23 de enero de 2010

23 de enero de 2010: Leyendo a Robert Lowell (IV)


Así pues, sólo leo en lenguas que no sean el castellano cuando mi competencia es suficiente, no existe traducción o estoy realizando o una investigación académica o documentándome para un texto creativo.

Volviendo a Day by day. Además de mis hábitos, las disonancias que había ido percibiendo podían quedar justificadas porque el traductor, en el Prólogo, advertía que se había tomado algunas libertades para acomodar el pentámetro yámbico al lejano equivalente castellano del "ritmo imparisílabo" castellano, esa música que el gran Garcilaso adaptó a nuestra lengua con tal maestría que no se ha vuelto a producvir en ella un hecho de tanta trascendencia para la poesía" (p34): no había motivos para abandonar la familiaridad del castellano y dejar de confiar en el traductor.

Seguí leyendo la versión de Luis Javier Moreno hasta que en el poema "En una sala del Hospital" ("In the Ward", p80 de la edición de Losada) leí: "... Viejas mises hermosas y maestras ancianas / prefieren perder antes su cabeza / a perder sus amigos". Recurrí al Apéndice con la versión original porque aquellos tres versos desentonaban respecto a los anteriores, especialmente -creí- las "viejas mises hermosas". En el original se decía: "old beauties, old masters / hoping to lose their minds before they lose their friends".

Sin entrar en que es posible darle otro sentido a los versos, traducir "old beauties" por "viejas mises hermosas" en lugar del más razonable "viejas bellezas" o "antiguas bellezas" no me pareció acertado. Que se pueda estar refiriendo a "misses" es posible pero no lo veo claro (¡si sólo fuera eso!). Creo que es preferible traducir "beauties" por "bellezas" en lugar de "mises hermosas" y, aunque no sea ninguna autoridad, mi firme creencia tuvo el efecto de hacerme desconfiar del traductor y obligarme a leerlo en inglés.

El resultado: más de una semana en torno a Lowell, el diccionario, la traducción y el enredo de alguna dicusión imaginaria (à la Wilson-Hanks) con el traductor sólo para acabar comprobando que en más ocasiones sabía él como verter una expresión del castellano al inglés que yo.

Sí, la musicalidad y el ritmo del pentámetro yámbico...; sí, la experiencia de la lectura en otra lengua...; sí, la poesía en estado puro...; sí... pero no estoy seguro de que tantos días con Lowell como lectura principal y casi exclusiva hayan valido el esfuerzo.

22 de enero de 2010

22 de enero de 2010: De cómo Autores y Editores (¿Creadores hay que llamarlos ahora?) tratan de engordar sus arcas a cualquier precio


Aunque hoy ha aparecido el sol tras cuatro días de cielo plomizo y lloviznas, no he podido salir de casa en todo el día. Problemas informáticos, como tantas veces. Ahora, de madrugada, no puedo dormir después de tantas horas delante de la pantalla con "hojas de estilos", "javascripts", "scripts en php" y demás objetos que orbitan por la nebulosa "web".

He vuelto a ver "El hundimiento" de Oliver Hirschbiegel y me he desvelado. La han pasado por televisión y cuando ha acabado me he levantado y he leído las primeras páginas de las conversaciones entre Gitta Sereny y el comandante de Treblinka, Stangl. Pero tanta Alemania y tanto nazismo pueden incluso con mi estómago a prueba de horrores así que he tenido que volver al comedor para seguir viendo televisión y conseguir el suficiente grado de aburrimiento como para poder meterme en la cama con visos de conseguir dormir. Por cierto, de la película de Hirschbiegel y de los comentarios que hizo sobre ella Antony Beevor quería escribir algo pero lo dejo para el fin de semana.

Bueno, a lo que iba. He puesto el canal de noticias 24 horas de Televisió de Catalunya. Todo francamente anodino hasta que, por algún arcano motivo, Televisió de Catalunya ha decidido hacer un breve reportaje para su Telenotícies dando una notable cobertura al creciente descrédito de la SGAE a propósito de su última andadura conocida.

La SGAE continúa expoliando a quien se pone a tiro para incrementar su escandaloso patrimonio y aumentar la presión para traducir el capital simbólico de autores y editores en capital económico. Es un lobby peligroso no sólo por sus prácticas, que también, sino por su marcada ideologización fraudulenta bajo el paraguas de la "Cultura". Doble moral, pero no burguesa o proletaria, que las hay. Doble moral de los "Creadores" (Autores y Editores) en busca del mayor beneficio material posible.

