10 de julio de 2014

Apostilla al cierre


Para intentar ser justo con uno mismo y los demás, hay que decir que ni todos los goles de la Mannschaft ni los que marque el próximo domingo pueden atenuar la inconmensurabilidad del padecimiento humano a no ser que los sentidos, la conciencia y el ánimo de uno estén tan embrutecidos que se sea incapaz de percibirlos y valorarlos. Nada puede mitigarlo pero al menos Filosofía y Poesía encaran el hecho ciego y demoledor de nuestra cruenta finitud. Valen más que Klose. Ayer, la madre de una de las compañeras de Marc falleció tras su enésima operación. Un tormento de varios años que la había llevado a vivir confinada en una silla de ruedas, con un solo pulmón, un solo riñón e incontables complicaciones de salud. Habíamos hablado de ella hacía unos minutos cuando nos llegó la noticia: estábamos en la sobremesa. Ante la enormidad del sufrimiento nos quedamos anonadados. Que luego Holanda perdiera, careció absolutamente de interés. Hay acontecimientos importantes y otros que no lo son. De los primeros puede que algunas palabras, asociadas a poetas y filósofos, intenten dar cuenta. De los segundos se ocupan los medios de la sociedad del espectáculo.

9 de julio de 2014

Cerrado por vacaciones


Tiempo escocés sobre Barcelona y días ajetreados: los últimos coletazos del curso y preparativos varios de posibles viajes, cosas de la casa, médicos, etc. Anoche uno pudo comprobar la fuerza del espectáculo: la maravillosa (y anhelada) humillación que la Mannschaft infligió a la pedante y engreída Brasil le hizo sentirse tan contento que durante un  buen rato pareció que bajo el cielo no había otra cosa que la magia de la pelota, la red, la hierba y los jugadores. ¿Poesía? ¿Filosofía? ¿Política? ¿Quién las necesita? Por suerte, la de-formación de uno contribuye a una consumición rápida de los presentes que el capitalismo espectacular nos ofrece y a última hora ya se había desvanecido el hechizo de Klose y compañía y uno se puso a concluir la lectura de Pobreza de Viktor Gómez y atender a los últimos rumores sobre el devenir político previsible en Catalunya del que ya habrá ocasión de dar cuenta en el caliente septiembre que nos aguarda.

Hasta entonces, el verano se presume de playa, dedicado a la re-lectura, y esta vez, conclusión, de À la recherche du temps perdu (los siete volúmenes en mi Kindle), a la continuación de un poemario sobre el que ya lleva uno algunos años trabajando a ratos, a algún viaje si el dinero lo permite y, en lo más inmediato, a una final del mundial que, esperemos, sea contra Holanda y, nuevamente, como en el '74, acabe con el triunfo de la Mannschaft que, más de los que uno creía, muchos desean.

Y, como cada año, es el momento de descansar de este cuaderno hasta septiembre. Que tengan todos los que frecuentan más o menos asiduamente este lugar -los que puedan- unas buenas vacaciones.

7 de julio de 2014

"Otro" viaje a Italia (XV): mezquindades


25 de julio de 2012.

Último día de derecho, que no de hecho, en Florencia. La mañana la empleamos en visitar, por fin, la catedral, Santa Maria del Fiore, con la mirada puesta en la cúpula: en los frescos de Vasari que ocupan su cara interior y en la espectacular estructura arquitectónica, interna y externa (más de cien metros de envergadura), que concibió y ejecutó Brunelleschi.

Tras media hora de cola entramos en la amplia catedral. Nos dejamos la contemplación detenida de la fachada y los laterales para más tarde. Una guía voluntaria que se ofrece para ilustrarnos sobre la construcción gratuitamente (!) nos informa que se calcula que más de veinticino mil personas pueden ocupar el monumento. De hecho, durante siglos fue la catedral más grande de Europa y aun hoy es una de las cinco más importantes de la "cristiandad europea" según la muchacha que nos explica, con paciencia, los pormenores de la construcción así como el ingenio que hubo de poner en juego Brunelleschi para completar satisfactoriamente su propósito. Cuando nos deja solos, Clàudia decide subir hasta lo alto de la cúpula. Uno, que siempre la había acompañado en estos empeños, esta vez desiste: la edad pasa factura y queda todavía el viaje y la estancia en Roma, así que no se ve ahogándose tramo tras tramo de angostas escaleras. Así que dejamos a la joven impetuosa subir y agotarse y aprovechamos en cambio para pasear por la catedral, visitar las tumbas de Giotto y el omnipresente Brunelleschi y entretenernos con la frecuente intervención de la megafonía de control que cuando considera que el volumen de ruido en el interior del templo sobrepasa ciertos límites prorrumpe en una amenazadora amonestación: "¡Silenzo, silenzo per favore, silence please!".

Por la tarde damos un largo paseo que recoge nuestros lugares preferidos: empezamos a media tarde en la Piazza della Santissima Annunziata y concluimos ya de noche ante el Perseo de Cellini a cuyo lado nos quedamos un buen rato observando, y criticando, personas como tanto le gustaba hacer a Bernhard en los cafés vieneses. Al menos, con el recurso a Bernhard parece que se dignifica ese hábito que casi todos practicamos y que no deja de ser, en el fondo, mezquino y desagradable. ¿Lo practicaba también Goethe? En su relato hay sobrados ejemplos, pese a su prudencia y mesura, pero ¿y fuera de las páginas?.

