos sustraiga más de cien euros más), sentado ante los volúmenes de Montale y Valverde observo el amarillento texto de Harich: lleno de subrayados, páginas dobladas, la portada arrugada en las esquinas, el lomo desgastado... Los otros dos están nuevos, impolutos.Y, sin embargo, hoy tampoco los abriré. Carezco de la disposición de espíritu necesaria.
La "alienación" hegeliana y, especialmente, su enriquecimiento por parte de Marx no le parecen a uno, a esta hora, conceptos tan inútiles e inadecuados para describir determinados estados de conciencia.
22 de mayo de 2012
Recordando a Wolfgang Harich (y II)
La recepción de Harich no fue nunca demasiado entusiasta. Los marxistas de tradición centroeuropea y los eurocomunistas le reprochaban su supuesto neoestalinismo (como hizo Manuel Sacristán en el "Prólogo" a ¿Comunismo sin crecimiento?) y su rechazo del componente utópico de la Idea Comunista, amparado en afirmaciones como éstas:
"En el sistema finito de la biosfera, en el que ha de integrarse el comunismo, la sociedad humana sólo puede encontrarse en una situación homeostática duradera, la cual no permite ni la prosecución de la dinámica del capitalismo o del socialismo, ni una libertad sin límites para el individuo. Cualquier idea acerca de la extinción futura del Estado es, por tanto, ilusoria" (trad. de Gustau Muñoz, p192).
Tampoco los marxistas ortodoxos de obediencia soviética, ni los anglosajones, soportaban su rechazo de la idea del crecimiento constante, de la concepción del comunismo como reino de la sobreabundancia y su pertinaz defensa del comunismo de la limitación, del racionamiento, de la carencia. Finalmente, una buena parte del naciente movimiento ecologista abominaba de la tradición marxista y, en consecuencia, Harich no era bienvenido en sus filas.
A los demás, las ideas de aquel comunista frío y desmotivador nos sonaban razonables pero indigestas. Puestos, preferíamos la verborrea del otro teórico innovador del pensamiento marxista originario de la DDR, Rudolf Bahro, próximo a las tesis del Marcuse final y también ecologista además de reconocido antiestalinista. Más que nada porque Bahro era un optimista y no un "cenizo" como Harich. Bahro hablaba de "excedentes", de "construcción", de "individuo", de "producción", de "desarrollo"... En la "Introducción" a La Alternativa en Europa Oriental. Una contribución a la crítica del socialismo actualmente existente escribía:
"La paz sólo podrá conquistarse, la elevación ulterior del hombre como especie y del individuo sólo podrá asegurarse, cuando desaparezcan las desigualdades de desarollo en cada país y en el mundo entero" (trad. de Gustau Muñoz, p15).
Eso sí nos placía.
Mas ahora, con el paso de los años, la gélida y lúcida prosa de aquel comunista incómodo que era Wolfgang Harich aun resuena, aunque lejana, en los oídos de uno mientras que la de Bahro hace tiempo que permanece, inmóvil, en los anaqueles de la biblioteca.
21 de mayo de 2012
Recordando a Wolfgang Harich (I)
El otro día, en una comida antes de una asamblea, uno recordó la figura de Wolfgang Harich, un teórico marxista de la extinta DDR del que pocos se acuerdan. Simplificando, la tesis que le convirtió, aparte de su participación en actividades disidentes, en un intelectual non grato en su país y, en general, en el panorama del pensamiento marxista de los setenta, fue que la sociedad comunista no sería, jamás, una sociedad de la abundancia, sino más bien una sociedad de la carestía, de la limitación, de la moderación. En ¿Comunismo sin crecimiento? desarrolló esta afirmación que rompía con la premisa teleológica del "de cada cual según sus posibilidades y a cada cuál según sus necesidades" que presidía la rama dominante de la doctrina marxista.
Hoy día, cuando las izquierdas y derechas realmente existentes nos intentan someter a la estéril dilemática austeridad/crecimiento no estaría de más, como ejercicio literario y terapéutico, releer a Harich que, por cierto, tampoco era un ecologista banal al uso: no es por una deificación de lo "natural" que pone límites a las posibilidades productivas.
Mi amigo Xavier, en su Blog, recupera más ampliamente su figura en una reflexión no exenta de sentido del humor. Escribe Xavier:
"Harich llegó para desencantarnos. Para despertarnos del sueño dogmático particular en que más de uno anduvimos en otros tiempos. Se atrevió a decirnos que eso del progreso indefinido acaso fuera una quimera; que el modo de producción socialista quizás fuera más justo que el capitalista, pero no necesariamente más productivo; y que la ubérrima sociedad prometida no iba a ser posible porque, entre otras minucias, los recursos naturales no eran ilimitados. Y el creciente nivel de consumo aconsejaba empezar a pensar con urgencia en una racionalización de su uso y explotación. Y la única solución a todo eso pasaba por el comunismo y acababla en él.
Salta a la vista que no podía ser demasiado popular.Ni más allá ni más acá del muro; ni en los setenta ni mucho después. Como alemán oriental que era, le tocó pasar una larga temporada en el correccional. Ni Ulbricht ni Hoenecker eran tipos que se anduvieran con demasiadas contemplaciones. Aquí, la izquierda simplemente le ignoró: conais pas!
Tampoco hoy en día Harich está de moda. Era un marxista serio, lo cual ya es de por sí un inconveniente insoslayable. Y además tirando a pesimista. Un cenizo, vamos."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