En fin, como es tarde y disfruto más de los insultos en la intimidad y, además ya va siendo hora de intentar dormir, me ahorro relatar esta nueva genialidad de los Defensores de la Cultura y de los Creadores y transcribo unas líneas de la noticia publicada por "La Vanguardia":

"La SGAE enfurece al Ripollès al exigir a los casals d'avis que paguen por el uso de la tele.

En el Ripollès, la Sociedad General de Autores de España (SGAE) ha protagonizado requerimientos tan insólitos como polémicos, como por ejemplo insistir en reclamar los derechos de autor por los espectáculos de todas las fiestas mayores entre el 2003 y el 2009; requerir el pago del impuesto aunque las actividades fueran populares y gratuitas; exigir 300 euros en concepto de derecho de autor en una actuación de un esbart dansaire cuya música era de un socio de la misma entidad; hasta pedir un porcentaje de la taquilla obtenida en un playback popular en Ripoll."

La noticia completa aquí.

20 de enero de 2010

20 de enero de 2010: Leyendo a Robert Lowell (III)


Creo que es de sentido común presuponer que cualquier traductor profesional conoce mejor la lengua sobre la que trabaja que yo. Es el motivo principal de mi habitual confianza en las traducciones.

También hay que añadir que, aparte del factor de "distinción de clase" para algunos escritores de oficio poetas y la mayoría de los profesores de nuestra penosa universidad, no creo que todos los textos a nuestro alcance deban ser leídos en la lengua original y menos aún porque sean intraducibles por naturaleza.

Conforme pasan los años, cada vez rechazo más intensamente la hipostización de las lenguas como intraducibles (en mi opinión una pobre lectura del "principio de indeterminación radical de la traducción" de Quine) o depositarias de una categorización del mundo inconmensurable respecto a las demás (versión extrema de la ya de por sí problemática hipótesis Sapir-Whorf), por no hablar de la esencialización del género poético como resistente e impermeable a cualquier traslación de una lengua a otra.

Si la versión ramplona de la argumentación de Quine, el relativismo fanático extraído de Sapir y Whorf y el esencialismo snob de la intraducibilidad de la poesía fueran tan ciertos como se pretende, la humanidad llevaría miles de años haciendo el ridículo más espantoso: no nos entendemos y no sólo vivimos engañados por la ilusión contraria sino que perdemos el tiempo miserablemente produciendo generación tras generación millones de páginas que pretenden ser traducciones de lo intraducible.

Que hay expresiones y palabras intraducibles o difícilmente traducibles o para las que no hay equivalentes exactos entre algunos idiomas parece evidente. Pero también que esa constatación no puede obviar el hecho de que la norma no es la bacanal babélica sino un mundo en el que los seres humanos entendemos bastante bien lo que se nos dice en nuestra propia lengua y en otras que, más o menos, dominemos y que el conocimiento se transmite entre distintos idiomas y distintas generaciones llegando incluso a acumularse. Lo cual, dicho sea de paso, nos evita la penosa tarea de reinventar el teorema de Pitágoras y explica que exista algo así como la enseñanza, que no es poco.

19 de enero de 2010

19 de enero de 2010: Leyendo a Robert Lowell (II)


Me ha llevado toda la semana leer Day by day. No ha sido sólo la habitual escasez de tiempo libre y los previsibles imprevistos que acontecen en forma de lo que juzgamos como "inesperadas" reuniones sindicales y que, en la perspectiva diacrónica, muestran una sorprendente regularidad.

Primero fue el tiempo que le dediqué a Fugaz. Para no abusar de la poesía, la desintoxicación se llevó a cabo con la hermosa Gran Torino y con un clásico extraordinario que todavía no había visto: Clerks (a recordar entre sus impagables secuencias, la del coito entre la ex-novia del protagonista y el masturbador muerto por un infarto en la oscuridad del lavabo de la tienda y el debate en torno a El retorno del Jedi y el asesinato de trabajadores inocentes por parte de las fuerzas rebeldes al destruir la Estrella de la Muerte aún en construcción). Para dormir, nada mejor que CSI Miami y House a la espera de Mujeres desesperadas, Perdidos y Anatomía de Grey. Y en los fragmentos perdidos por la fatiga y no dedicados a la escritura, NCAA College Football 10 para PS3 con Boise State University. Así las cosas, no quedaba demasiado espacio para Lowell.

