11 de noviembre de 2017

"La vida póstuma"

Hace muchos años uno apreciaba la máxima supuestamente aristotélica de que se debe amar a los amigos pero más a la verdad. Ahora no lo tiene tan claro: debe amarse a los amigos, si se lo merecen, y también a la verdad. No tienen por qué excluirse. De ahí que cuando escribo sobre un amigo uno procura no faltar a la verdad y si hubiera de hacerlo preferiría inhibirse, aunque en ocasiones calle por motivos que tienen más que ver con el cansancio, las obligaciones o las imposiciones de la cotidianidad que con el juicio crítico. Sirva este exordio para decir que si elogio la última novela de mi hermano, La vida póstuma, no es solo porque sea mi hermano, que también, sino porque es estupenda. Es cierto que desde su inédita La guardia nocturna y, especialmente, tras El alquiler del mundo, soy un rendido admirador de sus cualidades como novelista pero siendo el hermano mayor, y dedicándome al mismo negocio a tiempo parcial, la tentación de parapetarse tras una condescendiente evaluación fría y distante hubiera sido un fácil recurso para salir del apuro si en esas me hubiera encontrado. Por contra, sostener que La vida póstuma es un magnífico artefacto de ficción no tiene demasiado que ver ni con las deudas fraternales ni con las adhesiones incondicionales. Es el corolario de la gratificante lectura de una "novela de ideas" escrita no al modo centroeuropeo sino, para el modesto oído de uno, en una tonalidad de "cono sur": borgiana y cortazariana; incluso, sonando lejos, sabatiana. Una elección estilística que aleja su texto de cualquiera de las variantes del enciclopedismo, que no subsume la belleza de la forma bajo la exigencia de la reflexión y que persuade más con las artes de la buena construcción y la prosa cuidada que con la pesadez de la argumentación disimulada: la trama no está al servicio de la exposición conceptual, de su plasticidad (Hegel) sino que se entrelazan sin estridencias ni rozamientos. Y entre las muchas ideas que, en enjambre, pululan por sus páginas, dos. Una especialmente atractiva teóricamente hablando: la efectividad de lo fantasmático. Un viejo tema recurrente en la historia de la literatura (Calderón, Shakespeare, Wilde), marginal en la de la Filosofía hasta la segunda mitad del siglo XX pero nuclear estas últimas décadas, por ejemplo en la obra de Derrida o Žižek así como en la de otros muchos pensadores de la posmodernidad. Una preocupación, además, que nos une a causa de nuestro común contexto biográfico y, tal vez, debido a su hiperactividad temática, derivada de algunas de las repercusiones de la llamada "revolución tecnológica". La otra, que no desvelaré, muy sugestiva en términos estéticos y que, absorbiendo la parte final de la novela, le confiere un extraordinario giro en el que la alta cultura y la cultura de masas se ensamblan de una forma original y bella.

Tan sólo ofrecería dos objeciones: por un lado, la novela se hace corta; se echan en falta cincuenta o cien páginas más para explorar algunos personajes (especialmente el enigmático Herzog) y acciones muy bien apuntadas pero cuya exposición sucinta provocan todavía más apetito (las estancias en Cuba, las mallas de las redes revolucionarias en París...); por otro, la historia de amor principal aunque está excelentemente estructurada uno cree, y siente, que en estos tiempos debería obedecer a la normatividad descriptiva y al vocabulario que podría extraerse de la maravillosa Plataforma de Houllebecq. Pero eso es una cuestión menor, casi de gusto.

Felicidades Pablo por tu libro.

10 de noviembre de 2017

Unas palabras de Simon Leys de aplicación casi estricta estos últimos meses

Robert me pasó este texto especialmente apropiado para la situación en la que nos hallamos algunos de los que intentamos sobrevivir en los agujeros que las manadas de uno y otro signo nos han dejado de momento:

"Hace tiempo, cuando se produjo un trivial incidente cuyo pleno significado no se me reveló hasta que hubo pasado, no dije esta boca es mía, pro su recuerdo aún me abrasa. Fue en ocasión de un simposio de historiadores organizado por una respetable universidad. Un viejo profesor extranjero, invitado especial, acababa de hablar de la pintura de paisaje de los Song cuando un joven universitario local se adueñó de la tribuna y se lanzó a una larga y apasionada denuncia de la ponencia de su erudito predecesor en el uso de la palabra. No se puede decir que su diatriba fuese muy original, pues rebosaba de todos los lugares comunes de la corriente maoísta, entonces en boga. Apoyado por una entusiasta claque de admiradores autóctonos, el tribuno revolucionario nos explicó que había que estar ciego por todos los prejuicios del elitismo burgués para admirar la pintura china antigua, obra de explotadores y parásitos, mientras que el verdadero arte de China -que los mandarines académicos se obstinaban en ignorar- era producido por las masas populares de campesinos, obreros y soldados. En pocas palabras, el latiguillo habitual de la época, totalmente olvidado hoy. La violencia de este ataque sorprendió al viejo profesor, hombre frágil y refinado, pero permaneció en silencio. No quedaba, por lo demás, tiempo ya para el debate, y el presidente levantó precipitadamente la sesión.
Entre la concurrencia, formada en su mayor parte por gente educada y cortés, se había dejado sentir una incomodidad muy real; pero en general, cuando a unas personas decentes se las enfrenta a una indecencia masiva, procuran aparentar por todos los medios que no pasa nada."

