4 de mayo de 2016

Ética y política: a propósito de "La tiranía de los modos de vida" (I)


En su libro La tiranía de los modos de vida el ginebrino Mark Hunyadi intenta proponer una solución a la paradoja que en su opinión distingue, en el ámbito ético, nuestras sociedades actuales: al lado de una hipermoralización que parece inundar el sistema puede encontrarse una total falta de reflexión ética acerca de los "modos de vida" que se imponen a los individuos.

La noción de "modos de vida" quizás sea conceptualmente problemática pero intuitivamente parece poderosa a primera vista. A diferencia del "estilo de vida", que implicaría un acto de la conciencia, o de la voluntad, una relativa elección subjetiva, el "modo de vida" sería una estructura objetiva que organizaría una amalgama heterogénea de acciones, pensamientos y objetos y prescribiría, o haría esperar cuanto menos, unos comportamientos y no otros de los sujetos que los practican.

Aunque se estaría tentado de ver en la noción, tal y como la usa Hunyadi, un intento de otorgar una lógica coherente y reduccionista a la diversidad de la que daría cuenta, lo cual podría acabar exigiendo alguna forma de intencionalidad compositiva y configuradora situada en alguna instancia (en el Sistema, en el Capital, en el Poder, en la clase o la élite dominantes...), también podría ser entendida como un mero principio de inteligibilidad al modo nominalista: la posesión de un IPad, la contribución a GreenPeace, el voto a un partido político "sistémico", la compra o no de una vivienda, la forma de estipular nuestras pautas sexuales, etc. no tienen porqué ser congruentes y obedientes a una comunidad de intereses que yacería detrás y los armonizaría en su disparidad en torno a un único fin. Comprar un IPhone 6 puede ser un resultado de las acciones orquestadas de la economía capitalista pero no está tan claro que ciertas opciones sexuales o la existencia de un salario mínimo o el disfrute de un derecho laboral no sean más bien el fruto de las luchas contra las exigencias de esta forma productiva, incorporadas como "conquistas" a los modos de vida hegemónicos, que sutiles "trampas" de las que el capitalismo se serviría para garantizar su reproducción. De esta manera, los modos de vida podrían ser comprendidos más como un campo de tensiones, de fuerzas en los que interaccionan estados de cosas distintos, diversos y hasta opuestos más que como un armazón homogéneo, a despecho de su variedad, construido por Alguien o Algo con la intención de condicionar la existencia de unos sujetos a los que se les asignaría exteriormente: como una totalidad sino armónica sí al menos orgánicamete entrelazada y obediente a un propósito.

1 de mayo de 2016

Para distraídos, ociosos, benevolentes, amigos, etc.


Gracias al esfuerzo despreocupado de Gabriel Suárez y con un indiscutible retraso provocado por una serie de vicisitudes instrínsecas y extrínsecas al artefacto literario Contra Visconti que parecían no acabarse, el libro se presentará finalmente el próximo 17 de mayo en la librería Documenta (Pau Claris 144, 08009 Barcelona) de la mano de Agustín Calvo Galán a quien también debe agradecerle uno su generosidad. Aquellos que no tengan otra actividad más interesante en la que emplear su tiempo serán, como siempre, bienvenidos.

Por cierto, al día siguiente también tendré ocasión de presentarlo en un curso de Grado que la Dra. Trueba imparte en la Universidad de Barcelona y en el que ha tenido la gentileza de incluirlo como lectura recomendada.

A salir de la cueva...

27 de abril de 2016

"Contra Visconti" en "Vora la platja"


Xavier ha realizado una lectura sagaz y atinada, además de indulgente y amistosa - como no podía ser de otra manera -, de Contra Visconti en la revista digital Catalunya Vanguardista. Gracias Xavier por el tiempo dedicado y la pertinencia de tus observaciones.

23 de abril de 2016

Microcríticas (1)


El rompimiento de gloria. Marqués de Tamarón.
Es difícil evitar la sensación de que tras las andanzas de la pareja de jóvenes hermanos bellos, aristocráticos e incestuosos, que impugnan la moralidad al uso como si se tratara de adalides nietzscheanos y que sufren la persecución de las primitivas y malolientes turbas proletarias, no se oculte un modelo estético no demasiado lejano del profesado por muchos nacionalsocialistas de diverso pelaje.

20 de abril de 2016

La izquierda reaccionaria


Ayer, Félix Ovejero se preguntaba si la izquierda, desde un punto de vista marxista, se está convirtiendo en una opción política reaccionaria en ciertos aspectos. En el caso de la "Educación", uno hace tiempo que opina que eso es así. Así, señala acertadamente que "hoy una parte de la izquierda, muy representada entre nosotros, se ha vuelto comprensiva con la sinrazón religiosa, simpatiza con quienes quieren levantar comunidades políticas sostenidas en la identidad y muestra una antipatía sin matices contra el proceso globalizador. Incluso se muestra dubitativa de la peor manera a la hora de valorar la ciencia y el progreso científico. Y eso que, precisamente porque su defensa de la ciencia había encontrado su justificación última en la racionalidad práctica, porque se había mostrado capaz de reconocer que la ciencia es tan solo una de las posibilidades de ejercer la racionalidad, el socialismo disponía del mejor guion para abordar los tiempos por venir: la ciencia, también la básica, puede ser tasada por la razón, incluso frenada en determinadas líneas de investigación potencialmente devastadoras en sus aplicaciones."

En lo que uno discreparía es en la identificación que realiza entre la izquierda "realmente existente" y sus fuentes marxistas. En lo que, desde hace más de un siglo, se ha denominado "izquierda" conviven varios grupos sociales e ideológicos notablemente distintos que beben en diferentes fuentes. Una de ellas, la que ahora es hegemónica, proviene de la reacción (y nunca mejor dicho) romántica a la Ilustración. Si la izquierda ilustrada se anuncia en Saint-Just y Babeuf y se desarrolla en Marx, Engels o Bakunin, la romántica se remonta a Rousseau y sigue con los socialistas utópicos, Kropotkin o Tolstoi. En el leninismo, la corriente ilustrada se conviertió en dominante mientras que los románticos se quedaron en una posición subalterna y acabaron engrosando las filas trotskistas y anarquistas. Su consecuencia, el criminal experimento del "socialismo real", buscó su legitimación en una lectura estrecha y torva de este ala racionalista y cientificista y, en buena parte, la arrastró consigo en su caída reduciéndola a escombros. Este hundimiento dejó el campo abierto para que la izquierda romántica, que había alimentado la oposición a la concreción de los ideales comunistas en la URSS, se hiciera con la bandera del movimiento que ahora agita para desesperación de muchos de nosotros y lo convirtiera en este remedo de social-anarquismo marcadamente reaccionario en muchos ámbitos de la existencia social...