Por fin, el jueves empecé con Day by day en la traducción, por supuesto. Todo iba bien. Seleccioné un fragmento del poema "Suicidio" para publicar aquí: "¿Merezco alguna consideración / por haber intentado suicidarme? / Quizá lo que temía es que esa peregrina / decisión resultase fallida, / sin darme cuenta de que practicando / es como se corrigen los errores..." Pero en las últimas líneas del poema "Para John Berryman", leí: "Las chicas en la escarcha no hurgarán de tu tumba" y decidí mirar el original en inglés. Creía que la expresión correcta debía ser "Las chicas de la escarcha no hurgarán en tu tumba". Lowell escribió, "Girls will not frighten the frost from the grave". Se confirmaba que se trataba de un error que al corrector se le pasó por alto pero lo cierto es que tampoco esta traducción me convenció. Con todo, cabía presuponer que los conocimientos del traductor son muy superiores a los míos y alguna razón habría para traducirlo así.

18 de enero de 2010

18 de enero de 2010: Leyendo a Robert Lowell (I)


Supe de Robert Lowell por mi querido Manuel Fuentes hará unos cuatro o cinco años. No tiene nada de extraño. He pasado muchos años alejado de la poesía, como ahora de la filosofía y cuando hice el doctorado rehuí las asignaturas de Historia de la Literatura porque me apasionaba más el concepto y su juego con la metáfora que la narratividad hagiográfica y la taxonomía, tan subjetivas y sometidas a la arbitrariedad. En otras palabras: que no tenía ni idea de quien era Lowell hasta hace pocos años.

En aquel momento mi libro Filosofía de la minucia estaba varado al final de una cola que siempre se engordaba encima de la mesa (es un suponer...) de Bartleby. De la entusiasta apreciación de Jorge Riechmann, que fue el primero en leer el manuscrito, y la aceptación por parte de Manolo Rico (que debió ser el segundo) ya habían pasado más de dos años y su salida se iba posponiendo. Fue cuando se lo pasé a Manolo por si quería hacerle un Prólogo y así sacudir la languidez que empezaba a rodearlo y que se prolongaría algún tiempo más... Unos... ¿cuatro años? Sí, más cuatro que tres...

Manolo leyó el todavía manuscrito y se comprometió a poner su saber hacer al servicio del texto no sin antes hablarme del poema "Caroline in Sickness" de Robert Lowell y recomendarme vivamente su lectura. Puse cara de póker, no conocía ni a Lowell ni menos aún el poema, y Manolo delicadamente pasó de puntillas sobre mi ignorancia. Al día siguiente compraba Day by Day en la traducción de Losada en una librería del Paseo de Gracia y lo situaba en la mesita de noche, al lado del Omeros de Walcott que estaba releyendo, como inmediata lectura.

Han pasado varios años así que cuando pienso en aquel día es normal que sienta un poco de vergüenza. No obstante, esta sensación se queda pequeña ante la opresiva sensación de que la flecha del tiempo ha adquirido ya velocidad de crucero y está más próxima a su objetivo que al arco del que salió.

16 de enero de 2010

16 de enero de 2010: "Carlos"




Es de madrugada e iba a escribir sobre mi lectura de Robert Lowell pero he recordado, de repente, mientras perdía el tiempo con la navegación compulsiva por los periódicos electrónicos que antecede a cualquier otra tarea en el ordenador, que el pasado 3 de enero el diario "El País" publicaba una entrevista con el que fue uno de los mitos de mi adolescencia y de la adolescencia revolucionaria europea: Ilich Ramírez Sánchez, "Carlos". Y me ha parecido que Lowell estaría en el mismo lugar de mi mente, es decir, en el mismo lugar de mi mesa, mañana o pasado y que "Carlos" podía esfumarse en cualquier momento como lo había hecho en los últimos días.

La entrevista, por cierto, no se hace a "Carlos" sino a "Carlos El Chacal". Según el diario "La policía, inspirándose en una novela de la época, le apodó El Chacal. Así pasó a la historia: Carlos El Chacal. En los años setenta se convirtió en el hombre más buscado del mundo, con más de 52 nombres diferentes repartidos en más de 100 pasaportes. Dejó tras de sí un rastro de 80 muertes, según el Ministerio del Interior francés." El tiempo pasa para todos y nada es lo que fue, eso está claro. También que el trance de pasar a la historia siempre comporta una transformación: es lo que tiene la reificación. Con todo, la que antaño llevaban a cabo los historiadores tenía un cierto estilo, era menos chabacana que la que realizan hoy día los periodistas que construyen la Historia: su trazo era algo más fino...

De la conversación me interesaron tres aspectos: la retórica periodística, el discurso de "Carlos" y mi cansada recepción.

