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8 de abril de 2011

8 de abril de 2011: la suerte de la Tacheles berlinesa


Uno ya habló en su momento, comentando su viaje a Berlin, de las dudas acerca de la eticidad de la supuesta única Galería de arte libre de Berlin, la famosa Kunstahus Tacheles, resto de la filosofía squat y la cultura underground de final del siglo pasado.

Ayer El País certificaba el comienzo del tan anunciado fin de la Tacheles. Un fin menos heroico que lo que algunos de sus habitantes esperaban cuando la visitamos. Un millón de euros han bastado para que la mitad de los inquilinos actuales se vaya sin hacer ningún ruido. Los que quedan me temo que no serán enterrados bajo un alud de fuerzas represivas del Estado sino que llegarán a algún otro tipo de pacto con la institución de rigor.

Así acaba cierta izquierda...

7 de marzo de 2011

7 de marzo de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXVIII). Caídos


5 de agosto de 2010. Quinta parte.

"El silencioso parque, los pocos transeúntes y el escaso tráfico de la avenida a primera hora de una tarde que se estaba nublando rápidamente, acompañaba el ruido de nuestros pasos. Eran perfectamente perceptibles sobre el susurro de las hojas de los árboles que se estaban moviendo cada vez más intensamente con el viento que acompañaba una cercana tormenta. Pasamos bajo el arco y a un centenar de metros llegamos a una placita rodeada de sauces, plátanos y álamos. En su centro una estatua de la "Madre Rusia" no muy bella pero que, en la atmósfera del lugar, del momento y de nuestra disposición psíquica no desentonaba en absoluto: era lógica, previsible y necesaria.

Torciendo a la izquierda se abre una alameda guarneciendo un bulevar de sauces que desembocaba en dos estructuras de granito rojo (banderas soviéticas según había leído en la Wikipedia un par de días antes) que flanquean la explanada principal en la que se suceden cinco grandes bloques de césped envueltos por pequeños arbustos. En cada uno de ellos, que simbolizan las verdaderas tumbas que se extienden, ocultas e invisibles, por los laterales y el fondo del memorial, una corona de laureles. Al final de esta amplia zona se yergue la famosa estatua del soldado soviético con un niño alemán en un brazo y una espada en el otro con el que hiende y cuartea la esvástica situada a sus pies coronando una elevación que domina el lugar. También la estatua del soldado resulta previsible, marcial y de estética paramilitar pero también, de nuevo, no choca: es lógica y necesaria.

Ha caído una pequeña tormenta mientras nos encaramábamos al monumento. Como íbamos provistos de chubasqueros y no ha durado mucho nos hemos podido dedicar a contemplar la unión del cielo oscuro cielo y el repiqueteo de las gruesas gotas de lluvia sobre el mármol y el granito con el fragor de la alameda. El solitario memorial, el silencio y la quietud sólo turbada por la lluvia del mundo, esta vez sí evocaba la solemne dimensión del homenaje a los muertos en la justa guerra contra el régimen más cruel y genocida que ha conocido la historia reciente. Una evocación serena de algo inalcanzable y lejano, de uuna muerte con sentido pero inabarcable en su desmesura y que podría y debería decir mucho acerca uno no sabe si de la Humanidad o, al menos, de la civilización occidental de los dos últimos siglos.

Cuando ha comenzado a remitir hemos mirado en el interior del pedestal: algunas flores frescas, rosas rojas, y una corona, también reciente, evitan la impresión de abandono, de resto desquiciado en vías de desaparición, que el memorial del Tiergarten, en comparación, transmitía y me he sentido bien al pensar que estos hombres todavía no han caído en el olvido absoluto pese a que cerca están.

Ahora muchos recuerdan, en una mezcla entre la estúpida fascinación estética por el mal y el deseo de analizar y comprender para evitar futuros crímenes, a los verdugos, a los ejecutores nazis. Una enorme regalia bibliográfica y documental nos acerca no sólo a Hitler y sus secuaces directos sino a aquellos hombres corrientes que protagonizaron el exterminio de millones de personas. Sabemos tanto de ellos que resulta, a veces, pornográfico. De algunos de aquellos que dejaron su vida, insisto fueran conscientes o no, voluntariamente o no, desinteresadamente o no, en la lucha contra aquel Estado criminal, pocos se acuerdan hoy día: afortundamente los USA, Gran Bretaña, Francia o Israel honran a sus muertos y a los pocos que aun viven.

No sé si se debe universalizar la máxima de no honrar a los ejércitos. Dudo que sin los soldados que combatieron al nazismo la causa de la emancipación humana y la justicia social hubiera avanzado una pizca y, por contra, es probable que el sufrimiento de millones de personas habría sido, lisa y llanamente, salvaje y descomunal. Por eso, aunque uno pueda sentir rechazo al militarismo no le caben ciertas majaderías. Por eso también, uno piensa con un cierto pesar en que a los soldados del Ejército Rojo que se desangraron a lo largo y ancho de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Letonia, Lituania, Estonia, Polonia, Eslovaquia, Rumania, Bohemia y Moravia, Austria o Alemania, hoy no los recuerda casi nadie..."

5 de marzo de 2011

5 de marzo de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXVII). Treptower Park


5 de gosto de 2010. Cuarta parte.

"Espoleados probablemente por la certidumbre de que el día que volveremos a pasar en Berlin a la vuelta de Polonia no nos dará mucho juego decidimos reservarlo para el Sony Center de la Postdamer Platz y algunas compras que nos puedan quedar pendientes, y tras comer un sandwich en el Tiergarten cogimos el S-Bahn rumbo al barrio de Treptow donde, como constaba en una guía que compramos en la Friedrichstrasse el día que visitamos el antiguo distrito gubernamental nazi, se levanta el memorial más importante del Ejército Rojo en Berlin.

Ha sido una última concesión de Esther y Clàudia pero también, en cierta manera, una lógica consecuencia de la consagración al tiempo histórico de la II Guerra Mundial en que hemos convertido nuestra estancia en los últimos días. Hemos estado viviendo y recorriendo los trazos del Berlin de 1933 a 1948 y nos hemos empapado tanto que ahora Berlin se ve con otra luz imaginaria: el pasado late con fuerza y no es una simple reliquia turística sino un enjambre de acontecimientos, de palabras, hechos y, ya, espacios.

Puede que de ahí que la visita al memorial de Treptower Park se haya rodeado de la solemnidad que faltó en los primeros días de andanzas por el pasado. También ayuda que el mausoleo sea gigantesco y esté alejado de la bulliciosa zona de la Puerta de Brandenburg.