5 de julio de 2014

Poesía latinoamericana (y II)


No pude concluir la lectura de ese Prólogo o Introducción, que no se confiesa como Prólogo ni como Introducción ni siquiera como Presentación sino algo así como un avant-texte, escrito desde el borde, casi desde el precipicio por el que uno cayó despeñado. La incapacidad de seguir adelante hizo que el horizonte de expectativas generado se presumiera anegado por la bruma: poco profundo y trufado de presentamientos negativos.

Sin embargo, lo presentido se quedó en eso: en una anticipación errónea. Pese a la reluctancia que uno siente hacia la poesía experimental, irracional y hermética, que practicó con denuedo en su juventud con tan poco acierto como gracia, en la antología abundan las muestras de que no siempre el ensamblamiento aleatorio y el "a ver quién la dice más gorda" carecen de rigor y generan artefactos desechables sino, bien al contrario, textos magníficos que funcionan. Será que uno envejece a pasos agigantados pero, por ejemplo, poco amante de la poesía visual, los poemas de César Eduardo Carrión y, sobre todo, de Delmo Montenegro me han parecido memorables en su sentido justo: me parecen dignos de ser recordados con placer y gusto. Otros poetas, a medio camino entre el hermetismo y la narratividad también ingresaron en la nómina de autores que escriben textos que uno hubiera deseado ser capaz de escribir: Elbio Chitaro, Edgardo Dobry, Hector Hernández Montecinos o incluso Leon Félix Batista, pese a que unas líneas suyas puedan plasmar casi a la perfección esa poesía de la que uno intenta alejarse. Pese a ellas, repito, los poemas de Batista contenidos en la antología son excelentes. Pero a lo que iba: "Uno queda en nundo, solo, militando en lo confuso, hasta rehacer los hechos [hasta aquí bien]: a la radio fragorosa (proscribiendo el inconsciente) [ay, ay] se le vio extenderse a todo [a quién ¿al inconsciente, a Uno?]: [¿otra vez estos dos puntitos de las narices?] licuefaciendo sillas [¡hala!], volviendo masas voces [¿no falta nada aquí, perdón?]. Oscura luz pillaba, con rudo desbalance..." [en fin, etc.]. Ahora bien, en el conjunto de sus textos recogidos en la antología este párrafo se diluye ante la fuerza y el riesgo de su propuesta.

Y, por supuesto, la presencia de otros extraordinarios poetas más del gusto de uno, y más cercanos, como Dámaris Calderón, Sergio Raimondi, Julián Herbert, Cristóbal Zapata o Rafel Espinosa.

Junto a la molestia y las ganas de responder y someter a crítica, brotaron de la lectura de esta antología sugerencias, "puntos de fuga", ideas... como hacía años que no surgían de una recopilación semejante. Hay que agradecer a aquellos mismos a los que se critica la ceremonia de la confusión teórica el acierto en la muestra de poetas - y poemas - elegidos, así como a los responsables de la colección. Felicidades.

P.S: Está claro que, si se atiende a la experiencia propia, con la edad, la educación del gusto y la capacidad de reconocer lo objetivamente valioso comienzan a consolidarse de tal forma que uno puede llegar a ser capaz de reconcocer aquello estéticamente apreciable en lo más lejano. Seguiré, probablemente, prefiriendo la poesía "narrativa" o inteligible a pesar de que, parafraseando a Eduardo Moga, abunde en ella la sentimentalidad "de garrafón" o, bajo una apología de la nimiedad, la simple y llana perspectiva de "ranas" incapaz de elaboración crítica que denunciaba Ernst Bloch. Pero, poco a poco, me veo capaz de reconocer, en los irracionalistas herméticos y vanguardistas de diverso cuño, más allá de las muchas construcciones fraudulentas o de "todo a cien", la capacidad de construir artificios estética y también conceptualmente, valiosos. Algo tan críticamente fundamental como ensamblar artificios con pretensiones de veracidad.

3 de julio de 2014

Poesía latinoamericana (I)



El último mes ha estado dedicado a la lectura de poesía, por denominarla ligera y superficialmente, "latinoamericana": Vallejo, que uno relee con la vista puesta en un conjunto de poemas sobre los que empezó a trabajar en semana santa, y que por nacimiento y lengua podría ser considerado como tal (o no) y una excitante antología (esa es la palabra en realidad, aunque puesta cerca de "poesía" le hace a uno arrepentirse de usarla) a la que ya me he referido: País imaginario.

Siempre que uno puede compra antologías: es una forma rápida, para un lento lector de poesía, de ponerse al día, de obtener panorámicas (siempre sesgadas) o de ahorrarse la inversión en libros y autores que provoca esa compra azarosa que proporciona, a veces, excepcionales sorpresas, gratificaciones inmediatas (adquiere uno lo que en ese instante le apetece guiado bien sea por la editorial, el nombre, la portada, la edición o el simple hojeo) pero también, a menudo, trivialidades y decepciones que le llevan a arrepentirse a las pocas horas del gasto realizado. La mayoría de las últimas antologías que añadí a la biblioteca fueron poco estimulantes. Más de lo mismo: comodidad, instantes de tediosidad, reconocimiento, corrección, bienestar... pero poco impulso: ni ganas de replicar, ni molestias, ni enfado, ni tampoco apetencia por escribir, sugerencias, hallazgos, puntos de partida...  Fueron antologías de afirmación y familiaridad.  País imaginario, por contra, ha suministrado el ímpetu de la negatividad y la negación, del extrañamiento, con todo lo que ello supone de provocación a la actuación.

