19 de marzo de 2014

"El principio esperanza" (y III)


De todas maneras, más allá (y más acá) de las fuentes de la culpabilidad por una lectura incompleta quedan algunas ideas que a uno le han parecido interesantes aunque haya sido, en muchos momentos, más la brillantez y agudeza de algunas expresiones que la "explanación" sistemática o clarificadora de algunos conceptos lo que ha quedado retenido en la memoria.

El principio del inacabamiento del ser, tanto en en el plano óntico (las "cosas") como en el ontológico (aquello común a las "cosas", su "esencia") que emparenta a Bloch tanto con la tradición judía de la cábala como con el pensamiento del segundo Heidegger o de Derrida, resulta sumamente fértil para fundamentar la relevancia de lo utópico no sólo como proyecto, plan o constructo mental, sino como aspecto "esencial" de lo que es.

Lo utópico entendido al modo de futuro no dado aunque sí anticipado es constituyente tanto de la naturaleza como del hombre y la sociedad. Este carácter fundamental de lo "todavía no" mas pre-anunciado justifica y explica la irrupción de lo nuevo y descarta cualquier mecanicismo ramplón que anticipe el futuro como lo inevitable a partir de lo existente.

Si nada está dado de una vez por todas de forma inmutable, las anticipaciones no dejan de ser eso, prefiguraciones, protenciones que pueden tanto cumplirse como no cumplirse. El fin utópico del "sumo bien" podrá seguir siendo una aspiración irreductible pero su realización no está prometida en absoluto sino que el riesgo de la aniquilación, de la pura nada, tiene los mismos derechos que el logro del ideal máximamente verdadero y bueno.

De conformidad con ello y con la relación entre lo "por venir" y "lo dado" debe distinguirse entre la docta esperanza y la ilusión: sin la mediación de lo existente, lo anticipado utópicamente puede ser simple y vana ilusión y el optimismo que lo acompañe una mistificación. Sólo la aniticpación utópica a partir de lo dado, como tendencia, por ejemplo, convierte la esperanza en lo utópico en algo más que un delirio. Utopía sí pero con anclaje en lo dado, en lo real no como pura negación de lo existente.

Por último, dos notas más de aire más bien subjetivo: una positiva y otra menos.

Un aspecto secundario pero francamente interesante que convendría trabajar es la idea expuesta por Bloch, aunque sólo tangencialmente y que no se explora lo más mínimo en El principio esperanza, de que la actualización de la obra de arte es, siempre, fragmentaria, parcial, no total, ni íntegra. Se actualizan fragmentos, porciones, segmentos pero no la obra de arte en su totalidad como tal;

Otro no menos ilustrativo pero que a uno le produce auténtico disgusto: la "izquierda rosa", esa izquierda pijprogre más preocupada por los derechos civiles que por la redistribución de la riqueza y los medios de producción, bebe, y mucho, de Ersnt Bloch: demasiado...

P.S: Resulta difícil resistirse a la todavía patente actualidad de afirmaciones como estas:

"Se sabe muy bien que los hombres quieren ser engañados, pero esto no solo porque los tontos están en mayoría. Sino porque los hombres, nacidos para la alegría, no tienen ninguna y gritan pidiendo alegría. Solo esto es lo que hace a veces a los más listos ingenuos, inocentes caen en la trampa del brillo, sin que haga siquiera falta que el brillo prometa oro: puede bastar solo con el brillo. El loco con la pena es cuerdo, pero pronto el afán trabaja de nuevo, y se espera que esta vez no va a ser uno engañado" (El principio esperanza, I, trad. de p332)

Hay fuágos artificiales capitalistas muy hábiles, y no solo desde el aspecto óptico, con los cuales el mundo socialista apenas puede competir. Pero después de todas las serpentinas de fuego, coronas, bombas venecianas y la reina de la noche llega la gran cañonada, y ella es el clou como la terminación del asunto. Todo lo que el capitalismo alimenta con el happy-end, negocios como nunca, Gran Alemania, América first, incluso keep smiling, conduce a la muerte (El principio esperanza, I, trad. de p333)

17 de marzo de 2014

"El principio esperanza" (II)



Asimismo, podría atribuirse a su peculiar estilo otro de los "debe" que han influido, por lo que hace al lado del texto, en el desenlace culpable del acto de lectura fallido. Bloch tiene una prosa que los especialistas generalmente coinciden en calificar como "expresionista". Más allá de si responde a ese modelo, lo cierto es que no nos hallamos ante una obra que siga las convenciones del género: la introducción de numerosos conceptos sin definir, las ambigüedades, los pasos "alegres" entre planos y niveles, la falta de argumentaciones en momentos cruciales del desarrollo narrativo, etc., producen, al tiempo, un efecto atractivo y otro de rechazo para los lectores habituales de Filosofía: pasajes brillantes suceden a otros, forzados, en los que se echa de menos una mayor precaución en las afirmaciones; tesis estupendas preceden a otras que se malogran desde las primeras palabras; caminos sugerentes se alternan con senderos rápidamente cegados...

Y una última excusatio: la "fe" de Bloch en el materialismo dialéctico ora entrañable ora enojosa, como cuando clama contra el modelo matematizador de la naturaleza y proclama que se vuelva la vista a una ciencia "cualitativa", así como su creencia en el socialismo como fase de la historia en la cual el summum bonum se plasmará, pese a que en la época en que redacta El principio esperanza el Gulag estaba en pleno apogeo y ya habían tenido lugar las hambrunas que acabaron con la vida de millones de personas durante la colectivización, introducen una distancia que dificulta la entrega, la empatía y la preservación de ese cierto pacto de veracidad que se supone se entabla con toda gran obra filosófica.