Marx, cabe insistir, no tenía demasiado que ver con esta gente...

18 de abril de 2016

Utilitaristas y universalistas



El otro día, El País se hacía eco de un estudio que parece demostrar algo que se diría que el sentido común y la experiencia cotidiana hace mucho que tienen claro: "las personas que prefieren los absolutos morales son consideradas más fiables que quienes prefieren hacer cálculos para maximizar el bien común"; acostumbramos a confiar más en personas con sólidos principios morales que en aquellos que obedecen a éticas flexibles, relativistas. En la terminología contemporánea: nuestrtas preferencias se dirigen antes a los deontologistas que a los consecuencialistas.

En cierto sentido esta oposición entre las que podríamos denominar morales "universalistas" y "utilitaristas" recorre, a despecho de desplazamientos, rupturas y reagrupaciones, la historia de las polémicas éticas en la cultura occidental. De hecho, el debate entre los sofistas y Platón ya podría ser leído bajo este esquema. El discípulo de Sócrates afirmaría que la conducta virtuosa sería deseable y preferible por sí misma, independientemente de sus posibles resultados, mientras que los sofistas sostendrían que es en función de estos que debe evaluarse, y elegirse, la norma moral. Hoy día este enfrentamiento sigue vigente aunque desde Marx y Nietzsche parece que los modelos utilitaristas han cobrado una ventaja incuestionable, al menos en el dominio académico. Y esta ventaja ha producido una paradoja curiosa en algunos, como el que escribe: las morales utilitaristas, técnicamente hablando, aparecen como más sofisticadas que las universalistas, sustentadas en más "hechos" y consistentes con más descripciones. Mejores, más razonables, bien fundamentadas. Sin embargo, esta preferencia teórica es contradicha, a grosso modo pues en cierta forma estaríamos mezclando indebidamente dos ámbitos, por la preferencia emotiva de la que hablaba el estudio citado al inicio. Uno también confiaría antes en un universalista que en un relativista y, por supuesto, desearía que las personas con las que trato habitualmente me consideraran no como un medio para un fin exterior sino como un fin en mí mismo, independientemente del provecho que pudieran obtener de mis acciones. Singular discrepancia.

La pertinencia teórica no tiene que corresponder a una preferencia práctica. Una buena teoría, una teoría verdadera, puede desagradarnos profundamente y tal vez deseemos profesar con fervor una teoría falsa. No obstante, en el caso de la ética los dos espacios no son tan ajenos, se implican mutuamente, de ahí que no deje de resultar significativo y sorprendente este desacuerdo.

P.S: Mientras escribía acerca de esta disparidad, he recordado que Martin Jay, en La imaginación dialéctica, se hacía eco de un sorprendente ejemplo histórico de la fiabilidad de los individuos que siguen morales universalistas respecto a aquellos que respetan otras más bien consecuencialistas, utilitaristas: "Uno de sus proyectos fue una investigación del tipo de ayuda brindada por los gentiles alemanes a las víctimas judías de Hitler. Con el copatrocinio prestigioso de Thomas Mann, se recogieron datos de diversos modos, por ejemplo a través de anuncios en Aufbau, el periódico de lengua alemana más importante de los refugiados. Aunque nuncase publicó, el estudio mostraba que católicos y conservadores habían brindado más ayuda que protestantes y liberales. Según Paul Massing, esta conclusión fue empleada después por Horkheimer para apoyar su argumento de que los conservadores eran a menudo mejores defensores de los ideales críticos que los liberales" (p367).

15 de abril de 2016

República y nostalgia


La inmensa mayoría de mis amigos son republicanos. Uno, más o menos también. Sin embargo, dista de estar convencido de la utilidad de perder tiempo y energías en un intenso trabajo político orientado a abolir la monarquía y restaurarla. Desde la perspectiva de la causa general de la emancipación, la República, como el nacionalismo, es una simple y pura distracción: ningún ejemplo histórico avala que sea realmente un progreso que merezca semejante inversión. Estados Unidos es un régimen republicano y pocos países presentan desigualdades más intolerables en términos de justicia social y libertades. En Africa y Latinoamérica predominan abrumadoramente y tampoco puede constatarse ninguna ventaja objetiva frente a monarquías europeas como Holanda, Noruega o Dinamarca. De la misma manera que el negocio de la independencia - en situaciones no coloniales - puede resultar estéril y hasta contraproducente, no menos lo sería empeñarse en situar en el eje de la acción social el advenimiento de una República. Y más por estos pagos. Sinceramente, uno ve mucha nostalgia, demasiada, en sus partidarios. Una añoranza idealizada por lo que pudo ser y no fue que se topa de bruces con una sensación que, no lo dudo, podría ser compartida incluso por algunos de ellos: ¿de verdad se puede encontrar algún personaje público, en esta época de debilidad intelectual, partidismo descarado, corrección política, cinismo y corrupción, capaz de representar los valores formales de la Presidencia de la República como en su momento lo hicieron Alcalá-Zamora o Azaña?

A no ser que estemos optando por un simple modelo de reestructuración institucional a la francesa o a la estadounidense, en cuyo caso lo único que necesitamos es sustituir a Obama u Hollande por Rajoy, Iglesias, Sánchez o Rivera lo cual no parece un programa ético-político que añada nada sustantivo a la existencia cotidiana de los ciudadanos. O que lo que se pretenda con este cambio sea ahorrar en los presupuestos públicos el gasto de una Familia Real pero cabe dudar, recordando por ejemplo los turbios enredos económicos de más de una presidencia gala, que el beneficio vaya a ser significativo.