Adentrándonos, tras bajar del S-Bahn, por el amplio y descuidado parque de Treptow no hemos encontrado ninguna señal que nos condujera al monumento. Hemos preguntado a un chico que, algo extrañado, nos ha indicado el camino. Tras cruzar una avenida que da la impresión que separa en dos el parque encontramos el arco de triunfo de mediano tamaño que preside la entrada. La frase "Ewiger ruhm den Helden die für die Freiheit und Unhabhängigkeit der sozialistischen Heimat gefallen sind" (algo así como "Gloria eterna a los héroes caídos por la libertad e independencia de la patria socialista") y su correspondiente traducción rusa (o al revés, tal vez el original fuera ruso) gobiernan el frontispicio escoltando una corona de laurel con una estrella y el año 1945 inscrito en medio."

19 de febrero de 2011

19 de febrero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXVI): el Reichstag


5 de agosto de 2010. Tercera parte.

"En cualquier caso, profesándonos turistas sin ningún tipo de vergüenza trazamos los planes para el último día en Berlin que debía girar, por fin y de una vez, en torno al Reichstag y, por si de nuevo fallara, habíamos convenido en consagrar la tarde al vagabundeo.

A las nueve y media, después de un desayuno apresurado, nos bajamos en Brandenburger Tor y enfilamos la explanada hacia el objeto del deseo. A la altura de la enorme bandera alemana la cola parecía girar ligeramente hacia el Tiergarten y prometía una muy larga espera. Afortunadamente, se trataba de un grupo de turistas que esperaban los tratos de su guía con la administración del edificio y cuando hemos llegado casi a su altura se han puesto en marcha hacia las escaleras para entrar. Al ser temprano estábamos razonablemente cerca: a una hora y media de espera según los indicadores.

Y, efectivamente, en poco más de una hora y cuarto de tediosa espera hemos pasado bajo el famoso lema del arquitrabe, Dem Deutsche Volk ('Al pueblo alemán' o 'Para el pueblo alemán'). En los segundos que la frase ha estado suspendida sobre mi cabeza retazos de la historia contemporánea de Alemania han pasado por mi mente pero no han ido acompañados de ninguna emoción que merciera tal nombre. Claro que no es la primera vez.

Nunca he sentido, ni cuando cayó el muro, que estuviera viviendo 'momentos históricos' y menos aún, que viviera en el interior de 'la Historia'. Si en algunos momentos esa creencia pasaba por mi mente se debía, ante todo, a la insistencia de los periodistas. Una vez cerrada la televisión o doblado el periódico, a los pocos días volvía la impresión de que la Historia pasa a través nuestro sin que acabemos de saber demasiado acerca de la manera en que lo hace y que tiene luego poco que ver con lo que aparece en los textos de los historiadores profesionales.

No fue extraño, pues, que tampoco ahora lograra transformar en emoción de tipo alguno la íntima convicción intelectual de que esa frase encerraba metafóricamente gran parte de la Historia europea de los últimos dos siglos. En mi descargo cabe aducir que no ayudaba el gentío que la burocrática seguridad del edificio juntaba con su desabrido y lento registro justo a la entrada.

Una vez pasado el control, un ascensor atiborrado llevaba directamente hasta la cúpula de Norman Foster. El juego de los espejos del cono central, los amplios vidrios, la construcción limpia y efectiva y la luminosidad de la obra de Foster merecen la pena por sí solos. Pero no eran mi objetivo inicial. Había desistido de visitar la sala de plenos y, sobre todo, las dependencias en las que, según parece, todavía se conservan algunas de las inscripciones que los soldados soviéticos hicieron en las paredes tras la toma del edificio. Incluso en algún sitio leí que está la firma de Zhukov. Seguramente debe ser una leyenda urbana. Pero lo que sí quería era pasear por la azotea y acercarme al lugar desde el que se izó la bandera soviética e imaginar la perspectiva del Berlin asolado que debió observarse en mayo de 1945.

Mas, como siempre, entre las representaciones colectivas y las subjetivas media el mismo abismo que entre los recuerdos y la realidad: la perspectiva era imposible de reproducir porque no pude encontrar la posición desde la cual se tomó la famosa fotografía. Ni tan sólo lograba acordarme de la posición exacta de los soldados entre las estatuas del frontispicio. El sol que a media mañana caía a plomo sobre la ciudad hizo el resto. La bruma que envolvía el Berlin vencido era irrepresentable ante la fuerza del sol del Berlin de 2011 así que las ensoñaciones fueron fugaces y las rememoraciones mínimas. Tanto que me dediqué a contemplar la construcción de Foster y dejé para el refugio de mi memoria la caída de Berlin."

17 de febrero de 2011

17 de febrero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXV). Viajeros y turistas




5 de agosto de 2010. Segunda parte.

"Ahora la cosa parecía presentarse más fácil. Con Wolfgang en el aeropuerto de Krakow el 9 de agosto a las 13:00, delante del puesto de Información. Provistos de móviles, Google Maps, GPS y otros gadgets que forman parte del equipamiento del turista tan sólo faltaba el menor de los detalles: llegar a Krakow en los próximos cuatro días tras pasar un par de días o tres en Breslau (Wroclaw). El procedimiento: tren hasta Breslau y luego coche por la única autovía polaca que unía Breslau con Krakow vía Katowice.

¿Y dónde estaba la aventura, el riesgo?

El riesgo suele aparejarse al viajero pero estaba claro que nosotros no somos "viajeros", en el sentido literario del término, que es el sentido por excelencia, de hecho no hay otro, sino "turistas", que "literariamente" al menos es muy diferente. O quizás no. ¿Y si más allá de la construcción del género de la "literatura de viajes" quepa albergar serias dudas de que puedan distinguirse tan claramente y no sean más que distintos grados de una misma figura?

Uno tiene la impresión de que la diferencia entre el turista y el viajero no es, en realidad, una diferencia substancial, esencial, de naturaleza, sino contextual, fáctica: todo viajero puede comportarse en ocasiones como turista y a la inversa.

La diferencia entre ambos radicaría en una cuestión de grado y sólo forzando la realidad empírica (los viajeros "extremos" de los medios de comunicación caminan por el mundo tan provistos de seguros como cualquier turista) en beneficio de la tradición literaria que ha insistido en separarlos desde el XVIII.