Lo primero que cabe decir es que la antología está presidida por poetas que podría calificarse como formalistas, experimentalistas, vanguardistas, irracionalistas o herméticos, o que otros denominan poetas "críticos", por aquello de la desconfianza respecto al lenguaje, el paso más allá de la postura ingenua de la transparencia de las cosas ante las palabras, etc. Uno no está seguro de si esta consideración puede ser aceptada al pie de la letra pero aunque detrás de ella se cobija mucho hermetismo de "marca blanca", de "todo a cien", también es cierto que, históricamente, en otros casos parece haber habido esta reflexión, esta posición de sospecha y el intento de transgresión consiguiente ha tenido una cierta fundamentación. Con todo, para ser justos, hay que decir que el volumen también comprende otros ejemplos de poetas "narrativos" y reflexivos más del gusto de uno aunque eso lo descubrió más tarde.

Al empezar la lectura me topé con otro de esos prólogos escritos en la rimbombante jerga postestructuralista a los que el que esto escribe también contribuyó en su época. No tiraré piedras contra el propio tejado, auqnue debería, pero lo cierto es que en muchos momentos la indigestión provocada por la ingestión masiva de "rizomas", "márgenes", "bordes", "transtextos" y demás, se hace difícil de soportar. Una cosa es que se pretenda someter a crítica la ilusión de la representatividad, de la transparencia del lenguaje y otra que, por ejemplo, se afirme tan ricamente que "No existe representación porque el espíritu de la metáfora ha sido barrido. Solo existen textos en progresión metonímica. En gran parte de ellos se trabaja desde el bordado por fuera del bordado, un centrifugado de patchwork que reimprime la noción ciega de una sintaxis en plena revulsión".

Si nos tomamos en serio semejante afirmación desde el punto de vista de la crítica o la teoría literaria, habría que andarse con pies de plomo. No es que el enjambre postestructuralista sea inadecuado para la crítica literaria, como denunciaba Rodolphe Gasché a propósito del uso del pensamiento de Derrida en los Departamentos de Literatura norteamericanos en los ochenta, pero debe ser usado sino con propiedad sí al menos con sentido. Es lícito afirmar que las fronteras entre crítica y literatura son lábiles pero tampoco se las debe confundir: los lectores tenemos muy claro, en líneas generales, qué es literario y qué no lo es y un prólogo o un texto de crítica no es ni puede pretender ser, también, literatura aunque esté bien escrito: no es la obra literaria aunque su separación respecto a ella llegue a ser mínima. Decir que la edición del Quijote de Rico, sus observaciones y notas son tan literarias como la obra de Cervantes es, teóricamente hablando, una grosería. Mantener la diferencia es importante sobre todo cuando se trata de interrogar esta misma distancia so pena de caer en esa noche en la que todos los gatos son pardos que denunciaba Hegel: si hacemos un prólogo, aunque no lo llamemos así, hagámoslo como tal. Sin trampas.

Por ejemplo, las afirmaciones precedentes. Si nos las tomamos "literariamente" no hay nada qué decir, o bien poco. Pero su lugar y la relación que trazan con el resto del volumen no es insignificante. Tienen un papel crítico-teórico. Por ello no pueden ser simplemente apartadas con un gesto. Deben ser analizadas.