Pero uno diría que no estamos hablando de eso aquí y ahora: los republicanos desean "la República", la que los fascistas aniquilaron, no otra, la del pasado. Y la quisieran ver reinstaurada como si los cuarenta años de dictadura y los treinta de monarquía constitucional pudieran ser borrados de un plumazo.

La lástima es que la historia, si de verdad se repitiera, seguramente lo haría en forma de farsa...

13 de abril de 2016

El "negocio" educativo


En este país la mercantilización de la educación, la inclusión de ésta en el circuito de la generación, producción y distribución de capital - siguiendo la descripción que Marx esbozó en el Capítulo VI inédito de El Capital acerca de la "subsunción de lo real al capital" (fase en la que, probablemente, aun estaríamos) -, empezó con la LOGSE. Ha seguido con las innovaciones educativas, la apertura de "la escuela" a padres, empresas, ayuntamientos, etc., la labor de las Fundaciones (Santillana, Botín, "La Caixa", Telefónica...), la atención constante, e ignorante, de las élites políticas, mediáticas y tecnocráticas y parece avanzar hacia la supresión del concepto ilustrado de "enseñanza (o instrucción) pública". La izquierda, necia a más no poder, hace el juego a los intereses de esas empresas de las que tanto despotrica proporcionándoles la coartada moral. ¿El objetivo final? Probablemente se podría adivinar en el ejemplo de Liberia que "está transfiriendo su educación pública primaria a una empresa privada estadounidense".

Una curiosidad: los docentes (llamarlos "profesores" es un claro ejemplo de inflación conceptual) no necesitarán más preparación que un curso de cinco semanas pero bueno como de lo que se trata no es de que aprendan sino de que sean felices...

11 de abril de 2016

"Contra Visconti" en "Vuelo nocturno"


Hace unos días Ferran Fernández tuvo la amabilidad de invitarme a su programa radiofónico "Vuelo nocturno". El programa fue emitido el pasado viernes día 8 y ya está disponible el podcast correspondiente. Los poemas de uno compartieron escenario con los de Inma Bernils, Gabriel Celaya, Paco Ibáñez, Aguaviva, Roberto Juarroz, Alejandra Pizarnik, Vanesa Molina, Nicanor Parra y Sílvia Pérez Cruz.

A partir del minuto 11:47 puede escucharse una lectura de los poemas "Auschwitz" (Del Tercer Reich), "La Ciencia de la Lógica" (Filosofía de la minucia) y "La lista de Schindler" (Las vidas de las imágenes) y, de Contra Visconti, de los poemas "Viernes Santo: Sports et divertissements". "Source: Iain Chrichton Smith 'Christmas 1971'" y "El dios de las pequeñas cosas: Teología, Literarura y Televisión".

9 de abril de 2016

Heidegger en el Passeig de Gràcia

En su "analítica existencial" Heidegger daba prioridad a la elección por la propiedad, por el arraigo, frente a la opción por el extrañamiento, por el desarraigo, pero para legitimar esta decisión hubo de poner en pie de igualdad a ambas: eran posibilidades igualmente abiertas ante el Dasein. Paseando por el Passeig de Gràcia barcelonés hoy día, puede uno constatar la pertinencia de la afirmación del de Messkirch.

Ante la profusión de tiendas de lujo, que no desmerece en absoluto a los Champs Élysées o la Kurfürstendamm, y el babélico ir y venir de frases en inglés, chino, ruso, español, japonés, catalán, francés o alemán, uno tiene la sensación de haber perdido de vista la Barcelona de su juventud: de vivir en el desarraigo. Contra lo que añora Vargas Llosa ésta sí es, ahora, una ciudad materialmente cosmopolita aunque sea, idealmente, más provinciana que nunca y de esta internacionalización parece que no deba emerger otra cosa que la nostalgia por la aniquilación de lo que nos pertenecía. Sin embargo, atravesar este territorio de impropiedad, de extrañamiento, sentirse extrañado, enajenado, es también estimulante y agradable. Detesta uno la "milla de oro" de la ostentación: Dior, Chanel, Michael Kors, Louis Vuitton... pero los rostros eslavos, los cabellos asiáticos, la musicalidad de las voces latinoamericanas, las pieles sajonas, eso es placentero. Mucho más que aquel Paseo de Gracia por dónde paseaban las viejas ricachonas castellanohablantes de Pedralbes, con sus singulares vestidos hechos a medida, o los integrantes de las élites empresariales y políticas catalanohablantes y sus familias, con sus bronceados pirenaicos, que ocupaban ostensiblemente el centro de las aceras desde donde contemplaban los escaparates mientras los demás caminábamos por el espacio que dejaban libre a sus espaldas. Se supone que aquélla era "nuestra" Barcelona pero no lo era más que lo que la actual lo pueda ser. Si acaso era más monótona, aburrida y groseramente clasista.

Tal vez sea preferible entregarse a la impresión de extrañeza que a una autenticidad que, como fino barniz, se desgasta con sólo pasar la mano.

6 de abril de 2016

Azúa, Oleguer Pujol, Messi


Uno estaría tentado de justificarse: como Azúa no se calla ¿por qué hemos de callar los demás? Lo de menos es no tener vela en este entierro. En cualquier caso, aunque no la tengamos, Robert recordó ayer dos cosas respecto a este personaje que, en honor a la verdad, no hay que orillar:

a) las risas y el desprecio que provocaba en la facultad, cuando estudiábamos, su - diríamos - "pobre" tesis, su baja talla filosófica (por decirlo suavemente) y sus fallidos intentos de convertirse en delfín de José María Valverde utilizando el noble arte del arrastre. Justo es no olvidarlo;

b) el clasismo profundo de su comentario, que va más allá de la pertinencia de la comparación o del tono peyorativo y que es propio de quienes viven en un mundo en el que no han tenido que hacer jamás, ni es de temer verlo siquiera, la difícil tarea de extraer los lomos de una lubina o limpiar un rodaballo. Seguramente este individuo no ha tenido que preparar un plato de pescado en su vida: siempre se lo deben haber servido ya "adecentado" y pulcro. Caso de no ser así, no se entiende el pretendido menosprecio a un oficio francamente difícil, a no ser que estemos hablando de los gritos en el mercado, lo cual probaría que tampoco ha debido de ir muchas veces a hacer la compra: doonde uno compra, no recuerda haberlas oído gritar nunca. Intente cortar un mero, señorito Azúa. ¡Qué atrevida es la ignorancia!