Si nos creemos esa más que dudosa distinción romántica, la diferencia redicaría en la distinta apertura a la confirmación de las experiencias respecto a los modelos de comprensión de la alteridad. El viajero las integra en y respecto a ellos tanto como el turista pero su grado de aceptación de lo extraño, su grado de disposición para la alienación, su capacidad de riesgo cognoscitivo sería mayor que la del turista. Éste viajaría con una escasa disposición para el riesgo cognoscitivo (no sólo el físico) y la negatividad: su objetivo sería lograr la plena conformidad entre sus expectativas y su experiencia, una conformidad que, en el fondo, sería el acuerdo entre la visión de la alteridad de la cual es partícipe en su comunidad y la propia alteridad. En resumen: el viajero se mostraría dispuesto a la negatividad y la frustración mientras que el turista buscaría la adecuación y la positividad.

No obstante, esta distancia es de grado: no existiría el viajero puro ni tampoco el turista puro. Para comprobarlo indiciariamente bastaría con leer, por ejemplo, The Songlines de Bruce Chatwin -ejemplo de como un viajero "puro" que parece buscar sólo la alteridad radical no puede evitar buscar las confirmaciones y las positividades- o Plataforma de Houellebecq -donde los excelentemente retratados turistas vulgares y corrientes no dejan de alimentarse de frustración de expectativas y negatividad hasta interiorizarlas como familiares-."

11 de febrero de 2011

11 de febrero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXIV). Wolfgang


5 de agosto de 2010. Primera parte.

"Al levantarse en el que será el último día dedicado a Berlin Esther me ha mirado y hemos coincidido en el diagnóstico: ahora, precisamente ahora, no tenemos ningunas ganas de empezar la parte viajera (o aventurera) del viaje. Nos quedaríamos en esta ciudad, paseando por Prenzlauerberg, conociendo sus bares, calles, parques, restaurantes y tugurios y quizás hasta a su gente. Ni siquiera haríamos ya muchas más excursiones por Berlin: tal vez los alrededores (Wannsee, Grunewald) o en un TGV Erfurt, Dresde o Leipzig, como teníamos proyectado en un principio. Cualquier cosa menos Polonia y eso que, como nos advirtió Ignasi antes de salir, la frontera europea no es el Oder sino el Bug y que atravesar Polonia no es ninguna aventura: que la aventura, si se la puede llamar así, comienza cuando entras en Bielorrusia o Ucrania.

Tampoco ha ayudado que por la noche llamara a mi amigo Wolfgang para citarnos con él en Krakow. Sus recomendaciones sobre la seguridad en el tren, que se han añadido a la penosa estampa del famoso Warszawa Express (un vulgar y corriente borreguero al que sólo su denominación le otorga ese plus cosmopolita que se supone debería tener) entrando renqueante y sucio en la Hauptbahnhof unos días atrás, no contribuyeron precisamente a tranquilizarnos.

Quedan lejos los tiempos en que Wolfgang y el que escribe nos citábamos en cualquier lugar de Europa para vernos y emprender un viaje o, simplemente, encontrarnos y charlar. En aquellos tiempos Internet sólo era una red de seguridad militar en USA y el móvil un proyecto, pero llamándonos con meses de antelación acabábamos encontrándonos sin necesidad de GPS, ni celulares, ni Google Maps, ni SMS.

En una ocasión nos citamos en Amsterdam, al lado del campo del Ayax, un sábado a las cuatro de la tarde: una localización que creíamos precisa. La lástima es que aquel día y a aquella hora los alrededores del campo estaban atestados de hinchas que preparaban la liturgia previa a un partido de, supuse, la Liga holandesa. Tardamos varias horas en encontrarnos entre tantos miles de personas pero lo hicimos cuando aun no habían despejado las proximidades y entrado en el campo: las agujas del pajar se hallaron.

Unos años después, por ejemplo, quedamos en encontrarnos en un hostal a las afueras de Salzburgo. Uno no recuerda cómo dimos el uno con el otro pero el caso es que el día previsto puedo evocar con total nitidez (o casi) la imagen de ambos caminando por una carretera secundaria a varios kilómetros de Salzburgo y acabando en un bar de carretera con pinball, pequeña pista de baile de discoteca y algunos camioneros y mujeres de aspecto patibulario. El recuerdo de aquella noche bebiendo y hablando en un bar perdido en el este de Austria que parecía un pedazo de mundo más cercano a Arizona que a la patria de Mozart permanece sólido, por lo extraño, en la memoria. Cómo volvimos a la ciudad antes de proseguir uno rumbo a Budapest y mi amigo creo que rumbo a Italia está envuelto en brumas: él tampoco se acuerda."

30 de enero de 2011

30 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXIII).


4 de agosto de 2010. Tercera parte.

"La visita a la Tacheles suscitó, a la hora de la cena, una viva controversia con Clàudia acerca de la verdadera naturaleza de este free space. Uno duda, francamente, que la Tachele sea tyan "free" como se proclama. Si cualquiera de nosotros decidiera ocupar provisionalmente un espacio para exponer sus obras, por poner un ejemplo, en la amplia última planta donde expone Rodin, o en el patio, al lado de la granja o de ARDA, ¿la cosa sería así de simple, fácil y cordial?

Seguramente este "lugar libre" no es tan libre como se autoconsidera. Aunque no se rija exclusivamente por criterios crematísticos nos tememos que algún sistema de jerarquización basado en el prestigio, la antigüedad en el edificio o en algún tipo de contribución laboral comunitaria o incluso económica, debe existir. En este sentido, la Tacheles no es un espacio artístico presto para su ocupación indiscriminada.

Y es aquí donde la discusión fue a parar a nuestros queridos "okupas" del barrio. Hablamos sobre aquellos que fueron vecinos durante unos meses y de cómo su actitud, que incluyó el robo de una escalera de mano propiedad de mi suegra (para lo cual entraron entraron cómodamente en nuestro edificio) y algunas defecaciones en la terraza de la casa "okupada" para solaz escatológico del vecindario ("c'est ça épater le bourgeois!") y goce olfativo de nuestra casa. Su ejemplo acabó de poner en tela de juicio la solidez ideológica de la mayoría de las formas actuales del antiguo movimiento squat.

Sí, no cabe duda de que, en cierta medida, la propiedad privada es un robo como acostumbran a proclamar muchos de nuestros "okupas". Supongo que por ello se hicieron con la escalera de mano. Lo extraño es que no la devolvieran nunca. Únicamente cuando la policía los desalojó la escalera volvió a "ser prestada" a su antigua última usufructuaria (pues lo de "dueña" es, calaramente, burgués y reaccionario). También es posible que la tomaran prestada y se les olvidara devolverla... Sí, también es posible...

