23 de agosto de 2011

Ostentación, lujo y un poco de demagogia


En ocasiones, lo que hoy día es calificado como "demagogia" por gran parte de la intelligentsia mediática, se convierte en un recurso éticamente útil.

Durante varios días, la hambruna del cuerno de África ocupó los titulares de los medios. También, después de un prolongado silencio -por cansino se entiende, por poco novedoso-, las matanzas en Siria. Algo es algo. Estos últimos días la crisis de los mercados volvió a eclipsar ambas "crisis humanitarias" sobre todo la hambruna pero, por lo que uno sabe según "Médicos sin Fronteras", continúa la crítica situación de desnutrición sólo que ya no es tan de "candente actualidad".

Mientras tanto, uno ve en "Callejeros" (Cuatro) un reportaje, parece que del año anterior (una de tantas reemisiones veraniegas), sobre los veranos de lujo en Marbella, en el que se comenta con la mayor de las tranquilidades cómo, en una mañana, un grupo de turistas que celebran algo se han gastado más de 7000 euros en Veuve Cliquot y no precisamente para beber este excelente champán sino, sobre todo, para rociarse con él. Y no es un caso aislado: todo un conglomerado de despilfarros, lujos pornográficos y estupidez le acompañan e incluso lo superan diariamente en esa villa de corte y ostentación.

Es demagogia contraponer ambas situaciones pero alguna relación, compleja, intrincada, que no se reduce a un simple esquema maniqueo, hay entre ambas.

Uno no cree, sinceramente, que los jóvenes que gastaban su dinero a manos llenas en botellas que derramaban sobre las acompañantes no se han ganado ese derecho ni han trabajado más para ello que los chavales que malviven en Somalia. No es pues, parece, una simple cuestión de esfuerzo individual. No será tampoco una cuestión de las propiedades metafísicas o antropológicas de una cultura: no se puede culpabilizar a todo Occidente de lo que sucede en Somalia porque muchos occidentales hacen lo que pueden para combatir este estado de cosas y menos aun se puede achacar la situación a los niños o las mujeres somalíes como si ellos fueran culpables de ser incapaces de dotarse de gobiernos democráticos.

Mas algo hay ahí que está profundamente mal y que tiene debe tener que ver con el modelo socioeconómico hegemónico en el mundo hoy día. Ignorarlo es una profunda mezquindad.