Por otro lado, los "papeles de Panamá" deberían suponer, aunque es dudoso visto que el opio nacionalista parece poder con todo, una definitiva condena moral de la familia Pujol o del entorno, jugador incluido, de Messi: parece que no estaríamos sólo ante una conspiración urdida por las cloacas madrileñas en su afán de deslegitimar el movimiento secesionista, como se ha estado propagando desde las altas instancias del país - sotto voce eso sí -, sino de una cierta peste a negocios "sucios", digamos, o incluso de alguna conducta delictiva en torno a ambos pilares de la "Catalunya eterna". De todas formas esto último sería accesorio respecto a la necesaria reprobación ética: se demuestre o no que han cometido un delito tributario no nos hallamos precisamente ante unos ciudadanos modélicos.

¿Habrá ahora, o en el futuro próximoo, algún reconocimiento de que la corrupción en Catalunya pudiera no ser simplemente un episodio aislado, muy reducido respecto a la podredumbre española, y que derivaría de las insuficiencias económicas derivadas de un régimen autonómico que penaliza al país? Seguramente no. Será, única y exclusivamente un invento de la "Brunete mediática" en colaboración con el CNI.

P.S: Por cierto, respecto a la "teoría de la conspiración" y su apoyo institucional, El Confidencial señalaba optimistamente hace unos meses (30 de octubre de 2015):

"Dirigentes de Convergència, y especialmente el propio Artur Mas, están realizando un importante esfuerzo para extender entre los ciudadanos catalanes la tesis de la conspiración por lo que hace a la actual ofensiva judicial contra la familia Pujol ferrusola y sobre el caso del 3%.

Sin embartgo, fuentes del aprtido reconocen que, aunque inicialmente este planteamiento tuvo un cierto éxito, el continuo goteo de actuaciones judiciales sobre estos asuntos que se ha producido últimamente está cambiando la situación.

Así, según las mismas fuentes, la teoría de la conspiración está comenzando a perder fuelle entre unos ciudadanos que están hartos de casos de corrupción política, tanto en Catalunya como en el estado español, y que cada vez tienen menos eonfianza en los dirigentes políticos".

("Dirigents de Convergència, i especialment el mateix Artur Mas, estan realitzant un important esforç per estendre entre els ciutadans catalans la tesi de la conspiració pel que fa a l'actual ofensiva judicial contra la família Pujol Ferrusola i sobre el cas del 3%.

Tanmateix, fonts del partit reconeixen que, tot i que inicialment aquest plantejament tenia un cert èxit, el degoteig constant d'actuacions judicials sobre aquests afers que s'ha produït últimament està canviant la situació.

Així, segons les mateixes fonts, la teoria de la conspiració està començant a perdre pistonada entre uns ciutadans que estan farts de casos de corrupció política, tant a Catalunya com a l'Estat espanyol, i que cada vegada tenen menys confiança en els dirigents polítics.")

2 de abril de 2016

Azúa sobre Colau


Se habla mucho de que nuestros políticos son de baja calidad y que eso explica, en buena parte, las deficiencias que se observan en el funcionamiento de la democracia representativa en este país. Sin embargo, pocos se detienen a observar la escasísima talla reflexiva y crítica de nuestros"productores de opinión" (llamarlos "intelectuales" es excesivo) que intervienen decisivamente en el fomento y mantenimiento de los hábitos ciudadanos requeridos por esta forma de gobierno: lo hacen de una manera tan deficitaria y desnutrida que a veces convierten en buena a la clase política. La muestra más reciente de su pésima categoría han sido las observaciones vertidas por Félix de Azúa sobre Ada Colau. Afirma Azúa que "una ciudad civilizada y europea como Barcelona tiene como alcaldesa a Colau, una cosa de risa. Una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado. No tiene ni idea de cómo se lleva una ciudad ni le importa. Lo único que le importa es cambiar los nombres de las calles". A uno le gusta, dentro de un orden, Ada Colau. Ha tomado actitudes ejemplares (reducirse el sueldo ostensiblemente, limitar la ostentación y el gasto de representación del primer edil, abrir foros de debate sobre la política local en los barrios, imponer una moratoria al desarrollo turístico o acabar con algunas onerosas subvenciones a empresas privadas) aunque otras actuaciones hayan sido pueriles (como el papelón que representó en el salón de la Enseñanza o el ridículo del "Padrenuestro sexual"). Pero el disgusto por el comentario de Azúa no tiene que ver con las preferencias sino con el barriobajero nivel de la crítica. Comparado con ella, la respuesta de Colau deja la competencia teórica del columnista de PRISA a la altura del betún: "En las futuras definiciones de machismo y clasismo de la RAE, el señor Azúa podrá citarse a sí mismo ¡Qué honor!". Pertinente, apropiado y con apoyo en hechos (en este caso, declaraciones).

P.D: Por otro lado, la eficiencia conceptual del señor Azúa baja un peldaño más al calificar, en la misma entrevista, de "fascismo simpático" al movimiento secesionista. Demuestra que o es imprudente y grosero y apenas sabe utilizar adecuadamente los términos o desconoce qué es el fascismo. Un individuo que lleva cinco años sin vivir en Catalunya debería ser más humilde y precavido a la hora de despachar una situación social y política con una ocurrencia.

31 de marzo de 2016

Para psicopedagogos innovadores y progresistas en general


Afortunadamente algunos neurocientíficos, de esos tan utilizados como excusa por muchos psicopedagogos y pedagogos de mala vida y peor pensar, son prudentes a la hora de extrapolar irresponsablemente consecuencias educativas experimentales de sus exploraciones:

"P. La neurociencia aplicada a la educación ha sido uno de sus grandes temas de estudio. ¿En qué podría ayudar a mejorar nuestros sistemas educativos? Como dices en el libro, la escuela es quizás el experimento colectivo más vasto de la historia de la humanidad y llevamos mucho tiempo conociendo muchas cosas sobre el aprendizaje. Pese a esto, el método pedagógico sigue siendo prácticamente igual que hace dos siglos, y los pocos cambios que hay son casi siempre más ideológicos o políticos que científicos.

