15 de noviembre de 2010

15 de noviembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XV). La Kastanienallee y la Iglesia de Bonhoeffer


30 de julio de 2010. Primera parte.

"La Kastanienallee parece la arteria principal del barrio en lo que respecta al tiempo de ocio cercano. Pequeños comercios de todo tipo -incluyendo varias dedicadas a esas "antigüedades contemporáneas" a las que tan aficionados parecen los berlineses (viejos ordenadores, discos de vinilo, ropa deportiva de la antigua DDR, libros de segunda mano...)- se alternan con una multitud de bares y restaurantes que no tienen nada que envidiar a cualquier ciudad española en cuanto a densidad por medtro cuadrado. Se alternan en unos pocos cientos de metros restaurantes mexicanos, árabes, thailandeses, italianos, vietnamitas junto a bares pasados de moda y otros que presagian la pronta irrupción de las nuevas tendencias en dieño, música y alcohol. La calle es bulliciosa sin ser opresiva y espumea conversaciones, salidas, flirteos, confesiones, gastos inútiles en agradable oleaje.

En una de las calles que la cruzan, la ZionkirscheStrasse hallamos por casualidad la Iglesia de Sión donde Dietrich Bonhoeffer predicó durante 1932. Bonhoeffer fue uno de los escasos opositores de primera hora al nazismo en el seno de las Iglesias alemanas (tanto la católica como la luterana) . No esperó a la certificación de las persecuciones, ni de la represión, ni a la política belicista como la mayoría de sus compañeros de oposición (sin ir más lejos Goerdeler y la mayoría de los participantes en el putsch del 20 de julio que protagonizó Von Stauffenberg) sino que antes de la ascensión de Hitler al poder ya se comprometió firmemente contra la ideología nacionalsocialista. No es extraño que a los dos días de su nombramiento como canciller ya pronunciara una alocución radiofónica atacando el culto al Führer y que fuera uno de los últimos ejecutados en el campo de Flossenburg, el 9 de abril de 1945, poco más de tres semanas antes de la caída de Berlin en una muestra del extremo odio que suscitaba en las filas nacionalsocialistas más ortodoxas. Fue además, un firme partidario del ecumenismo en aquella época temprana cuando los enconos nacionalistas dificultaban la empresa.

Entramos en la iglesia, hermosa en su exterior pero cuyo interior ofrecía un aspecto lamentable aunque parecía haber algún signo de restauración en ciernes: paredes desconchadas, suelos cuarteados y desnivelados, vidrios sucios y frágiles. Tan sólo el púlpito donde Bonhoeffer debió pronunciar sus sermones se conservaba en buen estado. El contraste con la Iglesia del antiguo Berlin Occidental que habíamos visitado por la mañana no podía ser más feroz".

14 de noviembre de 2010

14 de noviembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XIV). Las gafas de Rosa Luxemburg


29 de julio de 2010. Segunda parte.

"Con esa desazón que acompaña la pérdida de la dimensión épica de un acontecimiento cuando sabemos que la tuvo y que nosotros mismos fuimos capaces de experimentarla, volvimos paseando por Unter den Linden para seguir vía Alexanderplatz y Rosa-Luxemburg-Strasse hacia casa. Teníamos ganas de caminar y, sobre todo, un motivo de peso: nos habíamos equivocado al coger los billetes de transporte público para el día y la perspectiva de tener que volver a comprar otra tanda de cuatro y dejarnos de nuevo más de quince euros cuando el presupuesto comenzaba a menguar rápidamente aconsejaba saborear la fresca tarde berlinesa.

Cuando embocamos la Rosa-Luxemburg-Strasse hicimos una breve parada ante el Babylon Kino, uno de esos antiguos cines de arte y ensayo que menudean por el Berlin comunista y que recordaba por su estilo las viejas salas de Barcelona ya todas cerradas, reconvertidas o acondicionadas a los nuevos tiempos, como los cines Verdi o el Casablanca. También pasamos ante el Volksbühne, el "Teatro del pueblo" que dirigió Max Reinhardt y que ahora conduce Frank Castor pero no entramos porque las fuerzas menguaban.

Fue hacia el final de la calle cuando, comentando que no se venden fragmentos del monumento del Ejército Rojo aunque pronto para poder fotografiarse junto a los carros de combate habrá, como en la la Puerta de Brandenburg, comediantes ataviados con el uniforme soviético que por una módica suma posarán junto a uno, me fijé en un detalle insignificante que ilustra la convicción que Berlin le estaba provocando a uno: que la épica se había transformado, mercantilización mediante, en tragicomedia. Metáfora del mundo actual, del mundo de la subsunción de lo real al capital, de la conversión del ser en mercancía.

El tropo era lo que me pareció, antes de llegar, una tienda de moda cerca de la esquina con la LinienStrasse. Un cartel plegable en la acera señalaba, por su parte anterior, al establecimiento. Cuando pasamos vimos que se trataba de una tienda de gafas y al volver la vista al cartel plegable nos topamos ante un fotomontaje de Rosa Luxemburg provista de unas gafas redondas de pasta con la leyenda: 'Diseño Revolucionario'. La mirada inmediata al escaparate festoneado de gafas ligeras y de estética 'audaz' terminaba de forzar el contraste. Figura de la onversiónde lo épico en tragicómico. Un poco de eso es, en cierta manera, Berlin. ¿Para eso has quedado Rosa?..."