Simon Leys, La felicidad de los pececillos. El saber desde lo alto del puente

1 de noviembre de 2017

"Literatura sin esencia" y Clàudia en Lübeck

Aprovechando esta "retirada" de la actualidad debe uno agradecer a Virginia Trueba el prólogo que ha escrito al ensayo que Viktor Gómez se ofreció a publicar en Amargord y que ya tiene en sus manos. El texto de Virginia lleva por sugerente título "La respuesta como la desgracia de la pregunta" y cumple a la perfección el double-bind deconstructivo: es una incitación a la lectura de las reflexiones que uno ha articulado sobre la naturaleza de la Literatura en los últimos años (o más bien sobre la falta de esa naturaleza propia e intransferible) y, al tiempo, una acertada invitación a la crítica de algunos aspectos de las afirmaciones, preguntas y propuestas allí. El ensayo lleva por título Literatura sin esencia (exploraciones en Teoría Literaria) y verá la luz en la primavera del año que viene.

Y ensancha este alejamiento saber que Clàudia, que está presentando un trabajo en una sede del Max Planck en Plön, visitará estos días la Buddenbrookhaus de Lübeck, la mansión familiar de los Mann que Thomas retrató en su famosa novela que se ha convertido en museo dedicado a su obra y la de su hermano Heinrich. Hablando anoche con ella, la posibilidad de comprar un billete y pasar el fin de semana contemplando un fetiche de ese burgués y ficticio mundo humanista y cosmopolita encarnado por el autor de La montaña mágica, me pareció mucho más que una mera inconsciente proyección libidinal o una ignorada cosificación: me pareció una auténtica muestra de eticidad universal.

29 de octubre de 2017

Retirada

La posibilidad de que, a la luz de este "retorno de lo reprimido" que distinguiría - entre otros muchos aspectos - el fenómeno secesionista catalán, pueda considerarse que existen tendencias vinculadas a nuestra constitución biológica y evolutiva que exceden cualquier capacidad de mejora moral o intelectual; de que una cierta "condición humana" de largo aliento (tal vez tan antigua como el homo sapiens, tal vez capaz de remontarse al Neolítico) pueda hacer trizas cualquier proyecto utópico o siquiera bienintencionado, eso para no hablar de otras múltiples e incontables contingencias, le obliga a uno a emprender un cierto alejamiento de la "actualidad" para intentar pensarla otra vez más allá de los esquemas que había hecho servir hasta ahora. Sin urgencias: lo importante no es idéntico a lo urgente. Una especie de retirada de la política. Seguramente hacia la ética aunque también podría ser hacia la estética. Es pronto para saberlo todavía.

25 de octubre de 2017

Postración

Desde el domingo a uno le domina la postración intelectual. Una reflexión desapasionada sobre las consecuencias de la aplicación del 155, la inevitable campaña de desobediencia civil que se vaticina, las medidas coercitivas que serán seguro poco graduales, la apuesta por el "todo o nada" en la seguridad que será "todo" en la que se han instalado mis amigos y conocidos secesionistas, la soberbia y la ignorancia que parecen dominar entre las élites políticas españolas también convencidas de su particular "todo"... esos aspectos, y otros que no vienen al caso, dibujan ese escenario que hace cinco años, cuando comencé la "Crónica de la Nueva Edad", se aparecía como el más previsible: el enfrentamiento violento entre los secesionistas y el estado español. Un enfrentamiento de baja intensidad al principio pero que, tiene uno la convicción, acabará derivando en algo peor posteriormente. Hay mucho aspirante a intelectual y a revolucionario entusiasmado con este panorama. Mejor para ellos. A quien esto escribe, por contra, este horizonte le resulta desmoralizante. Este largo episodio cada vez sugiere con más fuerza la posibilidad de que haya algo así como una "condición humana", de muy largo aliento, inmune a la racionalidad, la concordia, el diálogo y el reconocimiento de la diferencia, refractaria a cualquier tipo de mejora o progreso. Algo preocupante para quien ha mantenido posiciones relativistas e historicistas buena parte de su vida. Mas, sobre todo, emocionalmente hablando, deprimente.

