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30 de octubre de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XVII)


La abolición de los límites, el Truman's show, distingue, en la sociedad del espectáculo, la distribución de los antiguos papeles de actor y espectador y al hacerlo parece otorgarle a este último la engañosa posibilidad de protagonizar una Historia que funciona como una especie de “macrofestival”. Esta supresión de fronteras afecta también a la ya deteriorada separación entre “lo público” y “lo privado”. Si hasta el desarrollo de la radio y la televisión el espectáculo se constreñía  al escenario, la vía pública o los salones que se abrían a los invitados, con el desarrollo de los medios de comunicación de masas el espectáculo invade la esfera privada, la coloniza: el espectáculo puebla no sólo el salón sino todas las dependencias de la casa - e incluso del trabajo - y las representaciones extienden su horario, su ámbito y su público cada vez más hasta rozar la frontera de la intimidad en la que en ocasiones consiguen penetrar. Con la Red, esta invasión se convierte en prácticamente total: las imágenes, ficciones y creaciones se infiltran en el antaño cerrado recinto íntimo y lo saturan.

(Observaciones anteriores)

19 de octubre de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XVI)


En esta "tercera naturaleza" la relación entre representación y espectador se alteraría sustancialmente. En la primera naturaleza todos seríamos espectadores: el espectáculo sería exterior al sujeto y estaría nítidamente separado de él; el espectador asiste al espectáculo natural sin protagonizarlo pues todos los sujetos son únicamente contempladores pasivos de la representación. En la segunda naturaleza, del espectador se segregaría el actor que cargaría con el peso de aquélla. Éste está, sin embargo, separado y netamente distinguido de aquél: ocupan lugares que no son intercambiables; el espectáculo se representa exteriormente al sujeto pero algunos individuos dejan de ser meros entes pasivos y pasan a participar activamente en el espectáculo. En la tercera, por contra, todo espectador está en posición de actor y a la inversa: la frontera que los distingue se ha vuelto tan permeable que los espectadores están en condiciones de convertirse a menudo en auténticos protagonistas de la representación y los actores en muchas ocasiones se convierten en meros asistentes, en observadores de un espectáculo susceptible de acoger a todos y cada uno de los espectadores posibles como protagonista.

(Observaciones anteriores)

4 de octubre de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XV)


Recapitulando:

"La realidad espectacular es, también pero no sólo, la llamada “realidad virtual”, esa realidad que se sustrae a la división entre facticidad e idealidad, entre cosa y palabra, entre hecho y pensamiento y que juega en un terreno incómodo para la realidad natural y la histórico-cultural porque no es, menos aun que las otras dos, un campo de presencias y ausencias nítidas.

Debord piensa que el espectáculo suprime “la historia mediante la cultura” (p158) pues cosifica el tiempo en un presente del que ha desaparecido la temporalidad mediante pseudoacontecimientos, construcciones imaginarias: “La realidad del tiempo ha sido sustituida por la publicidad del tiempo” (p137). Con todo, este efecto no es el único: el espectáculo también configura temporalidades, historias, narrativas individuales y colectivas, nacionales, religiosas, hasta científicas y filosóficas; cuenta epopeyas y épicas y anticipa utopías y paraísos.

No cancela el pasado para que el reino de la asistencia continua de lo presente en el presente impere dictatorialmente: sería demasiado simple y fácil de desenmascarar con los instrumentos que nos legó Marx. Su maraña es difícil de desenredar: construye pasados y futuros de acuerdo con la obsesión por la permanencia de los estados de cosas presentes porque debe garantizar no sólo su producción sino su reproducción.

Este vigor de lo espectacular permite tomarlo como una “tercera naturaleza” que recubriría la segunda como ésta lo hizo con la primera sin suprimirla pero atravesándola casi por entero. Una “tercera naturaleza” pero no al modo de Proust, el estrato más profundo y verdadero, sino más bien al modo del espectro radioeléctrico o de la red de redes: una capa irreductible a las dos naturalezas anteriores que no las replica íntegramente pero que se incardina en ellas. Realidades con soporte material y substancia cultural capaces de crear una espacialidad y temporalidad propia y singular.