Por cierto, en el Youtube encontré, hace pocos días, un vídeo que recoge el monumento al Ejército Rojo en 1946 y en la actualidad. Ayuda a entender la posible pérdida del sentido épico por una variable que la formación de uno nunca contempla: la arquitectónica.

13 de noviembre de 2010

13 de noviembre de 2010: la tempestad y Chile


Antes de ayer por la noche tormenta, casi tempestad por su intensidad, frente a la costa barcelonesa. En una noche transparente por el viento, en la que se dibujaban exactas, casi perfectas, las nubes plateadas sobre un cielo morado intenso, los relámpagos iluminaban la ciudad desde el mar. Intensos fogonazos que retrataban la hiedra y el jazmín como si estuvieran iluminadas las luces de la terraza. Belleza de la transparencia y de la naturaleza desatada lejos, a distancia -donde podía ser contemplada sin peligro: una perfecta ocasión para divagar a retazos entre rayos. Esta vez le tocó el turno a la película Missing, de Costa-Gavras que había vuelto a ver un par de días antes. Las matanzas del golpe de estado de Pinochet, tan lejanas ahora, las masacres perpetradas por aquel viejito en silla de ruedas en sus últimos años, la evidencia de la complicidad del gobierno de los Estados Unidos y las limitaciones de la justicia penal internacional... Sí, Pinochet pasó un mal rato gracias al juez español Baltasar Garzón. Sí, la mayor parte de los miembros de la Junta Militar fueron juzgados. No obstante, poco, demasiado poco y, lo peor, la impunidad de los dirigentes norteamericanos a los que nadie sentó en un tribunal ni los sentará jamás.

Hace años que abandoné el antiamericanismo primitivo. Hace años que decidí que las guerras que se pierden en el campo de batalla no se ganan en la memoria. Hace tiempo que todo dejó de ser claro y limpio. Pero hay evidencias y humildes verdades: hubo un golpe de estado cruel y criminal en Chile, amparado por Estados Unidos y promovido por la extrema derecha chilena y las multinacionales norteamericanas, que se cobró centenares o miles de víctimas inocentes, que vulneró los principios democráticos y para el que tal vez no haya habido reparación suficiente. Todo lo demás, es secundario. Ahí hay una dura, sangrante y terrible "modesta verdad de hecho". No todo es relativo por muchas burbujas lingüísticas en las que vivan poetas y filósofos profesionales.

11 de noviembre de 2010

11 de noviembre de 2010: Felipe González y la razón de estado


A pesar de que uno pueda acabar reconociendo su contribución a la modernización de España y hasta, si se le apura, su talla de "estadista" -más que nada por la estrechez de miras de sus sucesores-, lo que probablemente no podrá hacer nunca es eliminar su profunda antipatía y desprecio personal hacia este individuo. Definitivamente, detesto a Felipe González. Así irracionalmente.

Aunque para ser justo con uno mismo, también hay algún motivo de fondo: sin ir más lejos el sufrimiento de mi padre, desempleado por las buenas y privado de una buena parte de su seguro de desempleo, del que nos alimentábamos mi madre y sus dos hijos y con el que debíamos hacer frente a mis estudios universitarios por ejemplo, gracias a las reformas "socialdemócratas" promovidas por su gobierno.

El caso es que el desprecio que uno siente se agudiza con el paso del tiempo pese a la escisión intelectual de la que hablaba al comienzo. El más reciente eslabón en este proceso lo ha supuesto la entrevista que Felipe González concedió a Juan José Millás y que publicó hace pocos días El País. Y, de entre todas sus afirmaciones aquella en la que, tratando de separar los aspectos morales de los puramente técnicos y administrativos, duda de si hizo bien no ordenando el asesinato de la cúpula de ETA por la cantidad de muertos posteriores que hubiera ahorrado.

Uno está tentado de responder que no se debe separar en lo político lo administrativo y técnico de lo moral mas hay una fuerte tradición filosófica y teórica que sostiene esta posibilidad amparándose desde los sofistas a Maquiavelo o Weber y ahora no es momento de extenderse en una discusión para la que uno no está a estas alturas suficientemente capacitado. Tan sólo un par de observaciones:

- Con su afirmación Felipe González respalda el concepto de "agresión preventiva" o "guerra preventiva" de tan infausto recuerdo para muchos pues supone un quebranto irreparable del derecho internacional occidental; un quebranto de la presunción de inocencia de los seres humanos como principio de seguridad jurídica que, en este Occidente tan denostado, nos permite, en ocasiones, defendernos como ciudadanos del trato arbitrario y despótico. No debería olvidar tan fácilmente el señor Felipe González que la democracia representativa es el mejor de los sistemas posibles si se respeta la legalidad que ella misma establece. Y tampoco debería olvidar la fuente contemporánea de la doctrina político-militar de la agresión preventiva que, lamentablemente, domina hoy día la actuación de Israel y, hasta Obama, de Estados Unidos: la doctrina millitar de la Wehrmacht pertrechada por la política nacionalsocialista. Claro que hoy día decir esto ya es como no decir nada...

