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6 de marzo de 2015

Escribe Proust


"La verdadera vida, la vida al fin descubierta y dilucidada, la única vida, por lo tanto, realmente vivida es la literatura; esa vida que, en cierto sentido, habita a cada instante en todos los hombres tanto como en el artista. Pero no la ven, porque no intentan esclarecerla. Y por eso su pasado está lleno de innumerables clichés que permanecen inútiles porque la inteligencia no los ha «desarrollado». Nuestra vida es también la vida de los demás; pues, para el escritor, el estilo es como el color para el pintor, una cuestión no de técnica, sino de visión. Es la revelación, que sería imposible por medios directos y conscientes, de la diferencia cualitativa que hay en la manera como se nos presenta el mundo, diferencia que, si no existiera el arte, sería el secreto eterno de cada uno. Sólo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos, saber lo que ve otro de ese universo que no es el mismo que el nuestro, y cuyos paisajes nos serían tan desconocidos como los que pueda haber en la luna." (En busca del tiempo perdido, vol. VII, trad. de Consuelo Berges).

7 de enero de 2015

Escribe Proust


"En una época como la nuestra, cuando la creciente complejidad de la vida apenas si nos deja espacio para leer, cuando el mapa de Europa acaba de experimentar profundas modificaciones y está, acaso, en vísperas de pasar a otras mayores y hay tantos problemas nuevos y amenazadores asomando por doquiera, me reconocerá usted que tenemos derecho a pedir a un escritor que sea algo más que un ingenio sutil que nos hace olvidar en discusiones ociosas y bizantinas sobre méritos de pura forma ese peligro en que estamos de vernos invadidos de un momento a otro por un doble tropel de bárbaros, los de afuera y los de adentro." (En busca del tiempo perdido, vol. II, trad. de Pedro Salinas).

9 de julio de 2014

Cerrado por vacaciones


Tiempo escocés sobre Barcelona y días ajetreados: los últimos coletazos del curso y preparativos varios de posibles viajes, cosas de la casa, médicos, etc. Anoche uno pudo comprobar la fuerza del espectáculo: la maravillosa (y anhelada) humillación que la Mannschaft infligió a la pedante y engreída Brasil le hizo sentirse tan contento que durante un  buen rato pareció que bajo el cielo no había otra cosa que la magia de la pelota, la red, la hierba y los jugadores. ¿Poesía? ¿Filosofía? ¿Política? ¿Quién las necesita? Por suerte, la de-formación de uno contribuye a una consumición rápida de los presentes que el capitalismo espectacular nos ofrece y a última hora ya se había desvanecido el hechizo de Klose y compañía y uno se puso a concluir la lectura de Pobreza de Viktor Gómez y atender a los últimos rumores sobre el devenir político previsible en Catalunya del que ya habrá ocasión de dar cuenta en el caliente septiembre que nos aguarda.

Hasta entonces, el verano se presume de playa, dedicado a la re-lectura, y esta vez, conclusión, de À la recherche du temps perdu (los siete volúmenes en mi Kindle), a la continuación de un poemario sobre el que ya lleva uno algunos años trabajando a ratos, a algún viaje si el dinero lo permite y, en lo más inmediato, a una final del mundial que, esperemos, sea contra Holanda y, nuevamente, como en el '74, acabe con el triunfo de la Mannschaft que, más de los que uno creía, muchos desean.

Y, como cada año, es el momento de descansar de este cuaderno hasta septiembre. Que tengan todos los que frecuentan más o menos asiduamente este lugar -los que puedan- unas buenas vacaciones.