Con todo, es seguro que en esta experiencia "culpable" tenga que ver la edad de uno y su cada vez mayor gusto por una filosofía que no oculte bajo la retórica la dificultad argumentativa. El uso del repertorio de la prosa filosófica "austro-marxista" o "frankfurtiana", tan próxima a la tradición alemana que va de Kant a Heidegger y que pasa, especialmente, por el gran renovador de la escritura filosófica, Hegel, le comienza a resultar a uno difícil de digerir en sus expresiones más tardías cuando sirve para enmascarar la falta de argumentos o, peor, la contrafacticidad vergonzante, es decir, aquel desacuerdo con la tozuda realidad que no se quiere aceptar pues se está hablando de una "auténtica" realidad, eso sí pertinazmente esquiva a la percepción. Es, también, por ejemplo el caso de Adorno o de la mayor parte de epígonos postestructuralistas cuyos restos de serie invaden los tratados de pedagogía innovadora (María Acaso).

Eso no quiere decir que la argumentación y la escritura roma y chata de un Quine o un Davidson sean, ahora, el modelo que uno desearía seguir mas entre la charlatanería presuntuosa y oscura y el simple dar cuenta de los hechos al modo del sentido común hay un término medio.

16 de marzo de 2014

Tiempos desquiciados


Es difícil saber si el bueno de Derrida pensaba en algo más que el tiempo histórico o el tiempo en sí mismo, en su temporalidad, cuando escribía a propósito de Shakespeare que "el tiempo está trastocado acosado y trastornado, desquiciado, a la vez desarreglado y loco. El tiempo está fuera de quicio, el tiempo está deportado, fuera de sí, desajustado" (Espectros de Marx, trad. de José Miguel alarcón y Cristina de Peretti , p31). Pero si hubiera estado esta mañana aquí, en Barcelona, no cabe duda de que habría pensado en muchos más sentidos de ese "tiempo desquiciado" y hubiera incluido el meteorológico. 

Hoy, una mañana de final de mayo en pleno marzo. Así y no de otra manera. Los ciclámenes y los crisantemos, que continuaban radiantes, esta tarde mostraban los primeros signos de decadencia y, por contra, las glicinas parecían haber tenido suficiente calor y luz como para que sus incipientes capullos dejaran de serlo en pocas horas y se desarrollaran a velocidad acelerada de filmación: irreales. 

Tiempo fuera de sí: final de la primavera cuando aun no se ha iniciado...

15 de marzo de 2014

La llegada del cartero


Cuando el cartero llega con libros uno siempre experimenta una alegría infantil. Ayer por la mañana coincidieron la llegada por correo normal de un paquete postal y otro certificado y poco después de un paquete azul mucho más tarde que de normal, justo cuando acababa de llegar a casa después de una reunión con el tiempo justo para elaborar la minuta antes de hacer la comida: una auténtica fiesta del libro por correo.

El paquete postal contenía dos libros de Eduardo Moga que ha tenido el detalle de enviarme: La pasión de Escribil y una selección de Poemas que leyó en Badajoz el 29 de noviembre de 2012 en el marco del programa de Aulas Literarias de la Asociación de Escritores Extremeños en el cual espero que algún día me incluyan... Ojalá pueda hincarles el diente más pronto que tarde. Gracias Eduardo.

El paquete certificado contenía una edición de El secreto de Joe Gould de Joseph Mitchell, libro descatalogado y que resulta difícil de encontrar, del que tuve noticia gracias a Víctor Balcells y sobre el que he de escribir una colaboración para una publicación periódica digital.

Y la joya vino con el envío de paquete azul que no trajo el bonachón repartidor habitual sino un corpulento mensajero: Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes. Tras más de un año y medio de paciente búsqueda apareció una edición a un precio asequible (10 euros) que no resultó ser un fraude y aquí está, sobre mi mesa, con la foto de Tony de la Guardia disparando un AK-47. El libro se vende por no menos de 125 euros en Amazon y en las librerías especializadas en segunda mano que he visitado pero no haré negocio con él. Ochoa, De la Guardia y compañía serán leídos y se quedarán en el estante correspondiente donde hace muchos meses que deberían haber reposado.

14 de marzo de 2014

"El principio esperanza" (I)


No faltaría a la verdad si dijera que la lectura de El principio esperanza ha llegado a su fin tras casi dos meses de entrega. Dicho así, sin embargo, pasaría por alto un detalle: la finalización no ha obedecido a la linealidad de una lectura a la vieja usanza.

Uno, desde pequeño, fue educado en la sacralidad del libro y en el respeto al imperativo (ético y estético) de su experiencia totalizadora: el libro tiene un inicio y un final y ni debe ser abandonado sin haberlo concluido íntegramente, ni se han de esquivar aquellos fragmentos que resulten más complejos, difíciles o poco atractivos, ni mucho menos han de seleccionarse, con criterio utilitarista ramplón, aquellas partes que sean de nuestro interés en detrimento de las que carezcan de él.

Tan sólo durante la carrera y la posterior dedicación a la investigación filosófica se vulneró este principio con la bibliografía secundaria de apoyo. El riual academicista de las Humanidades en España, muy influido por un cierto espíritu filologista, requería la acumulación de citas y referencias que mostraran la probidad de las afirmaciones a demostrar mediante el criterio de autoridad y el cumplimiento aproximado del requisito de exhaustividad. Todos lo hicimos durante años: picoteábamos en esa bibliografía de repertorio y extraíamos lo que nos convenía. Hacíamos zapping en la Historia de la Filosofía. Mas siempre hubo un límite: las Grandes Obras.

Tal vez por ello uno se siente incómodo además de vagamente culpable: ha leído casi al completo - se ha saltado los capítulos 27, 28 y 29 de la III parte - el volumen primero y, más o menos, las 3/4 partes del tercero de la obra de Bloch pero ha ignorado el segundo. Por tanto, ha escarbado y funcionado como si estuviera ante una suerte de Pauly-Wissowa. Y algo de ello puede que haya y que sea el carácter enciclopédico del texto de Bloch una de las causas del acto culpable de no haber leído íntegramente El principio esperanza. La acumulación de referencias literarias, pictóricas, musicales y artísticas en general que salpican el desarrollo de las tesis fundamentales, producen una impresión de acumulación, de mercado, de zoco, en el que no se acaba de ver suficientemente si las atiborradas apelaciones obedecen realmente a la lógica expositiva o sólo al impresionante acervo cultural que atesora, en la más pura tradición del conocimiento como Bildung, el filósofo alemán y que son introducidas aleatoriamente con propósitos ilustrativos y ejemplares.