Dicen los autores de la selección y notas: "No existe representación porque el espíritu de la metáfora ha sido barrido". ¿La metáfora tiene un espíritu? ¿Cuál es? ¿Cabe hablar de una única concepción de la metáfora? ¿Y de un único espíritu? En cualquier caso, la causa de que no exista representación, algo como mínimo discutible, ¿es que "ha sido barrido" ese espíritu? ¿Por qué? ¿Cómo? Y, finalmente, ¿qué concepto de "representación" estamos utilizando? ¿El de Kant, el de Husserl, el de Derrida, el de Hegel?
"Solo existen textos en progresión metonímica". Ahí es nada. ¿Todo texto está en progresión metonímica? ¿Incluso los que se cobijan bajo el espíritu de la metáfora? Pero, un momento, ¿no puede ser reducida toda metonimia a metáfora como podría afirmar Derrida ("La retirada de la metáfora")? Supongamos que no. ¿Los textos científicos también están en esa progresión? ¿La textualidad toda, toda, toda? Finalmente, pero ¿qué diablos es una progresión metonímica? (Nota: buceando entre los archivos de la Comunidad encuentro un texto de Darwin Bedoya - en su reseña a Cromosoma de Juan José Rodríguez - que prueba que lo que se afirma en el prólogo, que no es prólogo sino "Diálogo por fuera de los bordes (sic): desde las márgenes pendientes", de la antología, es moneda más común de lo que parece en el ejercicio crítico sólo que uno está claramente off: "Metáfora y barrido. Nulidad de progresión metonímica. Objetos sémicos. Centrifugado de patchwork. Sintaxis y revulsión"). En Poéticas mexicanas del siglo XX se utiliza con algo más de precisión el constructo: "Pero también aquí hay un elemento importante, si habíamos dicho que la imagen del higo estaba preparada, esto es porque aquella 'navaja que desenvainó el golpe' es recuperada mediante una progresión metonímica que va de la 'navaja' a la 'hoja' y, de ahí, al 'filo de la hora', casi al final del poema" (p483). ¡Acabáramos! ¿Mas qué aporta el concepto "progresión" a la metonimia? ¿Tomar el efecto por la causa o la contigüidad suponen en realidad una "progresión"? Sigamos.
"Se trabaja desde el bordado por fuera del bordado" que, cabe suponer, es una forma más literaria de decir que se trabaja el texto desde fuera del texto. ¿Y dónde está ese afuera? ¿Esa exterioridad del bordado, del tejido, la red de relaciones, del entramado de significantes? Derrida intentó algo más modesto, consciente de la imposibilidad de acceder a una exterioridad no lingüística del lenguaje sin el lenguaje, mediante sus pseudoconcepetos, sus simulacros, sus indecidibles. ese arduo trabajo para lograr "jugar" en las fronteras, en los márgenes, siempre dejó claro que no podía situarse, de ninguna manera en un exterior ajeno a la representación ("Les fins de l'homme"). ¿Cómo están afuera estando adentro? ¿Estar afuera no es renunciar, si ello fuera posible, al lenguaje y, por ende, inevitablemente, a la poesía? ¿De qué estamos hablando en realidad?
No hablemos ya del "centrifugado de patchwork" pero ¿qué es reimprimir (¿volver a imprimir?) "la noción ciega de una sintaxis en plena revulsión"? ¿Qué es una "noción ciega"? ¿Un concepto vacío? ¿Un concepto sin sentido? Si es así, ¿qué sentido tiene su uso aquí y ahora? ¿Es un simulacro? Al menos, siquiera tropológicamente, la "sintaxis en plena revulsión" sí parece suficientemente clara: no hay más que continuar leyendo...

2 de julio de 2014

Eduardo y la "Mannschaft"


Ayer a uno le hubiera gustado dejar siquiera algunas impresiones sobre el rato que pasó con Eduardo Moga la tarde del lunes. Al menos para adelantarse. Mas está visto que eso no es lo mío y que cabe irse resignando a que otros digan antes y mejor lo que uno tenía previsto poner negro sobre blanco (o lo que sea hoy día): en ocasiones es un problema de tiempo libre; a veces son imprevistos que acontecen sorpresivamente y, otras más, la mezcla de falta de ambos más algún inaprehensible cúmulo de acontecimientos cuyo devenir ha pasado desapercibido y que irrumpen en el instante menos oportuno. Este fue el caso de ayer: reuniones, problemas y trabajos que se creían concluidos y que resulta que no lo estaban se conjuraron para evitar que pudiera escribir una sola línea. Hoy, de camino al inicio del periodo vacacional dispone uno, por fin, de algo de espacio y de unos minutos así que no hay que dejar pasar la ocasión de consignar por aquí, para cuando apenas lo recuerde, que el encuentro fue agradable, placentero e interesante y que Eduardo podrá ser un gran poeta, que lo es, pero tiene uno la impresión de que su calidad humana no desmerece en absoluto a su dimensión como escritor lo cual, dicho sea de paso, no es poco: es más, acostumbrado como se está a la distancia entre la obra y la persona, sideral en tantos ejemplos, que entre la escritura de Eduardo y la persona que apareció ante mis ojos antesdeayer haya tanta cercanía le reconcilia a uno con la ciudadanía de la República de las Letras y sus habitantes. Espero que los años venideros nos den la oportunidad de cruzarnos lo suficiente como para cultivar una relación que aniticipa una valiosa imbricación entre literatura y humanidad: rara avis. De momento el próximo lunes presentará el poemario Dices "-en realidad, un solo y extenso poema-" en la librería Libros en Su Tinta, de Barcelona a las siete y presentado por Rafael Mammos. A ver si consigue uno aparecer...

Por la noche, en casa, en paz con los poetas y la poesía gracias a Eduardo, hubo un segundo armisticio con el hostil mundo humano: tras las insoportables victorias de Holanda y Brasil, la Mannschaft, aun a costa de la generosa Argelia, dio un paso más en su camino hacia el "maracanazo" que debería dar. La esperanza es lo último que se pierde...

30 de junio de 2014

Mundial


Sin vergüenza alguna, hay que decirlo. Fin de semana en el que, aparte de comer, beber y leer algo, el fútbol ha sido protagonista para lamento de uno vistos los resultados. La odiosa Holanda se ha clasificado de la peor manera posible con un penalti en el último minuto: qué manera más lamentable de ganar tiene esta gente. Y el sábado Brasil, inmerecidamente, dejó atrás a Chile. Como para no ver ningún partido más. Queda la Mannschaft y por delante la tarea de quitarse de en medio a las dos selecciones que más detesto... A ver...

29 de junio de 2014

Un poema de David González



"contra las cuerdas


no
arrojes
nunca
la toalla:

no la arrojes nunca:

luego
tendrás
que agacharte
a recogerla:

¿qué vas a hacer:
varlam shalámov"

(No hay tiempo para libros, p35)

27 de junio de 2014

"Otro" viaje a Italia (XIV): la religión perdida


24 de julio de 2012.