- Con su justificación, Felipe González contradice uno de los pocos logros que el acervo del conocimiento humano sobre el mundo social ha conseguido. Independientemente del debate filosófico sobre libertad y/o determinismo, tanto las ciencias sociales, como la experiencia, como el más elemental sentido común nos dicta, claramente, que no es posible anticipar con exactitud los acontecimientos futuros. Que el riesgo, la inestabilidad, la incertidumbre, "el errar es de humanos", la imposibilidad de predecir la conducta humana ni individual ni grupal, es una modesta "verdad de hecho" que debería atemperar cualquier tipo de decisiones cuyo daño irreversible no pueda ser jamás compensado de alguna manera en caso de equivocación.

La lástima es que supongo que para un individuo tan pagado de sí mismo estas observaciones no resultarían pertinentes en absoluto. Así pues, aquí se queda uno con su desprecio y las ofensas que le dedicará en los próximos segundos y que no se verterán aquí.

10 de noviembre de 2010

10 de noviembre de 2010: mi hermano en "El Ojo crítico"


El pasado 28 de octubre mi hermano Pablo fue entrevistado en "El ojo crítico" (RNE) a propósito de El alquiler del mundo. La entrevista parece un buen primer acercamiento a su formidable novela. Puede escucharse aquí.

9 de noviembre de 2010

9 de noviembre de 2010: poesía y espacio. Extremadura


Uno no ha sido nunca muy aficionado a las "literaturas nacionales". Tal vez por la formación filosófica inicial, cuando volví a estudiar literatura los cursos sobre literaturas de tal o cual país (o en su versión más morigerada, en tal o cual lengua) me resultaban indigestos. Tampoco me han sido nunca especialmente agradables las antologías acerca de la poesía congoleña o peruana o rutena o laosiana. No es ajeno a ello el uso perverso de la literatura por los nacionalismos y, peor, su contribución, a veces criminal, al desarrollo de sus versiones más totalitarias y sangrientas.

Con todo, que alguna relación entre la poesía y el espacio podría haber, mal que a uno le pese, me lo sugirió ayer apercibirme que Gsús Bonilla había nacido en Don Benito, Badajoz, Extremadura y que resulta que cuatro de mis poetas favoritos descubiertos en estos últimos años, Antonio Orihuela, José María Cumbreño, Alvaro Valverde y Gsús Bonilla son extremeños.

Por buscar una figura que los reúna y refuerce la idea de la comunidad dispar que los reúne en mi mente, de Alvaro Valverde admiro su esprit de finesse, de José María Cumbreño su esprit de géométrie, de Antonio Orihuela su "deconstrucción" de l'esprit y de Gsús Bonilla su "construcción" de un esprit.

¿Espíritu extremeño? Espero que más bien casualidad, percepción subjetiva, ordenación de lo diverso... La duda está sembrada. Suerte que Gsús vive en Madrid desde hace mucho...

8 de noviembre de 2010

8 de noviembre de 2010: presentación del poemario de Gsús Bonilla


El poemario de Gsús del que ya he hablado se presentará en Madrid el día 10 de noviembre en la librería La buena vida. Como me gustaría estar allí pero seguro que no podré le deseo suerte a Gsús en su puesta de largo. Ese tipo de actos a uno siempre le dejan un sabor agridulce por su condición marginal pero espero que Gsús sepa abstraerse del contexto y disfrutarlo en lo que tiene de celebración.

Tomo prestado un texto de mi querido Esteban Gutiérrez, Baco, que me parece muy ilustrativo acerca de la personalidad de Gsús y, de paso, alguna cosa puede tener que ver con la comprensión de sus textos más allá de las etiquetas:

"A Gsús Bonilla lo conocí una tarde en el Bukowski. Se estaba preparando la jam de poesía, y el fumaba sentado en un taburete a la entrada. Me senté junto a él y charlamos como si nos conociésemos desde hace años.
Hablamos de su primer libro, El Forro, que se ofrecía en uno de los estantes del local, entre una botella de bourbon y otra de ron. Miraba el torso desnudo dibujado en la portada y se me hizo clara la metáfora: El Forro se ofrece como una bebida espirituosa más. No recuerdo si lo compré o me lo regaló, el caso es que El Forro me acompañó de vuelta al Sur y, efectivamente, tenía tragos ardorosos y tragos balsámicos, como el whisky y el licor de miel.

No voy a descubrir a Gsús Bonilla-PERSONA, creo que todos lo conocéis y a él no le gusta el jabón. En todo caso, me voy a permitir compararle con un vaso de agua: transparente.

Las ovejas del libro empezaron a balar hace tiempo en mi cabeza. Algunos de los poemas, certeros como flechas disparadas al centro de la diana, eran conocidos por todos a través de su blog. Gsús Bonilla, el poeta, iba creciendo de modo asombroso a la vez que iba creciendo este poemario. Tenía claro qué iba a hacer con él, cómo enfocaría su estructura; y eso se iba notando en cada nuevo recital poético en el que intervenía: Gsús Bonilla salía y se comía el escenario con poemas en los que la hostia final te dejaba noqueado. Recuerdo especialmente la primera vez que le escuché declamar uno de esos poemas rescatados de los recuerdos, de aquella época, tan lejana y cercana a la vez, de su niñez. Recuerdo el impacto del poema en mi mente y cómo esperé ansioso a juntarnos en Illescas (gracias siempre, Kebran) para volver a escuchar aquella detonación. Y recuerdo que pensé que Gsús Bonilla por fin había conseguido esa voz y ese estilo que había perseguido durante años.