Con todo, lo más triste de esta inconsistencia ideológica no fueron las defecaciones, ni la sustracción de la escalera, ni las "fiestas salvajes" hasta el amanecer que no dejaban dormir a los vecinos, la mayor parte de los cuales se dedicaban al burgués y reaccionario empeño de trabajar por cuenta ajena vendiendo su fuerza de trabajo. Lo más aptético fue una actitud más nimia y prosaica: cada mañana, cuando a eso del mediodía salían, todos llevaban buen cuidado en cerrar con cadenas y candados el "recinto libre okupado" como cualquiera de nosotros, pequeño burgueses y reaccionarios que habitamos en el interior del sistema, acostumbramos a hacer cuando dejamos la casa vacía.

No, evidentemente esta semejanza es capciosa: cerraban el paso a los cuerpos represivos del estado que, como es bien sabido, cuando asaltan un domicilio por la fuerza tienen la mala costumbre de entrar por la puerta..."

22 de enero de 2011

22 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXII). El castaño y la "KunsthausTacheles"


4 de agosto de 2010. Segunda parte.

“En la hermosa KastanienAllee, un castaño colosal, tal vez enfermo -por las manchas amarillentas que salpican la mayoría de sus hojas-, será talado para edificar, en el solar sobre el que se yergue rodeado de pequeños edificios,un bloque de pisos de alto standing como anuncia la empresa promotora. Quizás el terreno no de para mantenerlo como centro de un pequeño parque y menos en una calle profusamente arbolada. Puede, además, que el castaño esté, realmente, enfermo. No obstante, uno tiene la sensación de que en otro momento histórico el castaño no hubiera sido derribado y reemplazado por viviendas de cierto estilo.

Tampoco la tantas veces anunciada como inminente demolición de la Tacheles, se lleve o no finalmente a cabo o se vuelva a postergar, diríase que obedezca a más motivos que los economómicos. Ni siquiera los políticos -que también pareció haberlos en determinados momentos- explican por sí solos la insistencia en la desaparición de la autotitulada “única galería artística libre” de Berlin.

Situada en plena OranienburgStrasse y cerca de un descampado que, según algunos, se incluiría en el paquete edificable, no parece, a simple vista, que este icono del Berlin underground amenace ruina como para derruirlo.

Chafardear por la Tacheles tiene su gracia. En tiempos debió ser un centro neurálgico de la producción artística alternativa a los circuitos oficiales y de la contracultura berlinesa. Hoy día es un espacio perfectamente normalizado pese a su pomposa autodenominación y más que Kunsthaus funciona como una atracción turística más: otro resto histórico.

De las exposiciones que alberga tan sólo la del pintor bielorruso Alexander Rodin, que ocupa la última planta completa del edificio, y la del ARDA, que trabaja con metal, nos llamaron suficientemente la atención. Del resto, uno no sabe si su exterioridad respecto al on-Berlin se debe a su excentricidad, su voluntad negativa o su bajísima calidad artística pero ya, en casa, se inclina por esta última posibilidad.”.

19 de enero de 2011

19 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXXI). La galería de tiro de la Stasi


4 de agosto de 2010. Primera parte.

“Nos despertamos con el ruido de las excavadoras que, a pocos metros, reforman la antigua galería de tiro de la Stasi para convertirla en no sabemos exactamante qué financiado por el estado de Berlin-Brandenburg. De hecho, como si ahora nos apercibiéramos de ello, medio Berlin Oriental está patas arriba sin que lo parezca.

Por un lado, la ciudad dedica, como ninguna otra que hayamos visitado, amplios espacios que sustrae de la especulación inmobiliaria a esa Historia de la que ha sido gran protagonista durante el pasado siglo. La conservación de los numerosos memoriales del Ejército Rojo, los monumentos conmemorativos del Holocausto o la del solar donde se erigían las sedes principales del aparato policial nazi, probablemente serían impensables en otras ciudades, como por ejemplo en Barcelona donde seguramente se economizaría el espacio consagrado sustituyéndolo por un espacio simbólico ocupado por algún diseño de moda.

Por otro, la abundancia de parques y jardines, más pequeños pero más frecuentes en la parte este, y las calles arboladas, contribuyen a producir en el caminante la impresión de estar ante una ciudad acogedora cuya ordenación urbanística casi sugeriría un plan en el que se ha procurado preservar el equilibrio entre temporalidad, ciudad, modo de producción económica y modo de vida de los ciudadanos.

Con todo, esta idílica armonía encubre esa otra realidad: Berlin está en plena reconstrucción. En Prenzlauer Berg hay varias rehabilitaciones masivas en marcha que huelen, inequívocamente a negocio inmobiliario: aunque parece que se conservan la mayoría de las fachadas y las entradas típicamente berlinesas, los espacios empiezan a aprovecharse sobre todo en perjuicio de los habitualmente espaciosos patios interiores que, al menos en los bloques en los que hemos fisgoneado, son considerablemente más pequeños. Dos ejemplos más atestiguarían esta pujanza del negocio sobre la historicidad: la Kunsthaus Tacheles, a la que hemos dedicado la mayor parte de la visita turística del día y el derribo de un castaño en la KastanienAllee.”

17 de enero de 2011

17 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXX). La luz del espía que surgió del frío


3 de agosto de 2010. Tercera parte.

“Finalmente, la tarde se pierde entre lecturas, compras de vituallas y juegos y al anochecer, después de comer un plato de pasta bien cocinada, empieza a llover suavemente. El sirimiri ha aparecido de improviso poniendo fin a un día de abochornante calor y lo aprovechamos para gozar del frescor del anochecer berlinés al amparo de la mortecina y escuálida iluminación del barrio.

Caminamos hacia Pankow bajo la llovizna y nos entretenemos en atisbar al paso, entre las ventanas sin cortinas ni persianas de las primeras plantas, el mobiliario de los berlineses de esta zona y certificamos que lo que constatamos las primeras noches en los imponentes edificios de nuestra calle se repite en este área de la ciudad: pocos muebles, paredes blancas y predominio de las lámparas de papel. La mayoría de los apartamentos comparten estos rasgos tan distintos de las casas bávaras, atestadas de objetos y bien iluminadas, que frecuentamos en Baviera un par de años atrás.