Nos levantamos temprano para recuperar el ritmo del turista que no hemos logrado tomar todavía y que nos empieza a pasar factura. Acostarse tarde nos permite introducirnos un poco en la vida de la ciudad pero ni lo suficiente como para poder decir que "se vive" en ella nicomo para compensar la fatiga que luego nos invade en las visitas a museos y monumentos. Tratar de pasar por viajero cuando se es turista no sólo requiere una disposición de ánimo y de dinero sino, sobre todo, de tiempo.

Con todo, el hechizo de la fantasía literaturizante del viajero nos lleva de nuevo a la iglesia de Santa Maria Maddalena di Pazzi donde la estilización esteticista se topa de bruces, nuevamente, contra la sobreabundancia real: en el claustro, el escaso público caucásico que escuchaba el cuarteto de cuerda la otra noche ha sido sustituido por una muchedumbre multiétnica al son de música tecno a gran volumen que pululan por el espacio charlando e intercambiando objetos. La visita, que se prometía sosegada, se convierte en un tormento: ¿por el ruido o por la descomposición del cuadro literario etnocéntrico?

La Basilica di San Lorenzo, con la cúpula de Brunelleschi próxima en planteamiento a la Basilica di Santa Croce, la tumba de Donatello, la sacristía nueva y las "dependencias" de Michelangelo, que no pudimos ver por estar cerradas, y las famosas tumbas y tesoros de los Médici que uno, en un gesto infantil de rechazo anacrónico, se negó siquiera a ojear, nos ocupó la mañana. Mas quizás con el tiempo uno probablemente recordará San Lorenzo por un detalle secundario: por vez primera, o eso pareció, tuvo la ocasión de contemplar una obra de arte religioso contemporáneo, el San Giuseppe falegname con Gesú de Pietro Annigoni, una pieza perteneciente a un género que creía extinto o, peor, que daba por hecho se había extinguido con la Ilustración.

Por la tarde, la sensación de haber olvidado que existe un "mundo" en el cual la dimensión religiosa motiva no sólo conductas y acciones rituales sino también artísticas, se agudiza con la llegada a la hermosa abadía de San Miniato al Monte. Primero nos detenemos un rato en el Piazzale Michelangelo desde el cual se goza de una extraordinaria vista de la ciudad que, en algunos momentos, parece arremolinarse a la orilla del Arno. Es temprano pero las escalinatas están atiborradas de turistas así que pronto la emprendemos con los largos tramos de amplios escalones que unen la plaza con la Iglesia y entramos, sin aliento, en ella tras detenernos unos segundos en la contemplación de la fachada de mármol polícromo obra, en parte, de Brunelleschi. Una vez en el interior, nos resulta curiosa su distribución en seguida: el presbiterio y el coro ocupan un nivel superior de la nave central al que se accede por unas escaleras laterales mientras que un tercer nivel, la cripta, se abre también desde ella bajando unos pocos escalones. La iglesia destila quietud y sobriedad. No hay muchos turistas y desde la cripta, nada más entrar, nos llega el sonido de unas voces entonando cantos religiosos. Cuando por fin descendemos, nos hallamos ante una celebración que desconozco. No es una misa. Los monjes, que leo por la noche en la Wikipedia, son cluniacenses, es decir, proceden de los benedictinos, cantan piezas desconocidas pertencientes a un rito que pese a la formación católica de uno, no consigo identificar. Son media docena y ancianos pero llenan con sus voces el espacio transmitiendo una impresión de serenidad y paz que sólo quien conozca la extrema dificultad de consagrar las veinticuatro horas del día a la oración y la meditación puede desnudar para reconocer, tras su fachada, tras la escenificación de esta representación teatral, una trastienda a menudo amarga y triste y, en muchos casos, festoneada de ansiedad, angustia y zozobra.

No nos paramos demasiado a contemplar las tumbas del hermoso cementerio delle Porte Sante, donde al lado de tantos y tantos burgueses y aristócratas cuya estirpe ha sido aniquilada y de los cuales gracias al altísimo, nadie se acuerda, está enterrado el pintor Pietro Anningoni, descubierto hacía apenas unas horas. Quizás alguno entre ellos se merezca que nos detengamos y leamos su nombre al menos pero estoy convencido que la mayoría de ellos no. Es preferible contemplar los cipreses y los cedros de los alrededores.

El atardecer, de nuevo en el Piazzale, tras observar el fulgor del mosaico que ocupa el centro del frontispicio de la basílica, es más sosegado. Los grandes grupos de turistas ya se han retirado y, contemplando el Duomo, el Arno y el Ponte Vecchio, uno puede preguntarse acerca de su escasa atención a ese otro mundo subterráneo en el que la religiosidad que perdió hace años, y que considera agonizante en nuestras sociedades, sigue viva sin haberse transmutado en formas secularizadas como el nacionalismo.

25 de junio de 2014

Un poema de Ana Cañamares


"He superado depresiones
dolorosos desamores
lutos inesperados
vacíos existenciales.

De todo ello me sacó
el aburrimiento.
Aburrida de estar triste
me forcé a pasar de etapa.

Por eso temen tanto
nuestro aburrimiento
los que nos mantienen
entretenidos.

