12 de abril de 2021

Presentación telemática de "El fin de la educación"


 

Este miércoles, mediante la plataforma Zoom, tendrá uno la ocasión de contribuir, a la difusión del magnífico ensayo de Xavier Massó, El fin de la educación, participando como invitado en la presentación. Se trata de una reflexión lúcida y persuasiva sobre el estado actual del sistema educativo y las causas que han conducido a su desmantelamiento como instrumento de justicia social, sin nostalgias ni emotividades estereotipadas. No es el menor de sus méritos el servirse de buena parte de la narrativa marxista, sin dogmatismos y con la prudencia de no confundir los deseos (o los objetos teóricos) con la realidad, para llevar a cabo su diagnóstico. Quizás debería decir "Abstenerse apologetas de la innovación y del progresismo trivial" pero también estos serán bienvenidos. Espero estar a la altura.

Registro gratuito aquí.

12 de marzo de 2021

Pablo: de nuevo en el campo

 


Yo no he muerto en Mexico, la cuarta novela publicada de Pablo, ya está en las librerías: como él diría, "ha vuelto a las pistas". Hace años publicó una primera versión en su Blog ("Caja negra") que, como las pretéritas grabaciones de los 70, ha "remasterizado" y, presumo, al hacerlo ha puesto en marcha otro texto diferente que espero no sólo como hermano, que también, sino como lector que ha disfrutado extraordinariamente de las tres anteriores y de alguna inédita. Aunque la expresión parezca demasiado grande, y lo sea, no falto a la verdad si digo que la fascinación que me han provocado su prosa, brillante y espléndida, la riqueza de sus tramas, la fuerza de su imaginación narrativa, su imprevisibilidad o la seductora combinación de buena parte de lo mejor de la tradición canónica, la cultura popular y la reflexión filosófica y política, hacen que desee leerle independientemente de los vínculos que nos unen y que no son meramente biológicos.

Cuatro novelas en el mercado (más las que hasta dónde conozco puede tener en el cajón) ya delinean una "obra" que merece una fortuna acorde a su calidad. No faltándole el beneplácito de la crítica, aunque uno nunca sabe si en el futuro será el motivo de alegría que es ahora, confío en que la difusión de sus textos alcance la altura que debe. Por mí no quedará. Por sus creaciones tampoco.

¡Ya es la hora de los Washington Generals! ¡Olvidemos a los Globetrotters!

9 de marzo de 2021

El que espera desespera: presentación telemática de "El informe Ohlendorf"

Pues eso, que a fuerza de esperar uno puede llegar al hartazgo así que he resuelto presentar telemáticamente El informe Ohlendorf el próximo miércoles 17 a las 18:00 mediante la plataforma Zoom.

Me acompañarán la periodista Eva Serra y dos buenos amigos y, sin embargo, excelentes lectores y críticos: Xavier Massó y Robert Veciana.

Por supuesto todos sois bienvenidos.

https://zoom.us/webinar/register/WN_f9mYYCxuRgWiSWwO09HO1A




5 de marzo de 2021

Rivadulla

Ahora que los apologetas y detractores de las declaraciones de Pablo Rivadulla Duró (aka Pablo Hasél) se han quedado roncos y que tanto los manipuladores mediáticos de todo signo, que han amortizado su caso suficientemente, como los ansiosos buscadores de causas o atentados empiezan a mirar hacia otro lado, quizás sea el momento de apartar sectarismos, histerias y apresuramientos y analizar el caso y sus repercusiones con un poco de cuidado y reflexión como ha realizado el antropólogo Manuel Delgado en esta entrevista ("Básicamente es una revuelta y ya está") centrándose en los incidentes que las últimas semanas se han producido en Barcelona.

23 de diciembre de 2020

A la espera de las presentaciones

 

 

A la espera de que se pueda presentar El informe Ohlendorf como de costumbre, o más bien como estábamos acostumbrados, Eva Serra, directora de la revista digital Catalunya Vanguardista que iba a encargarse de la presentación de la novela en Barcelona, ha elaborado un video para este "mientras tanto" que, de momento, se ha instalado en nuestra cotidianidad. Ha contado con la colaboración de Rubén Arve. Muchas gracias a ambos y ojalá no se posponga demasiado en el tiempo este ritual que nos da la ocasión de visitar la República de las Letras por unas horas.

