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3 de septiembre de 2010

3 de septiembre de 2010: Fignon y Wittgenstein


Anteayer por la tarde volvía a casa después de encontrarme con mi amigo Rais cuando al pasar delante de una taberna inglesa vi por la tele unas imágenes del Tour del 89. Era Laurent Fignon en la primera parte de la última contrarreloj, aquella que perdió ante Greg Lemond y que decidió la ronda ciclista para este último por sólo 8 segundos. Supe de inmediato que había muerto, así mientras continuaba mi camino. No recordaba, aunque supongo que mi inconsciente sí, que uno de los ídolos deportivos de mi juventud padecía un voraz cáncer de páncreas desde el año pasado y que estaba sentenciado.

En el estudio repasé la prensa y leí unas declaraciones realizadas en junio de 2009, poco después de anunciar su enfermedad, en las cuales decía: "no tengo ganas de morir, pero no tengo miedo. No soy especialmente valiente ni tampoco miedoso. Ni tampoco, en absoluto, religioso. He sido joven y despreocupado, y ha sido maravilloso. Por eso no tengo miedo a morir. Si esto se acabara enseguida, no lo lamentaría en exceso. He vivido una buena vida".

Y pensé en lo que Rais y yo habíamos comentado a propósito de la frase de Wittgenstein en su lecho de muerte: "Decidles que mi vida ha sido maravillosa". Esa frase que, para ambos, se convirtió en el objetivo ideal de la actitud a lograr ante la desaparición absoluta y que, hoy día, manteniéndose como el máximo logro de una vida y una muerte, conociendo la vida de Wittgenstein, empezamos a sospechar que se trató de una provocación. Como dijo Rais: "Después de la vida de mierda que había tenido, lo dijo para joder, seguro, para joder a todos los que le habían jodido".

Quizás sea verdad y también fuera el caso de Laurent Fignon.

9 de junio de 2010

9 de junio de 2010: Ensayo sobre el machismo en las bicicletas y una nota el sexismo en el lenguaje (III)


La preeminencia del eje diacrónico sobre el sincrónico plantea, ante todo, problemas filosofóficos. No obstante, puede aceptarse por mor de la brevedad. Ahora bien, si se comprende la diacronía como evolución acumulativa en la que se conservan los estratos más antiguos nos topamos con que los núcleos de significado que se observan diacrónicamente pueden no estar vigentes sincrónicamente.

Por ejemplo: en castellano la palabra "maravilla", que proviene del latín mirabilia, tenía en el siglo XV un significado próximo a lo monstruoso, a lo horrible, que prácticamente ha desaparecido en su uso actual. ¿Puede decirse, en rigor, que hoy día la palabra "maravilla" conserva intacto ese núcleo en el fondo de su significado? Tal vez así sea pero no es el caso para la mayoría de los millones de castellano-hablantes que utilizan el término únicamente en su sentido positivo.

¿Si seguimos al mismo Wittgenstein, al que debemos la metáfora de la ciudad, puede concebirse de otra manera el significado de una palabra sino es su uso? ¿Si nadie la usa con ese significado cómo podemos decir que lo posee?

8 de junio de 2010

8 de junio de 2010: Ensayo sobre el machismo en las bicicletas y una nota el sexismo en el lenguaje (II)


Tengo la impresión de que la conciencia sobre el sexismo en el idioma, específicamente en algunas lenguas indoeuropeas, más que en el lenguaje en el sentido abstracto de "sistema de signos" -pues dudo que el lenguaje de los prácticos aeroportuarios pueda ser considerado "sexista"-, se apoya principalmente en tres tesis filosóficas.

La primera afirma el carácter histórico del lenguaje, la subsunción de lo sincrónico en lo diacrónico. Es la metáfora del lenguaje como ciudad estratificada con barrios viejos, antiguos, modernos, nuevos, etc. que el segundo Wittgenstein utilizó en sus Philosophische Untersuchungen.

La segunda el carácter sistemático y singular de la representación del mundo que comporta un determinado código lingüístico: la tesis de Sapir-Whorf.

Finalmente, la tercera, la afirmación de Lewis Carroll acerca de que "las palabras tienen amo". Que hay palabras cuyo significado está dado de una vez por todas y es indisociable de la red en la que se entreteje y de la situación espacio-temporal del que emplea ese término y no otro.

El problema es que estas tres tesis tienen aspectos razonables pero absolutizadas y utilizadas sin precaución acaban generando aseveraciones absurdas.