R. Eso último es lo más grave de todo. Yo me siento una persona en general progresista, innovadora, emprendedora, no soy alguien conservador en la vida, de ninguna manera, y sin embargo entiendo que distintos dominios deben tener distinto grado de innovación. Y la escuela para mí tiene que ser más conservadora que otros dominios. Si bien yo te dije que la escuela ha avanzado menos que otros dominios, hay una buena razón para que así sea, y es que es un ámbito en el que hay que experimentar con mucho cuidado, pues si alguien hace algo y lo hace mal…



Los cambios en la educación deberían ser menos ideológicos y menos “a mí me parece que”. Imagínate que tienes que construir un puente, no dices “a mí me parece que debía ser así”; tienes que hacer un cálculo y utilizar la historia de 500 personas que han construido puentes. La educación hay que cambiarla sin basarse en ideas de iluminados que creen que tienen una teoría mejor que las anteriores, sino utilizando el conocimiento acumulado, la observación de los datos, aprendiendo de los errores históricos que hemos cometido, introduciendo novedades y probándolas de forma dosificada… Ese es el camino de la ciencia, del conocimiento, que ha sido tan efectivo en muchos dominios, pero ha sido mucho más reticente de ser aplicado en la educación."

La entrevista, aquí.

29 de marzo de 2016

Mitos de la "era digital"



Preparando materiales para un curso sobre las "Buenas prácticas" como alternativa a la retórica pedagógica hegemónica, uno ha recordado que a fuerza de repetir topoi periodísticos acabamos creyéndolos. Por ejemplo. Algo que cualquiera que haya estado en contacto con los jóvenes en un aula, o fuera, sabe: el analfabetismo funcional que caracteriza a las nuevas generaciones no ha sido compensado por una alfabetización digital en la que serían extraordinariamente competentes. La estupidez de que los alumnos saben más de informática que sus profesores, que ya se ha integrado en el patrimonio de la opinión pública, no sólo es desmentida por la obstinada experiencia (salvo algunos jóvenes que dedican mucho tiempo a los ordenadores la mayoría de los adolescentes desconocen el funcionamiento interno de cualquier dispositivo digital y de la mayoría del software) sino también por, como les gusta decir a los medios, "datos":

"Aunque un niño cuya lengua materna sea el español viva en Alemania, no va a hablar alemán como los nativos, a no ser que se promueva que lo haga. Lo mismo pasa con el aprendizaje de la tecnología: una cosa es que los niños actuales hayan nacido ya en la era tecnológica (los llamados nativos digitales) y otra muy distinta es que –a pesar de que se manejen muy intuitivamente ante una tableta- sepan desenvolverse de forma adecuada en la escuela y el mundo laboral de esta era... Pero solo alrededor del 2% de los alumnos del mundo desarrollado llegan a saber seleccionar en Internet las informaciones relevantes de las que no lo son. Es decir, son los que demuestran tener pensamiento crítico" (http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2015/02/25/actualidad/1424883013_307170.html)

25 de marzo de 2016

Cruyff


En muchos aspectos Johan Cruyff ha estado más presente en la vida psíquica de uno que muchos escritores, filósofos o artistas a los que admiro. Mis primeros recuerdos sobre su irrupción en mi escenario perceptivo datan del momento en que fue fichado por el F.C. Barcelona allá por el verano de 1973. Fue una conmoción. Veraneaba en Sant Andreu de Llavaneres en una casita de las que se asignaban al servicio de la familia Delas-Sagarra, en la finca La Maranyosa, y por las tardes solía jugar con las hijas de unos vecinos con los que mis padres mantenían una cierta relación en la cual el fútbol jugaba un papel nuclear, especialmente en la interacción entre los respectivos cabezas de familia: los torneos de verano en las bochornosas noches de agosto, los comentarios sobre los partidos, los periódicos deportivos, los programas de radio dedicados al deporte-rey... El padre, Josep, era uno de esos pocos catalanes que, en nuestro entorno de emigrantes, hablaban catalán como primera y casi única lengua, incluso a veces con nosotros delante lo cual era algo insólito, y "era del Barça" como lo "eran" la mayoría - en aquella época y ahora - en que la gente "es" de algún equipo de fútbol: "siéndolo", es decir, viviendo como un "hincha", un fan, un hooligan en potencia al menos en el ámbito público pero en efectivo acto en el recinto privado. El hecho de que Cruyff prefiriera fichar por los azulgranas antes que por el Real Madrid fue un motivo de orgullo y exhibición para los forofos barcelonistas como Josep que no se privó de jactarse de ello ante mi padre, un criptomadridista que no podía soportar intelectualmente su emotiva predilección por el club blanco, identificado con el régimen franquista, pero para quien el holandés era "una maricona" por su estilo ajeno a la estética - y a la ética - del "A por ellos" viril y hercúleo de los vikingos y su quintaesencia, los leones bilbaínos y que, además, se había "vendido" al archienemigo. Supongo que por eso aplaudió, en su momento, el bofetón que Villar le propinó.

En la Ciudad Condal, "El Mundo Deportivo", diario de lectura obligatoria en las clases más desfavorecidas, engordó tanto su aura durante los primeros meses de su trayectoria que pareció que el Mundial de 1974 lo disputaría el Barcelona, tal era la identificación entre el club y la selección capitaneada por Cruyff y más después del épico y reparador 0-5 en el Santiago Bernabeu que casi olió a revancha por la Guerra perdida. Siguiendo la estela de mi padre, en esos tiempos ya le detestaba y, en cambio, adoraba la Mannschaft de Maier, Breitner, Holzenbein y Bonhof, de ahí que la final del Campeonato de Munich fuera un auténtico acontecimiento en mi vida infantil: rogando con insistencia logré verla en un renqueante televisor que mis tíos tenían en un cortijo granadino y aunque casi todas las imágenes que conservo son de los reportajes que se han ido emitiendo posteriormente todavía persisten, genuinamente, la carrera de Hölzenbein y la falta que recibió, que precedieron al gol de Müller, y la sensación de júbilo (saltos incluidos) que me poseyó después de que éste marcara ante la inminente victoria alemana.