8 de noviembre de 2020

Y ahora El informe Ohlendorf en las calles

Y, casi un año después, El informe Ohlendorf sale del ciberespacio para aterrizar en estas calles menos concurridas que de costumbre y, a días, casi vacías. Publicado por la editorial Onuba, ha tenido la mala fortuna de abandonar la imprenta justo cuando ha comenzado la nueva tanda de restricciones así que, de momento, la presentación prevista -aunque todavía no anunciada-  para este mes en el Ateneu de Barcelona se pospone. Es de suponer que si la situación no mejora sustancialmente deberé contentarme con un acto online que se celebraría en las próximas semanas, esperemos que antes de Navidad. Entretanto, si a alguien le apetece, la edición es mucho mejor que la publicada en Amazon y puede adquirirse bajo pedido en la web de la propia editorial.

13 de noviembre de 2019

El informe Ohlendorf en las calles (eso sí, en las del ciberespacio...)


Mientras el poemario que había denominado Rememoración así como otro escrito el año pasado, todavía sin título, continúan su lento, lentísimo, proceso de reescrituras, correcciones, cajón (más bien disco duro extraíble), relecturas, reescrituras y vuelta al cajón, he decidido acabar con los infortunios de la novela que concluí hace algunos años y que esperaba llegar a publicar antes de 2020 (eso decía en 2011 y si me descuido...). Un par de docenas de negativas, varias propuestas que eran en realidad coediciones simuladas (y no tan simuladas, alguna era un descarado timo) e incluso una propuesta inicial que no pasó de eso, de inicial, han acabado con mi paciencia así que, aprovechando las ventajas de la edición en tapa blanda de Amazon, he preferido dejar de perder el tiempo (y el dinero) y publicar allí El informe Ohlendorf pese a los reparos prejuiciosos en favor de las pequeñas librerías, la edición artesanal, las editoriales independientes y todo eso. También está disponible una versión para Kindle. Podéis echarle un vistazo, y si os apetece, comprarlo aquí.

Me gustaría poder decir que reanudaré pronto este cuaderno, como era mi intención, en lugar de limitarme a consignar, como en los viejos tiempos, algunas notas rápidas en un dietario privado de los de papel, pero la lentitud de la escritura poética y un proyecto complicado (y complejo) de reflexión a partir del retorno a Nietzsche, otras lecturas y lo sucedido estos últimos años en Catalunya, hacen poco probable retomarlo en un futuro inmediato. Hasta entonces...

17 de junio de 2018

Una primavera nietzscheana

Lo que debía ser un retorno más o menos rápido se ha convertido en una demora de más de cuatro meses. ¿El motivo principal, aparte de los apremios laborales? Lo que debía ser una rápida lectura de Más allá del bien y del mal para buscar un texto que creía recordar y con el tenía pensado comenzar a armar la reflexión sobre ética y política, tras experiencias como las de los últimos años en Catalunya, lecturas como la sorprendente, por inesperada, demoledora e incómoda, Los ángeles que llevamos dentro de Pinker, o la revisión de abundante literatura de todo tipo, eso sí traducida, sobre la URSS y el bolchevismo, se ha acabado transformando, o transmutando, en una relectura de la obra de Nietzsche treinta años después de la inicial.

En los ochenta uno leyó al de Sils-Maria belicosamente, buscando en sus textos las huellas de una arqueología del nacionalsocialismo y su compromiso con el "Asalto a la razón" que el marxismo-leninismo que uno profesaba parecía defender a ultranza. El encontronazo fue virulento, hasta desagradable: su lectura fue un suplicio, una fuente de malhumor y una cosecha de motivos para despreciarlo. No ayudó que nociones como las de "matiz", "gusto", "estilo" o "aristocracia" desempeñaran un papel tan central en su pensamiento y contrastaran de una forma tan violenta con el rigor conceptual, con la pasión por la estructura aséptica y el sistema, con la tradición de conceptos "fuertes", duros y compartidos por toda una tradición de debate, que su peculiar tipografía o su personalísima puntuación fueran tan extrañas a los usos habituales de la historia del pensamiento o que su discurso no obedeciera la tipología dominante de los géneros: era fácil comprenderlo "fuera" de las reglas racionales, del sentido común y del pensamiento filosófico, como un demente genial que construyó una obra excéntrica y excesiva. Además, leyendo El Anticristo y La genealogía de la moral deprisa, descontextualizadamente y con la innegable intencionalidad de encontrar bajo el suelo de "lo dicho" aquello "no dicho" que concordara mejor con los propósitos interpretativos, no costó demasiado encontrar esos restos y despachar su obra con ligereza como un irracionalismo reaccionario e inequívocamente protonazi (tenía, entre los subrayados realizados en aquella época, la frase "Un judío más o menos - ¿qué importa?...", comentada de manera prolija e insultante: no la entendí y la interpreté torticeramente atribuyéndole un sentido que no tenía en absoluto).

