26 de noviembre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (26/11/2014)


Hace unos días Clàudia fue a cenar a casa de una amiga. El padre de ésta, Catedrático de Universidad de los "nuestros", es decir, con pocas publicaciones (prácticamente ninguna en revistas internacionales de calidad), escasas aportaciones científicas en el ámbito de las Humanidades y plaza conseguida "a dedo" sin competencia (uno se documentó en su tiempo, años ha), le preguntó si había votado en el remedo de consulta del 9N. Fue, probablemente, chafardería más que otra cosa pero provocó un debate sobre la secesión que a Clàudia le pareció frustrante por la debilidad argumentativa exhibida, la asunción acrítica de tópicos y la imposibilidad de llegar a conclusiones y acuerdos que no fueran la adhesión incondicional a la causa secesionista, algo que todavía no tiene del todo claro. El Catedrático en cuestión, votante de izquierda y "comprometido", que posee varios inmuebles en barcelona y casas en Catalunya y goza de una posición económica muy desahogada, afirmó como principal razón de su secesionismo actual que "els catalans no ens hi trobem bé a Espanya" ("los catalanes no nos sentimos bien - o a gusto - en España"). A Clàudia le sorprendió el uso de esta expresión, oída repetidamente en los medios de comunicación nacionales - es casi un trending topic - en una persona que suponía (¡ingenua!) dotada de un cierto acervo cultural y alguna (poca o mucha) autonomía de juicio. Pero todavía se asombró más ante la repetida insistencia en el uso del plural ("els catalans volem, els catalans som", etc.) y la negativa a poner entre paréntesis que el hecho de que participaran en la votación 2,3 millones de residentes en Catalunya no es, mal que pese, la mayoría absoluta de "los catalanes": ante sus objeciones, hubo incluso un conato de enfado e incluso el reproche de "Però tu ets fatxa? Ets espanyolista?" al que respondió con una sonora carcajada que, afortunadamente, concluyó la polémica.

Valga como anécdota elevada a categoría de ejemplo de que cada día es más difícil hallar vías de diálogo con los secesionistas. Supongo que la actitud del gobierno español no ayuda y exacerba la poca disposición a llegar a acuerdos que el discurso nacionalista, fundamentado sobre el entusiasmo y la ilusión, no sobre la racionalidad, tiende a mostrar siempre en todo lugar. El problema es que, si hubo alguna vez espacio público donde dirimir el conflicto, hoy día ha desaparecido casi por completo y esta aniquilación ha llegado, también, al ámbito privado. Uno tiene la impresión de que, más pronto que tarde, sólo se podrá ser patriota o españolista-facha: no está el horno para matices en estos tiempos "históricos".

P.S: Entre otras perlas brindadas por el ilustre Catedrático, sus encendidos elogios a la astucia del president Mas que "ha enganyat els espanyols" y que "ens portarà a la independència" tienen su qué si uno piensa que hace unos quince años calificaba al mismo Mas y a sus compañeros de CiU de "panda de botiflers"...

25 de noviembre de 2014

Uno recomendaría (17/11/2014-23/11/2014)

 

 Uno recomendaría, entre sus lecturas de esta semana:

"Podemos o la política fast food" de Alberto Royo.

"Nadie puede negar que el fenómeno Podemos presenta un indudable interés, aunque sea desde el punto de vista sociológico. Que un partido sea capaz de poner nervioso al establishment político y que "obligue" a los partidos tradicionales a simular una actitud regeneracionista que, francamente, no cuela, resulta, como mínimo, simpático. Por eso me alegré y me alegro de la irrupción de Podemos, un partido al que no voté ni votaré, entre otras cosas por la poca confianza que me inspiran sus principales dirigentes y por la nula esperanza de que su objetivo sea demoler el sistema de partidos sino participar del mismo fingiendo que el mero paso por un taller de chapa y pintura lo convertirá en algo diferente y, eso sí, liderándolo (en otras palabras, mandando)"...


24 de noviembre de 2014

A vueltas con Podemos (y II)



Respecto a la segunda objeción de Jaime. En primer lugar, aceptemos "marxismo como animal de compañía": sabemos que no hay tal "marxismo" más que en las modelizaciones teóricas que se realizan en función de determinadas exigencias discursivas pero puede, razonablemente, describirse un objeto conceptual semejante del mismo modo que puede hacerse con el "psicoanálisis" o el "cristianismo" con arreglo a ciertas finalidades a sabiendas de que, de hecho, es una idealización.

En esta idealización podría identificarse, por ejemplo, un núcleo duro de la doctrina marxista articulado en torno a lo que antiguamente se conocía como el contenido "científico" del marxismo: el materialismo histórico. Y, especialmente, alrededor de principios como que el ser social precede a la conciencia, que la lucha de clases es el principal actor de las transformaciones históricas o que la interacción conflictiva entre fuerzas y relaciones de producción es la responsable de las condiciones objetivas de cualquier posible cambio político. Evidentemente, aquí ya reinterpretamos un marxismo del que ha desaparecido la escatología porque hablamos de "transformaciones históricas", no de "evolución" o "progreso", o de "interacción" en vez de "dialéctica" y en eso no somos muy fieles, precisamente, a buena parte de la tradición constituida. Mas al hacerlo también evitamos fórmulas como las del fabulador Althusser y su "la historia es un proceso sin sujeto" o toda la jerga dialéctica que hoy resulta difícilmente digerible para nuestros estómagos apacentados. Bien. Este "marxismo" falta en Podemos, hasta donde uno sabe, y ha sido sustituido por el énfasis en las condiciones subjetivas, en la voluntad de los asalariados y en la transversalidad interclasista. Este "giro" recontextualiza análisis y propuestas al despegarlas del ámbito objetivo y vincularlas al subjetivo con lo que algunas de las pretendidas soluciones expuestas por sus portavoces (como las propuestas respecto a la renta mínima garantizada) podrían pasar de respuestas radicales y transgresoras a respuestas-parche que pueden ser rápidamente reasumidas por lo que ellos, y todavía algunos de nosotros, llamamos "el sistema" (¡qué resto atávico!). Por ejemplo, la renta mínima garantizada que, desde el lado de la ilusión y la voluntad de lo subjetivo, parece una medida justa y generosa podría trocarse, desde el lado objetivo, en una política general de subsidios que empobrece, embrutece y encadena aun más a los dominados como puede observarse en el mundo anglosajón. O, peor, esta desatención a lo objetivo puede conducir a participar directamente del paradigma de los dominadores, como es el caso del modelo educativo que dicen defender y que tan buen servicio presta a la reproducción de la estructura social en nuestras sociedades.