Luego vino su decadencia y de nuevo el apogeo de un Madrid del que uno fue seguidor hasta que  Magic Johnson y la NBA y Joe Montana y la NFL reemplazaron a un fútbol que quedó circunscrito a Europeos y Mundiales. Mas Cruyff reaparecería en los noventa trayendo consigo una concepción del juego que no sólo cambiaría la historia de este deporte en España sino que me hizo, por vez primera, disfrutar de este espectáculo. Seguramente el caldo de cultivo ya estaba preparado por el Milan de Arrigo Sacchi pero el Barcelona de Laudrup, Bakero o Romario fue más seductor: casi embriagador. Entre 1992 y 1993 vi prácticamente todos los partidos del Barça que se retransmitieron. Hay que decir que también fue la época dorada del periodismo deportivo, de la renovación de sus códigos, sus referencias y su prosa lo cual también ayudó: el fútbol se puso de moda entre la clase media ilustrada que hasta entonces lo había desdeñado públicamente aunque se regocijara con él intra portas, y pasó a estar bien visto entre bastantes aspirantes a escritores e intelectuales orgánicos y, en general, en los ambientes pseudoilustrados. Pero por mucho que se escribiera y comentara, sólo vi jugar otros equipos, por ejemplo el Real Madrid, cuando se enfrentaron con el Barça. La fascinación no la provocaron, pues, las crónicas de Besa o Relaño, ni las ocurrencias de Vázquez Montalbán o Marías, ni el "tiqui-taca" del añorado Montes, sino el juego desplegado por el equipo dirigido por Cruyff. De hecho, si en esos años me hubieran preguntado "de qué equipo era", hubiera respondido sin dudar "del Barcelona". Gracias a Dios, eso se acabó pero así sucedió.

Después Cruyff se fue y uno volvió a alejarse del fútbol aunque siguió episódicamente el Barça de Rijkaard y sobre todo el de Guardiola hasta que la magnificación de la figura de Messi, y por supuesto el contexto político, no hay que olvidar que - es cierto - "el Barça és més que un club", me condujeron de nuevo hacia el American Football.

Pero es justo señalar que el impacto de Cruyff en la vida de uno va mucho más allá de este conjunto de instantáneas. Su labor como técnico del primer equipo culé cambió no sólo una dinámica interna al mundo del deporte sino que influyó decisivamente en la actual coyuntura política catalana: tengo la convicción de que el auge del secesionismo es, de alguna manera, indisociable de la hegemonía futbolística del F.C. Barcelona. Creo que la coincidencia en el espacio y en el tiempo no es mera casualidad, aunque tampoco pueda, ni deba, establecerse una causalidad simple y trivial, y no sólo porque la absoluta mayoría de los miembros de las élites políticas catalanas sean fervorosos seguidores del equipo, ni tampoco porque las peripecias de éste ocupen - comparativamente - la mayor parte del tiempo dedicado a un tema específico en los noticiarios, así como amplios espacios en periódicos, revistas o programas radiofónicos, sino porque su metaforicidad, sinécdoque y tropo de Catalunya, se ha generalizado con tal intensidad en el horizonte de buena parte de la opinión pública que, como ocurre con todas aquellas figuras que se usan sistemáticamente - el concepto como "metáfora gastada" que ya describió Nietzsche -, ha acabado generando una auténtica conceptualidad que ha empapado la descripción de la realidad. Otro día habrá que volver sobre ello pero, insisto, a fuerza de servirse del Barça como símbolo de "Catalunya", una porción amplísima de la clase política catalana ha categorizado la compleja realidad política bajo el esquema "espectacular" (Debord) de este club de fútbol.

P.S: da qué pensar que uno dedique más palabras a Cruyff que las que dedicó a García Márquez con ocasión de su fallecimiento...

21 de marzo de 2016

Klemperer y Rosenberg (y VI)


La "coacción insuperable", es decir, el miedo invencible, la subyugación integral, la capitulación de cualquier autonomía de la voluntad del sujeto, su cosificación, su conversión en autómata incapaz de decisión libre es una noción problemática teóricamente ("donde hay poder hay resistencia" señalaba con acierto Foucault) pero no tanto psicológicamente o jurídicamente (el "miedo insuperable" se considera en algunos sistemas legales como atenuante). Es difícil establecer gradaciones de este miedo, desde el temor hasta el pánico o el terror pero es dudoso que la mitigación de la responsabilidad la haga desaparecer: no la convierte en ninguna variante de la inocencia. Tampoco el "cálculo", bajo el cual se cobijaron la mayoría de los líderes de Consejos Judíos, parece permitir algún tipo de exoneración. Como señala Yehuda Krell, "la conducta más usual adoptada por los líderes de los guetos, era la de tratar de aplacar a los alemanes por todos los medios, de evitar las "provocaciones" y cumplir rápidamente con las órdenes que se les impartía; creían que con el tiempo el empuje alemán cedería, y así, podrían evitar la destrucción de la comunidad. Sostenían que la resistencia armada era una opción equivocada, que solo ocasionaría un desastre mayor ante la fuerza abrumadora del enemigo" (Páginas de odio. Historia del antisemitismo, p195). Pero esta contabilidad no sólo se torcería moralmente por sus magros resultados (la inmensa mayoría de los habitantes de los ghettos fue aniquilada) sino por la inevitable inversión del principio atribuido al Talmud en el que en cierto sentido hallaría un fundamento, "Quien salva una vida de Israel estará salvando el mundo entero según el Libro de Dios", que - al parecer - también recogería éste: "Quien quite la vida a un hombre deberá ser interrogado como si hubiese quitado todas las vidas de todo el mundo".