Treinta años después, aun reconociendo la pertinencia de la lectura irracionalista y reconociendo que algunos pasajes eran susceptibles de una fácil apropiación por los ideólogos nacionalsocialistas, ha aparecido otro Nietzsche, fascinante y complejo. No un negador de la razón ("La enfermedad fue la que me condujo a la razón", Ecce homo, trad. de Andrés Sánchez Pascual, p41) y la verdad sino un pensador sutil y sofisticado cuya escritura es solidaria de su pensamiento no sólo como armazón o mera expresión sino como construcción, constitución, producción. La experiencia de cinco meses releyendo, y en más de un caso leyendo por vez primera, sus obras, ha sido comparable a la que a uno le suscitó la de Ser y tiempo de Heidegger o la Ciencia de la Lógica hegeliana: una interpelación de enorme magnitud que a uno le puede afectar no sólo en tanto sujeto o individuo sino incluso en su calidad de persona concreta, con nombre y apellidos, nacionalidad, sexo, edad y clase social; un camino interpretativo y reflexivo tan integral como absorbente; un internamiento en paisajes desconocidos e incómodos; un alojamiento a pensión completa entre su prosa, sus figuras y sus audacias capaz de extraerle a uno de toda cotidianidad. Una "vivencia" intensa, radical.

Ahora, acabando sus últimos textos (quedará al margen su correspondencia), seguramente será posible reanudar el esclarecimiento propuesto meses atrás, aunque se haya complicado y requiera nuevas tareas. En cualquier caso, espero publicarlo a partir de septiembre.

19 de febrero de 2018

De vuelta en breve y Pablo en Madrid

Parece que en breve podrá uno volver a escribir con regularidad en este cuaderno. El antiguo Rememoración tiene nueva forma, nueva estructura, algún poema añadido, muchos versos reescritos y, evidentemente, título nuevo. Asimismo, un par de meses de lecturas y cavilaciones parece que apuntan ya algunas preguntas y vías a explorar así que quizás dejarlas por aquí sea una buena manera de ordenarlas y empezar a desarrollarlas. Mientras tanto, Pablo, más activo, presenta esta semana, de la mano de Selena Millares, La vida póstuma en Madrid. Será el miércoles 21 de febrero a las 20h. en el Centro de Arte Moderno. Si teneis la oportunidad casi podría asegurar que pasaréis un buen rato.



16 de diciembre de 2017

Un apunte sobre la "hiperpolitización"

El miércoles, durante la agradable presentación de la novela de Pablo, uno tuvo la oportunidad de contemplar, exteriorizada, una patología interpretativa que ha padecido durante décadas: la hiperpolitización, la consideración de que a toda acción humana puede - y debe - asignársele un significado "político". Y no sólo a cualquier acto sino también a la intención que lo alentaría: todo acontecer humano sería político y, más dilatadamente, "política". Este presupuesto pareció amparar la lectura que uno de los presentadores del acto, el crítico de El País Jordi Gracia, hizo de la novela. El otro, Domingo Ródenas, crítico habitual de El Periódico, restringió esta dimensión política, que se cuidó mucho de negar, a un eje secundario respecto al tratamiento literario de la relación padre-hijo que situó, en cambio, como preeminente.

Hace algunos años, uno hubiera privilegiado, también, el hilo del que tiró el primero. Ahora temo que habría seguido la senda del segundo. Primero porque, conceptualmente hablando, no está tan claro que sea pertinente afirmar que "todo" sea "político". Si así lo fuera estaríamos, una vez más, ante esa "noche en que todos los gatos son pardos" que denunciaba Hegel: ante la indistinción, ante el monismo nivelador que oscurece más que aclara pues si todo es político nada lo es específicamente, del mismo modo que si todo es blanco no hay color del que hablar o que considerar. Segundo, porque se pueden oponer argumentos a este reduccionismo. Así, cabe dudar de que se pueda considerar que los actos fisiológicos, que no dejan de ser actos humanos, sean políticos. Tampoco los automatismos fruto de diferentes clases de condicionamiento adquirido, que no son puro y simple reflejo biológico pero que son involuntarios, pueden ser comprendidos como políticos a no ser que nos movamos en un nivel de liquidez teórica desbordado. Eso para no introducir esos otros elementos de la acción humana que se sustraen al dualismo voluntario/involuntario y que el psicoanálisis ha explicado, como mínimo fecundamente, a partir del inconsciente. Asimismo, hay numerosas conductas cotidianas conscientes que tampoco deberían ser consideradas como políticas so pena de no entender nada de nada. Que alguien tome la decisión de pasear un domingo por la mañana por unas calles del barrio de Gràcia en lugar de por otras puede obedecer a factores como la época del año, la hora, la luz solar, la presencia o no de orines de animales domésticos, la amplitud de la acera, el tráfico... Pero extraer de esta combinación de motivos aleatorios y heterogéneos un fundamento político tiene algo de delirante en el estado actual de nuestros conocimientos... En todo caso, esta dificultad implicaría que, por lo menos, debería elaborarse una tipología prolija de nuestros comportamientos antes de realizar una afirmación de este tipo. Y tercero, porque acostumbra a realizarse un desplazamiento entre "lo" político y "la" política, que acaba restringiendo inadvertidamente el laxo y amplio sentido de uno al concreto y determinado espacio de la otra e identifica los actos comprendidos como "sociales" con "tomas de posición" partidarias o ideológicas. Si ya es discutible que todas nuestras conductas sean políticas, incluso en el marco amplio y vago en el cual se suele usar el concepto, es difícilmente aceptable que estas acaben siendo asociadas a una posición ideológica específica. Y no cambia demasiado la perspectiva si se intenta matizar señalando que esta vaguedad es el fruto de "una manera de hablar" y se alude a que, en realidad, con esta expresión se está llamando la atención sobre la connotación política de cualquier actuación social. Pasear a determinadas horas por tal lugar y no por otro puede no tener ninguna connotación política o, si la tiene, ser tan insignificante al lado de otras, que es excesivamente arbitrario insistir con tanto denuedo en ella.