13 de marzo de 2014

El primer libro de poemas de Esteban Gutiérrez, "Baco"


Esteban Gutíerrez, "Baco", me envía por correo la noticia de la publicación y presentación de Ardimiento, su primer libro de poemas que recoge todos los que ha escrito - y reescrito - durante los últimos trece años. No cabe más que alegrarse, desar que la presentación sea un éxito y esperar que ahora que se ha cerrado El principio esperanza y he abierto Entreguerras de Caballero Bonald, el primero de la larga lista de pendientes que se acumulan en la zona izquierda del escritorio, la lectura de poesía vuelva a encontrar su espacio con la suficiente intensidad como para poder leerlo pronto.

Dice Esteban acerca del libro y la presentación:

"Querido amigo:

Es una gozada poder anunciarte la presentación de este libro de poemas llamado Ardimiento. Y lo es porque nunca pensé que llegaría el momento de ver publicado algo de mi poesía y, desde luego, nunca en un formato tan bonito, tan esférico  y con tantas manos dedicándose a darle valor añadido.

Porque Ardimiento contiene una selección de mi poesía y abarca desde aquel primer poema titulado “Cosas que de verdad importan” (2001) hasta la actualidad. Ardimiento más que un poemario es una breve antología poética. Y mi aportación al libro concluye en donar una cuarta parte de vaciamiento para este proyecto literario.

Luego llegó Gsús Bonilla, que se encontró con un cuaderno llamado No te cortes y, con los mismos ladrillos, construyó una casa, con sólidos muros y ventanas que miraban hacia dentro, hacia el calor y la luz que nos anima a vivir, y hacia el rugido de tripas que nos fuerza a protestar, y hacia el ano dolorido de tanta mala follá que nos están dando.

Y todo lo vistió de imágenes Quino Romero, con sus collages imposibles que fomentan la imaginación, como los juegos surrealistas de los atraídos por el sueño. Y la llama, moradísima, del pebetero de la ira, y la misma llama violeta en la antorcha del amor y la amistad, y la misma y poderosa llama en el pecho del ser errante que deambula por el bosque o vaga por las atestadas calles de la ciudad.

Y aquello, que ya es algo sólido, palpable, lo ordena Rodrigo Córdoba, lo da sentido, lo mira antes siquiera de poder ser visto para transformarlo en libro, con sus hojas numeradas y su aspecto de pájaro de fuego. Y, en el taller  de Peña Ubiña en Vallekas, monta portadas y contras de basto cartón, tinta los sellos y humedece las vistas con una buena dosis de felicidad. Eso sí, con crudos remaches de acero que nos anclan en la realidad.

Así que no se presenta un poemario, se presenta una esfera, algo que no tiene comienzo, ni final, y ni a uno y ni a otro se les busca. Algo difuso producto de muchos corazones, llamémosle energía, llamémosle vida, llamémosle esperanza, llamémosle fuego.

Porque en Ardimiento un ser llamado Bacø, que me posee y hace feliz a ratos, escribe sobre el papel retazos de su alma, tan oscura y atormentada como la de cualquiera, y tan inquieta, tan vehemente y visceral, tan sumamente humana, que es posible que la lectura transmita el calor del alma.

Ojala se extienda la llama. Ojala me puedas acompañar.


Jueves 20 de marzo
21:00 horas

Presentación de
ARDIMIENTO
Antología poética de
Bacø
en
LA INQUILINA
calle Ave María, 39
(Metro Antón Martín)


Poetas invitados:

Gsús Bonilla,
Aranxta Oteo,
José Naveiras,
Quino Romero,
Diego Lebedinsky
y ++++"

12 de marzo de 2014

Crónica de la Nueva Edad (12/03/2014)


Días de ensoberbecimiento para los nacionalistas españoles y de inquietud para los secesionistas. Por un lado, Moody's certifica que los grupos dominantes de la economía financiera prefieren no especular con una Catalunya independiente hasta dentro de, como mínimo, tres años. En ABC lo leen, por lo que uno ve, con la nitidez objetiva del fanático: "Moody's piensa que jamás habrá una Catalunya independiente". ¿Aplicación del principio de inducción?

Por otra parte, el inequívoco pronunciamiento de las llamadas "cancillerías occidentales" contra la "secesión" de Crimea a través de la convocatoria de una "consulta ilegal", ha dejado descolocados a algunos de los medios nacionales patrióticos que no saben, sencillamente, cómo abordar el asunto: unos optan por no dedicarle demasiado tiempo y centrarse en la tensión militar (caso de la Televisió Nacional); otros, simplemente, lo ignoran (caso del periódico Ara que prefiere titulares del estilo "La UE evita el xoc amb Rússia"); y muchos tertulianos secesionistas coinciden en insistir que no se pueden establecer correlaciones entre ambos casos pero no pueden evitar aceptar que, cuanto menos, pese a ello el contencioso de Crimea es un "factor de distorsión" de sus expectativas.

No acudirá uno a la incomparabilidad de la situación en Crimea con la de Catalunya pues esa lógica invalida cualquier comparativa: las hay más ilustrativas y las hay menos. Tampoco a que Moody's simplemente no sitúa la posible independencia en el escenario más inmediato de los próximos dos o tres años sin descartarla como imposible. Vale más ampararse en la prudencia ante la volatilidad de la situación internacional en esta época de crisis estable del capitalismo financiero: aunque las alianzas geopolíticas tienen una duración que se sustrae, en ocasiones, a la lógica del corto plazo, no lo hace a la del modo de producción que las regula y está por ver que, en unos años (tal vez pocos), a ciertas potencias europeas o al mismísimo Imperio no le convenga tensar la situación en la península ibérica y dar alas a aquellos a los que ahora desprecian. Tiempo al tiempo...