Meses después leí el manuscrito de este poemario y me sorprendió la hilazón de poemas, el acierto de Pinocchio. Ovejas esquiladas, que temblaban de frío no ha dejado de crecer, de moldearse, de perfilarse, de pulirse hasta el mismo momento de entrar en la imprenta que todo lo fija y lo hace inamovible, inmortal. El poemario ha evolucionado a la misma vez que ha evolucionado el autor, y nuevos poemas, diferentes en ritmo y forma, completan el panorama de su mundo narrativo. De esa mixtura nace la sensación de ser un poemario con vida, capaz de avanzar por sí solo por la red eléctrica de nuestro cerebro a la búsqueda de tierra que conquistar.
Esa misma electricidad, recorrió sus ojos hace unos días, cuando por primera vez tuvo el libro impreso en las manos, mientras lo ojeaba y olía la celulosa de sus páginas, en un vagón del metro camino del Sur.

Es lo que tiene cumplir un sueño y ser, eso, transparente."

http://bacovicious.blogspot.com/2010/11/ovejas-esquiladas-que-temblaban-de-frio.html

7 de noviembre de 2010

7 de noviembre de 2010: Ratzinger en Barcelona


Ratzinger todavía está en Barcelona, creo. Benedicto XVI, como le conocen sus seguidores, el "cabecilla de la secta vaticana" en afortunada expresión de Radio Moscú o Radio Tirana -uno no lo recuerda ya-, ha venido a "dedicar" la Sagrada Familia y ha suscitado, según los medios del principado, adhesiones y rechazos a partes casi iguales.

En honor a la verdad uno tiene la impresión de que el volumen de los que le esperaban era sensiblemente superior al de los que "no le esperaban" (como rezaba el lema de los opositores a su visita). Minucia, comparado con el de aquellos que ni le esperábamos ni le dejábamos de esperar. Mas eso no es noticia y menos para los medios.

Ante la profusión de maniqueísmos y mercancías icónicas, a uno sólo le queda, del acontecimiento, una sensación ambivalente. Como firme defensor del ateísmo, aunque uno tienda a profesarse más bien agnóstico, sólo pediría que el trato que cierta izquierda le dispensa fuera extensible a Alí Jamenei o al Dalai Lama si aparecieran por la Ciudad Condal y temo que no sería así. Hipocresía y lamentable miseria de esta izquierda de pandereta, castañuela y barretina que nos domina. No vale la pena extenderse más sobre esta obviedad.

Como estudioso de la Filosofía y diletante de la Historia, la figura de Joseph Ratzinger deja pequeña, mínima, reducida a lo anecdótico a aquel polaco de infausto recuerdo (para uno, por supuesto) y mayor pobreza teológica llamado Wojtyla. Sin embargo, signo de estos tiempos, uno observa cómo el mesurado, prudente y enciclopédico Ratzinger suscita mayores antipatías y menos tolerancia y rigor ante su figura que el imprudente, inculto y temerario Wojtyla.

Esperemos que el tiempo ponga a cada uno en su lugar y que el del polaco palidezca al lado del de Regensburg. Cuestión de gustos.

6 de noviembre de 2010

6 de noviembre de 2010: sutiles formas de totalitarismo


Hoy en Babelia Javier Gomá, en su artículo "Abrochado a la dulzura de vivir", reflexiona sobre como "el aparente paternalismo que cuida de nosotros como menores de edad es en realidad una modalidad de totalitarismo".

Es este uno de los más perversos efectos de la hegemonía ideológica de la izquierda realmente existente que está dispuesta a abandonar el "Estado del bienestar" y sustituirlo por un epidérmico Estado paternal que ni nos protege económicamente ni atiende nuestras exigencias de justicia social. En su lugar nos ofrece una continua presión cercenadora de derechos y responsabilidades individuales e intransferibles y una corrección política hipócrita para compensar en lo moral la injusticia social. Patético.

5 de noviembre de 2010

5 de noviembre de 2010: Crónica intempestiva de un viaje (XIII). Das Sowietische Ehrenmal (Tiergarten)


29 de julio de 2010. Primera parte.

"Por la mañana nos levantamos dispuestos a ver, ya, el Reichstag. Nuestro segundo intento. El primero, el día que dedicamos al Berlin monumental, se frustró debido a la enorme cola que estimamos en más de una hora de espera según el indicador orientativo dispuesto a tal efecto a la entrada del edificio. Una hora y media después el segundo había resultado, igualmente, infructuoso. Esta vez el obstáculo fueron las tareas de limpieza y mantenimiento de la cúpula diseñada por Norman Foster. Podían visitarse otras dependencias, incluida la sala de plenos, pero no la famosa cúpula. Y como los dos ejes de mi pasión por visitar el lugar eran la obra de Foster y la visita a la azotea para lograr la misma perspectiva que los soldados soviéticos debieron tener cuando clavaron su bandera, Esther, Clàudia y Marc han sido pacientes y han convenido en darle una tercera oportunidad el 1 de agosto, día en que concluirán las tareas, y reorientar el día -consagrado en principio, de hecho, al recuerdo explícito de la Guerra-, visitando el Sowietische Ehrenmal del Tiergarten y, por la tarde, la famosa Potsdamer Platz.