Una luz débil y amarillenta proveniente de unas pocas y espaciadas farolas mantiene a raya la oscuridad creciente que se desplaza veloz por las calles silenciosas: otros tiempos y otros lugares parecen convocados por este iluminado también de otra época, de otro mundo. Luces y sombras del Berlin de Le Carré, de Karla y el Checkpoint Charlie, de El tercer hombre, de Carlos y el KGB, del SED y Honecker, de Mischa Wolf y la Stasi, pero también de mi infancia en la periferia de Barcelona.

Esta vivencia multidimensional llega a ser embriagadora y hemos prolongado el paseo todo lo que nuestras ya fatigadas piernas nos han permitido. Cuando, finalmente, el cansancio ha desdibujado las imágenes pretéritas y los saltos entre espacios y tiempos, la ilusión ha dado paso al sentido común. En Prenzlauer Berg en verano, de vacaciones, la falta de luz puede hacer brotar todo un mundo de ensoñaciones al turista. Sólo es preciso que encuentre la disposición para ello. Sin embargo, si trabajáramos en Berlin, un día cualquiera de enero, a las cinco de la tarde, ya de noche, a dos o tres grados bajo cero y en cualquier barrio de los arrabales de la capital alemana, ¿pensaríamos en algún momento en la romántica Alemania dividida de la Guerra Fría?”

7 de enero de 2011

7 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXIX). "En todos sitios cuecen habas".


3 de agosto de 2010. Segunda parte.

"El turista decepcionado es presa fácil del desánimo y tiende a orquestar una descripción melodramática de su periplo -y del sentido de éste- si no remedia rápidamente su frustración con algún éxito. Como no teníamos prevista otra actividad para el día que pudiera reportar una gratificación inmediata, en nuestro caso, el fármaco fue volver a casa y dedicar la tarde a la lectura y al paseo por el barrio de Pankow, el otrora famoso distrito donde, en rigor, residía la capitalidad de la DDR.

Al abrir de nuevo las Pequeñas alegrías de Hesse, enlazo la frustración con la lectura, un par de días atrás, del texto "Diálogo" que releo. El escrito de Hesse recrea una hipoptética conversación sobre un libro de Werner Hegemann dedicado al emperador Federico I de Prusia, propietario del palacio de Charlottenburg, entre un profesor crítico con el ensayo y Hesse, firme defensor de la monografía.

Dos detalles le han llamado a uno la atención. El primero: Hesse defiende el retrato de Federico I como monarca "antipático, distante, malvado y frío" que gozaba de escaso crédito entre el pueblo alemán que, además, confluye con su propia baja opinión sobre el personaje desde sus tiempos de escolar. Una mala opinión sin apenas datos que la puedan sostener. En este aspecto uno se siente solidario con el alemán: nunca me cayó bien, sin poder aportar ninguna rzón objetiva, este monarca.

El segundo: una curiosidad. El profesor critica, en el ficticio diálogo, a Hegemann y a quienes como él responden al prototipo del intelectual alemán que se distingue por poner en tela de juicio todo aquello que su cultura y sociedad producen infravalorándolo al tiempo que sobrevaloran lo ajeno, lo extraño. Y uno, que siempre había pensado que esta actitud, intelectual y moralmente irreprochable en su honestidad al tiempo que excelente vacuna contra los virus del provincianismo y el nacionalismo, era propia de los dominios situados al sur de los Pirineos mientras que en Europa, llegando a veces a rozar el chauvinismo más burdo, la constante era más bien el reconocimiento de la historia propia y sus actores más distinguidos y su encumbramiento, debe reconocer, otra vez -y van...-, la ligereza de su juicio y concluir que 'en todos sitios cuecen habas'.

Un buen contrapunto para Charlottenburg y la maestría de los publicistas..."

5 de enero de 2011

5 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje Crónica intempestiva de un viaje (XXVIII). Charlottenburg.


3 de agosto de 2010. Primera parte.

"La actividad del turista está plagada de visitas frustradas y frustrantes, de expectativas decepcionadas, de pasos que hubiera sido mejor ahorrarse, de ingenuas creencias en la objetividad de los folletos informativos y la neutralidad de las instituciones. Un ejemplo palmario de este sino del turista lo tuvimos en la visita al Palacio de Charlottenburg y sus famosos jardines.

Ni el palacio, ni especialmente los jardines, están a la altura de su fama. Ya no es la comparación con Versalles la que los empequeñece: el emparejamiento de ambos es ciertamente una exageración semejante a la de situar frente a la Torre Eiffel la Torre de la Televisión; es mezclar dos órdenes muy diferentes, tanto que no hay casi base sobre la cual construir la evaluación.

Charlottenburg queda seriamente tocado en la comparación con el palacio de Herrenchiemsee que Ludwig II de Baviera ordenó edificar en el lago Chiemsee, en Baviera, tanto por lo que hace a la originalidad arquitectónica como a la disposición y riqueza de los jardines. Y no contemplo a este efecto como variable el estado de conservación de ambos pues parece evidente que el estado de Berlin-Brandenburg, o el ayuntamiento de Berlin, o quien quiera que esté al cargo, no va sobrado de fondos para su mantenimiento (y me viene a la memoria que mi amigo Ignasi comentó que la deficiente limpieza en las calles y plazas de Prenzlauer Berg y Pankow se debe al pésimo estado de las arcas públicas de los ayuntamientos de ambos distritos). Dejando de lado la pobre conservación, el palacio y sus jardines resultan insulsos y poco atractivos: una atracción turística mediocre forzada por los eficaces redactores de folletos publicitarios que se aprovechan de la buena voluntad que determina la orientación moral del turista."

3 de enero de 2011

3 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje (XXVII). Clases y espacio social.


2 de agosto de 2010. Tercera parte.

"El concepto de 'objetividad' tiene diversas acepciones. Una de ellas, la que me vino a la mente por la tarde, paseando por la Kurfürstendamm, es la 'capacidad de situarse como un objeto entre otros' frente a una subjetividad que entiende al sujeto como un objeto con respecto al cual se definen los demás objetos, incluidos los demás sujetos.

Mientras paseábamos por esa gigantesca avenida de más de 3 kilómetros me asaltó una convicción: mal que les pese a muchos y, desde luego sin la mayor parte de los atributos de cierta dogmática marxista, las clases sociales o existen o, como mínimo, pueden ser percibidas como tales objetivamente.

