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9 de noviembre de 2011

Más sobre Guardiola y Mourinho


Cuando hace unos días uno se quejaba de sí mismo por preferir a la moralidad -o moralina- encarnada por un Guardiola al que admira, el teatro, la provocación o el mal gusto de Mourinho, se refería a algo parecido a lo que Manuel Vicent loa en El País de este sábado pasado en su artículo "El fútbol puede ser una moral":

"En la educación anglosajona las reglas del deporte, el fair play, se aplican luego a la vida, a la moral, a la política, a la sociedad, como forma de controlar el gen de la agresividad y del juego sucio. Pep Guardiola tiene un sentido anglosajón del fútbol como escuela de moral pública y de regeneración de los palcos de honor, donde suelen repantigarse una cuerda de mafiosos."

Bien, pues el fútbol "no debería ser una moral". Debe ser un juego y es un espectáculo. ¿Lo demás?... Poca formación filosófica y mucha astracanada. Uno se reafirma en lo que dijo.

12 de octubre de 2011

Entre Guardiola y Mourinho


La prevención y desconfianza ante el carácter ejemplarizante, en lo moral y lo pedagógico, del deporte contemporáneo pueden llevar a uno a lo que parecen paradojas, o los demás así lo consideran, cuando no a lo que semejan simples provocaciones o incoherencias.

No siendo un enamorado del fútbol uno puede evitar la tentación fanática y reconocer que el mejor equipo de fútbol que ha visto nunca junto al Milan de Arrigo Sacchi (y, por títulos objetivamente superior) es el Barça de Guardiola. No admite comparación y es una delicia verlo jugar: practican un fútbol de equipo bello, armonioso y eficaz. Estos últimos meses están jugando a un nivel "estratosférico" - que dirían los buenos comentaristas - y su entrenador es, mal que les pese a muchos, el entrenador más caballeroso, educado y decente que hay en la Liga de este país. Da igual que sea excesivo que le hayan concedido la medalla del Parlament por sus méritos: es un entrenador extraordinario y hace mucho, realmente, por situar a este deporte en el estricto marco que le corresponde.

Sin embargo, ¡ay!, a aquellos que cuando pensamos en el deporte en el estado actual de este sistema económico en nuestra civilización no pensamos en Platón sino que recordamos la Alemania hitleriana y el estalinismo, nos traen sin cuidado estas consideraciones porque no creemos en la transmisión de valores, per se, del deporte-espectáculo. Los valores, en otro sitio. La moral, también en otro. Aquí lo que hay es, ante todo, espectáculo.

Eso nos puede llevar a admirar en el básket a jugadores como Michael Jordan, Dennis Rodman o Allan Iverson más que a los "ejemplares" Magic Johnson (todo y que ¡cuánto le admiramos!), Julius Erving, Hakeem Olajuwon o Pau Gasol. O, en el fútbol americano y salvo la excepción del apolíneo e incomparable Tom Brady, al pendenciero y convicto Michael Vick sobre el intachable Peyton Manning. O en atletismo, al tramposo Ben Johnson frente al modélico Carl Lewis (aunque este estará, algún día, justo en la frontera).

Y sería esa deformación, en la modesta opinión de uno, lo que explicaría que, contra toda racionalidad, se pueda preferir a la pseudomoralidad el espectáculo, el teatro. Y así algunos disfrutemos con Mourinho y pensemos que su ausencia del panorama mediático sería mucho más sentida que la de Guardiola.

Es terrible, pero por increíble que parezca preferimos Pepe a Pep. Definitivamente aunque Pep nos parezca incluso "moralmente superior". Para hacérselo mirar, evidentemente...