En el verano de 1989 tuve la oportunidad de visitar los impresionantes memoriales levantados por el Ejército Rojo en Viena y Budapest. Seguramente porque pocos días después el muro cayó y con él una parte de la arquitectura fantasmática de mi infancia y adolescencia, en mi memoria permanecían como colosales construcciones aunque también de dudoso gusto estético. Sin embargo, a estas alturas uno está convencido de que su memoria falsifica impunemente su pasado y que lo que recuerda vívidamente tiene menor exactitud que la poesía como ciencia. Y la prueba fue que, tras haber leído que el monumento era el más grande e importantes de los erigidos por los soviéticos, lo cual se revelaría más tarde como inexacto, iba preparado para arrobarme ante una majestuosidad que dejaría pequeños a los mausoleos de Viena y Budapest y que no pude encontrar.

Cuando se erigió, en un Berlin en ruinas y arrasado, con el recuerdo muy vivo de las atrocidades nacionalsocialistas, probablemente debió suscitar, dejando de lado los modelos estéticos en los que se basaba, esa mezcla de respeto, pesar y melancolía que producen las construcciones que conmemoran de alguna manera esa desdicha humana que es la guerra. Ahora, me temo que, al menos en mi caso, este memorial había perdido su dimensión épica para quedarse en una mera curiosidad histórica. Ni los T-34 dispuestos en los flancos junto a dos cañones, que parecían mucho más pequeños que los que están depositados en mi memoria, ni la estatua del soldado, ni los nombres de algunos soldados soviéticos caídos en Berlin, ni el conjunto, me produjeron ningún sentimiento digno de tal nombre. Tan sólo una especie de chafardería freakie. En cuanto me apercibí de la decepción que me producía, crucé la "17 de junio" e intenté una excursión por el Tiergarten en busca de una supuesta avenida tumular donde debían yacer más de diez mil soviéticos que habían sido enterrados alrededor del monumento según había leído en algún lugar (o creído leer). Evidentemente, no encontramos la susodicha avenida.

Tras casi una hora deambulando por los alrededores volvimos a la zona posterior del documento para documentarnos mínimamente acerca del lugar. Tan sólo allí hallé una fotografía que me conmovió: la ceremonia de despedida que la última guardia del memorial rindió tras su entrega a la Alemania reunificada. Ante la instantánea algo lejano se removió brevemente y recordé que, aparte del orgullo militar o la tristeza por el abandono de una posesión, la genuflexión de la Guardia y aquellos bloques inertes de mármol rendían tributo a miles de cuerpos y mentes vivos que, independientemente del engaño y la manipulación, luchando por muy diversos motivos y no todos ellos tan generosos y nobles como la historiografía debe postular para dotar a su narración de una dimensión moral, dejaron sus vidas, objetivamente, para acabr con un régimen asesino. Sólo por eso el adiós de la Guardia y el propio memorial merecerían alguna forma de respeto aunque ya uno no sea capaz de encontrar ek gesto que lo denotaría."

Por cierto, uno de los últimos días en Berlin compré la guía Past Finder de Berlin en castellano y supe que, efectivamente, había enterrados dos mil soldados soviéticos en una porción de parque que hay entre el Reichstag y el Ehrenmal pero ninguna avenida. El memorial en el que pensaba era el que hay en Pankow, en Schönholzer Heide. No obstante, según la Wikipedia, los caídos yacen en la parte anterior del memorial, en el pequeño museo.

4 de noviembre de 2010

4 de noviembre de 2010: gracias a Ana Pérez, Esteban y Gsús, ciudadano de la República de las Letras


Anteayer, un par de sorpresas anunciadas en el buzón le hicieron a uno sentirse, de nuevo, ciudadano de la República de las Letras. Un ejemplar de Alfabeto de cicatrices de Ana Pérez Cañamares, otro de Ovejas esquiladas que temblaban de frío enviado por Gsús Bonilla y dos ejemplares del número 3 de "Al otro lado del Espejo" enviados por Esteban Gutiérrez Baco llegaron en sus sobres y atiborraron uno de los espacios, el más antiguo y "físico", dedicados a la interacción con nuestros semejantes.

Por suerte, esta sensación de ciudadanía es esporádica y breve. Uno sigue sintiéndose como un inmigrante ilegal en la República de las Letras. No pertenezco a ella, no me alimenta, no me someto a sus leyes y no le debo nada. Ni ganas... Pero gracias a Ana, Gsús y Esteban.

3 de noviembre de 2010

3 de noviembre de 2010: Presentación de 3 libros 3


Me escribe mi querido y siempre activo José Naveiras para comunicarme la presentación de su nuevo poemario, publicado por Amargord, Todavía muertos (excelente título):

"Buenas,
el próximo día tres de noviembre a partir de las 21:30 en Badulake Klub (C/Salitre 30, Lavapiés Madrid), tendrá lugar la presentación de tres libros de poesía, entre los que se encuentra mi última criatura.
El recital hemos quedado en llamarlo "Ulises pisando pasos de cebra muertos" ¿Por qué, pues mirad, estos son los libros que presentamos:
1- Parques, por qués y pasos de cebra. De Violeta Castaño. Edit. 30 Violetas.
2- Como Ulises en una cacharrería. De Ángel Muñoz. Edit. Bohodón Ediciones.
3- Todavía muertos. De José Naveiras García. Edit. Amargord.
Tres presentaciones en una. Habrá sorpresas, regalos y podréis comprar las tres obras teniendo que soportar un sólo recital, ¿que más queréis?
Difundid esta buena nueva y acudid en masa, que se nos acaban los ejemplares y luego seguro que querréis uno.
Adjunto cartel diseñado por la propia Violeta Castaño."