Puestos, que "todo (acto humano) sea político" sería tan irrelevante como decir que "todo (acto humano) es matemático" (quizás puede adecuadamente descrito mediante algún instrumental matemático cuantitativo o cualitativo), o "todo (acto humano) es físico" o ético, o biológico, o estético, o futbolístico además de conducir el juicio crítico hacia terrenos ya arrasados y tan perjudiciales como el carácter político de las leyes de Mendel, de la aritmética, de la lógica formal, del galanteo o del silencio.

Por último, ahora, en estos tiempos y en Catalunya, reviste especial interés vigilar y someter a análisis esta hiperpolitización que se ha extendido y simplificado (vulgarizado se debería decir). Su utilización abusiva como estrategia para distinguir al amigo del enemigo y marcar a este último mediante los más diversos y triviales subterfugios a partir de irrisorias actitudes, gustos y comportamientos, troca el déficit teórico de esta patología interpretativa en un arma peligrosa. Se debe pensar con detenimiento cómo abordar esta táctica hermenéutica para evitar su conversión en patología.

11 de diciembre de 2017

Presentación de "La vida póstuma"


A uno le encantaría escribir que está sumido en profundas reflexiones tras la decisión de distanciarse de la actualidad para discriminar, con una cierta eficacia, entre lo urgente y lo importante (no todo lo urgente es importante aunque todo lo importante sea urgente) y abordarlo tal vez desde otras categorías (o puede que desde las mismas pero matizadas). No es el caso. Los pensamientos van lentos y no parecen seguir otra ley que la discontinuidad, así que si vuelvo por aquí no es para aportar ningún enunciado a considerar sino para invitar a quien tenga ganas (y tiempo) a la presentación de La vida póstuma de Pablo en Barcelona. Será el próximo miércoles a las 19:00 en la librería Barataria y a su lado estarán Domingo Ródenas y Jordi Gracia. Somos todos bienvenidos (o casi todos).

11 de noviembre de 2017

"La vida póstuma"