Y es que ignorar las condiciones objetivas, o pasar por encima de ellas, para incidir en el lado de las subjetivas, de la voluntad, puede ser peligroso y contraproducente. Al hacerlo, la acción ha de anclarse más en la ilusión y en el entusiasmo que en la racionalidad, la prudencia y el sentido común atizando, voluntaria o involuntariamente, los elementos escatológicos à la Bloch, hasta equipararlos a los religiosos. De este espíritu escatológico, además, es muy probable que se retenga no la docta spes, la esperanza fundada, el inacabamiento constitutivo de lo material y lo humano o la promesa siempre diferida del Sumo Bien, sino su otra cara: la esperanza compulsiva, el anhelo de la llegada inminente del paraíso humano a la tierra o el triunfo del Bien Absoluto deben exhibirse y orientar la conducta para mantener viva la ilusión y alimentar el entusiasmo. Pero, como nos ha mostrado la Historia repetidas veces, de la fiebre y el fervor al Gulag, el campo o el Lager, hay muy poco camino (metafóricamente hablando).

Así, aunque desde un punto de vista reformista (que no es poco, ni debe ser descartado precisamente en nombre de la utopía), Podemos llegue a suponer una cierta esperanza de regeneración del espacio público de las democracias administradas, si va más allá y se contempla  - y es contemplado - como el vehículo mediante el cual se producirá una transformación en profundidad del modo de producción y distribución económico imperante y, consecuentemente, de la organización política actual, cabe ser pesimistas y cautos.

Sigue uno prefiriendo al cenizo Harich y su marxismo adelgazado, escuálido, que se aviene más con la vertiente objetiva y el peso, la gravedad, de las fuerzas y relaciones de producción, las luchas de clases, con la prioridad de la carestía, la necesidad y la solidaridad frente a la abundancia, el progreso y "el cielo prometido" y con la exigencia teórica y moral de desconfiar de lo utópico, que a los cantos de sirena sobre un nuevo cielo conquistado en un nuevo amanecer: "El análisis de realidades, y no la fabulación de proyectos de futuro, es lo que distingue al socialismo marxista del utópico"("Marx a la vinagreta picante").

22 de noviembre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (22/11/2014)



Viendo la atención que los medios de comunicación españoles han otorgado a la entrada en prisión de la tonadillera Pantoja y a la muerte y al entierro de la aristócrata Cayetana no es de extrañar que tantos catalanes quieran irse de España: esa parece una razón de más peso que otras de las que se arguyen.

Lo cierto es que sólo por una cuestión estética estaría plenamente justificado su deseo: hasta uno también ha llegado a sentir, en estos días, la urgencia de una Declaración Unilateral de Independencia como el pobre Junqueras al que, por cierto, le espera un Via crucis injusto mientras que el "astuto" Mas gana tiempo para sus enredos...

21 de noviembre de 2014

A vueltas con Podemos (I)

 
Jaime, un lector, según sus palabras, reciente le reprocha a uno, amablemente eso sí, las críticas a Podemos que contrastan, hasta donde ha podido leer de este cuaderno, con lo que considera un inexplicable silencio acerca del PP. Asimismo, señala que le parece que uno incurre en una flagrante contradicción al achacarle, al partido en cuestión, una "falta de marxismo" como justificación de la distancia que uno mantiene para con él mientras que, al mismo tiempo, en su observación crítica del  pasado miércoles rechazaba su escatología marxista. Sólo le falta preguntar "¿en qué quedamos?" antes de proceder a una prolija argumentación acerca de las virtudes de la joven formación que merecerían un largo y minucioso comentario para el que hoy uno no tiene tiempo, ni ganas. Lo dejo para otra ocasión. No obstante, vale la pena intentar aclarar los dos puntos que inician su correo porque para aquellos que desconozcan mis intentos de tomar posición en los últimos años las afirmaciones sobre la nueva formación parecen, efectivamente, contradictorias (espero poder demostrar que no lo son: no ama uno, precisamente, las contradicciones aunque sepa de su inevitabilidad).

Respecto a la primera objeción: es cierto que en este cuaderno uno pierde la mayor parte de su tiempo en la crítica vigilante de las opciones "de izquierdas" por llamarlas de alguna manera. De mis escasas simpatías por las opciones autoritarias conservadoras (como respecto a las autoritarias "progresistas") no puedo aducir demasiadas pruebas pero sobreentiendo que, en la continua lucha de muchos otros contra los totalitarismos y las tentaciones totalitarias disfrazadas bajo ropajes democráticos o populares, si uno escarba un poco en los textos que he escrito encontrará lo que busca (o no pero da grima hablar tanto de uno). Por otro lado, entre PP, PSOE y Podemos no hay, en realidad, demasiadas diferencias por lo que hace a las condiciones de reproducción del modo de producción y las relaciones de producción existentes así que sub specie aeternitatis no sería un pecado mortal precisamente.

No obstante, Podemos exhibe esa "superioridad moral" que se ha asociado tradicionalmente a lo altruista y comunal frente al egoísmo individualista y es en ese momento cuando la crítica vigilante debe intervenir. De los apologetas de la versión darwinista filocapitalista del egoísmo natural no se puede esperar gran cosa moralmente hablando: en el fondo, algunos de ellos incluso admitirían su "inferioridad moral" pero el hecho de responder con exactitud a las tendencias de la Naturaleza, como afirman, les exime, en el fondo, de este sentimiento y no es en el ámbito de la moralidad donde juzgan sus propuestas. Sabemos de su inmoralidad o de su amoralidad. O creemos saberlo. En cambio, quienes pretenden la "superioridad" deben demostrarlo porque es en el espacio de la moralidad donde se evalúan sus acciones. Y los que, efectivamente, creemos en esta superioridad tenemos el deber de atender a que semejante posición sea ganada, mantenida y respetada precisamente porque no es un "dato" ni un "hecho natural" como los darwinistas sociales mantienen respecto a sus proposiciones mistificadamente. Así pues: vigilancia para con los altruistas, comunitarios y transformadores porque de los individualistas conservadores ya conocemos donde se fundamenta su "mentira" y lo que puede esperarse de ellos.