22 de octubre de 2017

Observaciones críticas

Ya hace tiempo que los secesionistas que pasaban por aquí dejaron de hacerlo o, cuanto menos, renunciaron a hacerme llegar sus observaciones por correo. Supongo que a partir de que con la tergiversación que realizaron de las "plebiscitarias" del 27-S de 2015 y la aprobación poco edificante de las leyes de transitoriedad y del referéndum, uno dejó de reconocerles preferencia moral alguna respecto a los partidarios del mantenimiento del statu quo, los pocos que todavía aterrizaban por esta página casualmente o debido a los vínculos amistosos que mantenemos, resolvieron ausentarse definitivamente. La prueba: ningún comentario ni crítico ni elogioso sobre mis aseveraciones pese a que, finalmente, los habilité.

El problema es que tampoco muchos antisecesionistas están cómodos con estas reflexiones y también están abdicando de la posibilidad de dialogar críticamente (eso suponiendo que los argumentos y valoraciones que sostiene uno en este hiperlugar tengan suficiente relevancia, lo cual es mucho suponer). Total, que estas palabras cada vez más se pierden en la inmensidad de lo desdeñable. No obstante, uno de mis más apreciados amigos antisecesionistas ha tenido a bien enviarme una carta con sus opiniones acerca de algunas afirmaciones que he realizado que dejo a continuación a fin de ilusionarme con la idea de que alguien todavía cree que vale la pena objetar y discutir con quien escribe. Gracias Alberto por tomarte la molestia de poner por escrito tus discrepancias y por esa valentía que exhibes en un entorno tan hostil a tu esfuerzo por mantener la libertad de pensamiento.

"Amigo Jorge,

Leo de cuando en cuando tu blog, porque aprendo mucho leyéndote y porque te aprecio mucho. Ello me permite hoy manifestarte alguna perplejidad o desacuerdo ante lo que dices sobre el tema de Cataluña, concretamente sobre la prisión decretada a los Jordis.

Me ha sorprendido que afirmes que “los jueces deben sopesar cuidadosamente las consecuencias de sus decisiones”. Sin duda te asiste la razón en cuanto este es el deber de cualquier persona. Sin embargo, un juez, en el ejercicio de su función, debe aplicar la ley caiga quien caiga, por decirlo coloquialmente. Naturalmente debe considerar también las consecuencias, pero ello no puede ser determinante. Hay un margen a la hora de decidir, porque un juez no actúa por aplicación automática, tiene que valorar muchos factores, puede equivocarse al apreciar un delito, etc. También es cierto que el juez tiene su talante, sus fobias, sus prejuicios y su ideología (de cerrar España o de la p... España, según tiempos y lugares...), y que en este caso puede dejarse llevar por el hartazgo que muchos (todos?) arrastramos de tener que tragarse cada día todo lo del “procés”… o del actual “mambo” que sufrimos.  Pero pienso que en cualquier caso este margen es o debiera ser muy estrecho. Acreditado y caracterizado el delito, un juez debe decretar la pena que le corresponde, y ello no puede depender de si se crea o no “alarma social”.   Puede ser dudoso o discutible que hubiera delito, y error a la hora de tipificarlo con objetividad, pero si juzga que hay delito el deber del juez es aplicar la pena. Tanto más cuanto en un país democrático- y España sin duda lo es- existen todas las garantías jurídicas y la posibilidad de recurrir. En este caso concreto más que alarma hay indignación, y mucha, que les viene muy bien, todo hay que decirlo, porque no buscan solucionar conflictos con el Estado sino crearlos hasta que sea forzosa la desconexión que desean. Es pues munición que se les da a quienes buscan desesperadamente acreditar la mentira interesada del “Estado opresor”, el déficit democrático, etc.  Pero el hecho mismo de esta sentencia puede verse como una prueba del buen funcionamiento de la justicia y de la real separación de poderes. La “fina línea” de la separación quizá es fina, pero existe, y normalmente funciona. En este caso ha funcionado. Porque no creo que en la Moncloa se hayan alegrado nada de este suplemento de excitación en Cataluña.  Añado que si lees el auto judicial verás que está muy bien motivado, según opinión también de gente muy experta. Algunos ven exageración. Es posible… Es la cuestión del margen. Dura lex, sed lex.