Hace muchos años uno apreciaba la máxima supuestamente aristotélica de que se debe amar a los amigos pero más a la verdad. Ahora no lo tiene tan claro: debe amarse a los amigos, si se lo merecen, y también a la verdad. No tienen por qué excluirse. De ahí que cuando escribo sobre un amigo uno procura no faltar a la verdad y si hubiera de hacerlo preferiría inhibirse, aunque en ocasiones calle por motivos que tienen más que ver con el cansancio, las obligaciones o las imposiciones de la cotidianidad que con el juicio crítico. Sirva este exordio para decir que si elogio la última novela de mi hermano, La vida póstuma, no es solo porque sea mi hermano, que también, sino porque es estupenda. Es cierto que desde su inédita La guardia nocturna y, especialmente, tras El alquiler del mundo, soy un rendido admirador de sus cualidades como novelista pero siendo el hermano mayor, y dedicándome al mismo negocio a tiempo parcial, la tentación de parapetarse tras una condescendiente evaluación fría y distante hubiera sido un fácil recurso para salir del apuro si en esas me hubiera encontrado. Por contra, sostener que La vida póstuma es un magnífico artefacto de ficción no tiene demasiado que ver ni con las deudas fraternales ni con las adhesiones incondicionales. Es el corolario de la gratificante lectura de una "novela de ideas" escrita no al modo centroeuropeo sino, para el modesto oído de uno, en una tonalidad de "cono sur": borgiana y cortazariana; incluso, sonando lejos, sabatiana. Una elección estilística que aleja su texto de cualquiera de las variantes del enciclopedismo, que no subsume la belleza de la forma bajo la exigencia de la reflexión y que persuade más con las artes de la buena construcción y la prosa cuidada que con la pesadez de la argumentación disimulada: la trama no está al servicio de la exposición conceptual, de su plasticidad (Hegel) sino que se entrelazan sin estridencias ni rozamientos. Y entre las muchas ideas que, en enjambre, pululan por sus páginas, dos. Una especialmente atractiva teóricamente hablando: la efectividad de lo fantasmático. Un viejo tema recurrente en la historia de la literatura (Calderón, Shakespeare, Wilde), marginal en la de la Filosofía hasta la segunda mitad del siglo XX pero nuclear estas últimas décadas, por ejemplo en la obra de Derrida o Žižek así como en la de otros muchos pensadores de la posmodernidad. Una preocupación, además, que nos une a causa de nuestro común contexto biográfico y, tal vez, debido a su hiperactividad temática, derivada de algunas de las repercusiones de la llamada "revolución tecnológica". La otra, que no desvelaré, muy sugestiva en términos estéticos y que, absorbiendo la parte final de la novela, le confiere un extraordinario giro en el que la alta cultura y la cultura de masas se ensamblan de una forma original y bella.

Tan sólo ofrecería dos objeciones: por un lado, la novela se hace corta; se echan en falta cincuenta o cien páginas más para explorar algunos personajes (especialmente el enigmático Herzog) y acciones muy bien apuntadas pero cuya exposición sucinta provocan todavía más apetito (las estancias en Cuba, las mallas de las redes revolucionarias en París...); por otro, la historia de amor principal aunque está excelentemente estructurada uno cree, y siente, que en estos tiempos debería obedecer a la normatividad descriptiva y al vocabulario que podría extraerse de la maravillosa Plataforma de Houllebecq. Pero eso es una cuestión menor, casi de gusto.

Felicidades Pablo por tu libro.

10 de noviembre de 2017

Unas palabras de Simon Leys de aplicación casi estricta estos últimos meses

Robert me pasó este texto especialmente apropiado para la situación en la que nos hallamos algunos de los que intentamos sobrevivir en los agujeros que las manadas de uno y otro signo nos han dejado de momento:

"Hace tiempo, cuando se produjo un trivial incidente cuyo pleno significado no se me reveló hasta que hubo pasado, no dije esta boca es mía, pro su recuerdo aún me abrasa. Fue en ocasión de un simposio de historiadores organizado por una respetable universidad. Un viejo profesor extranjero, invitado especial, acababa de hablar de la pintura de paisaje de los Song cuando un joven universitario local se adueñó de la tribuna y se lanzó a una larga y apasionada denuncia de la ponencia de su erudito predecesor en el uso de la palabra. No se puede decir que su diatriba fuese muy original, pues rebosaba de todos los lugares comunes de la corriente maoísta, entonces en boga. Apoyado por una entusiasta claque de admiradores autóctonos, el tribuno revolucionario nos explicó que había que estar ciego por todos los prejuicios del elitismo burgués para admirar la pintura china antigua, obra de explotadores y parásitos, mientras que el verdadero arte de China -que los mandarines académicos se obstinaban en ignorar- era producido por las masas populares de campesinos, obreros y soldados. En pocas palabras, el latiguillo habitual de la época, totalmente olvidado hoy. La violencia de este ataque sorprendió al viejo profesor, hombre frágil y refinado, pero permaneció en silencio. No quedaba, por lo demás, tiempo ya para el debate, y el presidente levantó precipitadamente la sesión.
Entre la concurrencia, formada en su mayor parte por gente educada y cortés, se había dejado sentir una incomodidad muy real; pero en general, cuando a unas personas decentes se las enfrenta a una indecencia masiva, procuran aparentar por todos los medios que no pasa nada."

Simon Leys, La felicidad de los pececillos. El saber desde lo alto del puente

1 de noviembre de 2017

"Literatura sin esencia" y Clàudia en Lübeck

Aprovechando esta "retirada" de la actualidad debe uno agradecer a Virginia Trueba el prólogo que ha escrito al ensayo que Viktor Gómez se ofreció a publicar en Amargord y que ya tiene en sus manos. El texto de Virginia lleva por sugerente título "La respuesta como la desgracia de la pregunta" y cumple a la perfección el double-bind deconstructivo: es una incitación a la lectura de las reflexiones que uno ha articulado sobre la naturaleza de la Literatura en los últimos años (o más bien sobre la falta de esa naturaleza propia e intransferible) y, al tiempo, una acertada invitación a la crítica de algunos aspectos de las afirmaciones, preguntas y propuestas allí. El ensayo lleva por título Literatura sin esencia (exploraciones en Teoría Literaria) y verá la luz en la primavera del año que viene.