19 de noviembre de 2014

Acerca del cielo y su posesión


"El cielo no se toma por consenso. El cielo se toma por asalto". Pablo Iglesias dixit.

Madre mía. Suponiendo que haya cielo y, si es que lo hay, que pueda tomarse, además debe serlo por asalto... En fin. Uno no ha podido, finalmente, resistirse a decir lo justito sobre esta retórica peligrosa. No se ha avanzado mucho respecto a la escatología marxista y, especialmente, a su versión más rancia: el utopismo de raíz blochiana. Mal nos irá si los que pueden representarnos siguen con cuentos de hadas y pretenden cogerle a San Pedro las llaves. Ante Iglesias, Bloch y compañía, uno se quedará, siempre, con Harich.

Siento no haber sido capaz de dejarlo correr...

17 de noviembre de 2014

Uno recomendaría (10/11/2014-16/11/2014)


Uno recomendaría, entre sus lecturas de esta semana:

"El editor Lara a Gregorio Morán..." entrevista de J. Losa a Gregorio Morán.

"El periodista explica las razones por las que el Grupo Planeta rechazó la publicación de su último trabajo, ‘El cura y los mandarines’, un ensayo en el que pasa revista a las mezquindades y los abusos de poder de la cultura española de la segunda mitad del siglo X"...

16 de noviembre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (16/11/2014)


Unos breves apuntes.

Hace tiempo, Xavier advirtió, en su artículo "Salvar al saldado Mas", acerca de la más que prevsibile operación de acoso y derribo de los medios adictos al régimen sobre Oriol Junqueras para evitar el sorpasso de Convergència por ERC en las filas secesionistas y mantener al President como líder máximo de una lista "de país" que le asegure el cumplimiento de unos objetivos que no sólo tienen que ver, por aquí casi todos lo sabemos, con la independencia de Catalunya. El acoso ya está en marcha. De momento, Junqueras aguanta la presión pero pronto, me temo, puede tener serios problemas. Sería una pena que cediera en nombre "del país". Es con Duran, aunque esté casi en sus antípodas, el político más racional de las élites dirigentes catalanas: es coherente y, en rigor, se puede decir que no ha engañado nunca a nadie (políticamente hablando). Parece, además, honesto aunque no sepamos si lo es o no. Y en su reiterada petición de elecciones anticipadas se adivina, más que un abstracto deseo de poder o una sustancial y concreta búsqueda de nichos de influencia, la ansiedad por la consecución inmediata de un fin por el que se supone que los secesionistas están luchando.

Y veremos cuánto aguanta porque la respuesta del gobierno español al ultimátum del crecido y ensoberbecido President ha sido, de nuevo, decepcionante. Intentando apropiarse de esa mayoría que no participó en la pseudoconsulta (que, por cierto, con mi amigo Robert habría que matizar: más que en términos de mitades, la división del país debería realizarse en tercios, 1/3 de abstencionistas y desafectos a cualquier régimen político, 1/3 de secesionistas y 1/3 de unionistas y españolistas) y que carece de una adecuada representación en su heterogeneidad ha hecho, como los secesionistas, la lectura reduccionista y contestado con un portazo a las pretensiones de Mas. Un nuevo error de cálculo que no hace sino ahondar en el contencioso y demostrar que, por parte española, también hace tiempo que se cruzó el Rubicón. El gesto y la negociación política que se le pide no es, como equivocadamente creen los conservadores españoles, para contentar a los secesionistas: tienen razón en que a estos les importa un comino la reforma constitucional pero hay un porcentaje similar de unionistas que desean una solución política que modifique el actual estado de cosas. La política es, también, cuestión de gestos: estética "es" ética.

Del abrazo entre Mas y David Fernández de las CUP no hay mucho que decir salvo que los fascistas no andaban desencaminados cuando afirmaban que el estado nacional suprime las diferencias de clase porque reconcilia a capitalistas y asalariados en una unidad superior...

Finalmente. Pese a que Pablo Iglesias no goza de las simpatías de uno y en el juicio sobre "Podemos" el aprecio por la herencia del 15M y la transversalidad van de la mano con el rechazo de la demagogia populista y la falta de "marxismo", el movimiento político parece que, por fin, se ha desecho de su calculada ambigüedad respecto al referéndum de autodeterminación y eso es una buena noticia. Sin embargo, a este lado del Ebro, la derecha secesionista está tan espantada ante una posible irrupción del nuevo partido, una entrada que se llevaría por delante a ICV y las CUP, que no dudan en afirmar que van de la mano del PP. Está claro que, aunque sólo sea porque producen mucha incomodidad en las élites gobernantes de uno y otro bando merece que. al cuidado y la sospecha vigilante ante la evolución de la formación. se añada una cierta, y muy moderada, esperanza en lo que pueda resultar de su avance.

14 de noviembre de 2014

Un poema de Eduardo Moga


Hace unos días coincidió el anuncio de la presentación de El corazón, la nada, la antología de la poesía de Eduardo Moga, en Barcelona, a la cual asistí y en la que disfruté del dominio que Eduardo tiene de esa herramienta tan basta y sutil al tiempo que es el idioma y de su capacidad de utilizarlo no sólo con ingenio, que le sobra, sino también con inteligencia, con mi lectura del volumen. Entonces preferí abstenerme de mencionar esa casualidad pero hoy, a destiempo, como hace uno a menudo, puede recordarse. La poesía de Eduardo está, en cierto modo, al menos formalmente, en las antípodas de la que uno acostumbra a cultivar pero no de la que uno está aprendiendo a apreciar con la edad. Es cierto que el barroquismo de supermercado, el irracionalismo y el "a ver quién la dice más gorda" siguen sin conquistarme como lector pese a los años pero ello no equivale a que muchos buenos poemas irracionalistas, herméticos o barrocos no me resulten admirables, hermosos o den a pensar y a sentir. Es lo que sucede con los que hasta ahora he podido leer de Eduardo, al que además no puedo encajar fácilmente en niguna de estas categorías: lejos de la caricatura del hiper o del combinar lo incombinable como si jugáramos a la ruleta, hay bastantes de esos que uno hubiera querido escribir, criterio estético de primera magnitud y prudentemente objetivo a mi entender, lo que supone que, a despecho de la distancia, le reconozca a su obra un valor que trasciende la distancia entre nuestras prácticas textuales.