Pues eso. Suerte y a pasarlo bien.

2 de noviembre de 2010

2 de noviembre de 2010: La glicina y mi mundo


La hasta hace pocas semanas frondosa glicina presenta ahora una aspecto ralo, triste y desvencijado. Tan sólo algunas hojas amarillentas sobreviven. Ha sido un proceso rápido. Tan veloz como el desplome del cielo y la atenuación de la luz. Tan sólo el acero, que se enseñorea de la ciudad como nunca, sigue vigoroso: la grúa no necesita ni moverse -ha acabado su tarea- para presidir el horizonte. Aquí se condensa mi mundo hoy.

1 de noviembre de 2010

1 de noviembre de 2010: Gsús Bonilla y la voluntad de verdad


El próximo martes saldrá a la venta el segundo libro de Gsús Bonilla, Ovejas esquiladas que temblaban de frío. Tras El forro, una autoedición, Gsús ha logrado, por fin, que una editorial se arriesgue a publicar su obra. Ya hace más de un año y medio -poco tiempo para los que no somos nadie en el "mundillo poético"- que me envió el manuscrito y que quedé impactado por un poeta poesído por una voluntad de verdad y de autenticidad más allá de las capillas y los tópicos, de los lemas y las proclamas, de las etiquetas y los grupos amparados en negocios editoriales.

La poesía de Gsús, en mi modesta opinión, lucha con la verdad. Y uno cree quey busca acercarse a ella sin amarrarse a escuelas, cánones o manifiestos y sin instalarse, tampoco, en la cómoda superficie de la voz poética como inauguradora del mundo, como apertura al ser, como depósito de la verdad.

Tiene uno la sensación de que la poesía de Gsús es postpoesía en un sentido muy lejano al que funciona por estos lares: es poesía que trabaja con el problema de la verdad sabiendo que el lugar de la enunciación de ésta no es siempre, ni necesariamente, la palabra poética.

Dejo aquí un poema de este estupendo libro:

"TOM HANKS


le vi en el paseo de los melancólicos, madrid.
al piecito del campo del aleti.

un cartón de vino
como un océano


con su isla


y con su naúfrago. "

Lo dicho.

31 de octubre de 2010

31 de octubre de 2010: "Carmen" y la sobredeterminación de los datos


Y empezó, por fin, la humilde temporada de ópera que el Liceo planifica a un alto precio para uno con la siempre gentil y grata Carmen de Bizet. Como el pplacer y la diversión fueron indiscutibles me gustaría detenerme en un detalle que ilustra, una vez más, un problema filosófico que es, al tiempo, artístico y político: vital, en fin.

Calixto Bieito es un escenógrafo por el que siento una profunda admiración a pesar de que ya me resulten "normales" sus provocaciones. Eso, en realidad, habla en favor de su capacidad para transgredir reflexivamente (o, históricamente, de la evolución en la aceptación de las "transgresiones"). De hecho, comentándolo durante el entreacto con un conocido -poco amante del trabajo de Bieito-, es indiscutible que ya poca gente se escandaliza con sus montajes y que su lenguaje se ha integrado, de alguna manera, en el panorama teatral dominante, lo cual no es poco.

Una muestra puede hallarse en el excelente Blog IN FERNEM LAND:

"Bieito, o mejor dicho, el Liceu nos jam hecho creer que la produccióin era nueva y no es cierto. Básicamente estamos viendo el mismo espectáculo que el que se vió en el Festival de Perelada, con algún que otro añadido, pero es igual. En cambio, yo no soy el mismo, he cambiado y he evolucionado, y ayer, todo y ver la representación utilizando la televisión del teatro, me pareció una representación de gran categoría y nivel.

Casi todo aquello que en 1999 me exasperó, ahora me ha parecido que tenía todo el sentido y me he creído y he seguido perfectamente la historia".

("Bieito o més ben dit, el Liceu ens han fet creure que la producció era nova i no és cert. Bàsicament estem veient el mateix espectacle que el que es va veure al Festival de Peralada, amb algun que altre afegitó, però és igual. En canvi, jo no sóc el mateix, he canviat i he evolucionat, i ahir, tot i veure la representació utilitzant la televisió del teatre, em va semblar una representació de gran categoria i nivell.

Quasi tot el que a l’any 1999 em va exasperar, ara m’ha semblat que tenia tot el sentit i m’he cregut i he seguit perfectament la història.")

Bieito aporta un notable sentido del humor a Carmen (excelente la idea de situar la trama inicial en el Cuerpo de Guardia de un destacamento de la Legión) aparte de una dramaturgia ágil y atractiva que, en un par de pasajes motivó la respuesta del habitualmente morigerado público del Liceu. El primero fue cuando, al inicio del segundo acto, se descubre la figura de un Toro de Osborne presidiendo el escenario. Algunos abucheos de espectadores que realizaron una lectura política -razonable en aquel momento al entender de uno- de la dramaturgia. El segundo se produjo cuando el Toro fue derribado. Supongo que el mismo sector de espectadores aplaudió fervorosamente. De nuevo parecería que se está ante una interpretación política legítima de un acto artístico. A uno también se lo pareció todo y encontrarlo gratuito.