Sacar tanto pecho no es aconsejable...

11 de marzo de 2014

9 de marzo de 2014

"Otro" viaje a Italia (IV): la Torre Inclinada



17 de julio de 2012. Segunda parte.

No fuimos, con todo, capaces de pagar la rigurosa entrada para subir a la Torre Inclinada y padecer el vértigo por nosotros mismos. Demasiada gente como para combinar agorafobia y miedo a las alturas que, en proporciones moderadas, sufrimos en alguna medida todos menos Clàudia. Nos contentamos con pasear por la plaza y contemplar el efecto de la blancura de las construcciones contra el cielo azul de julio y, en el caso de uno, imaginando cómo debía ser verla en el siglo XIX.

Por unos segundos se produjo un vacío en la aglomeración que casi nos proporcionó una vista completa del Duomo libre del gran hormiguero turístico. Quizás como debieron contemplarlo aquellos ilustrados que, en tiempos de Goethe, consideraban Italia como la "nueva Jerusalén" (Viaje a Italia, trad. de Fanny G. Garrido, p462). "Casi" porque fue más un deseo que una percepción real. Fueron unos instantes breves e insuficientes para recuperar el mito del monumento emancipado del turismo masivo pero sucedió: de repente ante los ojos de uno apareció algo así como la quintaesencia del turista y viajero burgués que en el Viaje... del poeta alemán se retrata ejemplarmente en Verona cuando camina en la más completa soledad por el borde superior del anfiteatro de la ciudad.

No obstante, si uno lee atentamente el relato de Goethe puede constatar que este ideal de la observación solitaria y única, de la "primera y solitaria visión", no ha dejado de estar siempre amenazado incluso en la época de su acontecer. Así, como él mismo indica, unas jornadas más tarde de su paso por Verona, ya en Roma, "la multitud, en efecto, apenas dejaba reparar en las piedras de la arquitectura" (p158) de la iglesia de Santa Cecilia. Cierto que se oficiaba un acto religioso pero incluso en el momento de la institución del ideal la relación inmediata e inyectiva entre el viajero y su objeto, la sombra de la interposición de los otros ya aparece.

En cualquier caso, la añoranza del "viaje burgués" no debería hacerle olvidar a uno que, muy probablemente, de haber vivido en aquella época más bien hubiera sido un palafrenero que un viajero y que poco hubiera visto más que rocines, posadas y polvorientos senderos cargado hasta los topes.

7 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero, Alain Resnais, Paco De Lucía


Tras resistir todo lo posible la fuerza, el peso, de lo evidente se ha impuesto: aunque uno quiera hacer oídos sordos, las figuras que cimentaron una parte de su educación sentimental, pues eso a fin de cuentas han sido, ese papel han representado en la vida del que escribe, van desapareciendo y no estoy testimonio de ello.

En su momento murió, por ejemplo, Robin Gibb (1949-2012) y la nota que le iba a dedicar quedó como borrador de este cuaderno para desaparecer finalmente. Hoy, al pensar en este tema, no recordaba exactamente cuándo falleció aunque en mi memoria no se haya desvanecido su papel en la formación de mi criterio musical: sin él no habría llegado, probablemente, a apreciar a Brahms, Schubert o Fauré ni mucho menos a ser capaz de escuchar el Cimarrón de Henze. Así pues, abriré este espacio testamentario a esas muertes que, sin suprimir la figura, que sigue desempeñando su papel en los muchos escenarios en que la conciencia de uno se representa el mundo, sí han aniquilado al ser humano que había tras ella. Y siempre recordando las palabras de Foucault sobre Nietzsche: "Lo que encontramos en el comienzo histórico de las cosas no es la identidad aun preservada de su origen, - es su discordancia con las otras cosas -, el disparate (...) el comienzo histórico es bajo. No en el sentido de modesto, o de discreto, como el andar de la paloma, sino de irrisorio, irónico, el apropiado para deshacer cualquier vanidad" (Nieztsche, la genealogía, la historia, trad. de José Vázquez Pérez, p19, 20): en plata, antes de Schumann estuvieron los Bee Gees.


Ayer murió Leopoldo María Panero (1948-2014). Supe de él, como tantos otros de mi generación, por El desencanto de Chávarri y gracias a esta película fue el primer poeta del que compré un libro por auténtica curiosidad y algo de deseo, no por imperativo escolar.

Unos días antes había fallecido Alain Resnais (1922-2014). Mon oncle d'Amérique fue una de las películas que nuestros profesores nos llevaron a ver, allá por 1981, en la sala de la asociación Drac màgic. Imposible olvidarla como tampoco el Molière de Ariane Mnouchkine que vimos también por aquellos meses. Casi con toda certeza fue uno de mis primeros contactos con el cine europeo y a partir de aquí Resnais formó parte del repertorio del que se nutrió buena parte de la cultura cinematográfica que atesoro. Después de Mon oncle d'Amérique llegarían, sobre todo, Nuit et brouillard, La Guerre est finie, L'Année dernière à Marienbad, Providence y la tardía On connaït la chanson. Menos, mucho menos, Hiroshima mon amour.

Y la semana pasada, también desaparecía Paco de Lucía (1947-2014), cuyo Entre dos aguas, sonaba constantemente en la radio ese mismo año, 1981, en el que además leía Pequeñas alegrías de Hermann Hesse y tarde sí tarde también paseaba por el único parque que, en rigor, había en mi barrio: el parque de la Guineueta.

De Leopoldo María Panero dejo aquí su "Himno a Satanás"
"A Belfegot, dios pedo o crepitus
Tú que modulas el reptar de las serpientes
de las serpientes del espejo, de las serpientes de la vejez
tú que eres el único digno de besar mi carne arrugada,
y de mirar en el espejo
en el que solo se ve un sapo,
bello como la muerte:
tú que eres como yo adorador de nadie:
ven aquí, he
construido este poema como un anzuelo
para que el lector caiga en él,
y repte
húmedamente entre las páginas.