"QUÉ dentro hay un sol, Cómo grana en el ataúd
invisible del cuerpo, Cómo arraigadamente
 brilla, con qué penumbra de asombrado meteoro,
con qué óptima quietud. Bosques en vilo esperan,
junto al acantilado, que se vacíe el fuego
que impregna la noche. Es la tea, cerrada,
que regresa; es el rayo inverso que revela
con su voz seminal las posibilidades
del hielo. La ceniza se desangra, El cereal,
acercándose, busca gargantas donde hurtarse
a las ardientes lluvias, cimientos para el puente
que solo han de pisar los vivos, los inermes,
los que han sanado. Toros que respiran como arcos
tensados: aún no. Acérrimos caballos
que optan por el seísmo: no. Agua que se vertebra,
como un súbito cuello, o clavos que la hieren:
todavía no. Tierra sin sexo que ofrece
su vuelo, su lentísima energía, a los árboles
impacientes; penínsulas faltas de sol y omóplatos,
donde vertiginosos peces, inacabados
todavía, ignoran el fluir de los sudarios.
Es demasiado pronto para el tiempo. Los líquenes
crecen en las saetas disparadas. Los fetos
brotan como cardumen y esbozan fidelísimos
músculos, pero encuentran, antes de concluirse,
su cadáver exacto. Los galápagos son
jóvenes como el frío. La carne es un minúsculo
tren. El cielo se va. Los ojos, detenidos,
son jazmines sin ímpetu. Solo un viento de huesos
que protestan agita los cuerpos indecisos
para que vean cuántas ruinas en el latido,
con qué germinación las sombras cristalinas
vuelven a su semilla, El silencio contiene
silencio de mar, pétalos de explosiones, eclipse

de volcanes, fusiles que relinchan, cerveza
inaudible; designa los sonidos, los piensa
con paciencia de miel, con terquedad de proa
como si fueran, ay, el aire de un insólito
cadáver o las ígneas mieses en cuyas simas
se enamoran las águilas. Silencio del ahogado:
de él se eleva la lluvia, en él cura las llagas
que en su cuerpo disperso han abierto los mástiles.
dentro, en sus inminentes cavidades, aliento
de río, arrasadas rosas, himnos de múltiples
brazos donde los párpados no son atravesados
por partículas de hambre, sino que atacan, caen,
llueven, ríen, agónicos, hasta que solo advierten
la más lúcida nuez, las llamas del insomnio
y del barro. Las células nacieron de un naufragio,
de un motor súbitamente fecundado, de un puma
que oía las sombras. Después, con temblor de ola
o de buey, alcanzaron el núcleo feroz,
las raíces del mármol. Y de él, casi poema
ya, surgieron lagares, peces, sal, proteínas,
derrumbamientos, hombres, nieves decapitadas.
El sol no se paraba; sus espinas rozaban
los ojos antiquísimos como el molusco toca
la espuma: sin que gima ni un pómulo, sin que huya
ni un solo cabello de su tierra dorada.
Los cuerpos existían antes de construirse
y se hacían visibles al trasluz de las lenguas:
sus huesos eran pactos; sus córneas, bisagras;
y los rostros que habían de contemplar los frutos
de la noche, de oler el sándalo en la boca
amada, aparecían como efímeros peces
en las habitaciones selladas. Cuánto acero
carnal. Cuántos caballos en las gotas de lluvia.
En los arroyos, cuánta neurosis. Cuánto pie
en las serpientes, cuánta amputación de estambres
para que en un solo éxodo se alíen los metales.
Cuántos nardos que humean, cuántos aerolitos
acallando el rumor del yodo, cuánto afán
para que el pan se subleve, cuanto jade ablandándose.
Mas la realidad ansia su principio.
Dientes ensimismados quieren, en el silencio,
librarse de su dura transparencia. Como ellos,
los animales buscan su materialidad,
que el agua sea su orden, que las vaginas recen,
que la tierra se anegue de sus rectos latidos.
Lo soñado desea florecer en los templos,
abandonar su núcleo de sombras inflexibles,
sus átomos de sombra donde los hombres besan
a quienes ya no tiene cuerpo y las palabras
derrotadas aprenden el diámetro del fuego.
La azucena persigue sus sótanos; el cielo,
su forma, su basalto; la respiración quiere
ser nombrada o heñida, como el barro o los senos (…)

(Fragmento inicial de La luz oída, p25-27).

Nota: Jordi Doce califica la poesía de Moga como "torrencial" que, por cierto, fue el primer adejtivo que a uno se le ocurrió tras leer el primer poema de la Antología. Al final de ella, quizás le haga tanta justicia poética, no crítica, considerarla también como "borrascosa"  para incluir la sensación de ventolera, de racha de viento que, en otros momentos, se transforma en brisa para remontarse hasta la ventisca. Agua y viento. Faltan aire y fuego pero seguro que los puede uno encontrar entre sus versos.

12 de noviembre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (12/11/2014)


Por mor de la brevedad y de la construcción de esta pieza textual daremos por verosímiles las cifras ofrecidas por la Generalitat sobre participación y votos en la costillada del domingo aunque uno mantenga sus suspicacias intactas independientemente de lo que hayan mostrado unos cuantos videos que las televisiones españolas se han afanado a mostrar: la sospecha es anterior y no tiene que ver con ellas. Tampoco tomaremos en cuenta al señor Rivera que desearía prohibirnos hablar de la consulta, como si no hubiera tenido lugar, porque según él al hacerlo ya le estamos dando validez. Le guste o no, sucedió y, dentro de sus límites, hay que tomarlo como una jornada reivindicativa y cuyo carácter simbólico no se agota en sí mismo: el teatro, si es vivido como realidad, tiene consecuencias muy pero que muy empíricas.