El ciberespacio sedría, de hecho, la forma más refinada y a la vez más robusta de esta tercera naturaleza espectacular."

Y siguiendo:

En la “tercera naturaleza” pudiera muy bien no haber ninguna barrera natural, ningún límite físico a la vista que garantizara, al menos, un peak picture que detuviera la espiral productiva y reproductiva y nos impusiera una reflexión acerca de nuestra relación con lo fantasmático, lo imaginario, lo espectacular y, tal vez, un equilibrio sin crecimiento, una cierta homeostaticidad. ¿Será un catastrófico Digital Cliff, la protesta de las dos antiguas naturalezas, nuestra única esperanza en este sentido?

(Observaciones anteriores)


20 de junio de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XIV)


Este vigor de lo espectacular permite tomarlo como una “tercera naturaleza” que recubriría la segunda como ésta lo hizo con la primera sin suprimirla pero atravesándola casi por entero. Una “tercera naturaleza” pero no al modo de Proust, el estrato más profundo y verdadero, sino más bien al modo del espectro radioeléctrico o de la red de redes: una capa irreductible a las dos naturalezas anteriores que no las replica íntegramente pero que se incardina en ellas. Realidades con soporte material y substancia cultural capaces de crear una espacialidad y temporalidad propia y singular.

El ciberespacio sedría, de hecho, la forma más refinada y a la vez más robusta de esta tercera naturaleza espectacular.

(Observaciones anteriores)

9 de junio de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XIII)


La realidad espectacular es, también pero no sólo, la llamada “realidad virtual”, esa realidad que se sustrae a la división entre facticidad e idealidad, entre cosa y palabra, entre hecho y pensamiento y que juega en un terreno incómodo para la realidad natural y la histórico-cultural porque no es, menos aun que las otras dos, un campo de presencias y ausencias nítidas.

Debord piensa que el espectáculo suprime “la historia mediante la cultura” (p158) pues cosifica el tiempo en un presente del que ha desaparecido la temporalidad mediante pseudoacontecimientos, construcciones imaginarias: “La realidad del tiempo ha sido sustituida por la publicidad del tiempo” (p137). Con todo, este efecto no es el único: el espectáculo también configura temporalidades, historias, narrativas individuales y colectivas, nacionales, religiosas, hasta científicas y filosóficas; cuenta epopeyas y épicas y anticipa utopías y paraísos.

No cancela el pasado para que el reino de la asistencia continua de lo presente en el presente impere dictatorialmente: sería demasiado simple y fácil de desenmascarar con los instrumentos que nos legó Marx. Su maraña es difícil de desenredar: construye pasados y futuros de acuerdo con la obsesión por la permanencia de los estados de cosas presentes porque debe garantizar no sólo su producción sino su reproducción.

(Observaciones anteriores)

28 de mayo de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XII)


Consumo y colonización. Beneficio, ganancia y capital al par que incremento de las necesidades y, por ende, de las coerciones sin peak picture aparente del que esperar alguna clase de emancipación.

17 de mayo de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (XI)


El beneficio obtenido por la monetarización de lo espectacular ha alcanzado una dimensión probablemente inesperada que va más allá de la creación de un nuevo ámbito de mercancías. El espectáculo no sólo se ha revelado como un divertimento, un acontecimiento catártico o pedagógíco, sino como un objeto de consumo colonizador. Debord lo pensó en términos narcóticos: “Allí donde el mundo real se cambia en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales y en las motivaciones eficientes de un comportamiento hipnótico” (p43).

No obstante, las mentes saturadas de un aluvión de imágenes no se limitan a una conducta de autómata que sería más consoladora: desean  - intensamente, además -, construyen, operan, deciden, alteran... Las mentes colonizadas no están sedadas sino que continúan funcionando en el espacio construido y delimitado por lo espectacular que les otorga nuevos campos de percepción y nuevos objetos de deseo. Lo imaginario no deforma sino que "forma", ordenando la aprehensión sensorial e intelectual y "conforma" creando un conjunto de necesidades antes inexistentes cuya satisfacción engendra conductas no meramente robotizadas.