Los pájaros vuelan sobre tus ojos
y la calavera de un caballo dibuja la silueta de la mentira
de la mentira de Dios en una habitación a oscuras
donde vuelan los pájaros".

6 de marzo de 2014

Desasosiego y poesía


Días presididos por un desasosiego con múltiples orígenes y que ayer se condensó, desplazándose de aquellas raíces más vinculadas al paso del tiempo, la afectividad, el auge de totalitarismos y el retroceso general de la Ilustración, los conflictos identitarios o la muerte de los seres queridos, en uno que los podía resumir todos como cualquiera de ellos podría haberse trocado en tropo de los demás: la probabilidad del próximo colapso de la economía mundial a causa de haber alcanzado y superado el peak oil (el cénit en la producción de petróleo).

El otro día, en su cuaderno, Jorge Riechmann citaba una contribución de Antonio Turiel quien advertía al respecto que "es difícil exagerar la gravedad de lo que está pasando. Si no se produce un golpe de mano por parte de los Gobiernos, esta desinversión que acaba de comenzar provocará que en un plazo de menos de dos años la producción de petróleo pueda caer abruptamente de entre un 10 y un 20% respecto a los valores actuales, y para 2020 no quiero ni pensar dónde podemos acabar (me temo que la AIE se centra en un escenario optimista dado el movimiento actual). Eso va a hacer que la actual crisis económica entre en una fase completamente nueva, comparada con la cual lo de ahora nos parezca simplemente caricias".

Como en su día las predicciones de Niño Becerrra, algunas de las más lacerantes de las cuales se cumplieron, estas anticipaciones parecen suficientemente fundamentadas y no dejan de provocarme dolores de cabeza metafóricos y reales. Cierto es que a uno le sigue desagradando la retórica apocalíptica y más mientras se está leyendo en estos momentos a Bloch: "Incluso
la derrota de lo bueno deseado sigue encerrando en sí su posible triunfo futuro, en tanto que en la historia y en el mundo no están agotadas todas las posibilidades del cambio y del hacerse mejor; en tanto que lo realmente posible, con su proceso dialéctico-utópico, no se ha fijado en su final" (El principio esperanza, trad. de Felipe González Vicen, vol. I, p229). Con todo, el seguimiento desde hace bastantes meses de los trabajos de Antonio Turiel y de los debates entre "optimistas" y "pesimistas" al respecto, ha hecho que dilucidar siquiera provisionalmente la situación no pueda ser eludido.

Uno está lejos de llegar a ninguna conclusión provisional pero sí preocupado porque el mensaje catastrofista parece más fundamentado que el optimista. Hasta ahora uno acudía a recordar la letanía de la próxima consumición de las reservas petrolíferas que, periódicamente, surcaban los medios de comunicación allá por los setenta y los ochenta que se mostró como menos fundada de lo que parecía. También al hecho, que hay que reconcoer que todavía no he podido contrastar suficientemente, de que el primer teórico del peak oil, Hubbert, situaba el citado pico en los Estados Unidos entre 1965 y 1970 y parece su previsión no se cumplió del todo. Asimismo, la esperanza en las energías renovables y la mínima picardía, propia del sentido común, de que las grandes corporaciones petroleras no van a dejarse arrastrar a una espiral de pérdidas y autodestrucción, contribuían a mitigar la fuerza de los apocalípticos.

Sin embargo, sin necesidad de compartir el milenarismo de estos, leer el informe Hirsch, encargado por el mismo Departamento de Energía de los Estados Unidos no invita precisamente al optimismo aunque no avale, forzosamente, un colapso absoluto y catastrófico del capitalismo.

No es que la cuestión esté abierta, que lo está. Es que se está escorando hacia las previsiones menos tranquilizadoras...

Y mientras, la poesía en los anaqueles y la mesa del escritorio, esperando un poco de calma que sigue sin llegar...

5 de marzo de 2014

David González da cobijo a "Las vidas de las imágenes"


En su cuaderno, mi querido David González, ha escrito una primera entrega sobre Las vidas de las imágenes y ha dejado dos poemas, "Alien" y "Mediterráneo", así como algunas de sus impresiones y reflexiones sobre el poemario. Gracias David.

4 de marzo de 2014

Crónica de la Nueva Edad (04/03/2014)


La objetiva proximidad entre nacionalistas catalanes y españoles es tan obvia que no vale la pena incidir más en ella. No obstante, sobre la íntima solidaridad en lo que llaman "el proyecto de país" de los grupos gobernantes patrioteros en ambos, hay que continuar insistiendo. Unos y otros quieren perpetuar el modelo productivo cortoplacista de un país de "putas y camareros".

El detestable Zapatero intentó, al menos, salirse del guión con aquella Ley de Economía Sostenible en los postreros tiempos de su mandato pero ya era demasiado tarde y, sobre todo, requería de un pilar que, justamente, su partido había quebrado por generaciones con la LOGSE y luego con su epígono, la LOE: una educación pública de calidad. No por casualidad, la ley incorporaba una tímida reforma de los aspectos más desquiciados de la LOGSE-LOE, como por ejemplo, la introducción de unos "ciertos" itinerarios en la ESO o los mecanismos para facilitar la incorporación de los "objetores escolares" a Programas de formación específicos en cierto modo exteriores al sistema educativo "normal". Mas ¿cómo cambiar un modelo productivo cuándo has condenado a la ignorancia y la descualificación a centenares de miles de ciudadanos durante casi dos décadas? ¿Qué innovaciones y desarrollos tecnológicos y culturales podían realizar cuando a duras penas sabían leer modestamente y escribir aun peor al concluir la secundaria obligatoria?