Ahora los corifeos gubernamentales simulan un entusiasmo un poco forzado: dicen que se han visto "soprendidos" por el alud de votantes. Francamente, si uno no se alejó demasiado en su pronóstico - y no tiene ningún gabinete sociológico como lo tienen los grandes partidos soberanistas -, decir que "no se lo esperaban" es ridículo, falso o hipócrita y cobra su significado más propio en la generación de retórica adulatoria y jaculatoria alrededor del president (¿rais, conducator, Mesias? por no emplear otras expresiones que herirían susceptibilidades) Mas. Ya se sabe que el efecto de repetir una mentira muchas veces es, como señalaba el astuto Goebbels, que deviene verdad y, así, un indiscutible pero previsible acto de masas se ha transformado en acontecimiento exitoso por lo sorprendente. O tempora o mores...

El caso es que, vamos a creerlo a pies juntillas, de los más o menos 2,300,000 "votantes" el 80%, 1,800,000 lo hicieron a favor de la independencia de Catalunya. No es una cifra desdeñable pero tampoco debe magnificarse: es, voto más voto menos, el techo secesionista desde hace un par de años. En unas condiciones idóneas, con una movilización masiva, una propagando agotadora, una presión social enorme (sobre la que habrá que hablar en otro momento) y la ayuda del torpe gobierno del estado español, siguieron por debajo de un hipotético 50% de la población votante. La costillada sirvió para ratificar que hay, al menos, dos grandes bloques que, siendo generosos con los secesionistas, se reparten al 50% el electorado potencial y esto empieza a ser evidente y los partidarios de la independencia no deberían ni negarlo ni tampoco pasar de puntillas por ello. Con estos mimbres no está tan claro que haya sido un triunfo secesionista o que la mayoría de la población catalana abrace la causa. Es más, la mitad de los catalanes - tirando corto - siente, en diferentes grados, desafección hacia el "nuevo estado" y eso deberían tenerlo en cuenta. En su mano está que esta desafección no se troque en hostilidad pero de momento, como cualquier gobierno español que se precie, no parecen reparar en ese nimio detalle. Como tampoco reparaban, aunque el otro día, por fin, el portavoz Homs lo admitió, que la falta de respaldo internacional (el último en dar su apoyo al gobierno español ha sido el premier Cameron al que tanto se alaba por aquí) complica bastante el éxito iinmediato de su empresa.

De momento no parecen preocupados por esos dos "aspectos" del proceso. Disfrutan de lo que han reescrito como triunfo y muestra de desobediencia, como mi losantosiano y entrañable Vicent Partal no cesa de reiterar: "Ahir el món va veure Espanya com un estat fallit. Els estats fallits són aquells que no funcionen. Perquè no són capaços de regular amb eficàcia la vida en els territoris propis. Ahir Espanya no hi pintava res, a Catalunya: tan senzill, i tan enorme, com això. I a l'ensems el món va veure els catalans com una gent organitzada, capaç de bastir un estat, que això era el 9-N, de vuit al matí a dotze de la nit. I capaç de fer-lo funcionar amb rigor i serietat, com un rellotge". En su descargo, que no lo necesita, se le ha de conceder que en este aspecto tiene más bien razón.

Y junto a él, tampoco la progresía española - que lanza sus cantos de sirena al secesionismo (como el inefable Ramoncín en aquel concierto secesionista en el que fue abucheado) sin apercibirse de que su paternalismo no es bien recibido por estos pagos y su aparente "comprensión del hecho diferencial" menos todavía -, parece tomar en consideración a los al menos dos millones de unionistas o, simplemente, no-secesionistas que hay por estas tierras. Sólo retienen la primera parte de la ecuación, más sugestiva, por supuesto. Parecen, como en su momento en el caso vasco, embrujados por esos dos millones de secesionistas. Sin embargo, al olvidar a la otra parte, la están entregando en bandeja a los salvapatrias, populistas o conservadores de diferente calaña que poco harán en favor de una solución pacífica, racional y dialogada de la situación actual. Tiempo al tiempo...

Por último. Leo que Antonio Turiel, del que admiro la agudeza de sus análisis sobre economía y energía aunque discrepe de sus juicios políticos en algunos momentos, votó NO-SI, como algunos de mis amigos pretendían hacer. Visto con un poco de distancia, todavía seguramente insuficiente, el NO-SI le parece a uno más bien un voto snob, de intelectual, una boutade muy del gusto de cierta tradición de la izquierda española que se engarza con el atractivo del antiespañolismo primario al que resulta, como en su momento al antiamericanismo o al antisionismo primarios, muy difícil resistirse: lo dice uno por experiencia propia. También consideré esa posibilidad. Es más, era la opción estéticamente más atractiva y consistente con ese antiespañolismo primario del que no puedo, ni sé si quiero, desprenderme. No obstante, como toda estética "es" una ética, el día 9 pensé que semejante opción obvia un hecho capital: la rendición del criterio propio ante la utilización política. Hacer lo correcto individualmente no puede ser desligado de las posibles implicaciones de la acción por muy leve que sea, como mostró Derrida (especialmente en Signature, événement, contexte) y lo que singularmente parece correcto puede no serlo en función del contexto de uso. La democracia no se agota en el ejercicio de depósito de papeletas y la resistencia al totalitarismo argüida quizás requiera más el coraje cívico de inhibirse y mantener la distancia respecto a todo aquello que pueda servir, ya no a los movimientos totalitarios sino a la pulsión totalitaria de ciertos grupos, que aceptar el dominio de realidad construido por ellos. Ejemplos históricos ha habido tantos que no hace falta relatarlos.

Nota: Con todo, que los secesionistas no sean mayoritarios desde el punto de vista explicado en estas líneas no implica, en absoluto, que no puedan conseguir sus propósitos. Los bolcheviques nunca fueron mayoritarios y el SED de la DDR no pasaba de representar los intereses de un 20-25% de la población germano oriental e impusieron sus tesis. Y para que no se infiera que uno considera totalitario al secesinoismo, podemos recordar los "neocon" republicanos estadounidenses: estos sí que apenas cabían en un taxi y han marcado la agenda planetaria en las dos últimas décadas.

10 de noviembre de 2014

Uno recomendaría (03/11/2014-09/11/2014)



Uno recomendaría, entre sus lecturas de esta semana:

"Estulticia e hipocresía pareja de hecho" de Manuel Mullor.

"El último esperpento chusco del teatrillo patrio se puede contemplar, cómo no, en el Ministerio de mala Educación e Incultura, lleva por título Ciscándose en la especialización y presenta un elenco de meritorios de lo más lamentable, ya saben, un tipo con jeta de loco y apenas una idea aceptable en la cabeza y un ejército de maleantes sindicalistas. La obra promete, no crean y malicio que hasta el mismísimo Groucho Marx habría sido rechazado como guionista de tan bufa comedia"...