Me alargo demasiado, pero quiero decirte que tampoco estoy de acuerdo con que “el estado español no se merece conservar Catalunya”. No fotem! Es tu opinión, claro, que respeto, y puedo entender el motivo, pero debo decir que también me sorprende. Lo tomo como una exageración tuya o una figura retórica. Entiendo que se pueda decir eso en ciertos contextos, si consideramos temas aislados, aunque quizá frecuentes. ¡Pero no fotem! Quizá el Estado español no se merezca Catalunya, pero puestos a calibrar méritos tampoco nosotros mereceríamos más que el odio y antipatías que hemos provocado en los últimos años. No digo practicado (presumían de sonrisas…), sino provocado de hecho. ¡No fotem! Me temo que diciendo y difundiendo cosas así también se da munición al secesionismo. Y bueno, ya sabes, uno no es en absoluto secesionista… Nos merezca o no el Estado español, no veo posible la secesión ni la deseo. Creo que no será una realidad, aunque puede pasar de todo durante el mambo que nos hacen bailar…hasta que nos impongan la sardana.  Me viene a la mente aquella frase de un torero (el Guerra, creo): “Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible” que en su gracejo entiendo como algo más que una tautología. Pues eso.
 Una de las tristes cosas que constato, sin hablar ya ahora de tu frase, claro, es que estamos llenos de chistes, sarcasmos, ironías, “pensamientos” con chispa y exageraciones que con la excusa del “buen humor”, del “postureo” o de exhibir equidistancia, y con la ayuda de las TV y los twits y los WhatsApp, difunden la trivialidad, el pensamiento plano… y en nuestra tierra nutren a menudo el desprecio a todo lo español. Entiendo que el humor es buena cosa, pero llega un momento que se convierte en pura evasión y los hay que lo utilizan para no tener que comprometerse con nada y poder gustar a todo el mundo. Y uno, aunque sea bastante cobarde y demasiado entrado en años, y en ocasiones un cínico, se siente interiormente comprometido cuando llegan cosas tan serias que me roban el sosiego, el equilibrio interior ya muy frágil. Y, sobre todo, sobre todo, el futuro de mis hijos y hasta la alegría de entenderme con ellos sin más problemas que los normales.

No sé si el Estado español merece Catalunya, pero pienso que Catalunya no tiene nada que ganar promoviendo la aversión a lo español. Catalunya debería preservar, promover, merecer la buena relación con el resto de España. Fue un hecho hasta hace unos años, cuando Catalunya era admirada, envidiada, aun con brotes de catalanofobia aquí y allá. Ahora lo hemos destrozado todo.  ¿Se han vuelto locos nuestros mesías? Tendrían que ir al psiquiatra para que les equilibren sus filias y fobias y les canten aquello que ellos hacen cantar al pueblo: “enradera aquesta gent, tan ufana i tan superba”. Y tan irresponsables. A uno le duele que no haya más “esprit de finesse” y acierto en la política de Madrid, pero lo perdona y hasta lo excusa en nombre del fracaso y castigo que merecen nuestros condotieri… ¡Uno quiere que fracasen! Espero les caiga algún día encima el castigo y que la justicia considere -ahora si- el mal que han causado y el que harán todavía.  Son los primeros culpables -no únicos, pero si los más notorios- de la penosa situación a que estamos llegando.

Aquí termino. Tú sabrás comprender mi exceso verbal, producto de la tristeza y cabreo que siento, felizmente superadas todavía por tu amistad y la confianza que te tengo.

Un saludo cordial a tu familia, y un fuerte abrazo para ti.

Alberto"


Aprecio sus argumentos y tomo en consideración su crítica. En el nivel privado y emocional ya le he respondido. En cuanto pueda, reposadamente, intentaré replicar aquello que crea que puede o debe ser replicado. Quizás poco o nada, quizás mucho. Hay que pensar un poco antes de escribir.