Ahora el PP, como la mayor parte del PSOE y casi todos los partidos del arco parlamentario, aspira a recuperar la economía en los mismos términos productivos de siempre (para no delirar acerca de cualquier tipo de redistribución que vaya más allá de nominales reajustes impositivos).

¿Y en la Catalunya proyectada independientemente? Si hiciéramos caso a los noticiarios de la Televisión Nacional que estos días, en algunas ocasiones, llegan a dedicar más de un tercio de su tiempo al Mobile World Congress y a mostrar cuán avanzada y punta será la economía de la Catalunya libre, nos llevaríamos una impresión equivocada. El modelo es el mismo. Barcelona, business city, funciona bajo el mismo esquema de "putas y camareros" que España: una élite sin contacto alguno con la realidad de la ciudad que habita en ese "espacio de flujos" del que hablaba hace años Manuel Castells y una ciudad a su servicio que vive las incomodidades generadas por las restricciones de tránsito y la presencia masiva de policías, observa las flotas de limusinas y coches de empresa, alcanza a ver grupos de ejecutivos saliendo y entrando de hoteles y participa con los servicios que le corresponden en este evento, la hostelería y restauración, de las cuales sí que se muestra orgullosa nuestra Televisión Nacional. Eso sí, de la otra "pata" de los servicios nuestra Televisión Nacional no dice ni palabra vaya a ser que el alma monjil de los políticos que nos han lanzado a la libertad se irrite. Ha de ser Telecinco quien, siempre tan objetiva y poco sensacionalista, se haga eco del colapso de los burdeles de la ciudad, de la llegada de cientos de jóvenes prostitutas para cubrir la demanda de los lupanares más selectos de Barcelona y de las docenas de esculturales jóvenes que merodean por los alrededores de las instalaciones de la Feria Tecnológica del Futuro para ofrecer lo que este país tiene a bien ofrecer: el llamado Oficio Más Antiguo.

"Putas y camareros" para España, "putes i cambrers" per a Catalunya.

2 de marzo de 2014

Agustín Calvo Galán da cobijo a "Las vidas de las imágenes"


Agustín Calvo Galán, que siempre ha recibido con particular cariño los textos de uno, deja constancia en su excelente cuaderno, frecuentado por uno también con placer, de su lectura de Las vidas de las imágenes. Gracias Agustín.

1 de marzo de 2014

Crónica de la Nueva Edad (01/03/2014)


El miércoles, dos momentos que invitaron a un optimismo momentáneo por lo que hace al conflicto en Catalunya. Todo, como se empeña en argumentar Ernst Bloch, podría ser de otra manera aunque él mismo advierta que la esperanza debe ser fundada para no ceder a la ilusión.

Por la mañana, desayuno con J., un editor al que uno conoce desde hace más de veinte años y en cuya editorial esperaba poder publicar la traducción catalana de Del Tercer Reich lo cual, dicho sea de paso, no será posible: tiene por norma ni encargar ni publicar traducciones del castellano pues considera, con acierto, que todos los catalanes dominan el castellano como para acceder a los originales en esta lengua y que este bien se ha de preservar. J. "siempre" ha sido comunista e independentista: pude constatarlo en largas y arduas discusiones hace años en las que uno se empeñaba en mostrar la radical contradicción entre nacionalismo y marxismo y él se obstinaba en mostrar su complementariedad. No se ha movido un ápice en sus convicciones y discrepa del analisis que se hace en estas páginas: cree que Mas y las élites no han estado nunca por la independencia pero se han visto desbordadas por un movimiento cuya dinámica generaron inicialmente para forzar una negociación al alza con España pero que ya no controlan. Son prisioneros "de la gente". Igualmente piensa que la izquierda, que él no identifica con la "realmente existente" ni con los "profesionales de la revolución" sino con una izquierda difusa que no ha erigido nuevas estructuras políticas, no hace de "tonto útil" sino que, en realidad, dirige el movimiento. Es firme partidario de la celebración de la consulta sea como sea, saltándose la legalidad si es preciso, pero tiene claro que, una vez pronunciada la ciudadanía y aceptado el resultado, sea cual sea, aunque uno piensa que consideraría que si la opción triunfadora fuera el "sí" con el 50,1% de los votos habría suficiente, sería el momento de empezar unas negociaciones que podrían conducir desde la secesión total hasta un estado federal o confederal. No descarta ninguna opción. Asimismo, tiene claro que le gustaría disponer de la doble nacionalidad, que la lengua castellana es, también, patrimonio de Catalunya y debería ser cooficial, que los lazos entre ambos países exigen alguna forma de estrecha asociación aunque, por principio, libre y que, para España, la posible secesión sería la oportunidad de romper con un modelo de estado y sociedad fallido.

No obstante, cuando la conversación deriva a las condiciones que pone Europa con su rechazo a la independencia de Catalunya, abordamos la crisis capitalista. Duda, como uno, que nos encontremos en los estertores del capitalismo, como el bueno de Eudald Carbonell afirmaba ayer en el programa de Andreu Buenafuente o tantos otros insisten en concluir a la vista del previsible colapso energético de la próxima década. Con todo, tiene claro que esta crisis de reestructuración se llevará por delante muchas vidas y causará mucho sufrimiento, como ha pasado con las anteriores crisis capitalistas de larga duración. Convergimos, poco antes de separarnos, en que en la disyuntiva "comunismo o barbarie", el segundo par tiene todas las de ganar en el momento actual. No fue, sin embargo, una despedida amarga. El pesimismo no exime de la acción. Al revés, obliga a ella.