A la revolución por el hartazgo."

(Las sumas y los restos)

24 de junio de 2014

"Otro" viaje a Italia (XIII): el "David"



23 de julio de 2012.

Con hora reservada a las 12:00 podemos permitirnos un paseo por las inmediaciones de la Galleria della Accademia donde nos espera el David de Miguel Ángel y detenernos de nuevo, tras haberla encontrado ayer, en la piazza de Una habitación con vistas.  Como el día anterior, una enorme cola en la angosta calle donde está sita la entrada de la Academia con su correspondiente bullicio. No obstante, justo en la paralela siguiente el ruido da paso a un sorprendente silencio sólo roto por un violín: no pasa ni un solo coche por la también estrecha travesía y apenas algunos algunos transeúntes y el sonido del instrumento inunda la calzada y las aceras. De nuevo el recuerdo de la ideal República parece adueñarse de nuestro ánimo y más cuando después nos sentamos, a la sombra, en la escalinata de la plaza.

Un poco antes de las doce estamos de nuevo en la entrada. Soportamos el gentío y gracias a la adquisición previa de las entradas no pasamos más de diez minutos bajo el sol y entre apretones. Dentro de la Accademia sigue habiendo demasiada gente y en torno al desproporcionado e imponente David casi puede hablarse de una multitud que dificulta una visión calmada de la obra. La posibilidad del diálogo mudo, del mirar y creer ser mirado, del cara a cara con la estatua resulta imposible. Todo lo más se alcanza, durante algunos reflujos de la muchedumbre, a una conversación intermitente, a una interpelación discontinua que, en esos momentos, nos acerca tanto a la posible universalidad de las obras de arte capaces de perdurar gracias al contexto canonizador como a la comunidad que une parcialmente a autor y receptor por encima de la tiranía de la distancia histórica.

El resto de la galería ofrece algunas esculturas y pinturas que a nuestros ojos, que comienzan a estar un poco fatigados de tanto arte, no parecen demasiado interesantes y en las cuales apenas nos detenemos. Con todo, destacan la Maria Maddalena y el San Giovanni Battista de Filippino Lippi por su intempestivo patetismo; la nota de humor, o así lo interpretamos, de la Resurrezione de Del Garbo en el que una losa cae sobre un soldado; y el inesperado A portrait of the artist as a Weeping Narcissus de Olaf Nicolai cuyo contraste en una sala atiborrada de bustos y estatuas clásicas facilita una desautomatización que, por ejemplo, el David de Feldmann no parece lograr debido al entorno en el que está situado.

22 de junio de 2014

Un poema de Sergio Raimondi

Uno de los numerosos hallazgos de la excelente antología País imaginario publicada por Amargord en la colección Once codirigida por mi querido Viktor Gómez: Sergio Raimondi.



"PANAMAX


Ideado para capitalizar el máximo de espacio permitido
según las esclusas del reconocido canal, este carguero
capaz de alcanzar casi los trescientos metros de eslora,
con una manga de más de treinta que ajusta, cuidado,
y la altura suficiente para pasar con marea alta o baja,
calma y más de cuatro mil contenedores sobre cubierta
debajo del Puente de las Américas en Balboa, es historia.
También es historia la conformación estructural del canal
dado que hace días y en plebiscito nacional fue votada
(a riesgo de perder un porcentaje fundamental del PBI
según el gobierno, de aumentar la deuda según otros)
la ampliación necesaria para mantener la competitividad
y dar cabida al fin a los nuevos bulk-carrier adecuados
para transportar el triple y casi el cuádruple en cámaras
digitales y de video, juguetes, electrodomésticos, zapatos
e indumentaria de las más variadas y reconocidas marcas
que por el momento deben hacer un demorado, innecesario
y sobre todo costoso giro por el Cabo de Hornos tras partir
de Shenzhen o Shangai para llegar al puerto de Florida.
Es evidente que las tratativas que permitieron incorporar
la República Popular a la OMC están “moviendo las aguas”
y que hasta el marino más interesado de la tripulación
sólo verá, cuando se le señale con un gesto allá, allá
donde funcionara por décadas la School of the Americas
y los futuros graduados entrenaban en el conocimiento
del enemigo leyendo a Mao-Tse-Tung, un hotel * * * * *"

21 de junio de 2014

Reflexiones sobre la ética digital


Rais ha escrito unos interesantes apuntes sobre los principios que una "ética digital" debería tener en cuenta. La necesidad de profundizar en este campo y de trazar la relación, que no puede ser de simple reflejo pero tampoco de separación absoluta, con la ética histórica le han hecho venir ganas a uno de poner negro sobre blanco algunas reflexiones aisladas sobre este asunto. Lamentablemente, ahora la lectura de Vallejo (Trilce y Poemas humanos) y el trabajo sobre algunos poemas, ocupan el poco tiempo libre que deja el trabajo que siempre se amontona a fin de curso. Pero está pendiente. De momento me conformo con leerle y ver por dónde habría que ir...