Sin embargo, daría la impresión que ante la ignorancia o el desconocimiento de la verdadera intención de los nacionalsocialistas, la exterminadora, la responsabilidad moral sí se debería diluir como azúcar: se borraría. Y en este punto, como en su momento ya se pudo argumentar a propósito de El canto del pueblo judío asesinado, es especialmente ilustrativo el testimonio de Klemperer. El 27 de julio de 1942 aparece la primera mención acerca de un posible destino infausto para los judíos en boca de un vecino. El romanista suscribe la sospecha que repite el 19 de septiembre: "el gobierno se mantendrá más allá del invierno; por tanto, tendrá tiempo de exterminar por completo a los judíos". Pero este exterminio no ha adquirido todavía, aparentemente, ni el carácter de una certeza ni ha tomado la forma física y real de la aniquilación de todos y cada uno de los judíos: "ninguna de las cosas que se contaban pasaban de ser pura elucubración" (21 de septiembre de 1942). Será en su anotación del 2 de noviembre de 1942 donde se haga por primera vez eco de lo que todavía parece un rumor: "en Polonia fusilan a diario a cientos de judíos; dice que ella lo sabe de fuentes perfectamente informadas, que los soldados que vienen de permiso lo cuentan horrorizados". El 29 de diciembre del mismo año vuelve a referirse a lo que se cuenta: "Habló de atrocidades espantosas cometidas contra los judíos rumanos. (Tuvieron que cavarse ellos mismos la fosa común y desnudarse, y luego fueron fusilados. Lo mismo le contó Lange a Eva sobre Kiev.)". Pero no será hasta el 27 de febrero de 1943 que la elucubración pase a convertise en una convicción aunque Klemperer siga sin hacerse una cabal idea de lo que está sucediendo (la Aktion Reinhardt, el programa de exterminio en los campos polacos, se había iniciado en octubre de 1941): "Justamente ahora ya no hay que suponer que haya judíos que retornen vivos de Polonia. Los matarán antes de la retirada de los alemanes. Por lo demás, hace mucho tiempo que cuentan que muchos evacuados ni siquiera llegan vivos a Polonia. Dicen que durante el viaje los gasean en los vagones de ganado y que el vagón se detiene en las fosas comunes ya preparadas". En noviembre de 1944 ya no alberga dudas y se ha empezado a hacer una imagen más aproximada de la magnitud del exterminio y su fisonomía: "En casa de los Winde hablaron otra vez de lo que había contado un soldado que estaba de permiso: espantosas matanzas de judíos en el este. La tropa tenía que beber aguardiente. «Cuando nos daban aguardiente siempre sabíamos lo que venía.» Algunos se habían suicidado «para no tener que participar en eso otra vez y llevarlo en la conciencia». Esto ya lo han contado de modo análogo demasiadas fuentes arias y demasiadas veces para que sea leyenda. Y va muy bien con lo que estamos viviendo aquí" (26 de noviembre).

Si en una comunidad judía reducida y aislada en el interior de Alemania, ya en 1942, se tenían noticias acerca de las matanzas de judíos, sin confirmar - cierto - pero que se iban repitiendo con la suficiente asiduidad como para ir generando la creencia de que tal vez no eran meras especulaciones, y en los primeros meses de 1943 podía poseerse el convencimiento de que la aniquilación podría ser el más que probable objetivo de la política nazi, resulta complicado servirse de la justificación del desconocimiento para avalar el comportamiento, cuanto menos miope, de la mayoría de los Consejos Judíos en especial a partir de 1943. Quede dicho.

14 de marzo de 2016

Klemperer y Rosenberg (V)


Y es que el papel de los Consejos Judíos fue, en cierto modo, indispensable: aseguraron el censado de los judíos de las poblaciones, actuaron de correa de transmisión de la administración nazi, ayuudaron al mantenimiento del orden público mediante la policía judía de los ghettos, tranquilizaron a la población y evitaron los desórdenes y los posibles conatos de insurrección (excepto en Varsovia) y colaboraron en la selección pautada de los que debían ser aniquilados en función de la capacidad normativa, y ejecutora, nazi. Como señaló, de nuevo, Arendt: "Sin la ayuda de los judíos en las tareas administrativas y policiales - las últimas cacerías en Berlín fueron obra, tal como he dicho, exclusivamente de la policía judía -se hubiera producido un caos total o, para evitarlo, hubiese sido preciso emplear fuerzas alemanas, lo cual hubiera mermado gravemente los recursos humanos de la nació" (Eichmann en Jerusalén, p170). 

Probablemente la mayor parte de los dirigentes de estos organismos se movieron en el espectro delineado en sus extremos por las figuras de Chaïm Rumkowski, presidente del Consejo Judío de Lodz y Adam Czerniaków primer líder del ghetto de Varsovia. El primero es el más claro ejemplo de una actitud colaboracionista. Gobernó el ghetto como un sátrapa hasta el punto de imprimir una moneda propia e incluso selllos con su efigie, se valió de su cargo para promocionar a sus familiares y, al parecer, también para abusar de jóvenes judías y, sobre todo, cumplió fielmente las instrucciones de las autoridades nacionalsocialistas. Su conducta a este respecto se amparó en el principio del "cálculo", que sirvió de coartada a otros muchos responsables judíos, y del que quedó expresa constancia en el discurso con el que trató de convencer a sus súbditos de la conveniencia de acceder a la deportación de los niños menores de diez años, conocido como "Dadme a vuestros hijos":

"Ayer por la tarde me dieron órdenes para que enviara más de 20.000 judíos fuera del gueto, y si no lo hacía: “¡Lo haremos nosotros mismos!”. Ahora la pregunta era, “¿Deberíamos asumir nosotros la responsabilidad, lo hacemos nosotros mismos o dejamos que otros lo hagan?” Nosotros, mis asociados más cercanos y yo, no pensamos en “¿Cuántos morirán?” sino en “¿A cuántos podemos salvar?” y llegamos a la conclusión de que por muy difícil que fuera para nosotros, debíamos ejecutar esta orden con nuestras propias manos.