La retórica periodística acostumbra a seguir no sólo sus "libros de estilo", que merecerían un análisis interdisciplinar detallado y sinuoso, sino unas pautas no escritas, unos tópicos ideológicos, que funcionan como horizonte, de la noticia: todo acontecimiento es "enmarcado" y este marco le confiere su significado. La pretendida objetividad periodística, la asepsia, la neutralidad es poco practicada y cuando sucede suele ser el fruto de la carencia de espacio y la urgencia. De ahí que sean las agencias de noticias las más proclives a practicar este raro ejercicio.

Una muestra: la peyorativa y probablemente bastarda leyenda de que la policía le denominaba "Chacal" a partir de la novela de Forsyth que sirve, y sirvió, para asimilar su figura a la del mercenario y que se perpetúa como un recurso estilístico que contornea y da sentido. Esta denominación tenía hace treinta años un objetivo diseñado por las agencias de seguridad de los países occidentales: homologar al delincuente "político" al delincuente "común" a fin de deslegitimarlo. "Carlos-terrorista-con-motivaciones-políticas = Chacal-terrorista-mercenario-que-mata-por-dinero". Esta estrategia fue aceptada por los medios de comunicación, fieles sostenes del statu quo mientras rinda beneficios, y se reveló como extraordinariamente efectiva y fructífera en términos de opinión pública. Varias décadas después se ha convertido en un lugar común del que la prensa no se sustrae y que forma parte de su acervo retórico incluso cuando se trata ya de un personaje más histórico que otra cosa.

El discurso de "Carlos" se mantiene firme, "inasequible al desaliento". El fervor totalitario que emana de la utopía de una ingeniería social (en este caso cierto marxismo) le lleva a afirmar sin reparos:

"Yo a los 14 años, en enero de 1964, entré en las Juventudes Comunistas de Venezuela. Y hasta el día de hoy no he cambiado un pelo. Sigo siendo comunista. No soy un tipo dogmático, he estudiado, he conocido a gente importante en la dirección de países comunistas. Sigo fiel a los principios inmanentes leninistas: soy un comunista convencido y militante.
P. ¿Y sigue defendiendo la utilización de las armas?
R. Según la coyuntura. En situaciones determinadas. Como en Colombia, estos días. O en Afganistán: eso es legítimo.
P. Yo hablaba de terrorismo.
R. ¿Qué pasa con el terrorismo? Yo siempre he estado contra el terrorismo. Cuando se bombardea en Afganistán, eso es terrorismo (...)
P. Esas operaciones, como las llama usted, acarreaban sangre y víctimas.
R. Sí, cómo no. Pero pocas, pocas víctimas inocentes: el 10% de las bajas. El 10% no es nada, mi hermano. Yasir Arafat habló en la ONU y fue con una rama de olivo en una mano y un fusil en la otra. Yo no tengo nada que añadir a eso.
P. ¿Cuándo una persona decide matar a otra por una idea que considera justa?
R. ¿Cómo justa? ¿Y cuántas personas han matado los españoles en Irak? ¿Cuántos afganos mueren diariamente? ¿Cuántos? ¿Eso no le molesta? Luchar contra eso es glorioso y heroico."

Después de haber conocido a "gente importante" como el esperpéntico Ceaucescu, sigue inmune a la crítica del socialismo realmente existente. Como cualquier general de cuatro estrellas del Imperio calcula las víctimas inocentes como daños colaterales admisibles en términos de tanto por ciento. Como cualquier menor de edad acaba justificando la violencia en el "Y tú más..." Como si la vida y la muerte no tuvieran valor alguno al lado de la imperecedera inmutabilidad de la idea, "Carlos" no se mueve un milímetro del credo, de la fe, del dogma.

Y aquí es donde mi recepción se muestra cansada y vieja. Cansada y vieja por haberme servido durante más de veinte años de los mismos modelos que "Carlitos". Cansada y vieja por estar fatigado del totemismo y la religiosidad encubierta del discurso revolucionario. Cansada y vieja de la pasión por el totalitarismo y la guerra. Cansada y vieja de tanto Hitler, Stalin y Ford. Cansada y vieja de Iglesias, credos y patrias.

Cansada de la estupidez. Vieja por la estupidez.

Cansada y vieja, también, por mi propia estupidez, esa estupidez tan mía que me hizo admirar a "Carlos"...

13 de enero de 2010

13 de enero de 2010: un poema de Juan Ramón Mansilla


Del libro de Juan Ramón Mansilla, que empecé el domingo y continué estas dos noches en los ratos de lectura compartida con mi hijo antes de que se ponga a dormir (soportando -pequeño y frágil el volumen- los bandazos de un enorme Atlas del Universo de los cuales salió indemne) quisiera destacar este poema:

"LARGAS NOCHES DE VERANO


Largas noches de verano. Jura
que esas noches regresan los espectros
y le miran con ojos de terrible
tristeza, que coloca unas sillas
y conversan, que dispara su furia
contra todos, y se traga la hiel
mientras les habla. Jura que a diario
vierte agua, zumo o licor en sus copas
y rompe a reír o llorar si imagina
el silencio y las noches, largas
noches de verano, sin ellos,
mucho peor que la muerte."