Y ensancha este alejamiento saber que Clàudia, que está presentando un trabajo en una sede del Max Planck en Plön, visitará estos días la Buddenbrookhaus de Lübeck, la mansión familiar de los Mann que Thomas retrató en su famosa novela que se ha convertido en museo dedicado a su obra y la de su hermano Heinrich. Hablando anoche con ella, la posibilidad de comprar un billete y pasar el fin de semana contemplando un fetiche de ese burgués y ficticio mundo humanista y cosmopolita encarnado por el autor de La montaña mágica, me pareció mucho más que una mera inconsciente proyección libidinal o una ignorada cosificación: me pareció una auténtica muestra de eticidad universal.

29 de octubre de 2017

Retirada

La posibilidad de que, a la luz de este "retorno de lo reprimido" que distinguiría - entre otros muchos aspectos - el fenómeno secesionista catalán, pueda considerarse que existen tendencias vinculadas a nuestra constitución biológica y evolutiva que exceden cualquier capacidad de mejora moral o intelectual; de que una cierta "condición humana" de largo aliento (tal vez tan antigua como el homo sapiens, tal vez capaz de remontarse al Neolítico) pueda hacer trizas cualquier proyecto utópico o siquiera bienintencionado, eso para no hablar de otras múltiples e incontables contingencias, le obliga a uno a emprender un cierto alejamiento de la "actualidad" para intentar pensarla otra vez más allá de los esquemas que había hecho servir hasta ahora. Sin urgencias: lo importante no es idéntico a lo urgente. Una especie de retirada de la política. Seguramente hacia la ética aunque también podría ser hacia la estética. Es pronto para saberlo todavía.

25 de octubre de 2017

Postración

Desde el domingo a uno le domina la postración intelectual. Una reflexión desapasionada sobre las consecuencias de la aplicación del 155, la inevitable campaña de desobediencia civil que se vaticina, las medidas coercitivas que serán seguro poco graduales, la apuesta por el "todo o nada" en la seguridad que será "todo" en la que se han instalado mis amigos y conocidos secesionistas, la soberbia y la ignorancia que parecen dominar entre las élites políticas españolas también convencidas de su particular "todo"... esos aspectos, y otros que no vienen al caso, dibujan ese escenario que hace cinco años, cuando comencé la "Crónica de la Nueva Edad", se aparecía como el más previsible: el enfrentamiento violento entre los secesionistas y el estado español. Un enfrentamiento de baja intensidad al principio pero que, tiene uno la convicción, acabará derivando en algo peor posteriormente. Hay mucho aspirante a intelectual y a revolucionario entusiasmado con este panorama. Mejor para ellos. A quien esto escribe, por contra, este horizonte le resulta desmoralizante. Este largo episodio cada vez sugiere con más fuerza la posibilidad de que haya algo así como una "condición humana", de muy largo aliento, inmune a la racionalidad, la concordia, el diálogo y el reconocimiento de la diferencia, refractaria a cualquier tipo de mejora o progreso. Algo preocupante para quien ha mantenido posiciones relativistas e historicistas buena parte de su vida. Mas, sobre todo, emocionalmente hablando, deprimente.

22 de octubre de 2017

Observaciones críticas

Ya hace tiempo que los secesionistas que pasaban por aquí dejaron de hacerlo o, cuanto menos, renunciaron a hacerme llegar sus observaciones por correo. Supongo que a partir de que con la tergiversación que realizaron de las "plebiscitarias" del 27-S de 2015 y la aprobación poco edificante de las leyes de transitoriedad y del referéndum, uno dejó de reconocerles preferencia moral alguna respecto a los partidarios del mantenimiento del statu quo, los pocos que todavía aterrizaban por esta página casualmente o debido a los vínculos amistosos que mantenemos, resolvieron ausentarse definitivamente. La prueba: ningún comentario ni crítico ni elogioso sobre mis aseveraciones pese a que, finalmente, los habilité.