Al comenzar el paseo desde la confluencia entre la Kurfürstendamm con la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, la cosmopolita sensación de ser un turista desprovisto de espacio y posición social propia se disolvió rápidamente. Esta desposesión no es consustancial a la fenomenología del turista sino a su situación espacio-temporal. Al llegar a una avenida del Berlin Occidental que nos recordaba, en muchos aspectos, al Passeig de Gràcia barcelonés, la ilusión del ciudadano del mundo se disipó para dejar paso a la convicción de que no sólo existe un espacio social al que uno se ancla (o en el cual es anclado) sino que también existe la capacidad de objetivarlo y reconocer, más o menos, su posición en él y su proximidad a grupos de personas con los cuales, en términos abstractos, forma un determinado colectivo social o "clase".

Lejos del Berlin cultural, suprahistórico por su misma historicidad, ante los bares y restaurantes de lujo atiborrados de adinerados turistas y la sucesión de escaparetes de Louis Vuitton, Gucci, Chanel, Valentino, BMW, etc. uno no tarda mucho en apercibirse de su estatuto social 'real' y, también, del que desea o acepta o, resignadamente, soporta.

Casi imperial en su esplendor, la Ku'damm nos retrotrae al espacio-tiempo fáctico que habitamos. Si vamos de compras en busca de los souvenirs que acreditarán la huella de lo visitado en el turista, y a la inversa, iremos a la Kastanienallee y no a la Ku'damm y en esta elección, objetivamente, no hay sólo implicados gustos, disposiciones, hábitos y comodidades sino, sobre todo, una posición objetiva en el espacio social: una cuestión de "clase" definida por el capital económico ante todo.

Mal que nos pese, "aun hay clases" al menos sobre el papel (como concepto útil sociológicamente hablando) y en la experiencia. De ahí no cabe deducir mucho más pero tampoco ilisuionarse estúpidamente acerca de una igualdad "en la diferencia" que olvida las relaciones de sumisión, opresión y explotación.

Afortunadamente, a la altura de la Adenauer Platz, se produce una falla simbólica y el resto de la avenida se convierte en un bulevar razonable que nos devuelve a esa suspensión de la posición social real necesaria para disfrutar de la condición de turista. Y así, olvidada la primera mitad de la avenida, nos podemos quedar con la extraordinaria diversidad arquitectónica que también la distingue, y remontarnos hacia el Berlin intemporal a fuerza de temporal en el que hemos elegido vivir estos días".

2 de enero de 2011

2 de enero de 2011: Crónica intempestiva de un viaje Crónica intempestiva de un viaje (XXVI). Mies van der Rohe


2 de agosto de 2010. Segunda parte.

"Con todo, no es sólo el interiorismo del que se sirven las clases bajas europeas (y pronto las de todo el mundo), la muestra más palpable de la importancia de la Bauhaus: en cierta medida, tengo la impresión de que también una buena parte de la arquitectura moderna parece hundirse en ella, especialmente en la obra de Mies van der Rohe. Por ejemplo, su propuesta de rascacielos para la FriedrichStrasse de los años veinte parece un antecedente directo, con su aplicación del cristal y su apuesta por la claridad, de algunas obras "de vanguardia" como los edificios del Sony Center de la Postdamer Platz o algunas obras de Jean Nouvel.

Finalmente, los pocos cuadros de Itten o Moholo-Nagy expuestos, así como las explicaciones sobre el famoso 'Curso preliminar' del primero y algunos cursos preparatorios de otros profesores de la Bauhaus, contribuyen a formar una conciencia clara de la extrema heterogeneidad del movimiento y su constante y compleja evolución y, al reafirmar nuestra preconcebida idea acerca de su papel fundamental para las artes contemporáneas, contrasta aun más con la modestia del pabellón que le rinde homenaje: paradojas de la historia y disgusto que nos invade por ello. Cierto que aun nos queda por ver el Martin Gropius Bau, pero la muestra dedicada a Frida Kahlo que la ocupa hasta después de acabada nuestra estancia en Berlin, seguramente nos disuadirá de comprobar si la Bauhaus tiene una representación más digna y acorde con su importancia histórica."

31 de diciembre de 2010

31 de diciembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XXV). El Bauhaus Archiv


2 de agosto de 2010. Primera parte.

"Agazapado entre los árboles y la Konrad Adenauer-Stiftung (fundación de la CDU) y flanqueado por el Spree, el Bauhaus Archiv pasa casi desapercibido en la KlingenhoferStrasse. Para colmo, en la acera opuesta la mastodóntica sede de la CDU acapara toda la tención del paseante. En conclusión, con la sola ayuda del ritmo y los recursos del flâneur es difícil desembocar en la sede del Archivo Museo de la Bauhaus.

A primera vista realmente la sede del archivo parece demasiado pequeño para lo que se supone debería atesorar y así es en efecto. Dos salas: una grande dedicada a la colección permanente pero más pequeña que cualquiera de la mayoría de las desérticas estancias del Bode y otra pequeña destinada a exposiciones itinerantes que albergaba una de Ingo Maurer.

Los trabajos de Gropius y Van der Rohe recogidos en el museo, llaman la atención especialmente por la luz que aportan acerca del carácter y la proyección histórica de la Bauhaus. Como comentó Marc, al ver en una filmación sobre la casa de Gropius el uso que éste hacía de los conceptos arquitectónicos y decorativos que presidían las líneas dominantes en los primeros años del movimiento, "esto es como IKEA". El sofá que se transforma en cama, el escritorio funcional con cajones en los que se distribuyen los útiles de escritura o las sillas ligeras y fácilmente desplazables ilustran, en el documental, esa funcionalidad no extrema pero sí fundacional de lo artesanal tal y como lo entendía Gropius. Viendo, además, algunos de los diferentes objetos de uso cotidiano diseñados por él y otros como Mies van der Rohe, se tiene la impresión de que la mayor parte del diseño de interiores para la población de nivel adquisitivo medio y bajo de la actualidad está aquí, no in nuce sino en toda su plenitud."

21 de diciembre de 2010

21 de diciembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XXIII). La esperanza se llama, por ejemplo, August Landmesser




1 de agosto de 2010. Cuarta parte.

"Mas, al lado de los testimonios de las ejecuciones arbitrarias, las deportaciones, encarcelamientos, fusilamientos, ahorcamientos; al lado de las imágenes de los "buenos viejos tiempos" de los jerarcas nazis reunidos, posando, trabajando y dirigiendo los destinos de millones de peronas; al lado de las muestras del dispar destino de tantos asesinos en masa, algunos procesados y ajusticiados pero muchos otros, la gran mayoría, que salieron bien parados tras la guerra; al lado de todo eso, una imagen en la que se deposita la esperanza y que plasma ejemplarmente la frase de Foucault: "Allí donde hay poder siempre hay resistencia".