20 de junio de 2014

Crónica de la Nueva Edad (20/06/2014)


La conjunción de estupidez, intolerancia e ignorancia ¿le obligará a uno a exiliarse no sólo interiormente sino también físicamente? Y si finalmente, así sucediera, ¿a dónde podría ir? Ayer, ignorancia, intolerancia y estupidez convergieron entre las tres y las cinco del mediodía y pintaron un óleo estremecedor del futuro próximo: casi apocalíptico. Los estertores de la relación de uno con su mundo hace tiempo que declinaron: ahora está ante su agonía con el agravante que no parece haber lugar alguno capaz de alojarle.

A las cuatro, Marc participaba en la tradicional - y generalmente insoportable - celebración de final de curso de su escuela. Lejos quedan aquellas representaciones de clásicos, los conciertos de violín o incluso piano o los recitales de poesía o guitarra, incluso los grupos de rock del barrio mostrando sus composiciones que caracterizaban en los cochenta y noventa estas fiestas. Como habíamos acabado de comer tarde, nos sentamos en el sofá a ver la televisión durante los veinte minutos que nos quedaban hasta encaminarnos a la sala donde tendría lugar el espectáculo. No recordaba que se coronaba a Felipe VI y, como resultado de esa imperdonable falta de atención, caímos en una catarata insoportable e indistinguible de estupideces que, cadena tras cadena, se repetían hasta la saciedad y que, de tan inconcebiblemente absurdas, acabaron enaganchándole a uno. Perplejo ante tanta estulticia y propaganda acabé sintiéndome legítimamente republicano por higiene estética. Fue penoso.

Apenas recuperados de semejante espectáculo nos preparamos para el segundo. Íbamos prevenidos contra la supina ignorancia de los padres (la inmensa mayoría de ellos criados por la LOGSE y, por tanto, por decirlo suavemente, en general caracterizados por una notable debilidad intelectual) pero no para su exacerbación. En esta ocasión, no hubo medida. La educación y el equilibrio que distinguían los recuerdos de las fiestas del pasado de uno o, sin ir más lejos, las de la infancia de Clàudia, hace tiempo que dieron paso a la desmesura y la falta de respeto pero este año se superaron. Gritos desbocados, movimientos continuos, ruidos y, sobre todo, la acentuación de esa conducta tan propia de los padres de hoy día que consiste en suministrar refuerzos positivos exagerados a sus hijos por muy mal que lo hagan (ovación cuando el hijo sale a escena y cuando acaba su frase, la diga como la diga) e ignorar a los hijos de los demás a no ser que sean los de lus amigos cercanos (gritos y jaleo cuando el hijo propio sale de escena y otra nueva se representa con otros protagonistas cuyos padres comienzan a chistar con fuerza para poder escuchar a sus maravillosos hijos y ovacionarles a su vez en cuanto acaben). Fue lamentable.

Pero lo peor fue el añadido de la intolerancia. El director de la escuela empezó con un "Los de allá nos han organizado una coronación pero los verdaderos reyes y reinas están hoy aquí", por supuesto en catalán, que provocó una cerrada ovación en un público adoctrinado y que ama la mezcla de churras con merinas. No venía a cuento pero en esta sociedad catalana efervescente nadie alzará la voz contra un comentario tan partidista que un director de escuela debería reservarse para el bar, el pasillo o el despacho. Mas después la cosa empeoró sensiblemente. El argumento, por llamarlo de alguna manera, que tramaba la disparatada secuencia de bailes y versiones edulcoradas de canciones de moda, era la importancia de los valores (¡como siempre!). Concretamente de tres: la empatía (que ahora resulta que es un valor), el respeto y la diversidad. Pues bien, al empezar la sección dedicada al respeto, el guionista, un profesor adicto también al nuevo régimen, concluía el diálogo con un "¡periquitos o culés, els catalanas sempre els primers!" también jaleado con entusiasmo por la audiencia. Nada mejor para ilustrar el "respeto" que la versión catalana del Deutschland über alles. No creo que nadie apreciara la aberración. Fue deplorable.

Como los hijos de la LOGSE están por doquier y españoles y catalanes parecen empeñados en ofrecer su peor versión de sí mismos, es decir, ser únicamente eso - españoles o catalanes - como esencia del ser uno mismo, ¿qué le quedará a uno, que no es precisamente Thomas Mann, aparte de cualquier variante del Gulag o del Lager?

19 de junio de 2014

De fútbol y extrañamientos

Ayer Wolfgang Borkner, a quien está dedicado el poema "En construcción" de Las vidas de las imágenes, pasó por Barcelona con su familia y se tomó un "Bitter KAS" en la terraza mientras sus hijas pequeñas se servían una tostada con nocilla y lidiaban con la fatiga del coche. Pasamos revista al pasado y al presente y, sorprendentemente, hablamos de fútbol. Alejado como uno procura estar de la TV y de los medios digitales, de igual forma que apenas se ha enterado de los fastos del vodevil monárquico de abdicación y coronación, había pasado de puntillas por el asunto de "La Roja" que, al parecer, había ocupado mucho espacio comunicativo.