El problema surgió cuando de camino a casa Rambla arriba le comenté a Esther que me había parecido eso, "gratuito", y que pensaba que Bieito era un autor más equilibrado y sutil con sus tomas de posición políticas en sus obras artísticas. Fue entonces cuando Esther me demostró el porqué de la caída del Toro con razones puramente técnicas, dramatúrgicas: para la construcción de la escena siguiente sin alterar el ritmo narrativo no había otra solución que derribarlo y desmontarlo en el suelo mientras la música seguía. Cualquier otra solución sin grúas u otros artilugios era poco viable o interrumpiría la transición. Así, derribo y desmontaje podían, es más, quizás debían, ser explicadas dramatúrgicamente. Sin embargo, una porción del público entendió una toma de posición manifiesta y política demasiado obvia y, en opinión de uno, incongruente con la dramaturgia de Bieito. Tan sólo sería consistente si, apurando, siguiéramos por el camino humorístico tanto en el caso de la irrupción del Toro como en el de su posterior derribo. Mas en este caso la legitimidad de la lectura política se vuelve superflua.

Un nuevo ejemplo de la sobredeterminación de los datos por nuestras teorías y, por lo que hace a uno, una nueva muestra que la sistemática lectura política de cualquier acto artístico puede ser, en ocasiones, desde un exceso a simplemente -y este creo que es el caso- un despropósito.

29 de octubre de 2010

29 de octubre de 2010: mi amigo Rais, Berkeley, Husserl y el sentido común (y III)


Así pues, y perdona Rais por la precipitación porque estas argumentaciones deberían ser mucho más cuidadas, pacientes y meticulosas, uno se limita a afirmar que puede no ser descabellado romper el vínculo entre lo ontológico y lo fáctico y que el horizonte, de momento insuperable, de la mediación lingüística no implica, necesariamente, ni una ontología débil ni un cierto relativismo epistemológico. ¿Que parecen ser razonables? Pues sí, pero eso es lo que nos dictan tanto el sentido común en este momento de la Historia de la Filosofía, como el sentido común en su sentido más genérico y aquí llegamos al meollo que proponía separar. Es desde la pura facticidad de las modestas "verdades de hecho", del escueto sentido común (siempre histórico y heredero de una tradición) de donde podemos proveer este criterio que sustentaría ambas elecciones.

Desde ese sentido común que acumula argumentos, corroboraciones, textos y una historicidad, puede afirmarse que hay una realidad exterior de algún tipo que, en algunas magnitudes, pueda ser tal vez lejanamente parecida a la que nuestros cerebros lingüísticos construyen y que es tan moderadamente cognoscible que, de acuerdo con las presuposiciones que la ciencia y la técnica utilizan, nos pueden permitir afirmar que sé, por ejemplo, que este post va a llegar hasta tu aparato sensorial y lo podrás replicar.

Si aceptamos la pertinencia de no dotar de más base a lo fáctico que la propia facticidad perdemos la universalidad en su rotundidad pero también el relativismo radical. Perdemos la ontología fuerte pero también el delirio de una imposible heterología (logos acerca de lo radicalmente otro) ¿Nos quedamos en tierra de nadie o en una especie de mesotés aristotélico? Bien, no es tan grave ¿Nos quedamos suspendidos en un fundamento abisal, pues no otra cosa es la temporalidad? Pues mejor que mejor ¿no es eso lo que afirmaba Heidegger? Y, con todo, desde el mimso momento en que conceptualizamos este desgarramiento estamos acatando, al tiempo, las exigencias metafísicas y las fácticas, el concepto y la metáfora, la identidad y la diferencia, y sus mixturas.

Ciñéndonos a la facticidad y desligándonos de la ontología trascendental quizás flanquearíamos la metafísica de la presencia y la aporética relativista al mismo tiempo. El problema -que da su propia solución- es que hemos de acudir entonces a un nivel diferente del ontológico-trascendental, mucho más ligero, trivial, modesto, ceñido a las "verdades de hecho" de las que hablaba Hume, sin tanta hermosa retórica, árido, débil metafóricamente, hasta simple a veces, que profese una universalidad de hecho que no de derecho y eso para un filósofo, profesional o no, es especialmente difícil.

28 de octubre de 2010

28 de octubre de 2010: mi amigo Rais, Berkeley, Husserl y el sentido común (II)





Pues bien, querido Rais, protesto cariñosamente. También podría ir uno más lejos que Sokal y postular una ontología más fuerte y afirmar una epistemología moderada o al revés. Tengo la firme convicción de que podemos y debemos tratarlos como órdenes distintos.

Así, el argumento de la verdad "fuerte" sobre los límites de la capacidad de salto de un Homo Sapiens es aceptable tanto en el marco de una ontología débil como en el de una fuerte.

Tan sólo sería inaceptable, y aquí viene el problema de la cita final de Berkeley, desde el solipsismo, el escepticismo radical o el relativismo absoluto y hay buenos motivos para desdeñarlos sin por ello entregarse, necesariamente, a ese mundo en el que "por fin podemos tocar las cosas y ser algo diferente de ellas y así poder vivir una realidad en la que nuestra vida no sea un sueño, ni un signo azaroso de una escritura sin autor".