Durante un acto público, la cámara recoge a centenares de espectadores cantando el himno alemán o la Horst Wessel lied (himno oficioso del nacionalsocialismo) que acostumbraban a cantarse sucesivamente en las celebraciones nazis. En una fotografía se distingue perfectamente, entre la masa entusiasta que alza el brazo, a un hombre de brazos cruzados. Un único hombre manifestando su disidencia, su resistencia. El único. Sólo uno

Durante varios minutos nos quedamos fascinados ante aquel ejemplo de valentía y arrojo, ante aquella muestra ejemplar de libertad y decencia de la que nunca habíamos oído hablar. Una, tal vez, de entre tantas otras acerca de las cuales jamás sabremos nada. Pero un golpe al victimismo, un aldabonazo a cierta izquierda buenista que justifica determinadas conductas y las exculpa con el argumento de la sofocante presión social a la cual puede llegar a ser imposible resistirse. Una campanada al determinismo que niega la posibilidad misma del acto libre. Para todos ellos, un gesto claro, sin ambigüedad, rotundo, total. Un acto de resistencia y libertad que casi podría llegar a ser puro.

Al salir de la "Topografía del terror" sentí que sigue habiendo esperanza"

El acto tuvo lugar el 13 de junio de 1936, en los astilleros de Hamburgo, con ocasión de la botadura del “Horst Wessel”. El nombre de aquel individuo era, parece ser, August Landmesser

De la web http://www.fasena.de/courage/ recojo la imagen. En esta misma web puede encontrarse más información.

17 de diciembre de 2010

17 de diciembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XXII). "Topographie des Terrors"



1 de agosto de 2010. Tercera parte.

"Estas y otras cosas iba explicando mientras nos aproximábamos a la 'Topographie des Terrors' que se levanta en el solar conmemorativo donde antes tenía su sede la RSHA.

En el edificio, diseñado por Ursula Wilms y el paisajista Heinz Hallmann, mi familia pudo poner cara y contexto, rostros entre rostros, uniformes entre unformes, despachos entre despachos, a nombres que desde hace años han pululado por mis trabajos y nuestras conversaciones: Otto Ohlendorf -sobre el que versó la comparativa con Machado que abrió la defensa de mi tesis doctoral-, Walter Schellenberg -el amante de Coco Chanel y alter ego de Ohlendorf-, Heydrich, Himmler, Bach-Zelewski, etc. Evitamos detenernos excesivamente en los paneles más violentos y logramos mantener un tono ligero aunque serio para no apabullar al pequeño Marc. Clàudia, ya adolescente, enfrentada por vez primera a una exposición sistemática, aunque sobria, de la represión nazi, quedó muy impresionada. Y eso que el genocidio y los campos de exterminio no aparecen en sus más habituales y macabras instantáneas. Había suficiente con las ejecuciones, represalias, detenciones y otras lindezas del aparato de seguridad.

Con todo, entre lo más sobrecogedor del museo se encontraban algunas fotografías cotidianas e "inocentes". Dos especialmente: la del SS-Obergruppenführer Karl Wolff, jefe del Estado Mayor de Himmler y jefe superior de las fuerzas alemanas en Italia al final de la guerra, regando su jardín cerca del lago Sternberg en 1955 y la del SS-Gruppenführer Heinz Reinefarth, uno de los responsables de la atroz represión del levantamiento de Varsovia en 1944, saliendo de su villa en bicicleta.

Wolff, que estaba al tanto del aniquilamiento de los judíos, convenció a los aliados de que no sabía nada del plan genocida y hasta finales de los sesenta no fue procesado tras descubrirse una nota suya en la que se felicitaba por la eficiencia del transporte de "miembros del pueblo elegido" a Treblinka. Fue juzgado por la deportación de 300,000 judíos a Treblinka en 1964, condenado a 15 años de prisión y excarcelado en 1969 por motivos de salud.

Reinefarth, cuyos batallones policiales cometieron numerosas atrocidades en la batalla que siguió al levantamiento de Varsovia nunca fue procesado. Llegó a ser alcalde del pueblecito de Vesterland y diputado de la asamblea del estado de Schleswig-Holstein.

Enternecedor verlos décadas después de la guerra tan saludables..."

13 de diciembre de 2010

13 de diciembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XXI). Consideraciones sobre la Gestapo


1 de agosto de 2010. Segunda parte.

"Se acostumbra a citar a la Gestapo como emblema y símbolo, paradigma, del estado criminal nacionalsocialista. Sin embargo, la Gestapo era tan sólo un apéndice, y no el más numeroso ni tan sólo el más implicado en algunos de los incontables crímenes perpetrados por el régimen, de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) que unificó nominalmente el órgano principal de seguridad del partido nazi, el SD, con las instituciones policiales existentes, Kripo (Policía Criminal), Orpo (Policía del Orden) y Gestapo (Policía Secreta del estado).

Esta unificación jamás adquirió existencia legal porque no hubo manera de homogeneizar las condiciones retributivas, jerárquicas y organizativas de los funcionarios estatales con las de los funcionarios del partido nacionalsocialista: la ley que debía dar carta de naturaleza a la RSHA y homologarlos nunca pasó del estado de borrador.

Sin embargo, las limitaciones de la burocracia germánica no fueron obstáculo para el eficaz funcionamiento de la RSHA que coordinó desde la persecución de los opositores políticos, llevada a cabo principalmente por el SD y la Gestapo, a la de homosexuales y elementos antisociales, hacia la que se orientó la Kripo, o el exterminio de judíos, gitanos y eslavos que ocupó a Gestapo, Orpo y SD. Sólo la Orpo (algo así como una especie de policía regular de carácter eminentemente municipal), la menos conocida y menos penalizada por los aliados de las organizaciones policiales, se implicó en decenas de miles de asesinatos de judíos en Polonia y Rusia como destacaron, en su momento, Browning (Aquellos hombres grises) y Goldhagen (Los verdugos voluntarios de Hitler).