19 de octubre de 2017

Desproporción, improvisación, ignorancia

El encarcelamiento de los líderes de la ANC y Òmnium Cultural por sedición es, tiene uno casi la certeza, una decisión desproporcionada que da oxígeno, y mucho, a unos abatidos secesionistas todavía en proceso de digerir la marcha atrás de Puigdemont en el momento culminante de la insurrección. Una decisión que, además, empeorará considerablemente la situación. Será el resultado de una conducta que tuvo mucho de obstruccionista, organizada y no demasiado pacífica, de una acción explícita contra la legalidad pero los jueces deben sopesar cuidadosamente las consecuencias de sus decisiones (por ejemplo la tan traída "alarma social"). Y aquí la delgada aunque efectiva separación de poderes, que no cabe negar ingenuamente existe en el estado español, va en contra de un planteamiento político racional: la pervivencia, en el estamento judicial, de muchos magistrados educados en el "Santiago y cierra España" y un Ministerio Fiscal que considera que dos millones de catalanes están "abducidos", acaba llevando a estos dislates en que algunos jueces pierden el sentido de la mesura y enconan el conflicto por imprudencia e ignorancia. Y esta ignorancia de lo que pasa y ha pasado estos años en Catalunya es uno de los factores que más está contribuyendo al desconcierto de las instituciones del estado español. Asombra comprobar cómo medios de comunicación tan influyentes como El País abogan, ahora, por el palo tras pasarse años invocando dulces zanahorias socialistas que, creían, los secesionistas habrían estado deseando deseando coger para olvidar sus sueños de independencia: la reforma del estado hacia un modelo federal nunca ha estado en su agenda porque no era, en absoluto, el objetivo disimulado de sus movimientos y partidos. Creer que, "hablando en serio", ese era el sentido último de su lucha es una muestra de desconocimiento de la realidad catalana o de que los tópicos etnicistas acerca de la avaricia y cobardía de "los" catalanes, de su doblez, todavía gobierna la percepción hegemónica en las creencias de las élites madrileñas y estatales. Craso error.

Los secesionistas están dibujando un país detestable pero cada vez tiene uno más claro que el estado español no se merece conservar Catalunya.

15 de octubre de 2017

Pablo y "La vida póstuma"

Aunque Pablo sea un optimista al pensar que el primer momento crítico de la insurrección catalana ya ha pasado, cojo al vuelo sus palabras para recordarme que hay más vida que la política y más emociones que la ansiedad o el miedo: su cuarta novela, La vida póstuma, ya ha visto la luz en Algaida y sus primeras páginas pueden leerse aquí. Después de atreverse a publicar Yo no he muerto en México por entregas en su Blog, vuelve al papel, ese papel que mantiene un plus simbólico - fruto de la tradición - a la hora de valorar la obra de arte literaria y más subjetivamente. Esta vez no esperaré al fraterno ejemplar de rigor. Lo iré a comprar a la librería e interrumpiré las demás lecturas en las que estoy enfrascado. Necesito distanciarme de este entorno próximo estúpido y asfixiante y las lecturas de Ingrao (Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS) o Figes (Los que susurran) no están ayudando demasiado a evitar la tentación de buscar similitudes que justifiquen, irracionalmente, los presagios apocalípticos que se agarran a tantos signos estos días. Bienvenido al terreno de juego, Pablo y gracias por enviarme un poco de aire menos viciado.

12 de octubre de 2017

La ¿DUI? y el estupor

Estupor. Uno diría que el martes por la tarde medio país (entiéndase al gusto del consumidor el referente del término) estaba ante el televisor esperando la Declaración Unilateral de Independencia del Parlamento de Catalunya y, al concluir la retransmisión parlamentaria, probablemente fuera esa la sensación predominante en la mayoría de los espíritus: desde el desánimo a la perplejidad, desde la sorpresa a la indignación, la auténtica "ceremonia de la confusión" que Puigdemont y el bloque secesionista representaron tuvo más que ver con el asombro que con otra cosa. Dan fe de ello las reacciones de los miles de fervorosos seguidores del movimiento congregados en el Passeig Lluís Companys y recogidas en tantas fotos y filmaciones.

Siempre he respetado a Puigdemont y a Junqueras. Tal vez no posean gran talla intelectual y ni siquiera sean buenos oradores o brillantes políticos pero sí me han parecido, ante todo, honestos, que no es poco en los tiempos que corren. Frente a energúmenos tan intelectualmente débiles como la presidenta del Parlament u oportunistas de escasa fiabilidad moral como el expresidente Mas, representaban un proyecto claro y legítimo. De raíces supremacistas, seguramente, pero civilmente domesticado y con un peso argumentativo y racional a tomar en consideración, que estaban dispuestos a defender ante cualquiera y hasta el final. Aunque la pérdida de la ventaja moral de que gozaban los secesionistas se agudizó en septiembre pasado, durante la aprobación lamentable de las leyes de Transitoriedad y del Referéndum, hasta casi invertir la relación, el aprecio por el sentido de la dignidad y la coherencia políticas de ambos no se vio afectado. Después de lo del martes uno empieza a pensar que no son mucho mejores que esos políticos de mente estrecha y cálculo breve que dominan en el PP y el PSOE. ¿Tanta épica para acabar haciendo un teatrillo de marionetas? Porque, contra lo que piensa La Vanguardia, aliviada, lo que hicieron no fue política. Política hubiera sido proclamar solemnemente la independencia unilateral y afrontar valientemente sus efectos: los millones de catalanes que les siguen, es lo que esperaban y se merecían. Política también hubiera sido pensárselo bien antes de quemar las naves y emprender la aventura y sopesar los posibles desenlaces. No lo es dar marcha atrás ante un abismo que se aparece como inesperado. ¿Qué tipo de reacción europea se esperaban? ¿Se creían verdaderamente esos discursos de su entorno acerca de que los europeos preferían a los laboriosos y calmados catalanes antes que a los vagos y temperamentales españoles? ¿Se creían su retórica sobre el atractivo intrínseco de Catalunya para las grandes empresas? ¿Se creían que los catalanes contrarios a la independencia eran una auténtica minoría "españolista"?... 