Ese mismo día, por la tarde, uno tuvo ocasión de leer algunas opiniones de Antonio Baños que considera que la rebelión catalana es lo mejor que le puede haber pasado a España pues abre un escenario deseado por la verdadera izquierda: la ruptura, por fin, con el modelo de la transición y la destrucción del régimen de la Constitución del 78, con su monarquía y su falta de reconocimiento de la plurinacionalidad del estado español. Escribe Antonio: "Nosotros marchamos con el mensaje hacia los otros españoles de que les esperamos. Los catalanes nos piramos de este Reino de Zarzuela con la confianza de que pronto lo harán los otros. "Pero estoy seguro de que la mayoría de catalanes no quiere salir de España: quiere salir de esta España, que no es lo mismo. Pero es que de  esta España somos muchos los que queremos salir". Eso escribía Isaac Rosa, que es una buena persona, después de la Diada del 2012 en eldiario.es. Y es esta una idea que encuentro especialmente excitante: hacer de la República Catalana un tema de orgullo y un refugio para todas las fuerzas de la España rebelde que también quieran, como nosotros, huir de la monarquía carca y del régimen setentayochesco."

Su mensaje se parece mucho al que he respirado en mis últimas visitas a Madrid: no hay apenas oposición a la celebración de un referéndum y sí más bien la esperanza de regeneración democrática que una amenaza real de secesión podría provocar.

Confluencia en muchos aspectos entre J., un independentista y comunista catalán y mcuhos izquierdistas españoles. Un soplo de aire puro y esperanza. Lástima que uno tenga claro que tanto allí como aquí estas posiciones son minoritarias y que ambos nacionalismos están encabezados por etnicistas bien camuflados de la peor especie.

Cuando llegue "la hora de la verdad" J., Antonio y mis amigos madrileños, así como uno mismo, seremos conminados a guardar silencio y cobijarnos en un bando, otro o ser despreciados por ambos. La buena voluntad, la prudencia, la tolerancia, el sentido crítico... Todas esas viejas virtudes que sólo profesa una minoría serán arrasadas por el flamear de las banderas y el griterío de una chusma enardecida por las élites políticas, mediáticas y económicas que permanecerán en sus mansiones viendo por televisión el espectáculo que se desencadenará. ¿Cuánto tardará?

Siente uno ser tan cenizo. Ojalá me equivoque y el complejo de perfectus detritus sea sólo un mal hábito...

28 de febrero de 2014

"Otro" viaje a Italia (III): Wallace Stevens y Pisa


17 de julio de 2012. Primera parte.

Por uno de esos lapsus con motivos fundados más allá de la falta de concentración, al despertar me viene a la memoria un fragmento de un poema de Wallace Stevens que creo dedicado a Firenze. Recuerdo, más o menos, más menos que más en realidad, los versos "La vida de la ciudad nunca reposa. Tú no lo quieres. / Eso es parte de la vida en tu cuarto. / Sus cúpulas son la arquitectura de tu lecho.". Oigo los gritos de los operarios y paletas que rehabiltan un edificio cercano y contrapongo la presunta quietud de las cúpulas de Stevens al ajetreo que sacude mi modorra. ¿Será así a partir de ahora? ¿Una continua frustración de expectativas literariamente construidas? ¡Son las ocho de la mañana!

No será hasta que ponga orden a estas notas que me aperciba que el poema de Stevens habla sobre Roma y no sobre Firenze y que el fragmento que recordaba decía así:

"(...)
Y tú, tú eres quien lo habla, sin articularlo,
las sílabas más excelsas entre las cosas más excelsas,
el invulnerable entre rudos capitanes,
la desnuda majestad, si lo prefieres, de los arcos
de nidos de pájaros y bóvedas salpicadas por la lluvia.

Los sonidos penetran. Recuérdanse los edificios.
La vida de la ciudad nunca reposa. Tú no lo quieres.
Eso es parte de la vida en tu cuarto.
Sus cúpulas son la arquitectura de tu lecho.
Las campanas repican sin cesar nombres solemnes
en coros y coros de coros,
negándose a que la misericordia sea un misterio
del silencio, y a que cada soledad del sentido
pueda darte más que sus peculiares acordes
y las reverberaciones adheridas en un susurro (...)"

("A un viejo filósofo en Roma", trad. de Alberto Girri).

Tras desayunar con el ruido de los andamios empezamos lo que será nuestro recorrido por el interior de la Toscana por carreteras secundarias hasta Lucca y Pisa. Estaba pensado un camino por rutas principales más rápido y eficiente pero, como de costumbre, entre la ineptitud de uno y la del GPS acabamos realizando un largo itinerario que embellecimos gracias a la percepción de que estábamos efectuando un auténtico viajecito por la Toscana cinematográfica: la de los caminos de cipreses, viñedos, bosques y pequeños pueblos.

Desde Firenze a Pisa logramos cumplir el plan de viaje trazado por Google y el navegador. Ya en Pisa hubimos de aparcar en las afueras y coger un autobús para acercarnos al Duomo: pese a que habíamos llegado relativamente temprano, la ciudad hervía de autobuses y turistas cuya densidad se hacía más sofocante cuanto más nos acercábamos a la Torre. Al pasar bajo la muralla que da entrada al complejo, la Torre, no demasiado majestuosa a la primera mirada, se mostraba rezumante de visitantes: como un tronco devorado por miles de termitas. A los pies del Battistero de Sant Giovanni decenas de turistas tomaban el sol sobre la hierba en pequeños grupos. Por el camino que llevaba al monumento resultaba difícil caminar entre los que se apiñaban en torno a las tiendas de souvenirs, los que se arremolinaban alrededor del o la guía de rigor y todos aquellos que, subidos en los pequeños pilares que festonean la acera izquierda separándola del césped, se tomaban la rigurosa fotografía que simula al protagonista sosteniendo la Torre inclinada. Clàudia fotografió esa serie que ofrecía casi más interés que su ya conocida silueta: ese perfil que aprendimos de pequeños y que muchos de nosotros llevamos grabado en nuestro recuerdo, resultaba, en buena lid goethiana, corresponderse casi exactamente con el objeto real.

26 de febrero de 2014

El prólogo que Manuel Fuentes escribió para "Filosofía de la minucia"


Hace unos meses dejó uno por aquí los prólogos que escribieron Antonio Orihuela y Carlos Piera para Las vidas de las imágenes y Del Tercer Reich respectivamente. No lograba encontrar la redacción original del que Manuel Fuentes escribió para Filosofía de la minucia. Es probable que el amargo regusto de la experiencia de la publicación en Bartleby fuera seguido de una serie de actos fallidos de represalia entre los cuales estaba la desaparición del prólogo. En fin...