Aunque, todo sea dicho, podríamos entregarnos a ese mundo -de hecho lo hacemos cada día a todas horas-, porque tocarlas las tocamos (y negarlo contradice el sentido común, la intersubjetividad, y sólo puede realizarse desde posiciones solipsistas, escépticas o absurdamente relativistas) y uno tiene la impresión de que somos algo diferente de esas otras cosas que hay en ese mundo aunque sólo sea porque la mediación lingüística ha sido "tematizada" por los humanos y no por los guijarros, las glicinas o los escorpiones.

De todas maneras, en aras a la moderación y al consenso uno no se va entregar así como así a ese mundo de cosas allende los signos.

Mas, también contra la afirmación de Berkeley cabría oponer la de Husserl: "Toda conciencia es conciencia de algo". Si afuera no hubiera nada más que lo percibido, incluso en su sentido más amplio, apañados iríamos.

Primero, porque hay construcciones imperceptibles (el universo, la clase social, el cuerpo como unidad, nuestra misma mente...). Segundo, porque, llevado al último extremo, es la base del solipsismo y éste, en cuanto tal, es aporético. Esta misma conversación interbloggera debería rebatirlo y, sin embargo, jamás lo podrá hacer con lo cual nos priva de una base para algo que, efectivamente está sucediendo gracias a la mediación lingüística: que estamos debatiendo. Y tercero, porque el vínculo entre ser y percepción es, en sí mismo, tan indemostrable como lo era la existencia del mundo para el obispo.

Para entendernos. "Ser es ser percibido" tiene el mismo rango ontológico que la afirmación "ser es ser verde". En ambos casos se precisa un tertium que aseguraría la validez de la relación. Dios en el caso de Berkeley. Uno mismo en el caso de "lo verde". No es necesario seguir. Las aporéticas del solipsismo, del escepticismo radical y del relativismo absoluto creo que pueden dejarse de lado a estas alturas de la tradición filosófica. De hecho las tesis de Berkeley hace muchos años que no son, prácticamente, objeto de debate en la Historia de la Filosofía.

27 de octubre de 2010

27 de octubre de 2010: mi amigo Rais, Berkeley, Husserl y el sentido común (I)


Mi amigo Rais, uno de esos pocos auténticos amigos susceptibles de ser contados con los dedos de una mano que la mayoría tenemos, contesta mis posts sobre su lectura de Sokal y, substancialmente, a pesar de nuestra distinta valoración de los textos del francés, parecemos aproximarnos por lo que hace a las posibles vías de salida de las aporías del relativismo y la burbuja lingüística.

La distinción entre el nivel ontológico-trascendental y el fáctico-contingente y la necesidad de liberarse de esa trampa de la metafísica de la presencia que postula la correspondencia entre ambos órdenes y la fundamentación del segundo en el primero parecen condiciones sine qua non para salir de ese opresivo horizonte filosófico de momento difícilmente superable en el plano ontológico-trascendental.

No obstante, la proximidad en términos estratégicos que proporciona esta distinición parece quedar en entredicho cuando uno entiende que se le podría adjudicar una posición cercana a una "ontologia débil". Supongo que no me he explicado bien. La "ontología débil" es la que uno lee en Sokal.

Lo que intentaba decir es que aceptarla no implica ninguna epistemología moderada en el ámbito fáctico pues, repito, hay verdades "fuertes", casi uno estaría tentado de decir "universales", por lo que hace al género humano por muy débil, casi evanescente que sea la ontología que postulemos (casi una ontología de formas y estructuras o de condiciones "objetuales").

En concreto, por muy lingüísticamente mediados que estemos, ningún ser humano con el solo impulso de sus piernas es capaz de salvar la distancia entre la Tierra y la Luna de un solo salto y no parece exagerado suponer que eso será así siempre para la especie de los Homo sapiens. Y esta verdad "fuerte" debería poder ser enunciada como "universal" sin sonrojo pese a que nuestras descripciones ontológicas no pasen de vagas afirmaciones acerca de una realidad exterior mediada lingüśticamente ("los límites del mundo son los límites del lenguaje") y nuestras descripciones objetuales se limiten a una serie de protocolos acerca de sus condiciones de enunciación ("el objeto 'x' es postulado como empíricamente existente y dotado de ciertos atributos desde una trama de enunciados en un específico momento 'y' de la historia y respecto a una determinada configuración 'z' de nuestro aparato perceptivo" limitándonos a las tres variables más socorridas).

Insisto, entre lo fáctico y contingente (óntico como lo llamaría Heidegger) y lo ontológico no tiene por qué haber ninguna relación fundamentadora. Incluso ninguna conexión. Presumirla es un presupuesto de la metafísica de la presencia que afirma que el ser de cada ente está en él de alguna manera y que sus condiciones se dan en todos y cada uno de ellos. Y eso puede y debe discutirse y distinguirse.

Por eso, cuando Rais afirma que "según la ontología débil, nos podemos liberar de la perversa jaula del lenguaje, por fin podemos tocar las cosas y ser algo diferente de ellas y así poder vivir una realidad en la que nuestra vida no sea un sueño, ni un signo azaroso de una escritura sin autor y cuya gramática no conocemos. Sin embargo, el lenguaje se rie de lo que pensamos porque es un juego de lenguaje, un juego malvado: con Berkeley,'esse est percipi'." debo, cariñosamente, protestar.