Como se señaló desde las CUP, el movimiento político más coherente del espectro secesionista*, se perdió una "oportunidad histórica". Posiblemente vendrán otras pero puede que tarden más de lo que muchos se piensan. Y, sobre todo, como esto no va de democracia sino que es una pura y dura lucha por la independencia, han perdido una ocasión de oro para poner su República en pie y han cedido la iniciativa, ahora, al Gobierno español.

Con todo, este paso atrás no es definitivo ni mucho menos. Aunque algunos secesionistas puede que marquen distancias con la estrategia de sus dirigentes, la gran mayoría ya está reinterpretando lo sucedido. T. ha pasado de los cincuenta, aunque no se haya apercibido de ello, ocupada como está en retratarse junto a su hija en escenas del estilo "dos hermanas en acción" o en posturas de estudiado erotismo inocente a lo "exhibo mi cuerpo sin otro objetivo que sentirme bien". Trabaja en el entorno de la CCRTV (Corporació Catalana de Ràdio i Televisió) y el procés le ha conferido un sentido histórico a su monótona existencia a la par que un notable y continuo suministro de emoción y adrenalina. No puede permitirse pensar críticamente: se le caería el mundo encima. Ayer escribió en un grupo de mensajería: "Jugada maestra del presidente!! (aplausos). Los contactos internacionales piden mediación. Rajoy no aceptará. Y entonces sí, en pocos días seremos independientes con el apoyo de Europa. Para entenderlo se necesita un nivel de inteligencia como el de los catalanes. 'Los demas no entienden nada, solo que se ha cagao' (risas hasta saltarse las lárgimas)". Acaba de hacer un 'touché' histórico. A toda Europa y a los grupos políticos de la oposición. Ahora todo lo que digan  estos sonará ridículo o fascista. Muy bien presidente!! (más aplausos)". Lo dicho. La partida está, todavía, en sus inicios...

* Otra cosa es que la ideología de la CUP resista las pruebas más elementales de congruencia como lo muestra la perla que deslizó Anna Gabriel durante su turno parlamentario: ellos creían en una "independencia sin fronteras" (!!!). Cosas veredes amigo Sancho.

10 de octubre de 2017

DUI (II)

Hace apenas veinte minutos, un médico amigo y bien relacionado, me ha comentado que Puigdemont está barajando la posibilidad de dimitir esta tarde tras hacer un reconocimiento simbólico de la independencia de Catalunya y ofrecer la apertura de un período de mediación y diálogo. En su opinión, sería una decisión personal no consensuada con sus socios de gobierno y resultado de las múltiples presiones y el negro panorama económico que se avecina. ¿Sucederá esto? Aunque uno lo vea poco probable es una posibilidad tal vez no tan remota. Sería la solución menos violenta a corto plazo. En cualquier caso, hoy, en Catalunya, tensión, mucha tensión, demasiada y visible en calles, plazas y rostros.

9 de octubre de 2017

DUI

A veces, revisando - que no "hojeando" - la prensa madrileña uno puede tener la impresión de que no se entiende demasiado el "problema catalán" o que no se comprende lo que ocurre en Catalunya. Seguramente es una idea falsa, hiperbólica, y quizás aquí tampoco se entienda demasiado ni lo que sucede en este país ni en España. Pero lo que sí puede certificarse es que la mayoría de cronistas, editorialistas y opinadores varios, especialmente los del ecosistema de PRISA, se obstinan en considerar que hay una dimensión de "fuego de artificio" en el proceso secesionista. Eso les permite especular con una posible suspensión de la Declaración Unilateral de Independencia prevista para mañana, como si en el último momento la rauxa hubiera de ceder ante el seny, como si finalmente la naturaleza de "los catalanes" volviera a su cauce. Ya lo ha dicho el líder de la ANC Jordi Sánchez: por credibilidad y dignidad ha de hacerse esa Declaración. Como esto no ha ido nunca de democracia sino de pura y simple independencia, el camino recorrido no puede ser, ahora, borrado de un plumazo. Es una imposibilidad política y ética para los dirigentes secesionistas. Y para su público (recordemos el "teorema de Thomas"). Así, en los grupos de mensajería en los que uno participa, el ánimo de los secesionistas está más bien decaído. Abunda el fatalismo. Algunos ya aseguran que mañana se detendrá a Puigdemont, que ante la pasividad de Europa se aplicará el 155, que en un mes o dos Catalunya será gobernada por "els de Ciudadanos" y que habrá que ir pensando en emigrar (!). Pero nadie contempla otra conducta posible que la proclamación de la República Catalana mañana. Y uno duda que haya otro escenario posible.