Debo llevar a cabo esta difícil y sangrienta operación, debo cortar los órganos para salvar al propio cuerpo. Tengo que llevarme a los niños porque si no, se llevarán también a otros, Dios nos perdone.
No tengo la intención de consolaros hoy. Tampoco deseo calmaros. Debo dejar desnuda vuestra angustia y vuestro dolor. ¡Llego a vosotros como un bandido, para robaros lo que más preciáis en vuestro corazón! He intentado por todos los medios que la orden fuera revocada. Intenté, aun sabiendo que sería imposible, suavizarla. Ayer mismo, encargué una lista de niños de 9 y 10 años. Quería al menos salvar a este grupo de edad: los de 9 y 10. Pero no me dieron esta concesión. Solo tuve éxito en una cosa: en salvar a los de 10 años para arriba. Dejad que este sea un consuelo a nuestra profunda tristeza."

Czerniakow, en cambio, tras recibir la orden de preparar un contingente para la primera deportación desde Varsovia, se negó a colaborar (la detención debía realizarla la Policía Judía a sus órdenes) y se suicidó. En la nota que dejó a su mujer decía algo así como "Mi acto demostrará a todos qué es lo que se debe hacer".

Entre estos dos polos quedaría un difuso pero tenebroso espacio en el que se podría encuadrar a la mayoría de los líderes de los Consejos Judíos: desde los más cercanos a la obediencia y la colaboración hasta los más renuentes y resistentes pasando por una mayoría que intentaron hallar todo tipo de "salidas" para una situación demencial e insoportable. En cualquier caso, los motivos que esgrimieron tanto los pocos que sobrevivieron como los que también fueron asesinados, y que asimismo la crítica histórica les ha atribuído a modo de explicación, podrían clasificarse - con sus debidas variantes - bajo tres grandes epígrafes: aquellos que obraron bajo una coacción insuperable, los que condujeron su actuación de acuerdo con el principio del "cálculo" y, finalmente, aquellos que alegaron su desconocimiento de lo que estaba sucediendo realmente, en especial durante el periodo 1941-1942.

11 de marzo de 2016

Klemperer y Rosenberg (IV)


Otro de los aspectos sugestivos de las lecturas de Klemperer y Rosenberg, por lo que hace al proyecto nazi de liquidación de los judíos europeos, estribaría en la pertinencia de la reflexión acerca del grado de responsabilidad moral en el ámbito de las víctimas. Acerca de la que tiene que ver con los perpetradores ya se ha dicho mucho, aunque el asunto esté lejos de darse por concluido. Es evidente que la responsabilidad moral no se agota en la penal que se estableció en la postguerra. Pero pese a que el debate "filosófico" iniciado por Jaspers sigue suscitando controversias, parece haber un cierto consenso en que algún grado de "culpa colectiva" debe ser asignado a la totalidad de los nacionalsocialistas, mientras que es muy discutible que la noción pueda aplicarse a todos los alemanes indiscriminadamente: se olvidaría a los miles de alemanes que se opusieron activa y tenazmente a Hitler y sus secuaces y a todos aquellos otros cuya resistencia, pasiva la mayoría de las veces, no se puede equiparar ligeramente al consentimiento o, peor, la participación activa o voluntaria en los crímenes nazis. Incluso aceptando la incorporación de la variable del "antisemitismo exterminador" propuesta por Goldhagen en Los verdugos voluntarios de Hitler. Su relevancia debería ser cuidadosamente sopesada no sólo por el plausible descarte de la tesis intencionalista sino por afirmaciones como las del propio Klemperer que, incluso después de la Kristallnacht, discutía la existencia de una "cuestión judía" pese a la pujanza del antisemitismo: "No hay una cuestión judía, ni en Alemania ni en Europa occidental. Quien afirme que existe tal cuestión sólo acepta o confirma la tesis errónea del NSDAP y se pone a su servicio. Hasta 1933 y por lo menos durante todo un siglo, los judíos alemanes han sido alemanes y nada más. Prueba: esos miles y miles de «semijudíos», «cuartos de judíos», etc., y «descendientes de judíos», prueba de que ha habido una vida y una colaboración, totalmente sin fricciones, en todos los campos de la vida alemana. El antisemitismo que hubo siempre no es una prueba en contra. Pues las diferencias entre judíos y «arios», las fricciones entre ellos, no tenían la importancia de las que había por ejemplo entre católicos y protestantes, o entre empresarios y obreros, o entre prusianos orientales y bávaros del sur, o entre renanos y berlineses." (10 de enero de 1939).

En cualquier caso, con todos los matices y modificaciones y las distinciones de niveles pertinentes, por el lado del bando alemán la cuestión de la responsabilidad suscita una serie de acuerdos bastante compartidos que, por contra, desaparecen al plantearse cómo debe juzgarse moralmente la actuación de los Consejos Judíos que colaboraron con la Administración nazi, cuya conducta acostumbra a quedar oscurecida cuando no subsumida en la lisa y llana negación de cualquier función cooperadora. Es evidente que semejante interrogación es problemática puesto que, con Adorno debe afirmarse con rotundidad que "Los asesinados no son los culpables, ni siquiera en el sentido sofístico y caricaturesco en el que muchos quisieran presentarlo hoy. Los únicos culpables son los que sin miramiento alguno descargaron sobre ellos su odio y su agresividad" (Educación para la emancipación, p81). Así, son muchos los que sostienen que ponerla en juego equipararía a víctimas y criminales, como por ejemplo afirmó Geschom Scholem en su crítica a Hannah Arendt, que en Eichmann en Jerusalén se había atrevido a afirmar que algunos dirigentes judíos tuvieron un papel nada desdeñable en el aniquilamiento de su propio pueblo. A lo sumo, acceden a hablar de casos particulares, como el de Rudolf Kastner, que sirve como exorcismo y frontera de una interrogación que no debería seguir más allá de lo acotado penalmente por la propia justicia israelí. Sin embargo, "responsabilidad" y "culpabilidad" no son sinónimos filosóficamente hablando. Dejando de lado algunos casos patológicos, o límite, de los escasísimos judíos que colaboraron con los nazis para obtener réditos momentáneos con el fin de sobrevivir, queda pendiente el esclarecimiento y la evaluación ponderada del papel de los Consejos Judíos.