9 de noviembre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (09/11/2014)


Hoy es un día nuevamente "histórico" (y van...) para los secesionistas. Da igual que en realidad sufrieran una derrota en toda regla al no conseguir relizar un auténtico referéndum por falta de apoyo internacional y firmeza de sus élites gobernantes. Una de sus virtudes, como las de cualquier movimiento insurreccional (fijémonos en los bolcheviques, por ejemplo), es convertir las victorias del enemigo en propias releyéndolas a la luz de su inserción en contextos diferentes. Con lo que se quedan, y no es del todo falso, es con que, finalmente, han burlado astutamente al estado español: todo el mundo sabe que la consulta de solteros contra casados la organiza, dirige y gestiona la Generalitat y poco les importa a los secesionistas más enfebrecidos y utopistas que voten sólo los partidarios de la independencia. De hecho, los otros (unionistas, españolistas, internacionalitas, tibios, insolidarios o apátridas) únicamente han de ser el decorado necesario sobre el cual legitimar lo que debe realizarse de cualquier forma posible. No se guardan ni siquiera las formas fuera de los lugares escogidos para la representación televisiva: en el instituto que a uno le han adjudicado para la fiesta hay banderas, insignias, recomendaciones de voto y sólo ha faltado que todos los miembros de las mesas de recogida de datos y votación (uno de los cuales vestía sin complejos una camiseta amarilla de la "Via Catalana" del 11 de septiembre) portaran anudada al cuello la capa de superhéroe con las cuatro barras y la estrella. ¿A quién le importa la falta de pluralismo? Si en realidad los no-secesionistas son enemigos de Catalunya...

Hoy creen, quizás acertadamente, que han dado un paso más en un camino al que le queda poco recorrido (en lo cual uno no acaba de estar del todo de acuerdo). Lo de menos serán unas cifras que se maquillarán sin problemas. Y uno no dice falsearán porque entre mis amigos y compañeros secesionistas, excepto los de primera hornada y procedencia izquierdista  -bastante más escépticos y con raptos de sentido común entre la efervescencia entusiasta -, puede ser motivo de discusión la insinuación de que, a falta de controles externos (de la oposición, los no secesionistas o internacionales), la manipulación de los datos puede estar servida. Este comentario ya suscita ampollas. Tanto, que uno de ellos, cansado de no poder rebatir argumentalmente la sospecha, me acusó finalmente de "españolista" por pensarlo y empecinarme en mantenerlo: la autoindulgencia y el sentimiento de superioridad les ha hecho perder de vista cualquier precaución crítica.

Y es en esta falta de distancia crítica, en esta renuncia a la desconfianza, donde el papel de los utopistas de izquierdas y el de los profesionales de la revolución con su ramplona y trasnochada noción de "compromiso", juegan un papel de primer orden como "tontos útiles": legitiman desde el arco, se supone, más crítico, el movimiento y la dirección - no precisamente revolucionaria en el sentido clásico auqnue sí en el más amplio - del proceso. Ver el otro día a los partidos de izquierda, todos, absolutamente todos los que tienen una mínima representación, fantasear y presumir de que en este instante de la historia este pueblo y no otro, un "pueblo elegido" más, construirá un país nuevo en el que no habrá ni corrupción, ni miseria, ni desequilibrios económicos y que eso justifica el alineamiento comprometido (à la Sartre en el peor de los sentidos, recordemos su apuesta por el maoísmo...) de todos con la nueva tierra, resultó lamentable: ya no es que no haya ni un solo ejemplo en los últimos trescientos (o dos mil) años de que algo de eso haya sucedido en ningún lugar del planeta sino que creer que, en plena economía capitalista en este rincón de Europa y no en otro, se va a levantar un "sistema" más justo sustentado sólo en la voluntad de un pueblo es lo más antimarxista que uno puede escuchar. Penoso.

¿Compromiso? Sí pero siempre vigilante y cauto. Compromiso, en todo caso, con "lo político" no con "una política" concreta y empírica.

Por último. Para aquellos empresarios preocupados, unionistas acobardados y españolistas moderados. Quien se crea que "los catalanes" ya han tenido suficiente con este "teatrillo" están, me temo, muy equivocados. Se comprobará en las próximas semanas y meses. Los trenes ya se estamparon el uno contra el otro hace días: no hay rebobinado posible. Tan sólo la irrupción de una "catástrofe", es decir, una serie de acontecimientos violentos, puede evitar la prolongación del conflicto. Aunque todas las encuestas reiteren que la mayoría de los ciudadanos catalanes prefieren las propuestas unionistas,  - que no españolistas, insisto -, "ahora es la hora" de los secesionistas porque nunca han gozado de tal hegemonía. Es su oportunidad y ni pueden ni deben dejarla escapar y creo, modestamente, que no lo harán. El estado español haría bien en tomarse de una vez en serio el reto y jugarse la carta de las concesiones si quiere minimizar los daños. Sería su deber aunque no espero mucho de la clase gobernante tal y como está el patio.

Otra cosa será el desenlace final que sigue pareciéndome que sólo puede anticiparse que será doloroso, para todas las partes, por decirlo suavemente...

Pronóstico: dos millones y medio de participantes. Son los que precisa el movimiento para continuar adelante. Y un 85-90% de votos para el SI-SI. Uno no se lo creerá del todo pero es lo que debería salir para continuar adelante con fuerza.

7 de noviembre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (07/11/2014)


Me temo que hay que agradecerle al gobierno español que haya elevado hasta la licuefacción la temperatura en estas tierras con su decisión de convertir la "costillada secesionista" en un referéndum encubierto que ha de ser prohibido por el Tribunal Constitucional. Ahora, parece que recula y da a entender que si el Govern deja su gestión a las entidades civiles no moverá un dedo para impedir la fiesta: los secesionistas, conscientes en cierta medida de que se ha desafiado a la justicia española y se la ha desobedecido (ya no recuerdan el primer 9-N), sacan pecho y creen haber marcado un punto de inflexión porque finalmente habrá votación por muy descafeinada y ridícula que sea. Mas el mal ya está hecho, al menos para algunos de nosotros, habitantes de estas tierras, que huimos de los nacionalismos como de la peste. Esta última semana el ruido y la contaminación visual, auditiva y discursiva ha dado un salto cualitativo que ha empapado, como nunca, las calles, las aulas, las plazas, las tiendas, los mensajes de las redes sociales... Hay que estar aquí para verlo.