11 de enero de 2010

11 de enero de 2010


Entre la intención y la realización siempre hay un hiato irreductible. Entre el propósito y la acción una inadecuación esencial, constitutiva.

Mi tarde de lectura cartesiana duró poco más de una hora cuando estaba planeada para prolongarse durante toda la tarde. Siempre se puede adjudicar la responsabilidad a los accidentes exteriores pero éstos nunca acontecen en una pura exterioridad: están en el mismo tejido de la relación entre decisión y realización.

Sólo pude leer una parte del libro de Juan Ramón Mansilla, Fugaz, con el que empecé mi jornada ilustrada porque a las seis y media aparecieron por casa mi cuñado y su compañera para invitarnos a su sorprendente, por tardía, boda. Los esperábamos pero sin ninguna hora concertada y la visita, que debía ser de médico incluyendo la entrega de los regalos de Reyes a los niños, se prolongó más de lo exigido por el protocolo etnometodológico: los pobres están más agobiados que ilusionados ante un evento que planearon como acto íntimo y ya se ha convertido, como no podía ser de otra manera, en celebración colectiva. Y lo que debería haber sido pura exterioridad se reveló como inherente a la acción porque participé de la dramatización y contribuí a su duración...

Con todo, el empleo del tiempo en la lectura del libro de Mansilla sin poder pasar a los otros dos no fue en vano. Juan Ramón Mansilla posee esa cualidad que me hace deseable, y atractiva, una clase de poesía para la que no estoy en absoluto dotado.

En general, como con la música, rara es la creación poética que no me provoca alguna reacción positiva. Disfruto con casi toda la poesía, excepto con la excesivamente elíptica, surreal y simbólica, en una palabra, excepto con la ininteligible. También con aquella más alejada de mis registros y simpatías estéticas y éticas. Y Fugaz es una buena muestra de esa poesía atenta al ritmo y la musicalidad y cuidadosa con la forma sin perderse en la estructura y sus exigencias, que experimento como lejana pero con la que me deleito.

Para quien es incapaz de escribir con la finura y la elegancia de aquellos que dominan muchas de las herencias de la tradición siempre es un placer leer esos textos que nunca podrá escribir.

10 de enero de 2010

10 de enero de 2010


Aunque el frío en la ciudad casi se podría decir que no es de verdad, que es un frío acondicionado, no deja por ello de ser disuasorio. Este frío de bolsillo, en Barcelona, es particularmente intenso y desagradable. Demasiada humedad. Si además le unimos el mítico horizonte estético de un Descartes de turno leyendo o escribiendo a la luz de las velas y la lumbre, tapado con una manta, recogido en la meditación entre frase y frase y dejándose llevar al final por la quietud, hoy es una magnífica oportunidad de quedarse estirado en el sofá y leer.

También el viernes lo podría haber sido pero si trabajas ni frío de "Lego" ni imagen mítica: se lee cuando se puede y donde se puede. Cansado y con el sofá en manos de tus descendientes y su televisión, o te acomodas en un lado y te abstraes del Disney Channel o te estiras en la cama. La solución del balancín, agradable y que cumpliría una cierta "literaturidad", se desvanece pronto. A los diez minutos, la lectura se hace pesada porque no hay ninguna luz de pie al lado y, o se ilumina totalmente el estudio o se enciende sólo la fase central. Cualquiera de las dos opciones le hace perder el escaso encanto que le quedaba: o la iluminación es excesiva o escasa. Hasta que compre una lámpara que lo acompañe decentemente sólo hay o sofá o cama. La estilización del entorno, tan importante para la estetización de la cotidianidad, se convierte en una tarea hercúlea que queda fuera de mi alcance pasados unos minutos.

El fin de semana, obviamente, el otium cum dignitate y la experiencia estética pueden desarrollarse. La fatiga tiene suficientes horas ante sí para expanderse. Llegada al límite, se contrae lo suficiente como para caer al subsuelo de la conciencia unas horas y hacer posible la construcción de la ficción.

Subo al salón y me llevo tres libros para pasar la tarde: la traducción de Day by day (Día a día) de Robert Lowell, Fugaz de Juan Ramón Mansilla y la largamente esperada traducción de Into that Darkness (Desde aquella oscuridad) de Gitta Sereny, el libro de conversaciones con el comandante de Treblinka Franz Stangl.