(Observaciones anteriores)

5 de mayo de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (X)


El consumo de representaciones se ha esparcido planetariamente y ha penetrado todos los estratos sociales. Aunque haya zonas del mundo en las cuales el espectáculo sigue maniatado y circunscrito a los límites prescritos por alguna autoridad, sea la de la divinidad, el sujeto o la tribu, el gobierno del orbe está, en gran parte, en manos del espectáculo pues no se trata de una simple acumulación de dinero, que ya ata a los dominados que no pueden poseer los medios de producción de lo espectacular y son consumidores natos, como en aquellas fábricas del XIX provistas de tiendas y bares donde los explotados gastaban su miserable renta en los propios locales levantados por los dueños de las empresas, sino que la espectacularidad se ha revelado como una extraordinaria arma de colonización mental.

(Observaciones anteriores)

28 de abril de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (IX)


La mercantilización del espectáculo es inseparable de la colusión entre la necesidad del capital de subsumir cualquier realidad posible, sea cual sea su estatuto, bajo su égida para asegurar no sólo su continua expansión sino también su supervivencia y el desarrollo de la capacidad de las antaño denominadas “fuerzas productivas” para generar, reproducir y distribuir imágenes a gran escala.

El funcionamiento del arte autónomo, fuente principal de la producción de imágenes sociales, respecto al capital, se empieza a resquebrajar a mediados del XIX en Europa y America del Norte como resultado de la progresiva comercialización de los productos espectaculares. Pero será sobre todo durante el siglo XX cuando esta inclusión en los mecanismos comerciales, favorecida por las mejoras tecnológicas en su generación, copia y distribución convertirá, definitivamente, a la imagen en mercancía. La inversión en pintura especialmente y en arte en general (manuscritos, bocetos, cartas, obras...), el cine de masas, los medios de comunicación escrita, las retransmisiones por radio, las televisiones, Internet, los videojuegos, la misma literatura del best-seller, transforman lo representativo, lo espectacular, en una suculenta zona de ganancia y extracción de plusvalía.

(Observaciones anteriores)

23 de abril de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (VIII)


Idealmente, la causa principal de la emancipación de las representaciones de la soberanía del hombre es que el duplicado espectacular se ha convertido en mercancía. Antes de la era capitalista la imagen estaba, en líneas generales, fuera del circuito del capital. Era un bien común. Su valor era, ante todo, valor de uso. Sí, se vendían, compraban e intercambiaban pinturas, escritos, dibujos, narraciones... Pero la mayor parte de la producción navegaba por el mundo de la vida siguiendo los distintos usos que en él se le daba. Su valor como pieza de cambio apenas excedía de la dimensión de la distinción: figuraba en las propiedades de los privilegiados y dominadores, en las plazas, edificios y lugares de simbólica relevancia popular o en lugares de culto pero no era, prácticamente, objeto de inversión aunque lo fuera de colección. La autonomía de lo espectacular respecto al capital estaba en proporción inversa a su heteronomía respecto al sujeto.

(Observaciones anteriores)

13 de abril de 2015

Algunas observaciones sobre "la "sociedad del espectáculo" (VII)


Si el mundo ahora nos parece puro espectáculo es porque la representación ha dejado de ser sumisa y subsidiaria: es “independiente” (La sociedad del espectáculo, p43). Fronteras y diques, montañas y océanos, obstáculos artificiales y naturales han dejado de contener las “apariencias”. Los límites han sido atravesados y parece imposible volver a recluirlas, a domarlas.

7 de abril de 2015

Algunas observaciones sobre "la sociedad del espectáculo" (VI)


En aquellos tiempos y lugares, lo real no era espectáculo y el espectáculo no era lo real. En algunas de estas épocas, por contra, “la realidad surge en el espectáculo y el espectáculo es real”.

Hoy la ilusión parece dominar la mirada como cuando los magos en una Tierra Media cualquiera lanzaban hechizos o convocaban seres colosales. ¿Hemos vuelto a lo mágico? ¿O es que nunca se fue sino que se limitó a amagarse en cuevas, cobertizos y desvanes a la espera de un acontecimiento propicio? ¿O, como cuando el mundo devenía sueño y escenario, se trata del efecto de una proliferación incontrolada de representaciones?