P.S: Por cierto, dentro de esa interpretación general que se hace en los medios madrileños, el recurso al "6 de octubre de 1934" es un lugar común, un tópico tranquilizador. La repetición de la Historia en forma de farsa es requerida por su sistema de representaciones para sosegar la incertidumbre y simplificar la complejidad del fenómeno. Sólo hay un problema: está por ver que estemos ante una "repetición".

7 de octubre de 2017

Monedero y Navarro

De entre toda la avalancha de artículos repetitivos, alarmistas e irreflexivos por los que uno ha pasado la vista en los últimos días sobre el "conflicto catalán", debo confesar que el del ínclito poeta Juan Carlos Monedero, "Felipe VI, caminito de Estoril", acerca del discurso del Borbón, ha sido uno de los pocos que ha suscitado mi aplauso silencioso aunque no lo redima ni de sus versos dedicados a Chávez ni del repaso que le propinó el no menos ínclito Montoro. Y que entre los centenares de textos publicados haya tan pocos que a uno le parezcan dignos de elogio hace aun más destacable el que escribió ya hace un par de meses Vicenç Navarro, "¿Qué pasa en Catalunya?: lo que no se dice en los medios, ni en Catalunya ni en España", sobre las causas socioeconómicas de la hegemonía del secesionismo, que no sólo no ha perdido vigencia sino que parece cada día que pasa más acertado y apropiado.

4 de octubre de 2017

Atmósfera irrespirable

Presiones tan intensas, manipulaciones tan descaradas que se confunden con las mentiras más zafias, coacciones apenas disimuladas para forzar la unanimidad del "pueblo catalán" o para galvanizar a un estado burocrático e incompetente tras la bandera española. Los secesionistas ya hace tiempo que supeditaron los medios al fin y han intensificado la histerización de la vida social hasta límites insoportables pero está claro que el gobierno español les ha proporcionado el combustible para ello envuelto, además, en celofán y con un precioso lacito rojo. Anoche, discurso del Rey. Pésimo. Ni un reconocimiento de los errores ni una apelación a la sensatez y al diálogo. A tenor de lo visto hasta ahora es discutible que las instituciones españolas se merezcan conservar Catalunya. Tampoco las catalanas han dibujado con su práctica un país mínimamente atractivo excepto para los supremacistas cuya influencia en el movimiento parece haber ido creciendo en los últimos días. La mitad de los ciudadanos catalanes no está, en realidad, incluido en este proyecto de país y, como en todo proceso insurreccional, quienes se van imponiendo son los más sectarios e intolerantes. Muchos docentes de este país se han convertido en tristes agitadores dimitiendo de su labor pedagógica y de la neutralidad ideológica: han lanzado a la basura su profesionalidad. En fin. Días horribles incluso para los secesionistas más sensatos. No se puede leer otra cosa que el goteo constante de los medios de comunicación que, como señalaba Sloterdijk, cumplen su papel de generadores de estrés a la perfección. Apenas se puede razonar con claridad y mucho menos dialogar. Pasa uno el día entre el trabajo, Internet y la televisión. La poesía es un recuerdo. La filosofía una ruina. Desde Illinois, Montreal o Buenos Aires es probable que algún observador sólo destaque la épica de la transformación social y el movimiento popular y la retórica de la represión. Desde Soria, Paris o Munich la ilegalidad y la unilateralidad. Desde Barcelona, uno destaca el miedo: ante todo el miedo.

1 de octubre de 2017

La equidistancia y el gobierno español

Para uno, la equidistancia es un trabajo racional, un esfuerzo de reescritura de lo casi inmediato, de lo que aparece como primario y primero, natural y que, obviamente, no lo es aunque lo parezca. Mantenerla hoy en Catalunya, tras la exhibición de desmesura de las Fuerzas de Seguridad del Estado y su utilización por parte de los secesionistas, es difícil. La emoción dicta un rechazo absoluto a la represión estúpida y ampara la tentación de volver a ver la situación en términos simplistas, "tomando partido" en un juego perverso en cuyo diseño es difícil aceptar que uno haya intervenido de algún modo y en el cual, desde luego, no desea participar. Las justificaciones pueden acudir en masa para rebajar: que se trata de fenómenos aislados, que la resistencia pasiva no lo ha sido tanto, que si la ley, que si los equidistantes Mossos, que si... Pero el hecho "crudo" es que poner en circulación miles de policías y guardias civiles para restablecer "el imperio de la ley" en una segunda parte de la butifarrada del 9 de noviembre, tiene más de imperial que de ley. Que los grupos más radicalizados de ambas partes buscan el cadáver que inclinaría, de un golpe, la balanza, es algo de lo que estoy persuadido. Pero también de que el gobierno español ha puesto en bandeja esta posibilidad haciendo gala de una ineptitud colosal. Su responsabilidad, y su falta de inteligencia, es casi indiscutible.