Como nota estadística, tan sólo dos de los cinco máximos responsables del aparato policial nacionalsocialista fueron juzgados : el primer jefe de la RSHA, Reinhard Heydrich fue asesinado por partisanos checos en 1942; el jefe de la Kripo, Arthur Nebe, fue ejecutado en 1945 por haber participado en el intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944; el de la Gestapo, Heinrich Müller despareció durante la batalla de Berlin sin que nunca se encontrara su cuerpo. Tan sólo el jefe de la Orpo, Kurt Daluege, juzgado en Checoslovaquia y ejecutado en 1947 y el sucesor de Heydrich, Ernst Kaltenbrunner, procesado en Nuremberg y ahorcado, comparecieron ante la justicia. La proporción normal entre los principales criminales de guerra nazis. Poco más del 40% fueron llevados ante la justicia. Ya no vale la pena hablar de los cientos de miles de nazis implicados en la empresa genocida que, como mucho, recibieron penas de inhabilitación para cargos públicos o leves multas en los procesos de desnazificación."

Sobre la implicación de la Orpo en el Holocausto escribe Browning: "Tal como muestra la documentación, la participación de la Policía del Orden en las ejecuciones colectivas de judíos rusos durante el verano y el otoño de 1941 fue generalizada y se dio en las jurisdicciones de los HSSPF* del norte, del centro y del sur, así como en Byalistock" (Aquellos hombres grises, p62)

*HSSPF: Jefes Superiores de la Policía y las SS.

Sergún la Wikipedia, citando a Goldhagen sin precisar la fuente exacta, los batallones de la Policía del Orden estuvieron implicados directamente en alrededor de un millón de asesinatos en la URSS y Polonia. http://en.wikipedia.org/wiki/Ordnungspolizei

11 de diciembre de 2010

11 de diciembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XX). La Prinz-Albrecht-Strasse


1 de agosto de 2010. Primera parte.

"Día dedicado al rastreo de las huellas del III Reich. Día extraño e incómodo. No es fácil compartir una obsesión y menos con un niño de diez años al que no hay que ocultarle, como si los críos fueran tontos, lo acontecido pero con el que tampoco debe entrarse en excesivos detalles que aun no comprendería y posiblemente deformaría quién sabe cómo en su pequeña mente en construcción.

Como un juego, hemos buscado el antiguo distrito gubernamental sin tener una idea exacta de su localización. De un foro dedicado a la fascinación por el Reich había extraído algunos datos acerca de las calles donde estaban emplazados los ministerios, la cancillería y el famoso bunker. Consultada la guía de rigor, que omitía correctamente estos detalles, parecía que iba a ser fácil. Sin embargo, aunque nos hemos bajado en la Friedrichstrasse hemos tardado un buen rato en lograr orientarnos: buscábamos tomar como eje la Wilhelmstrasse y empezar el recorrido por la sede de la Oficina Central de Seguridad del Reich en la Prinz-Albrecht-Strasse 8, el verdadero núcleo del dispositivo del terror nacionalsocialista y desde allí recorrer el Distrito. Sólo había un pequeño problema que uno casi había intuido antes de comenzar la jornada. Si la Wilhelmstrasse transcurre casi paralela a la Friedrichstrasse, la Prinz-Albrecht-Strasse, una calle pequeña, no aparecía en la guía por sus reducidas dimensiones sino porque ya no existe.

La calle que albergaba los edificios centrales de la Gestapo, la Oficina central de las SS y la RSHA se llama hoy día Niederkirchnerstrasse, lo cual descubriríamos casi dos horas después. Más de una hora dando vueltas entre la sede del Ministerio del Aire, el imponente edificio de clásico estilo totalitario diseñado por Sagebiel que fue el único de los grandes mamotretos arquitectónicos de la zona ministerial que no fue devastado por los bombardeos ni durante la batalla de Berlin, y la Wilhelmstrasse han acabado cuando nos hemos topado con la exposición, ahora ya museo, "Topographie des Terrors" -que teníamos previsto visitar en algún momento del día. Allí se ha aclarado el misterio que uno había sospechado pero que, a la vista de la obstinación de la ciudad en consumir y exponer su historia, había desechado.

Puestos, seguramente ninguna otra calle de Berlin condensaría la experiencia totalitaria criminal más feroz de la historia. Sin embargo, precisamente por la ostentación que los gobiernos municipales, regionales y nacionales han hecho de la historia contemporánea berlinesa desde el fin de la guerra, uno no está muy seguro que borrar el nombre de la calle sea una solución coherente. Claro que tampoco de lo contrario..."

30 de noviembre de 2010

30 de noviembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XIX). La neue Nationale Gallerie


31 de julio de 2010. Segunda parte.

"La comida rodeados de ardillas temerosas, aunque menos que en el jardín botánico, grupos de ciclistas y nudistas muchos de ellos en equívocas posturas nos ha reconciliado lo suficiente con el ruidoso y frenético Berlin Occidental como para cumplir el propósito de ver la Neue Nationale Gallerie y proponernos para el día siguiente el Bauhaus Archiv: si podemos aislarnos en el Tiergarten esta parte de la ciudad es más soportable.

De la Neue, dedicada a la pintura y escultura de la primera mitad del siglo XX, menos a destacar de lo esperado. Bastante expresionismo, una apreciable representación de Kokoschka, Munch y Kirchner y unas pocas piezas menores de Picasso, Kandinsky y Gris. Entre lo más atractivo del inesperadamente escaso fondo del museo, descubrir a un pintor, Franz Radziwill y su cuadro Der Hafen II (The Harbour II), interesante por su parentesco técnico con mi admirado Canaletto.

Con todo, lo mejor de la visita a la Neue estaba en los cuatro murales de Rudolf Stingel, un artista de origen italiano y residente en Nueva York, que formaban la exposición vigente desde febrero y que terminaba pocos días después. Las pinturas, de gran tamaño, reproducen fotografías de paisajes alpinos con tal minuciosidad y verosimilitud que sólo en la proximidad se aprecian las pinceladas: a unos cuatro o cinco metros uno no tenía ninguna duda que se hallaba ante una foto cuya calidad artística no parecía especialmente relevante. Tan sólo la mirada cercana revelaba la impostura, ese trazo hiperrealista capaz de incluir en uno de los cuadros la huella del pintor Ernst Ludwig Kirchner que se hallaba en el negativo revelado por el propio Kirchner de la foto sobre la cual Stingel realiza la reproducción. Una sorprendente muestra de realismo extremo."

El cuadro de Franz Radziwill puede verse aquí. Sobre Rudolf Stingel hay escasa información en la Wikipedia. Algo más sobre Ernst Ludwig Kirchner.