8 de enero de 2010

El poder pedagógico de la televisión: Sánchez Ferlosio



En un reciente artículo ("Televisión para niños"), Rafael Sánchez Ferlosio volvía a propinar un puntapié a la pedagogía hegemónica falsamente progresista y advertía brillantemente sobre la peligrosa voluntad pedagógica de la televisión. Ya Álvaro Valverde se hizo eco en su Blog de un texto de este estupendo texto:

"En la enseñanza, el poder pedagógico de la televisión se enfrenta a la debilidad de unas instituciones ya machacadas por las ocurrencias de Gobiernos sucesivos, la más destructiva de las cuales es la que prescribe que los contenidos de enseñanza sean aproximados a la condición y a las circunstancias personales del alumno, a lo que le sea más cercano y familiar: su pueblo, su comarca, sus costumbres... ¡Muy mal! Es el sujeto el que tiene que salir al encuentro del objeto, pues sólo en la separación y en el distanciamiento respecto de lo propio se experimenta el mundo como dueño de sí mismo y el objeto del conocimiento como ajeno, desobediente, inapropiable.

Jamás debió allanarse la separación entre la casa y el colegio, pues esa distancia podría hasta valer como figura del camino de todo conocer".

4 de enero de 2010

Source: Iain Chrichton Smith's "Christmas 1971"


Para Pablo


Nunca nevaba
pero mamá pronosticó que lo haría
cuando encontramos en la fría habitación de coser
los coches, la camisa, el pañuelo, la cafetera,
los soldados y los zapatos, envueltos todos en sus cajas
y rodeados con lazos de diferentes colores.
Se estrenó la cafetera y la casa olió
como hacía tiempo que no lo hacía.
Olió a un pasado de trabajo y prosperidad.
Miramos cómo mi padre se servía
una copa de aguardiente
mientras se arreglaba las mangas de la camisa de franela
y mi madre se alisaba el pañuelo
y, aunque aún no nevaba,
nos preparamos para salir todos juntos.
Nos atamos los cordones de los zapatos.
Dejamos atrás los bloques de apartamentos de pequeñas ventanas,
fachadas estucadas y calles sin asfaltar
y cayeron los primeros copos en la avenida.
Fue el momento.
Ellos delante y nosotros ligeramente rezagados
exhalando el vaho como tempranos fumadores,
el cielo emblanquecido tapando el sol,
el silencio de la mañana festiva en la ciudad.

30 de diciembre de 2009

Escribe Žižek...


"Mejor no hacer nada que implicarse en actos localizados cuya función última es hacer funcionar más suavemente el sistema (actos como proporcionar espacio para la multitud de nuevas subjetividades). Hoy la amenaza no es la pasividad, sino la pseudoactividad, la necesidad de 'ser activo', de 'participar', de enmascarar la vacuidad de lo que ocurre. La gente interviene todo el tiempo, siempre se está 'haciendo algo', los académicos participan en debates sin sentido, etc. En realidad, lo más difícil es dar un paso atrás, sustraerse. Los gobernantes prefieren incluso una participación 'crítica', un diálogo, al silencio. simplemente pretenden implicarnos en el 'diálogo' para asegurarse de que se quiebre nuestra amenazadora pasividad. La abstención de los votantes es, por tanto, un acto político auténtico, pues nos enfrenta a la vacuidad de las democracias actuales"


(Sobre la violencia. Seis ensayos marginales, p255)

27 de diciembre de 2009

Un poema de Antonio G. Villarán


Del Blog de mi querido David González tomo prestado este poema de Antonio Villarán perteneciente a su libro Nocaut.


"Lo matamos
,
tuvimos que hacerlo
porque él era más fuerte
más guapo
y más listo
que todos nosotros."


Antonio G. Villarán. NOCAUT. Ilustraciones de Antonio G. Villarán. Fotografía: Laura Rosal. Cangrejo Pistolero Ediciones, Sevilla 2009.