(Observaciones anteriores)

21 de marzo de 2015

Algunas observaciones en torno a la "sociedad del espectáculo" (V)


Y, sin embargo, en otros tiempos y otros lugares, lo espectacular estaba confinado, mantenido dentro de los límites que le prescribía el individuo: era su creador y dominador y pese a que pudiera invadir las mentes y trastornarlas transitoria o irreversiblemente, excitadas por substancias naturales o simple sugestión colectiva, su reino no era de este mundo.

En el interior de su creador las representaciones moraban y podían moverse, alterarse, enredarse, complicarse, brotar y desaparecer. Fuera del sujeto permanecían fijas en marcos, en superficies pulidas y compactas (Platón) aunque también en otras quebradas y borrosas y sólo episódicamente fantasmas, espíritus, apariciones, espejismos, imágenes, copias y otras modalidades de esa especie imaginaria que está más allá y más acá de la presencia y de la ausencia, de la vida y de la muerte hasta el punto de volver a la vida lo muerto y matar lo vivo, se arremolinaban y convertían el mundo en sueño o en teatro: en espectáculo.

13 de marzo de 2015

Algunas observaciones en torno a la "sociedad del espectáculo" (IV)


Con todo, cabe oponer reparos a un relato de la emergencia de la sociedad del espectáculo que la convertiría en una novedad absoluta al resaltar el lado de la diferencia, de la brecha. Es cierto que, por ejemplo, el lugar del teatro en la Atenas clásica era el del aditamento, el afeite, algo cosmético que el corazón de la ciudad debería segregaría si hemos de creer al discípulo de Sócrates: allí sería un arrabal de la actividad humana, Sin embargo, con pocos años de diferencia, en el Asia menor helenizada, el espectáculo mistérico tenía un papel nuclear en la actividad colectiva ylo imaginario, lo mimético, lo representativo, lo fingido, devenía cosa, principio, origen, centro, ser, inmediatez.

Pero es que, además, a despecho de la inmensidad del desplazamiento y la contundencia de la desemejanza, de la alteridad, un funambulista podría recorrer el delgado pero firme cable que enlazaría la fuerza y el vigor del espectáculo en las avanzadas y complejas sociedades occidentales con su presencia efectiva y poderosa en pueblos “primitivos” como aquellos nambikwara de grato recuerdo estructuralista donde en el chamán es capaz de distinguir los adornos visibles, así como los invisibles, de cada habitante de la tribu y donde algunos de los pobladores de la región imaginaria, los espíritus de los muertos, no se limitan a aparecer entre los vivos sino que dejan su huella en su carne: golpean, agreden e intervienen en el acontecer de sus vidas de modo que puede decirse que la relación social está mediatizada por esa figura que no es ni presencia ni ausencia, ni ser ni no-ser: la imagen, lo imaginario, bien sea imaginado por el sujeto, compartido por otros sujetos o, como en estos tiempos, generado técnicamente. “El espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre las personas mediatizada por las imágenes” (Debord, p38).

4 de marzo de 2015

Algunas observaciones en torno a la "sociedad del espectáculo" (III)


Hoy día, en gran parte de nuestro mundo, el espectáculo no parece un simple acto representativo, algo accesorio, sino el núcleo mismo de la interacción: la propia realidad social.

Debord en su célebre opúsculo La Société du spectacle (1967), que lanzó a la arena mediática el concepto, ya señalaba al respecto: “El espectáculo, entendido en su totalidad... no es un suplemento del mundo real, una decoración sobreañadida. Es el núcleo del irrealismo de la sociedad real” (p39 de la trad. castellana de José Luis Pardo, 1999). Y ése sería uno de los desniveles de la orografía espectacular contemporánea comparándolo con la de otras épocas: ahora lo que representa, el signo, la copia, la imagen, el medio, no es, como para el anciano Platón, un grado inferior en la escala ontológica, una sombra de lo representado, de la cosa, del referente, del original, sino la fuente de la luz de éste. No es el evanescente ornamento de una materia densa, la excrecencia ociosa de un trabajo substante sino una fuente de substancialización, de realidad.

