
La lectura de Tarde o temprano (Poemas 1958-2009) de Pacheco ha seguido lenta e intermitente. Un extraordinario placer en general. Un poeta de gran categoría. Sin embargo, ni él se libra, como nadie, de versos infames exigidos por la forma:
"El día agoniza a la mitad del llano.
El aire es una voz: calla y murmura.
Todo se va y se pierde sin premura.
Todo se apaga en el confín lejano."
(De Crecimiento del día)
Y yo me fumo un puro. Madre de Dios... Suerte que otras decenas de líneas hacen olvidar éstas...