24 de diciembre de 2009

(y III) El análisis de Frank Furedi sobre la situación actual de la educación



"El sexto capítulo trata sobre la pérdida de fe en la educación o, para ser más concretos, en el contenido intelectual de la educación. Aquí Furedi, analiza con agudeza el cambio que supone pasar de centrarse en la noción de aprendizaje en vez de en la de educación, un cambio que ha permitido al gobierno de Blair realizar el programa social del thatcherismo. El objetivo fundamental de la ofensiva de los partidarios del aprendizaje ha sido el conocimiento intelectual, la presencia del cual en el currículum se ve como regresiva y antigualitaria. Furedi no puede disimular su estupefacción enfrente del hecho de que los nuevos partidarios del igualitarismo acaben coincidiendo con el elitismo del siglo XIX. Soporte de esta tendencia es una progresiva desaparición de la noción de verdad y la imposibilidad de distinguir claramente las nociones de conocimiento e información. La característica fundamental de los teóricos de la educación parece ser una añoranza inconfesada del determinismo. Los tiempos optimistas de la tercera república han pasado y la educación en un sentido ilustrado del término ya no es la solución sino el problema.
El séptimo capítulo se llama "un infeliz giro a la felicidad", y habla de la progresiva terapización de la enseñanza que ha llevado a calificar como síndromes, es decir patologías, sensaciones tan ancestrales como la de estar nervioso antes de hacer un examen. El inefable Rogers, autor de afirmaciones como que nadie tendría que aprender nada que no le pareciera relevante, es aquí el blanco preferente de sus críticas. Furedi aquí coincide con Luri al señalar el excesivo peso que la psicología está adquiriendo en la pedagogía. Nuevamente, la cuestión emergente es la de la falta del sentido, para el cual el remedio ha sido a menudo la terapia. Para Furedi, este tipo de educación es esencialmente amoral ya que el tratamiento del yo acaba convirtiéndose en una finalidad en ella misma, desligada de cualquier compromiso con un sistema de creencias y valores. Todo lleva, otra vez, a la definición de nuevas paradojas. Mientras más intenta la escuela llevar a cabo la imposible finalidad de enseñar a los niños a ser felices, la felicidad no se enseña nos recuerda Furedi, más aleja a los niños de la posibilidad de realizar tareas donde expresen su potencial y que por tanto les acerque a una auténtica felicidad. La situación de hecho es la peor posible: uno ha engendrado una escuela intrínsecamente amoral pero intensamente moralizante".

Afortunadamente, en este mundo educativo gobernado en la actualidad por las invenciones del "lobby pedagogista", hay individuos como Furedi capaces de mostrar la íntima vinculación entre el aparente progresismo y el más rancio elitismo clasista así como las peligrosas aporías a las que la pseudociencia pedagógica y sus gestores neoliberales y progresistas está conduciendo ya a varias generaciones de alumnos. Alumnos de las clases más desfavorecidas que ya están pagando, y seguirán pagando en el futuro, el precio de este experimento social.

Gracias a Jordi por acercarme a este autor.

21 de diciembre de 2009

El análisis de Frank Furedi sobre la situación actual de la Educación (II)


"El cuarto capítulo sigue insistiendo en esta idea presentando la noción de la socialización marcha atrás: el proceso que ocurre cuando se renuncia a integrar a los jóvenes en el mundo adulto y por el contrario, el ideal se convierte en el inverso, adoptar los valores de los jóvenes y adolescentes como más adecuados a los tiempos que corren. Hay una elevación de la consideración moral del niño que contrasta con la firme depreciación de los adultos.
El quinto capítulo se llama "ingeniería social". En nuestras sociedades, como ya advirtió por ejemplo Habermas, la falta de amplios consensos intenta ser sustituida por una imposición administrativa de los valores. La crisis de la educación, las crisis endémicas de las que hablaba Jordi Sales, son también esencialmente un síntoma. Nuestras escuelas son centros de poderosa indoctrinación dirigida sin embargo, no tanto al ámbito de las ideas como al pragmático. Los gobiernos quizás no están muy preocupados por aquello que pensamos, pero sí por cómo actuamos y cómo sentimos. El problema planteado, sin embargo, por estos valores instigados por la administración es su carácter efímero, huidizo por su falta de vinculación a un conjunto de creencias coherente. Por todo eso, se acaban convirtiendo en una invitación al escepticismo. De hecho, conducen a la escuela a un camino de fracaso asegurado, porque por más buenos que sean los maestros es difícil pensar que sólo ellos tienen las soluciones a toda la larga lista de problemas que dependen de las escuelas. El ejemplo más claro es la asignatura de "Ciudadanía", el ejemplo más claro y significativo de esta tendencia."

18 de diciembre de 2009

El análisis de Frank Furedi sobre la situación actual de la Educación (I)

Jordi Ramírez, profesor de Filosofía en un Instituto español en Inglaterra, tiene un Blog atractivo e interesante por el que, combinando con oficio buen gusto lo mejor de la tradición del dietario y el rigor del análisis filosófico de los pequeños detalles, desfilan crónicas, críticas de arte, lecturas, reflexiones, descripciones, etc.