Sin embargo, esta semana, rastreando en discos duros antiguos por motivos de trabajo, he encontrado el original perdido del cual dejo aquí constancia. Gracias Manolo.

"Fundar una poética supone un transitar de ida y vuelta entre el mito y el logos, entre una sombra y la sombra de otra sombra; supone establecer provisionalmente desde la especulación, en su significación etimológica, un triple diálogo entre las voces que construyen el texto. Filosofía de la minucia, de J. Jorge Sánchez, explicita ese proyecto desde el poema liminar, cuyo título, “Del mito al logos”, construye el proceso. La creación de una estirpe en la que apenas hay un nombre y el número de una calle porteña son las únicas marcas referenciales de la voz sin nombre de la ficción de una mujer cuyo monólogo dramático –lejos de los tonantes Browning o Cernuda, y próximos a la despersonalización de Alberto Girri y Alejandra Pizarnik- viene a ser la estrategia para inquirir minuciosamente el stream of consciousness de esa ficción textual. El símbolo del Graf Spee hundido en el Río de la Plata –inevitable recuerdo, por otra parte, del excelente libro anterior del autor, Del Tercer Reich- opera como mito de ese dark continent sepultado en las aguas y en la mente de una mujer anónima. Y de esa deep grammar, de ese Graf Spee, varado en la ciénaga del mar de la memoria leeremos manchas, imágenes de aceite que la superficie de las olas –de los textos- arrojarán a la playa de la conciencia del lector. Filosofía de la minucia, título que inevitablemente evoca la Filosofía de la miseria de Proudhon, funda la voz de una mujer desposeída y rota que se afianza inestablemente en la batalla del lenguaje, en los fragmentos de una poesía de la conciencia que unifica el proceso de la escritura. “Considerar la imaginación como metafísica –afirma Wallace Stevens- es pensar que constituye una parte de la vida, y pensar que constituye una parte de la vida es comprender una parte del artificio. Vivimos en la mente” Pensar y poetizar se resuelven finalmente formas nominales distintas de un mismo proceso en el que Heidegger –“Todo poetizar, en sentido amplio, es en su fondo un pensar”- está permanentemente presente; así, en el poema “Ser y tiempo. Martin Heidegger”, uno de los textos centrales del libro desde la perfección de la construcción hasta el sentido último que lo justifica, la kehre –traducir sería entrar en otra sombra del lenguaje- atribuida a la otra sombra que habita el libro –la presencia autosuficiente y ególatra del hombre cuyo tiempo es tiempo sin desperdicio- no puede cambiar el ser de la voz como despojo. Ese otro que escribe un libro para demostrar que Nietzsche tiene más en común con Kant/de lo que comúmente se cree […] (“Así habló Zarathustra. Friedrich Nietzsche”), pero que olvida que los críos están inquietos y yo necesito que la inmanencia/sea más que una palabra y recorra mis nervios; radical enfrentamiento entre dos sombras que representan dos posiciones ante el lenguaje: de un lado, la dialéctica, considerada como una lucha por la sabiduría frente a la retórica, entendida como batalla por la sabiduría para conquistar el poder; ese otro que entre unas notas para un curso sobre “El imperativo categórico” esconde una carta en la que prometes amor eterno a H […] (“Investigaciones lógicas. Edmund Husserl, IV”); ese otro, que no es más que un Calicles vulgar y corriente (“Diálogos. La República. Platón”); ese otro narrado en el que el lenguaje que lo construye es sólo un fantasma de la representación del poder frente a otro que busca la inasible certeza de ser. Filosofía de la minucia neutraliza la distancia entre discursos aparentemente divergentes –poesía/filosofía- al reconstruir en la voz dramática del personaje de ficción otro discurso que los contiene y trasciende. Equivocada, no por menos aventurada, sería una lectura –hermenéutica- que tratara de establecer la derivación entre el núcleo de significación –el título de cada texto- y el discurso del monólogo interior que desde la periferia trata de capturar la última presa. Parquedad imaginística, deliberada musicalidad de la armonía entre el fluir de la conciencia y la forma que la expresa –en este sentido es el texto “Psicopatología de la vida cotidiana. Sigmund Freud”, dramática taxonomía obsesiva de las minucias de la realidad, quizás una de las cimas del proceso y uno de los poemas que bordea la angustia plena de la existencia-; exclusión de la impostación, eliminación de la elegía, supresión de la metáfora brillante que oculta en su artificio la radicalidad de la esencia del lenguaje, descrédito de la enumeración caótica como aleatorio e irracional mecanismo de exploración de la conciencia –[…] No quisiera que/la única reflexión/de la que sea capaz/fuera la enumeración caótica/de las minucias por hacer. […] (“Meditaciones metafísicas. Descartes”), pliegues y márgenes de la lengua que expresan el cuerpo, que son pliegues del texto (“Márgenes de la filosofía. Jacques Derrida”); al fin, descubrir –mejor revelar- la usurpación de la lengua como instrumento de seducción y mentira, y devolverle –mejor retornarle- a través de la ficción una parte luminosa de su antigua verdad. Y es en esa contienda en el lenguaje, entre el mito y el logos donde se libra la última batalla del ser. Es éste y quizás sea éste uno de los ofrecimientos finales de un libro que, a la manera de Kafka –a través de Ingeborg Bachmann-, es “un hacha para el mar congelado en nosotros”. Filosofía de la minucia no es el análisis de las cosas de ‘poco valor y entidad’, sino la indagación en el significado etimológico del vocablo: ‘pequeño’, en el mundo que no se habla, pero que nos dice, desde la minucia de la filosofía, que es, finalmente, la minucia de la poesía."

Manuel Fuentes Vázquez
Universitat Rovira i Virgili