La programación de TV3 ha sido esperpéntica: un desfile continuado e inacabable de programas sobre la consulta y el resto de las emisiones trufadas de alusiones descaradas o sibilinas excepto las series y películas foráneas que no dejaban espacio para cuñas secesionistas. Las radios, por lo que a uno le han contado, tres cuartos de lo mismo.

Más banderas, pancartas, carteles y pintadas que nunca por toda Barcelona y, en la medida que uno se movió el domingo pasado fuera de la ciudad, por buena parte de Catalunya: banderas gigantescas en riscos y montañas, murales descomunales por las autopistas y carreteras, anuncios panorámicos... Banderas y más banderas por doquier: una contaminación visual irritante que uno creía circunscrita al cuartel donde hubo de someterse a la humillación de la jura de bandera española hace muchos años que, en las celebraciones castrenses, mostraba una enseña cada veinte o treinta metros. Y, encima, envíos postales de la Generalitat, tenderetes a la vuelta de muchas esquinas, voluntarios repartiendo papeletas para votar por las calles, a la entrada y salida del metro, en las plazas y centros comerciales de la capital cuando no llamando casa por casa y anotando en su registro si se les recibía o no y qué había decidido el inquilino que les había abierto.

Contaminación auditiva por las caceroladas de diez minutos que las tres últimas noches se han repetido. Da igual que no hayan sido masivas como las que rodearon al 15M: han sido ruidosas y muy molestas gracias al gobierno español.

Y contaminación discursiva tensa. No ha habido día ni lugar en el que los secesionistas no sacaran a colación el tema intentando persuadir a los indecisos, tibios o moderados de que "ahora es la hora". Pero tampoco ha faltado día en que los unionistas y españolistas, en sus círculos casi clandestinos, no dieran vueltas y más vueltas al asunto invocando incluso, los últimos, el socorro de la Benemérita. Como no ha habido día en que aquellos que detestamos los nacionalismos no hayamos repetido nuestras expresiones de perplejidad, asombro y espanto ante el comportamiento de los implicados de uno y otro bando y ante la pérdida de contenido del concepto ilustrado de ciudadanía por estos pagos.

¿Y qué decir de las aulas? Me explican que en un centro hoy está prevista una cacerolada de los alumnos espoleados por los docentes secesionistas. En otro se ha organizado una asamblea para dar apoyo al 9-N a la que "todos" han sido invitados a acudir. Un amigo me cuenta que en el suyo, durante una conversación a la hora del desayuno, un profesor especialmente combativo acabó espetándole que prefería pasarse tres años comiendo hierba que seguir siendo español un día más. Los institutos se han convertido en campo de batalla pero la campaña ha sido rápida, una suerte de Blitzkrieg ganada por los secesionistas: voluntarios del propio centro para abrirlo el 9N no han faltado, como afirma con razón el Govern catalán y es casi seguro afirmar que, salvo alguna excepción - que siempre las hay -, a nadie se le ha puesto una pistola en el pecho. Y las presiones han sido mínimas y más fruto del ánimo talibán de algunos que de otra cosa. No lo necesitan: en el estamento docente la adhesión al secesionismo es mayoritaria, lo cual no es extraño en absoluto. Salvando las distancias, y a título sólo de ejemplo, hay que recordar que el grado de afiliación al partido nazi entre los maestros y profesores cuadriplicaba el de la población empleada. Digo "salvando las distancias" porque éstas aquí se refieren no a una proximidad entre secesionismo y nacionalsocialismo sino al nivel de credulidad, la falta de crítica racional y el aherrojamiento del sentido común ante las ideologías totalitarias entre el colectivo de los enseñantes que resulta, al fin y a la postre, uno de los más permeables a este tipo de pensamiento pese a que la tradición literaria y filosófica hayan glorificado, desde Sócrates, la figura del maestro irreductible e insobornable en la búsqueda de la verdad.


Deja uno para mañana o pasado la visita, al estilo "Testigos de Jehová", de una pareja de voluntarios de la campaña secesionista a nuestro domicilio, la evidencia de que, incluso en estas jornadas de fiebre secesionista, la mayoría de la población parece seguir siendo unionista - que no españolista - pero que carece de altavoces políticos para manifestarse, o el espectáculo autoindulgente de los políticos y profesionales de la revolución de prácticamente todos los partidos de izquierda catalanes proclamando su compromiso con el "nuevo país" en el que todo se podrá hacer, por fin, bien. La izquierda sigue sin alejarse de la fantasía religiosa...

4 de noviembre de 2014

Un poema de Ferran Fernández


Bolero mix, el último libro de Ferran Fernández, entronca de una manera sutil con su espléndida Lógica sentimental, uno de los poemarios más frescos y sugerentes que uno ha leído en las dos últimas décadas como se ha dejado dicho alguna vez por aquí. Podría ser, en cierto modo, una continuación tanto por la persistencia del estilo lacónico, conciso y humorístico de su poesía como por la cercanía temática aunque ahora el tratamiento del amor pueda decirse que gire más en torno al desamor y la nostalgia, a la ausencia, que al enamoramiento y la plenitud, a la presencia. Sea como sea, uno sí ha experimentado ese enlace, esa proximidad y ha vuelto a disfrutar con su escritura en estos días tan ajenos a lo poético.

"nuestro amor
por donde quiera que pasaba
iba dejando huellas
imborrables

mentira

cada vez que quiero
rehacer el camino no encuentro señal
alguna" (p47).

3 de noviembre de 2014

Uno recomendaría (27/10/2014-02/11/2014)


Uno recomendaría, entre sus lecturas de esta semana:


"La vida sexual de los ingleses" de Eduardo Moga.

"Esta entrada no será larga. Dice el periodista y escritor húngaro Georges Mikes en Cómo ser un extraterrestre, publicado en 1946: "La gente del continente tiene vida sexual; los ingleses tienen bolsas de agua caliente". Lo clava"...