Sirviéndome de la ayuda de un traductor automático y con sólo una somera revisión (Jordi escribe en catalán pero dada la proximidad entre nuestras lenguas -física y también afectiva- un traductor automático como el de la Generalitat realiza una espléndida tarea y hace que sean accesibles para cualquiera sus textos) reproduzco aquí la mayor parte de su recensión del libro que Frank Furedi, profesor de sociología en la Universidad de Kent, ha publicado recientemente acerca de la situación de la Educación en su país y por extensión en Europa: Wasted: Why Education Isn't Educating.

"Furedi confesa que empezó a preocuparse del tema cuando tuvo que escoger escuela para su pequeñajo de cuatro años y conoció así de primera mano, la angustia con la que los padres viven esta elección (aquí la proximidad de las escuelas buenas es un factor determinante del precio de las viviendas). No entro, pero valdría la pena y quizás lo haré algún día, pensar sobre el carácter, a menudo absurdo y paradójico, de estos miedos.
Una paradoja es el punto de partida de Furedi, que comenta que aunque nunca se ha hablado nunca tanto de educación, tampoco nunca las expectativas sobre las posibilidades de aprendizaje de la juventud han estado tan bajas. El título del libro es bien significativo Wasted, es decir, malgastado. ¿Qué es lo malgastado? Todo el dinero y los recursos utilizados en educación con finalidades espurias, es decir, cualquier consideración de la educación que la ve como un proceso instrumental, y no como una finalidad en ella misma.
El primer capítulo se llama algo cosa así como "pedagogía de un solo uso" y analiza el papel determinante del concepto de cambio en la pedagogía actual. Furedi es crítico con una tendencia, asociada en primer término a un olvido de la historia precedente y, en segundo lugar, a una subordinación absoluta a una concepción estrecha que reduce el cambio a la innovación económica, que orienta la actividad educativa en una dirección que lo aleja del pensamiento abstracto y del conocimiento del pasado; la objetivización del cambio se acaba convirtiendo en una barrera contra cualquier tipo de entendimiento. Como todos los que sabemos una pizca del tema conocemos, los damnificados en este proceso son los provenientes del medios más deprimidos.
El segundo capítulo analiza como en los niños hemos proyectado nuestros miedos, para finalmente acabar cediendo el lugar de los maestros a terapeutas de diversos tipos. Eso ha llevado a un cuestionamiento del sentido de la educación, hasta al punto de una sistemática subestimación que pone la educación formal por debajo de la experiencia ordinaria. Furedi nos recuerda que, en contra de las burradas predicadas por el constructivismo, el hito fundamental de la educación es alcanzar el dominio de conocimientos disociables del contexto donde se adquieren. Olvidar eso lleva a un camino donde la educación se confunde con la socialización y diversos tipos de adiestramiento.
El tercer capítulo se llama confesiones sobre la autoridad de los adultos. En este punto los problemas de la escuela, la casi universal cuestión de la disciplina en las aulas, es el síntoma de una situación contradictoria. La escuela requiere las nociones de autoridad y tradición, pero en el mundo moderno estas nociones ya no tienen ningún tipo de relevancia."

16 de diciembre de 2009

Presentación del nuevo poemario de Francisco Cenamor


Mi querido Esteban Gutiérrez me hace llegar la noticia de que el poeta Francisco Cenamor presentará su nuevo poemario 'Casa de aire' (Amargord Ediciones, Madrid, 2009) en Barcelona mañana jueves día 17 de diciembre.

La presentación correrá a cargo de la poeta gallega afincada en Barcelona Pura Salceda y tendrá lugar en el Café Centro cultural El Colmado (C/de la cera 35. El Raval. Metro Sant Antoni) a las 20:30 horas.

La entrada es gratuita y se podrán adquirir ejemplares de la obra.

Mucha suerte a Francisco en la Presentación y con su nuevo libro.

14 de diciembre de 2009

Un poema de Jorge Barco


Del Blog de Jorge Barco, del que por cierto se puede disfrutar sin estrecheces ni estereotipos, recojo este poema. Es una buena muestra de que el humor en poesía es una suerte dificilísima pero no imposible.

Ni siquiera Dios puede cambiar

Qué equivocado estaba el filósofo Agatón
cuando dijo que ni siquiera Dios
puede cambiar el pasado.

Si vas a Inicio, Programas, Accesorios
y Herramientas del sistema,
tienes la opción de Restaurar
para dejarlo todo como antes.

Qué equivocado estaba el filósofo Agatón.
Tú sí que puedes cambiar el pasado,
Windows Millenium.