El problema es que tampoco muchos antisecesionistas están cómodos con estas reflexiones y también están abdicando de la posibilidad de dialogar críticamente (eso suponiendo que los argumentos y valoraciones que sostiene uno en este hiperlugar tengan suficiente relevancia, lo cual es mucho suponer). Total, que estas palabras cada vez más se pierden en la inmensidad de lo desdeñable. No obstante, uno de mis más apreciados amigos antisecesionistas ha tenido a bien enviarme una carta con sus opiniones acerca de algunas afirmaciones que he realizado que dejo a continuación a fin de ilusionarme con la idea de que alguien todavía cree que vale la pena objetar y discutir con quien escribe. Gracias Alberto por tomarte la molestia de poner por escrito tus discrepancias y por esa valentía que exhibes en un entorno tan hostil a tu esfuerzo por mantener la libertad de pensamiento.

"Amigo Jorge,

Leo de cuando en cuando tu blog, porque aprendo mucho leyéndote y porque te aprecio mucho. Ello me permite hoy manifestarte alguna perplejidad o desacuerdo ante lo que dices sobre el tema de Cataluña, concretamente sobre la prisión decretada a los Jordis.

Me ha sorprendido que afirmes que “los jueces deben sopesar cuidadosamente las consecuencias de sus decisiones”. Sin duda te asiste la razón en cuanto este es el deber de cualquier persona. Sin embargo, un juez, en el ejercicio de su función, debe aplicar la ley caiga quien caiga, por decirlo coloquialmente. Naturalmente debe considerar también las consecuencias, pero ello no puede ser determinante. Hay un margen a la hora de decidir, porque un juez no actúa por aplicación automática, tiene que valorar muchos factores, puede equivocarse al apreciar un delito, etc. También es cierto que el juez tiene su talante, sus fobias, sus prejuicios y su ideología (de cerrar España o de la p... España, según tiempos y lugares...), y que en este caso puede dejarse llevar por el hartazgo que muchos (todos?) arrastramos de tener que tragarse cada día todo lo del “procés”… o del actual “mambo” que sufrimos.  Pero pienso que en cualquier caso este margen es o debiera ser muy estrecho. Acreditado y caracterizado el delito, un juez debe decretar la pena que le corresponde, y ello no puede depender de si se crea o no “alarma social”.   Puede ser dudoso o discutible que hubiera delito, y error a la hora de tipificarlo con objetividad, pero si juzga que hay delito el deber del juez es aplicar la pena. Tanto más cuanto en un país democrático- y España sin duda lo es- existen todas las garantías jurídicas y la posibilidad de recurrir. En este caso concreto más que alarma hay indignación, y mucha, que les viene muy bien, todo hay que decirlo, porque no buscan solucionar conflictos con el Estado sino crearlos hasta que sea forzosa la desconexión que desean. Es pues munición que se les da a quienes buscan desesperadamente acreditar la mentira interesada del “Estado opresor”, el déficit democrático, etc.  Pero el hecho mismo de esta sentencia puede verse como una prueba del buen funcionamiento de la justicia y de la real separación de poderes. La “fina línea” de la separación quizá es fina, pero existe, y normalmente funciona. En este caso ha funcionado. Porque no creo que en la Moncloa se hayan alegrado nada de este suplemento de excitación en Cataluña.  Añado que si lees el auto judicial verás que está muy bien motivado, según opinión también de gente muy experta. Algunos ven exageración. Es posible… Es la cuestión del margen. Dura lex, sed lex.

Me alargo demasiado, pero quiero decirte que tampoco estoy de acuerdo con que “el estado español no se merece conservar Catalunya”. No fotem! Es tu opinión, claro, que respeto, y puedo entender el motivo, pero debo decir que también me sorprende. Lo tomo como una exageración tuya o una figura retórica. Entiendo que se pueda decir eso en ciertos contextos, si consideramos temas aislados, aunque quizá frecuentes. ¡Pero no fotem! Quizá el Estado español no se merezca Catalunya, pero puestos a calibrar méritos tampoco nosotros mereceríamos más que el odio y antipatías que hemos provocado en los últimos años. No digo practicado (presumían de sonrisas…), sino provocado de hecho. ¡No fotem! Me temo que diciendo y difundiendo cosas así también se da munición al secesionismo. Y bueno, ya sabes, uno no es en absoluto secesionista… Nos merezca o no el Estado español, no veo posible la secesión ni la deseo. Creo que no será una realidad, aunque puede pasar de todo durante el mambo que nos hacen bailar…hasta que nos impongan la sardana.  Me viene a la mente aquella frase de un torero (el Guerra, creo): “Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible” que en su gracejo entiendo como algo más que una tautología. Pues eso.
 Una de las tristes cosas que constato, sin hablar ya ahora de tu frase, claro, es que estamos llenos de chistes, sarcasmos, ironías, “pensamientos” con chispa y exageraciones que con la excusa del “buen humor”, del “postureo” o de exhibir equidistancia, y con la ayuda de las TV y los twits y los WhatsApp, difunden la trivialidad, el pensamiento plano… y en nuestra tierra nutren a menudo el desprecio a todo lo español. Entiendo que el humor es buena cosa, pero llega un momento que se convierte en pura evasión y los hay que lo utilizan para no tener que comprometerse con nada y poder gustar a todo el mundo. Y uno, aunque sea bastante cobarde y demasiado entrado en años, y en ocasiones un cínico, se siente interiormente comprometido cuando llegan cosas tan serias que me roban el sosiego, el equilibrio interior ya muy frágil. Y, sobre todo, sobre todo, el futuro de mis hijos y hasta la alegría de entenderme con ellos sin más problemas que los normales.