2 de noviembre de 2014

Rais, la acumulación retórica y el teorema de Thomas


El pasado jueves uno hablaba, imprecisa y groseramente, de la "acumulación retórica" para describir la situación que, en el actual conflicto entre secesionistas catalanes y estado español, hace imposible que los primeros abdiquen de sus empeños y retrocedan a una situación anterior al enfrentamiento actual por mucho que el cerco judicial parezca poder conducirles a esa reconsideración, o retirada. Rais, siempre atento, me comentaba el viernes, durante una comida, que hay un teorema, en teoría sociológica, que describe con más rigor (y finura añadiría) el fenómeno: se trata del "teorema de Thomas". La afirmación principal de este teorema dice, según la Wikipedia, que: "If men define situations as real, they are real in their consequences". Pues eso: ya no hay marcha atrás porque el intrincado mundo construido por el secesionismo, denso y complejo - pese a lo que pueda parecer desde un punto de vista racional cualquier nacionalismo, pero estamos hablando de complejidad en el sentido de interacciones entre elementos que no se pueden reducir a intercambios biyectivos y multiplicidad de los primeros - exige unas conductas, o diríamos "hace posible", y no otras.

1 de noviembre de 2014

El próximo martes...


Eduardo Moga presentará en Barcelona la antología que, bajo el título El corazón, la nada, recoge una selección de sus veinte años de escritura poética y que publica Amargord. En el correo que ha enviado anunciando el acto, escribe:

"Queridos amigos:


El próximo martes, 4 de noviembre, a las siete y media de la tarde, presentaré en la librería Laie (Pau Claris, 85, Barcelona) mis dos últimos libros de poemas: El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014) y Dices. Contaré para ello con la ayuda del escritor, editor de Libros En Su Tinta y, sobre todo, amigo Andreu Navarra. Os adjunto la invitación al acto.


El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014), publicado en la colección Portbou de Amargord Ediciones, es la primera selección de mis versos que doy a conocer en veinte años de dedicación a la escritura. Quizá por ello he querido acompañarla con un epílogo-poética, en el que no solo consigno mi concepción de la poesía, sino también algunas de mis vicisitudes creativas y editoriales durante estas dos décadas. El volumen se completa con un generoso prólogo de Jordi Doce.


Dices, por su parte, es la primera entrega de una nueva editorial, Libros En Su Tinta, creada en Barcelona por Andreu Navarra. Su noble impulso merece nuestra simpatía y nuestro apoyo, y a él obedece la publicación de este libro breve, unitario y versicular, que es, a la vez, una sátira social y una sátira de su autor.


Sería un gran placer contar con vuestra compañía."

¡A pares! No está nada mal. Por si no puedo acudir, que pases un buen rato Eduardo.

30 de octubre de 2014

Crónica de la Nueva Edad (30/10/2014)


Impedir la "charlotada" del próximo 9 de noviembre acudiendo al Tribunal Constitucional de nuevo es un craso error que no hace sino reafirmar la tesis secesionista de que "con España" - en este caso con el gobierno español -, es imposible hallar una solución al "conflicto". Era algo sabido que difícilmente "votarían" en este referéndum de solteros contra casados más que los secesionistas. Y no todos, pues la renuncia a la desobediencia y la retirada de Mas había disgustado a algunos sectores radicales y a una parte de la izquierda aglutinada en torno a Iniciativa per Catalunya. Ahora el gobierno español fomenta la participación y, de nuevo, la bunkerización de los secesionistas. Es evidente que cuando uno decía que el "choque de trenes" ya se había producido no tenía sólo en mente a los secesionistas sino también al gobierno español y a los españolistas: la lógica de la victoria y la aniquilación del adversario, vestida de "respeto a la ley" como se argumentaba en El País, parece haberse instalado entre las élites de Madrid tal vez deseosas de "revancha". F., amigo de derechas de toda la vida, y españolista convencido, afirmaba hace pocos días que el gobierno español "dejaría hacer" para buscar una salida dialogada. Ayer su discurso se había transformado en la necesidad de asegurar "el imperio de la ley". Es probable que la oleada de escándalos relacionados con la corrupción tampoco sea ajena a esta nueva vuelta de tuerca: el paulatino debilitamiento de la administración conservadora puede ser contrarrestado, así lo deben pensar algunos, con una sobredosis de nacionalismo que supere el cul-de-sac en el que se halla. Un "salto hacia adelante" en toda regla.

Ahora bien. No dejar ningún margen para una solución dialogada es dudoso que fuerce a Mas, y al movimiento secesionista, a desistir. Es más, en el estado actual de enfrentamiento hay una acumulación retórica que ya no permite vuelta atrás alguna: toda retórica es performativa y es inseparable de un entramado de acciones con las cuales está estrechamente relacionada de distintas formas pero la mayoría de ellas de fuerte interdependencia. Así, la retórica secesionista ha generado tal volumen textual en su construcción de una realidad posible y alternativa que las acciones requeridas y la ilusión generada no puede ser deconstruida sino por la fuerza. Aquellos que persisten en sus estereotipos sobre "los catalanes" su "ansia de dinero" y su "cobardía", y que parecen alimentar las fuentes de decisión españolas se equivocan: como los secesionistas, creen en una pretérita y racista  "naturaleza de los pueblos" que desatiende la tozudez de la evolución histórica. Se llevarán una sorpresa. No le falta razón al líder de la CUP, David Fernández cuando afirma “algo grave pasa en Cataluña para que los neoliberales y los anticapitalistas nos pongamos de acuerdo, para que la patronal y los sindicatos coincidan, para que los que soportamos los golpes de los Mossos d'Esquadra y los que los dirigen pensemos lo mismo. Desde Madrid no se sabe decodificar esta realidad”. O se descodifica mal.

Una última nota: que las locomotoras ya han colisionado y ahora, a ritmo lento, vamos a ir viendo poco a poco el impacto vagón a vagón y preparando la lista de damnificados lo avala no sólo el análisis racional y objetivo sino también la impresión subjetiva. Ayer, pasé por la Delegación del Gobierno en Barcelona. Está rodeada de un perímetro de seguridad con vallado y protegido por varias furgonetas de la Policía Nacional. No hace ni dos años casi podías entrar en la Delegación sin rendir cuentas a nadie y apenas había más policías que la pareja de control en el interior. No es Intxaurrondo, cierto, pero parece que vamos por el "buen camino"...