29 de septiembre de 2017

Contener el aliento

Semana de pasos medidos, cautelas y muchos momentos de circunspección. Ruido desmesurado, miedos susurrados, entusiasmos desbordados y ciclotimias diversas: espera ante el apocalipsis redentor para muchos, aniquilador para otros y cansino para quien escribe. Ahora a contener el aliento durante las próximas 72 horas con la vista puesta en Declaraciones Unilaterales de Independencia y artículos 155 entre otras lindezas: 72 horas en las que las posibilidades del deseado martirio crecerán exponencialmente. Contener el aliento para que el muerto (o los muertos) con el que sueñan los extremistas sonrientes y extremistas constitucionales, ese muerto que decidiría la situación y evitaría la instalación del Día de la Marmota entre nosotros, siga siendo eso, un delirio. Gracias Bill Murray...

23 de septiembre de 2017

La inadvertida pendiente totalitaria

Estos días, incluso mis amigos y conocidos secesionistas han entrado, unos conscientemente y la mayoría - creo - inconscientemente, en la espiral señalatoria: interpelar, identificar y señalar. Es difícil saber si es una caída o un ascenso, si se sube trabajosamente o si se desciende fácilmente. Pero uno está persuadido de que cuando en la vida social se distingue y se marca, verbalmente o simbólicamente, la pulsión totalitaria ha avanzado un paso. Nada más que un paso. Y sin embargo, nada menos.

No debe hacerse de ello una interpretación hiperbólica al modo de cualquier tertuliano de tres al cuarto pero tampoco puede minimizarse en modo alguno amparándose en "la represión" si se pretende mantener la superioridad moral de una opción política.

P.S: Por otro lado, en el sobrevuelo bajo de un helicóptero "Delfín" de la Guardia Civil y de otro de la Policía Nacional esta mañana durante más de media hora, es difícil no ver una exhibición innecesaria que, a ojos de mis exasperados amigos secesionistas, no puede ser sino "provocativa". Incluso a uno le cuesta...

21 de septiembre de 2017

Jornada de ira

Ayer, en Barcelona, jornada de sobeexcitación, histeria, ansiedad y mucha ira, reverberada por los medios de comunicación, para miles de secesionistas incluidos algunos amigos y conocidos. Día de representaciones, coreografías y montajes variados encaminados a exhibir la retórica de una revolución pacífica violentamente sacudida por la brutalidad militar española. Jornada de apelaciones y exigencias, de requerimientos para abandonar cualquier equidistancia y distinguir netamente a los "buenos" catalanes de los fascistas. También por parte de varios de estos amigos y conocidos, impacientes, estresados e incapaces de soportar cualquier actitud crítica o, simplemente, cualquier tibieza o matización que se evada del maniqueísmo reduccionista: no hay diálogo racional posible, sólo exaltación, identificación, alineamiento y furia. El riesgo de fractura social "real", de auténtica división fraternal, se acerca rápidamente...

P.D: en una escuela, se interrumpieron las clases para que los niños de primaria entonaran Els segadors, pintaran una bandera catalana y se gritara contra las "fuerzas de ocupación"...

13 de septiembre de 2017

Flexibilidad e intransigencia

En el sentido en el que se hablaba el otro día, uno diría que, dado el actual predominio de las actitudes flexibles y las fronteras lábiles, en el ámbito de la moralidad individual sería preferible mantener la intransigencia en la valoración como ideal regulativo. Si en el ámbito de lo político y de la moralidad social, ésta podría limitarse a ciertas "líneas rojas" mayoritariamente consensuables y fomentar la tolerancia como eje de la convivencia, en el de la conciencia subjetiva tal vez ahora debería aspirar a evitar dobles raseros y excepciones a la norma a fin de preservar, en la medida de lo posible, el "trabajo de lo negativo", el ímpetu necesario de la negación, salvaguarda de la posibilidad de la libertad.

Y también por ello, en una situación de dominio del totalitarismo en lo político y en la ética social quizás debería cultivarse, por contra, la flexibilidad axiológica.

Un asunto, en realidad, de puro y simple sentido común...