No sé si el Estado español merece Catalunya, pero pienso que Catalunya no tiene nada que ganar promoviendo la aversión a lo español. Catalunya debería preservar, promover, merecer la buena relación con el resto de España. Fue un hecho hasta hace unos años, cuando Catalunya era admirada, envidiada, aun con brotes de catalanofobia aquí y allá. Ahora lo hemos destrozado todo.  ¿Se han vuelto locos nuestros mesías? Tendrían que ir al psiquiatra para que les equilibren sus filias y fobias y les canten aquello que ellos hacen cantar al pueblo: “enradera aquesta gent, tan ufana i tan superba”. Y tan irresponsables. A uno le duele que no haya más “esprit de finesse” y acierto en la política de Madrid, pero lo perdona y hasta lo excusa en nombre del fracaso y castigo que merecen nuestros condotieri… ¡Uno quiere que fracasen! Espero les caiga algún día encima el castigo y que la justicia considere -ahora si- el mal que han causado y el que harán todavía.  Son los primeros culpables -no únicos, pero si los más notorios- de la penosa situación a que estamos llegando.

Aquí termino. Tú sabrás comprender mi exceso verbal, producto de la tristeza y cabreo que siento, felizmente superadas todavía por tu amistad y la confianza que te tengo.

Un saludo cordial a tu familia, y un fuerte abrazo para ti.

Alberto"


Aprecio sus argumentos y tomo en consideración su crítica. En el nivel privado y emocional ya le he respondido. En cuanto pueda, reposadamente, intentaré replicar aquello que crea que puede o debe ser replicado. Quizás poco o nada, quizás mucho. Hay que pensar un poco antes de escribir.

19 de octubre de 2017

Desproporción, improvisación, ignorancia

El encarcelamiento de los líderes de la ANC y Òmnium Cultural por sedición es, tiene uno casi la certeza, una decisión desproporcionada que da oxígeno, y mucho, a unos abatidos secesionistas todavía en proceso de digerir la marcha atrás de Puigdemont en el momento culminante de la insurrección. Una decisión que, además, empeorará considerablemente la situación. Será el resultado de una conducta que tuvo mucho de obstruccionista, organizada y no demasiado pacífica, de una acción explícita contra la legalidad pero los jueces deben sopesar cuidadosamente las consecuencias de sus decisiones (por ejemplo la tan traída "alarma social"). Y aquí la delgada aunque efectiva separación de poderes, que no cabe negar ingenuamente existe en el estado español, va en contra de un planteamiento político racional: la pervivencia, en el estamento judicial, de muchos magistrados educados en el "Santiago y cierra España" y un Ministerio Fiscal que considera que dos millones de catalanes están "abducidos", acaba llevando a estos dislates en que algunos jueces pierden el sentido de la mesura y enconan el conflicto por imprudencia e ignorancia. Y esta ignorancia de lo que pasa y ha pasado estos años en Catalunya es uno de los factores que más está contribuyendo al desconcierto de las instituciones del estado español. Asombra comprobar cómo medios de comunicación tan influyentes como El País abogan, ahora, por el palo tras pasarse años invocando dulces zanahorias socialistas que, creían, los secesionistas habrían estado deseando deseando coger para olvidar sus sueños de independencia: la reforma del estado hacia un modelo federal nunca ha estado en su agenda porque no era, en absoluto, el objetivo disimulado de sus movimientos y partidos. Creer que, "hablando en serio", ese era el sentido último de su lucha es una muestra de desconocimiento de la realidad catalana o de que los tópicos etnicistas acerca de la avaricia y cobardía de "los" catalanes, de su doblez, todavía gobierna la percepción hegemónica en las creencias de las élites madrileñas y estatales. Craso error.

Los secesionistas están dibujando un país detestable pero cada vez tiene uno más claro que el estado español no se merece conservar Catalunya.