Fue divertido comprobar, una vez más, que ambos hemos estado la mayor parte de nuestras vidas en países por los que no sentimos demasiado aprecio: Wolfgang siempre ha querido vivir en España y uno acarició el proyecto de trabajar y vivir en Alemania durante los años de juventud. Ahora, ambos objetivos yacen en el depósito de proyectos frustrados y han sido sustituidos por proyecciones sublimatorias. Una, a cierto nivel y en determinadas condiciones, es el fútbol: ya en este mismo cuaderno, durante la pasada Copa del Mundo de Sudáfrica, uno dejó constancia de sus preferencias por la Mannschaft por encima de "La Roja" y eso no ha cambiado: espero que la selección alemana gane el torneo a ser posible batiendo a Brasil en la final y a Holanda en semifinales. Wolfgang, en cambio, suspiraba por la victoria de España de la que estaba convencido ayer por la tarde. Tornas cambiadas y anti-naturales (como si el espectáculo del deporte de competición fuera natural) que provocaron una esperpéntica y extraña conversación.

Por la noche, no quise regodearme y no le llamé para comentar el resultado: España eliminada, para gozo de algunos - bastantes - secesionistas de por aquí, que lo celebraron por todo lo alto pese a toda su retórica del "país hermano" y perplejidad de los medios españoles incapaces de entender que esta selección era una versión mejorada del que probablemente será considerado mejor equipo de la historia contemporánea, el Barça, y que sin Xavi y sin el "toque",  si la selección se sustenta en la hombría de bien, el centro y el remate de los madridistas, es un equipo vulgar. La retransmisión de Telecinco fue, en ese sentido, ejemplar: tras insistir en la necesidad de verticalidad madrileña durante más de media hora, cuando ésta se convirtió en el eje de juego de "La Roja" no pasó nada en absoluto y la derrota fue más dolorosa todavía que contra Holanda, donde aun se jugó un poco a fútbol. Sin Xavi, España tiene poco que ofrecer y Xavi parece haber dejado atrás su cénit, como buena parte de los futbolistas del Barça. Sin el estilo de juego del Barça, "La Roja" es difícil que vuelva a ser hegemónica.

De hecho, y barriendo para "casa", si la Mannschaft es favorita no es sólo por tradición y determinación, y porque deba ser así - como ya reconoció en su momento Gary Lineker -, sino porque es el equipo que se acerca más al estilo de juego que ha hecho de España una de las mejores selecciones de la historia y casi absoluta dominadora del panorama futbolístico en los últimos 6 años. Esperemos que Mertesacker y compañía acaben levantando el trofeo en Maracaná.

18 de junio de 2014

Escribe Julián Herbert


"lo que aparece en la escritura:

una versión autorizada, una

Vulgata

de la mente"

(País imaginario. Escrituras y transtextos. Poesía en América Latina, p386)

17 de junio de 2014

"Otro" viaje a Italia (XII): la ilusión de lo universal


 22 de julio de 2012. Segunda parte.

Dedicamos la tarde a nuevos paseos por la zona de los Uffizi y la compra de la Guía. Finalmente, optamos por una barata y poco erudita con la cual esperamos orientarnos y dirigir nuestras excursiones a la búsqueda de esa belleza tan elusiva que ni siquiera se deja subsumir en el concepto de "obra de arte". Más provechoso resulta hallar una barata edición de segunda mano de la poesía completa de Salvatore Quasimodo.

Al anochecer, sorprendidos por la mortecina iluminación exterior del gran museo florentino, desembocamos en la Piazza dei Signori y nos encontramos en medio de un concierto que está siendo presentado: una filarmónica local interpreta piezas de un compositor holandés para nosotros absolutamente desconocido. Al amparo de la bellísima estatua del Perseo de Cellini, sentados en la bancada de piedra a sus pies, durante más de una hora disfrutamos de un auténtico retorno a ese mundo de la República de las Artes anticipado por la mañana aunque ni las composiciones del holandés ni su ejecución resulten, en realidad, tan excelentes como nos empeñamos en considerarlas. Es difícil para uno no sucumbir a la ilusión de la universalidad, de la comunidad humana, a esa creencia imprudente en que existen valores comunes a todo el género humano algunos de los cuales, los estéticos, se dejan aprecian tan fácilmente en la música y se expanden en un contexto arquitectónico y estatuario como el que nos rodea. ¿Quién mirando a Perseo con la cabeza de Medusa mientras la sección de cuerda recorre una melodía agradable no pensaría que entre Perseo, Cellini y nosotros no hay algo que supera la distancia histórica?


Durante el intermedio dejamos la piazza para volver tranquilamente al apartamento. Todavía hay que comprar alguna cosa para la cena. Ya es de noche pero hay algunos establecimientos todavía abiertos. Compramos algo de pan y tomates para acompañar la ensalada prevista y, al enfilar los últimos tramos de la calle, volvimos a escuchar más música esta sí reconocible como perteneciente o a Haydn o a Mozart: procedía del claustro de la Iglesia de Santa Maria Maddalena di Pazzi, que hasta aquel entonces nos había pasado completamente desapercibida pese a estar a cuatro pasos de casa. Entramos. Un cuarteto de cuerda desgranaba en plena noche aquellas notas que nos resultaban conocidas aunque no acabáramos de precisar con exactitud su autoría. Poco público, apenas media docena de asistentes pero la impresión de la mezcla entre la música, la noche y la quietud del escenario, nos volvió a hacer sentir como miembros de pleno derecho, y habitantes, de una real República de las Artes que cobraba existencia real en el casco antiguo de Firenze.

Casi a medianoche, en el piso, al abrir las ventanas para refrescar las estancias, el ruido de las motos y los coches de la cercana avenida nos recordó en qué otra república vivimos.