21 de febrero de 2015

Algunas observaciones en torno a la "sociedad del espectáculo" (II)


¿Nos alojamos en “la” sociedad del espectáculo o en “una”? ¿Es el espectáculo una característica propia de nuestras organizaciones sociales o acompaña al homo sapiens desde que tenemos constancia escrita de algunos de sus avatares?

Se podría avanzar que, en cierto sentido, toda sociedad lo es del espectáculo: de la representación, de la ficción, de la puesta ante la vista, de la escenificación, del espejo. ¿Mitos, sacrificios, oráculos, misterios, pinturas rupestres no son acaso espectáculo?

Pero si en todo grupo social hay espectáculo, ¿nada distingue el espectáculo del nuevo milenio de los espectáculos anteriores?

Mostrar que en todo agregado humano hay espectáculo no aplana las especificidades, las discontinuidades, las diferencias, en una gran carretera planetaria: entre el teatro de los antiguos griegos y los rituales chamánicos y los programas de televisión o el cine hay líneas de continuidad pero también fisuras, desniveles, rupturas.

17 de febrero de 2015

Algunas observaciones en torno a la "sociedad del espectáculo" (I)


¿Vivimos, los occidentales del siglo XXI, según la temporalización cristiana, en la “sociedad del espectáculo”? O, más modestamente, ¿tal vez en “una”? ¿No habitaríamos más bien en una “sociedad de la información” (o “informacional”)? ¿O en una sociedad “poscapitalista” o “capitalista tardía” o “posimperialista”? O, más aun, ¿en una “sociedad líquida”? Para no hablar de una “sociedad posmoderna” o una “sociedad red” o una “sociedad del riesgo” o...

La elusividad de lo complejo se aviene mejor con la concurrencia que con la exclusión: cuando los elementos que se describen no pueden ser relacionados únicamente por pares o aislados uno a uno, acostumbra a ser más útil utilizar diversos enfoques que circunscribirse a uno sólo, lo cual no quiere decir que todos sean igualmente aceptables o convenientes.


Como si fuera una partícula, la sociedad se comportaría de una manera u otra dependiendo del instrumental usado: se dejaría ver como Imperio o Espectáculo, como Capital o Red. Pero de la misma forma que una partícula no varía su comportamiento si se utiliza como medio una lupa de cinco aumentos o las cartas del Tarot como medio de descripción, el objeto “sociedad” no se modifica, ni puede ser observado como tal, valiéndose de la Tabla de los elementos o las Leyes de Stenon. Concurrencia, proliferación, multiplicidad no quiere decir ni síntesis, ni mezcolanza, ni cóctel donde “todo vale”.

Por ello, puede que sí que, en cierto modo, vivamos tanto en “la sociedad del espectáculo” como en esas otras sociedades.

27 de abril de 2013

Escribe Debord


"Con la automatización, que es a la vez el sector más avanzado de la industria moderna y el modelo en el que se resume perfectamente su práctica, el mundo de la mercancía tiene que superar esta contradicción: la instrumentación técnica que suprime objetivamente el trabajo debe al mismo tiempo conservar el trabajo como mercancía y como único lugar de nacimiento de la mercancía. Para que la automatización, o cualquier otra forma menos extrema de incrementar la productividad del trabajo, no disminuya efectivamente el tiempo de trabajo social necesario a escala de la sociedad, es preciso crear nuevos empleos. El sector terciario, los servicios, es la ampliación inmensa de las metas de la armada de distribución y el elogio de las mercancías actuales; movilización de fuerzas supletorias que oportunamente encuentran, en la facticidad misma de las necesidades relativas a tales mercancías, la necesidad de una organización tal del trabajo hipotecado." (La sociedad del espectáculo, trad. José Luis Pardo, p57)

3 de abril de 2013

Escribe Debord




 "Lukács es una espléndida verificación de la regla fundamental que sirve para evaluar a todos los intelectuales en este siglo: aquello que respetan da la justa medida de lo despreciable de su propia realidad" (La sociedad del espectáculo, trad. de J. L. Pardo, p108-109)